La listeza del Sapiens

1 de Abril del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Todos los jóvenes y la mayoría de los menos jóvenes que no nos hemos querido quedar atrás con eso de las nuevas tecnologías rendimos diaria pleitesía al móvil. Ese aparatito que nació grande como un ladrillo, en el que tenemos media vida allí metida: grupos con la familia, con los amigos, con los excompañeros de trabajo, con los de las aficiones y deportes, con los contactos de nuestros teléfonos en la base de datos, con la mar de gente... Nada más despertar, para muchos es el segundo en importancia en nuestras vidas, después de los lentes, claro. Lo ponemos en marcha y empezamos a ver noticias, periódicos, wasaps, e-mails, e infinidad de páginas y rincones más a los que dedicamos no menos del 20 por ciento de media de nuestro tiempo. Mi mujer y yo, en la misma cama, casi siempre al despertar nos saludamos a través de él; no por nada, es que no hay tiempo que perder, a nada que uno se descuida se nos marcha volando como el cuervo.

No sé el porcentaje de falsedades que pasan diariamente por la pantalla del móvil que comparte con nosotros su corta vida controlada por nuestras manos. Dicen que más de un 80 por ciento son “fakes” que se comparten, que vienen y que van, que insultan desprestigiando y despellejando con saña a personas con responsabilidad que, hoy con seguridad, hacen todo lo que está y no está en su mano tratando de encontrar la solución a los grandes problemas que nos afectan, ocasionados por esta pandemia que tenemos encima todos los ciudadanos del mundo y que, además de estar diezmándonos, amenaza con masacrarnos.

Creo que no es de cuerdos ni de justos el pedir cuentas ahora, y menos hacer juicios de valor sumarísimos que a nada bueno pueden conducir, sobre todo cuando los manejamos, muchas veces, legos en temas tan delicados. Aunque bien es verdad que ahora dominamos a fondo la política, en tiempos de bonanzas la abandonamos para dar paso al fútbol dando a entender, la mayoría de las veces, que sabemos bastante más que el propio entrenador de tal o cual equipo, al que poco que se descuide podemos llegar a tachar de incompetente o, si me apuran, considerarlo un auténtico pollino en la materia por no alinear o cambiar a tal o cual jugador.

Aunque, como buenos ciudadanos que todos somos, demócratas o no, debemos ser conocedores de nuestra Constitución de 1978 (si no la recordamos, desgraciadamente tiempo tenemos ahora de repasarla a fondo). En su apartado: Título IV. “Del Gobierno y de la Administración”, en su artículo 99, nos dice bien claro cómo se forma el Gobierno de la nación y que, una vez formado, deberíamos respetarlo y dejarle hacer. Y cuando escampe la tormenta que tenemos encima tiempo habrá para protestas, reclamaciones o hasta mociones de censura si las podemos llevar a cabo. Entre tanto, ahora, arrimemos el hombro o, por lo menos, no metamos palos a una rueda que tanto trabajo le cuesta seguir rodando.

  © Editorial Prensa Asturiana

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