La destilería de Rubén Leivas fabricó desinfectante para el Gobierno cántabro con la joya de su producción, el aguardiente hecho a partir de leche de vaca

Castropol, T. Cascudo  15.05.2020 | 00:38 

Rubén Leivas (a la derecha) y su socio, David Martínez, flanquean al presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que visitó la fábrica esta semana.
Rubén Leivas (a la derecha) y su socio, David Martínez, flanquean al presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que visitó la fábrica esta semana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando hace siete años el castropolense Rubén Leivas y su socio David Martínez montaron en Cantabria la destilería Siderit jamás imaginaron que acabarían fabricando gel desinfectante. En pleno pico de la epidemia del covid-19 el gobierno cántabro les pidió ayuda para disponer de hidroalcohol para los hospitales y no se lo pensaron. Surgió ahí una oportunidad de negocio que les ha llevado a la reconversión parcial de esta empresa, que fabrica una de las ginebras más valoradas del país.

 

Iniciada la producción de emergencia se toparon de bruces con el desabastecimiento de alcohol, así que no les quedó otra que tirar de sus reservas y su primera opción fue su prestigioso vodka hecho a partir de leche de vacas cántabras, una joya que tenían lista para la temporada fuerte del sector hostelero. "Casi se nos caían las lágrimas, pero usarlo nos facilitaba el proceso, así que lo redestilamos para subirlo a alcohol sanitario y poder hacer el producto. Nos quedamos sin las reservas de vodka, casi 10.000 litros", explica Leivas.

 

Durante las semanas más duras de la crisis sanitaria llegaron a producir más de 20.000 litros de desinfectante de manos pero, pasado el apurón, la Agencia Española del Medicamento les revocó los permisos de producción de emergencia. Fue ahí donde ambos socios decidieron dar el paso y no perder la oportunidad de abrirse camino en otra aventura empresarial. De ahí nació Laboratorios Arce (en referencia al nombre del pueblo cántabro en el que tienen su sede), que está fabricando 5.000 litros de solución hidroalcohólica y gel hidroalcohólico a la semana. Ya están abasteciendo a varios puntos del país y han enviado su primer pedido a Bélgica. También están pendientes de envíos a Alemania, Austria, Chile o Argentina.

 

El castropolense y su socio están especializados en crisis, pues en la última se animaron a crear Siderit y, en la actual, han dado un giro inesperado a la firma invirtiendo 60.000 euros en la adaptación de parte de su planta. La reconversión les ha permitido reincorporar a dos de sus seis empleados, inicialmente acogidos a un ERTE, y en quince días esperan estar trabajando al completo. Leivas dice que una de sus ventajas es que en caso de desabastecimiento de alcohol tienen capacidad para elaborarlo en sus instalaciones y mantener la producción. "Queremos que España esté preparada si hay otra ola", precisa, al tiempo que confiesa los problemas actuales que tiene el mercado. "Hay desabastecimiento total de materiales, como los plásticos para las botellas. Ahora no tenemos un proveedor cien por cien estable, aunque intentamos que todo sea de aquí", defiende.

 

Con todo, lo peor de esta reconversión a marchas forzadas ha sido el papeleo. "Conseguimos los permisos a base de hacer una montaña de papel. Las empresas de este país tienen una capacidad de adaptación alta, pero el problema es que tenemos una burocracia enorme. El desarrollo del producto fue una locura total; hemos perdido años de vida", explica Leivas.

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