Melquiades Alvarez y Castropol.

Publicado: 25/03/2006 19:22 por castropol en Colaboraciones
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Melquiades Alvarez, en el centro, con bastón de color claro. (En los jardines delo palacio del Marqués de Santa Cruz)


M. A. Serrano Monteavaro

Castropol había vivido durante el pasado siglo algunos momentos históricos, en los que el pueblo se echó a la calle en pública y emocionada manifestación.

Por ejemplo, aquel día del mes de mayo de 1808, en el que los castropolenses despidieron entre emociones sin cuento a los voluntarios del Regimiento de Infantería de Línea, que marchaba al campo de batalla en busca de los hombres de Napoleón.

O aquella otra jornada de 1817, cuando ya vencido el Emperador francés, los comisionados de la villa regresaron a Castropol con la Bandera del Regimiento, que habían ido a buscar a Madrid.

Sin olvidar los azarosos días de la Revolución de septiembre de 1868, y aquel en concreto en que se recibió en Castropol la Proclama de la Marina, lanzada desde el "Ferrol con fecha de 26 de septiembre, en la que se llamaba a sublevarse contra los Borbones, al grito de "Viva la Soberanía Nacional!"

La guerra de Cuba y la pérdida de las colonias fueron años de contenidas emociones, pero no dieron lugar a un momento determinado de eclosión popular.

Sin embargo, el desastre del 98, además del retorno de algunas personas y capitales, trajo consigo, en toda España, el despertar de las inquietudes políticas, sociales y culturales de muchos elementos de la clase media.

Castropol no fue una excepción en este movimiento renovador Sus ciudadanos más dinámicos se sintieron llamados a una tarea regeneradora, que, al no encontrar eco en la clase política tradicional ni en la Corona, se iba a desarrollar de abajo arriba y desde las provincias más periféricas al centro.

Por otro lado, cada día estaba adquiriendo más relieve a nivel nacional la figura del asturiano Melquíades Alvarez, catedrático de humilde origen, al que le habían arrebatado el acta a Diputado a Cortes por Oviedo en 1898 (se había presentado por los republicanos, de la mano de "Clarín"), pero que en 1901, Y ya Decano del Colegio de Abogados de Oviedo, saldrá elegido por el mismo distrito, también en las filas republicanas.

Las inquietudes de aquellos ,castropolenses iban a encontrar cauce nacional, al igual que otros muchos republicanos, monárquicos descontentos y regeneracionistas, en general, a través de Melquíades Alvarez, y Melquíades se "avecindaría" políticamente en Castropol.

La primera visita que Melquíades Alvarez realizó a la villa (pues hubo otras), el domingo 13 de septiembre de 1908, constituyó otro de aquellos acontecimientos históricos que movilizaron a los castropolenses El "Castropol" del 20 de septiembre da fiel reflejo de los hechos.

Esta es la sencilla crónica de aquel encuentro, que está dedicada a sus protagonistas, mis queridos ilustrados de Castropol

Como era de esperar, la polémica entre los partidarios de Melquíades y los conservadores (que casi siempre conseguían que saliese elegido diputado el pidalista Conde de Toreno) sobre la venida del tribu no reformista a Castropol estaba servida de antemano. Las familias de Castropol se encontraban amistosamente divididas entre las dos tendencias políticas, que más tarde recibirán los apelativos de "nuevos" y "viejos", con que Ortega (reformista) los iba a bautizar (la nueva y la vieja política).

El lugar de la concentración fijado por los melquiadistas era el Parque de Alfonso XIII (antes Campo del Tablado y desde 1911 Parque de Vicente Loriente); los pocos conservadores que se atrevían a salir a la calle aquel día se reúnen en el Ayuntamiento, institución donde habían sentado sus reales (muchos de fueron de excursión y otros a Vegadeo, de tertulia con su jefe Everardo Villamil).

En el Parque se van reuniendo los representantes de la comarca: El Franco, Tapia, Vega de Ribadeo, Taramundi, Figueras, Ribadeo, Navia, Puerto de Vega, Luarca...

Entre las distintas comisiones destaca la de los representantes de Boal, que llegan a caballo, polvorientos, cantores, enarbolando una bandera roja. Son los que llaman los "boers" de Boal.

Muy retrasado a su cita llega por fin Melquíades, que hace su entrada por la calle Nueva. La banda de música, con Etelvino Méndez, inicia sus compases desde El Espolón: el himno de Riego, pasodobles variados... Rodríguez tachona el cielo de cohetería.

El coche de Melquíades entra en el patio de la casa de Loriente, seguido de otros "autos", se bajan de ellos, además de Melquíades, Pedregal (hijo), De la Llana, Corugedo...

Después de los preceptivos saludos y presentaciones, Melquíades y Loriente se exponen en la ventana de la casa que da al Parque; luego, todos, junto a la multitud, se trasladan al campo que había entre la carretera general y la salida del pueblo frente a la casa de Ramón Prieto (que era su propietario). Allí se va a celebrar el banquete, bajo unos toldos, guirnaldas y música; en total 232 comensales. Los que no caben en aquel prado almuerzan en los de alrededor. Toman asiento con Melquíades: Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Claudio Luanco y Loriente.

Llega la hora de los discursos. Habla Eleuterio Cuervo por Vegadeo, Mario Acevedo por Figueras, Eduardo Blanco por Boal, Domingo González por El Franco, Vicente Loriente, Augusto Barcia, Juan Fernández de la Llana, Pedregal y por fin Melquíades Alvarez, que centra su intervención en el tema del caciquismo (principal preocupación de la comarca, al parecer).

El entusiasmo es generalizado. El éxito clamoroso. Desde ahora, mencionar políticamente a Castropol es aludir a Melquíades, y hablar de Melquíades es referirse a Castropol.

Hasta aquí la que podíamos llamar "crónica oficial’" que ahora voy a completar con unos apuntes, debidos, al parecer, a la mano de Claudio Luanco, director entonces del "Castropol", que aparecieron entre los papeles que a lo largo de los años fui reuniendo sobre las historias más diversas del pueblo. La difícil lectura de aquellos apuntes tomados al vuelo,casi taquigráficamente, me obliga a transcribirlos con mis propias palabras; helos aquí-.

"La visita de Melquíades había despertado un inusitado interés en toda la comarca astur-galaica, tanto entre los que ya nos considerábamos sus partidarios como entre los conservadores, a los que sólo quisiera llamar ahora enemigos políticos".

"Aquella mañana, horas antes de la llegada de Melquíades, algunos correligionarios fuimos a pasear a La Mirandilla, y allí nos sorprendió Zoilo Murias, el alcalde conservador de Castropol, al que acompañaba Benjamín Vázquez, el médico titular, también de la misma cuerda".

"Con una sonrisa llena de socarronería nos atacó Zoilo: "Vaya, vaya, oteando el horizonte de El Esquilo, para ver si por el "Loriente" llega, al fin, la redención"; (bien sabía Zoilo que a Melquíades le llamábamos "el redentor" en las páginas del "Castropol").

"Me mordí la lengua, pero aún acerté a contestarle: "Don Zoilo, el sol siempre sale por el Loriente" y del oriente llegan los Reyes Magos".

"Mientras tanto, los demás intentaban sujetar al joven Méndez de Andés que, al uso de los modos políticos que se utilizaban en la Argentina, quería darle a Zoilo con el bastón en la cabeza".

"Para evitar provocaciones de tono mayor marchamos a la casa de Loriente a esperar a Melquíades".

"Después de la intensa jornada, transcurrida en paz y entre clamores (de la que informa el "CastropoI" citado) nos reunimos con Melquíades en la sala principal de la casa de Loriente: Victoriano García de Paredes, Augusto Barcia (que había pasado desde Ribadeo), Ramón Prieto, Manuel Monteavaro, Mario Acevedo (venido de Figueras), Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Eleuterio Cuervo (de la Vega), Fermín Braña..:’.

"Durante aquella tertulia, con la gente cansada tras un día tan agitado, bajo el sopor propio de una calurosa tarde del septiembre castropolense (a algunos tuve que atender como médico, en el prado, a causa de una pesada digestión), baja ya la guardia de las formas sociales, se trataron diversos temas que, dado su interés recogí luego con la idea quizás de publicarlos en el "Castropol".

"Ninguno de nosotros, excepto Augusto Barcia, conocía personalmente a Melquíades: no muy alto, menudo, nervioso, de ojos vivos, con el pelo corto y levantado, lucía el lazo blanco que lo había hecho famoso".

"Melquíades venía precedido de una bien ganada fama de abogado y reformador de la política asturiana, y aún de la nacional".

"Insistió durante la reunión, al igual que había hecho en su discurso de fin del almuerzo, en el tema del caciquismo. Se me ocurre pensar como médico rural que conoce muchos pueblos asturianos en la situación en que quedan, si antes de echar a los caciques no se resuelve el problema del analfabetismo práctico de la casi totalidad de sus habitantes, pues de otra manera quién va a sustituir a estos caciques, quien va a gestionar la política local?

"Me pareció entender que Melquíades venía a sustituir a unos caciques por otros, aunque por supuesto con un distinto cuño, de oto talante. Desde luego es un avance..., aunque solo hasta que cada uno de los habitantes de estos pueblos pueda convertirse en su propio señor”.

“Y este tema enlaza con otro, en cuya solución me identifico plenamente con las ideas de Melquíades: la instrucción pública. Que contempla, por un lado, el tema de la construcción de escuelas y la dotación de las aulas, y, por el otro, no menos importante, los sueldos y la preparación de los maestros".

"Fue muy oportuna entonces la intervención de Monteavaro quien apuntó que los "americanos" se sentían partícipes de la construcción y dotación de escuelas, operación que se había incrementado desde la repatriación de capitales de Cuba. ¡Que cunda el ejemplo!, añadimos todos".

"Lo que no quedó tan claro, por lo menos para mí, fue el tema de la forma de gobierno. Alfonso XIII acaba de principiar su reinado y Melquíades espera que el Rey vaya abriendo el régimen paulatinamente, pero no cree que tal movimiento lo pueda hacer con políticos como Maura, quizá con Canalejas... Melquíades no ve otra solución que la republicana.

(En nota marginal, Vicente Loriente apunta en 1930: Han pasado los años. El Rey no se ha abierto a ninguna solución. Menos todavía, ha propiciado la dictadura de Primo, y Melquíades, mostrándose enemigo declarado de la dictadura, todavía espera que la monarquía evolucione. Pero tampoco veo que Melquíades haya evolucionado. Hay gente que lo ha venido abandonando, como Ortega, Azaña, Pérez de Ayala...)

"Uno de nosotros quiso saber la postura de Melquíades sobre la Iglesia católica. Estuvo brillante en la respuesta, que intentaré recoger con toda fidelidad".

"Dijo Melquíades que, al margen de sus creencias, si esto podía ser así, no se consideraba comprometido con una Iglesia beligerante contra la evolución científica, la extensión de la enseñanza, que se entrometía en la vida política. La Iglesia debía ser tratada como una asociación ciudadana más, al igual que las órdenes religiosas, los creyentes terminarían agradeciéndoselo al Estado. Se calificó de "heterodoxo" (creo que se refiere a su disidencia, al igual que la de otros que recoge Menéndez y Pelayo en su famoso libro). Las manifestaciones de Melquíades hicieron torcer el gesto a Inocencio y a Jesus".

"Castropol, como el oriente de Asturias, vive de lejos los problemas obreros de la minería. Es como si existiesen dos Asturias. Augusto Barcia, cuya inquietud política era ya notable en aquella época, preguntó por la cuestión obrera".

Melquíades contestó que poco a poco los obreros asturianos iban tomando conciencia de clase y abrazando el socialismo y aún el colectivismo marxista. Creía que no era ese el camino que debía seguir el proletariado, pero que la cerrazón de los patronos y la postura del Gobierno no les dejaba otro camino abierto que no fuese aquel o la resignación. Los pidalistas, a pesar de la preocupación social de la Iglesia y la creación de círculos obreros católicos, no iba a resolver la situación, pues, a la postre, la jerarquía eclesiástica no iba a poner en jaque a la alta burguesía.

(Vicente Loriente anota en este punto: Fue notable el papel de Melquíades en la gran huelga de 1917. No sólo habló en favor de los huelguistas, sino que tuvo escondido en su casa a Manuel Llaneza. Fue el gran momento de Melquíades, papel que luego continuó representando en oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Pudo convertirse en el primer Presidente de la República que se venía venir. Porque ¡hay que ver el papelón que luego representó Don Niceto! Pero Melquíades no supo ver cual era la salida a aquella situación; mientras por la izquierda iba perdiendo a las masas, en la derecha no encontraba eco (Aquella indefinición de Melquíades, ¿por qué no habría soltado las amarras que creía lo unían con aquella monarquía?).

"Se mostró Melquíades contrario a la aventura africanista de España (que tantos quebraderos de cabeza, de muertes y de bolsillo nos iba a traer) y ante el contento de los jóvenes Méndez de Andés y Monteavaro se manifestó favorable a la multiplicación de contactos con las Américas".

Aquí se interrumpen los apuntes de Claudio Luanco, anotados por Vicente Loriente, que nunca se llegaron a publicar en el "Castropol". y ahora una reflexión personal.

¿Pudo ser Melquíades Alvarez el hombre que llevase a España desde la Restauración a la modernidad, el hombre de la Transición?

El Rey, la Iglesia, el estamento militar y la alta burguesía temían que cualquier cambio pudiese causar el derrumbamiento del régimen; la prueba está en que, ante los problemas que acosaban a España, no encontraron otra solución que entregarla a una dictadura. y ese no era el plan de Melquíades.

La izquierda, que no encontraba cauce para sus reivindicaciones laborales y políticas, escogió para manifestarse la vía del conflicto abierto. y este tampoco era el plan de Melquíades.

En aquella época no existía una clase media extensa y numerosa, como la que confluyó en 1977, que constituyera el sustrato de un partido de centro y permitiese a Melquíades llevar adelante su proyecto de Transición. Y como en las tragedias griegas, el héroe, Melquíades, fue una de las primeras víctimas de la guerra civil.

De “La Comarca del Eo”, 6/septiembre 1997

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