Otra de La Fuente

Publicado: 28/11/2013 16:53 por castropol en Fotos antiguas
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   Ante la expectación suscitada por la restauración de "A Fonte da Vila", a continuación publicamos una foto de los años 30  o 40, en la que se puede ver bien como era la fuente y el lavadero. Según me cuenta Antonio Ron, por medio de su hijo Luciano, las mujeres que subian el agua al pueblo eran entre otras, Ferminía, Pepa de Galochón, Josefa das Veigas, Rosario de Cecilio, Amparo y Josefina, y cobraban  "un perrón" por cubo de agua. Por lo que se ve debieron ser las precursoras de las actuales industrias embotelladoras de agua.

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gravatar.comAutor: l. legaspi

Autor: luis legaspi

UN DIA, FUENTE DE VIDA, HOY, RINCON PERDIDO

“Que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche"
(San Juan de la Cruz)


Creo que por los años ochenta del pasado siglo se creó una asociación vecinal denominada “A Fonte da Vila”. Me parece que tuvo vida efímera. ¿Abulia congénita en nosotros los castropolenses? ¿Dificultades externas? Es una pena.

No está mal el nombre ni mucho menos que los vecinos se asocien. La unión hace la fuerza y es fuente de ideas e iniciativas. Esto molesta a los políticos. Mejor, a los politicastros. Ellos se creen únicos duces para conducir al pueblo a salvamento. Sus programas y cabezas son candiles con carburo suficiente para iluminar la vida de las gentes. A veces el rebaño se rinde y se adormece con las dulces emanaciones del acetileno. ¡Ojo! de intoxicación también se muere.

En esta bitácora “castropol@blogia.com”, aparecen abundantes recuerdos de A Fonte. El que La Fuente y su barrio hayan sido tan retratados ya insinúan algún interés por este rincón. El agua es el origen de la vida. Mucha vida del pueblo se reflejó en su agua.

Cuatro abundantes gárgolas corrían día y noche, invierno y verano. Tres vertían en el pilón del frontispicio y el cuarto en el abrevadero para el ganado. Un canaleto abastecía el lavadero, que decíamos “el Río”, y otro discurría, sin mayor pena, al “mar que es el morir”.

El caudal abundante y el estratégico alumbramiento al nivel de mar convertían esta fuente en aguada fácil para barcos que arribaban a la ría del Eo. Distintas embarcaciones, con cubetas o directamente a granel o en su bañera, allí se abastecían y luego trasvasaban a los barcos fondeados en el canal o atracados a pantalán.

Su manida inmediata es, creo yo, Quintalonga, la quinta del agua, tal es la toponimia del vecino caserío. Allí hay dos pozos En el acuífero, riera abajo, se alumbran otros, uno en la antigua casa de Galán, casero de San Roque, y otro en la casa de don Floro Moldes, hoy urbanización “La Fuente”. Ya metido a zahorí, me atrevo a insinuar, también, el aljibe con bóveda de piedra y cubierto de maleza, que hay en la carretera de la Punta. Es posible que la fuente de Moldes-Armean sea alumbramiento del mismo hontanar.

Arriba, en el Castro, no había manantiales. Los “señores” solían tener una cisterna para recoger el goteral. El pozo de la Marquesa de la calle del Pozo era singular por su capacidad y sistema de provisión. En cualquier caso, estos embalses daban para poco: lavar algún “paxelo”, fregar cacharros, regar begonias y pare usted de contar.

Desde La Fuente se apagó durante siglos la sed del pueblo. El agua, acaso por endósmosis con el mar, es levemente salitrada y densa, muy agradecida para guisos y hace un buen café.

Este agua potable había que subirla “da Fonte”, Allí peregrinaba todo el pueblo, buscando refresco. Al servicio de los “señores”, azacanas profesionales hacían al día múltiples “acarrexos” con el cubo a la cabeza y muchas veces con el suplemento de una jarra en la mano. Era la procesión diaria por a Costa de Guerra arriba o por el pequeño atajo del Calellón de Abaxo.

Recuerdo como figuras emblemáticas, por citar algunos nombres, a Josefa das Veigas, Marica da Xaviera, Carmía da Moucha, Ferminía de Lantoira, Rosario de Cecilio, Catalina de Marcial… Invito a ver en este mismo blog una imagen, para mi singular, la fotografía 10.39 en el grupo de adultos de octubre de 2007. Ahí está María Cortina, “Zarauza”, mi madre, bien tiesa con un caldeiro que abulta tanto como ella. Además, sube por la calle o calellón de abaxo que, por su pavimento, cumplía abondo el refrán del atajo y el trabajo.

En tiempos de mis recuerdos también había arrieros. Sanguín, uno de ellos, que con una pipa en su carro de caballo prestaba este servicio. Excepcionalmente también había algún carro de vacas. Los carros y las bestias no podían entrar en el “patio de operaciones” Dos mojones lo obstruían y, a la vez, servían de soporte para erguir el cubo a la cabeza. “Axudar a erguer” era un rito de solidaridad entre las aguadoras.

Los cubos eran de una capacidad, más o menos, de una metreta, 25-30 litros. Las aguadoras de oficio no harían menos de diez viajes al día. Diez por treinta, trescientos kilos sobre la columna vertebral. Para atenuar la presión directa sobre la cabeza y para guardar mejor el equilibrio, se usaba “a molida”, una corra de trapo o paja y, para evitar el derrame o “esbatuxe” del líquido elemento, se colocaba en la superficie una tablilla o una hoja de berza.

Los vasijas también tenían su categoría social. Había las “sellas”, en forma de cono truncado, con dovelas de madera, selladas con tres aros metálicos, eran los recipientes brillantes de la nobleza. Los cubos esmaltados de porcelana, eran propios de curiales y funcionarios. El vulgo utilizaba “caldeiros” de cinc o lata vulgaris.

Un cangilón colgaba en todas las cocinas al borde del recipiente. Con este cacillo Los se extraía el líquido incluso para beber directamente como, si hoy lo hiciésemos a morro del grifo. Los vasos, más bien “concas”, eran para gente fina o no de la confianza de casa

La higiene corporal diaria se limitaba a legañas, pescuezo, orejas, algún recoveco o sobaco y poco más. En las fiestas de guardar o si había que ir al médico se hacían inmersiones extra en un barcal. En pocas casas había tinajón o bañera. Ducha y grifo eran palabras extranjeras.

A mediados de los años cuarenta asomó tímidamente el progreso. Se planificó una subida del agua. Se construyó en lo alto de la Paloma un aljibe duplex al cual se bombeaba agua desde el manantial. Desde este depósito central se distribuía a tres caños de servicio público. Estaban situados en tres plazoletas de crucero: Cuatro Torres, Villa Rosita y Banco de Marineros. Supuso una revolución hidrológica. Teníamos la fuente en el barrio, a la vera de casa. Durante una buena temporada su consumo para beber tuvo un cierto rechazo, pues mantenía el sabor a brea de las junturas de la tubería de hierro. Hasta os nenos y mayores, con poca fuerza, podíamos aprovisionar con un aguamanil o con una lata que había sido recipiente de La Giralda u otro óleo.

Sin embargo la alegría en casa del pobre siempre es fugaz, relativa y encima intermitente Los amaños siempre son caros. La motobomba renqueaba con frecuencia. Alfredo, el electricista no daba abasto a rebobinar y poner plomos. Si funcionaba demasiado tiempo los tres caños perdían chorro y el lavadero, “el río”, se ponía en “stand by” con el natural cabreo de las lavanderas que quedaban enjabonadas y sin aclarar.

Al comenzar la segunda mitad del siglo pasado, después discutir si la “traída” habría de ser de a Malandreira o de Cotapos, ya se abrieron grifos en las casas, comenzaron retretes inodoros, duchas, lavaderos y lavadoras: Claro que el agua necesita desagüe adecuado y la ventaja de tener agua pagó, y menos mal, en tributo el espectacular argayo de la Mirandilla. Pero no es hora meter el dedo en el ojo al vigilante de la res pública.

Lo del lavadero o “río” merece un capítulo aparte. Por supuesto formaba una unidad con la fuente. Está cobijado en una espaciosa nave de fábrica Ya he descrito que desde el pilón de los caños una pequeña acequia abastecía el lavadero. A ambos lados de la corriente una fila de lajas de piedra azulada de Vilavedelle. A ellas se acodaban con su tina con su tina las lavanderas. En la colada había distintos momentos. Lo primero era ablandar y enjabonar, prelavado dicen los electrodomésticos. Para esto había que colocarse al fondo del regato. Luego se ascendía unas lajas y venía el restregar más cuidadoso y en serio. Un poco más arriba, ya en la primera agua se aclaraba y se hacía la primera torcida para enjuague. Si había que meter en lejía o azuletar con añil se dejaba en el barcal y posteriormente se retorcía sobre unos muretes que había en el interior y exterior de la nave.

Pero A Fonte da Vila tenía otras dimensiones muy interesantes, además de las nutricionales e higiénicas. Era un lugar de encuentro y palique., Era el ágora abierta y popular. Todas las noticias del pueblo en forma de “dixome-dixome” allí corrían cuesta arriba y cuesta abajo. El murmullo del agua propiciaba la murmuración que, a veces, era suave discurrir y otras, aluvión que ponía pingando o enlodaba a todo quisque. “Beber del pilón” significa hacerse eco de habladurías. A su vera surgía la amistad y el noviazgo o a ambos los arrastraba la torrentera. La verdad es que no se diferenciaba mucho de otros foros de lo alto del pueblo, aunque en aquellos el léxico fuere más escogido.

El lugar más pausado para la noticia y el comentario era el lavadero. Por algo dicen que la ropa sucia se lava en casa. Cuando lavas la ropa de alguien, manejas detalles de su estado social, de su economía, de su salud, de sus gustos y hasta de sus virtudes y vicios. No es lo mismo lino que percal, o un remiendo que un zurcido. Hay paños, pañuelos y pañoletas, manteles, servilletas y trapos. Los calzoncillos y bragas pueden estar más o menos teñidos de “adéene”, por decirlo fino.. En ocasiones hay que refregar y venga lejía, en otras, basta un aire de enjabonado. Algunos buscan o rehuyen un puesto en el “Río” para no coincidir con gripes o presuntas endemias Otros, de vez en cuando se hacían la colada en Fontela o Salías, porque era más discreto.

Hoy “A Fonte d`a Vila” es una ruina y su espacio público está reducido.”Estos, Fabio, ¡ay dolor! … fueron un día ágora famosa” Yo recuerdo desde niño que allí, cubriendo una acequia había una laja marmorosa con grabación heráldica. ¿Cúyo ha sido el destino? ¿Tal vez, escombro? Ha habido voces, reclamando su restauración y cuidado. La misma asociación, abortada, de la que arriba hago mención tenía entre sus objetivos, creo, rescatar este lugar entre bucólico e histórico. Posiblemente su restauración esté entre los proyectos municipales, aunque sea para enguadar en tiempo electoral. Hágase el bien, hágalo el diablo, aunque maquiavélico sea.




Fecha: 08/01/2008 11:41.


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Fecha: 02/12/2013 20:03.


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