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Es el último proyecto planteado para difundir la riqueza del estuario y sería el primer parque submarino del Cantábrico

Un azulejo antiguo.

Un azulejo antiguo. ARCHIVO DE JAVIER GALLEGO.

 “El valor submarino de la ría es incalculable, tanto biológico como arqueológico”, defiende el buzo ovetense, aunque afincado en Ribadeo, Javier Gallego. Cuenta que siendo un niño se inició en la pesca submarina y, muchos años después, cambió el fusil por la cámara y ahora disfruta dejándose sorprender por la riqueza del estuario. “Lógicamente, hay que saber y controlar las corrientes, pero la ría es un lugar seguro para el buceo”, añade este experimentado submarinista, además presidente del club de vela de Castropol. 

Resto de cerámica.

Resto de cerámica. ARCHIVO DE JAVIER GALLEGO.

Conoce bien los cañones de Arnao y apoya el proyecto que lidera la Federación Española de Actividades Subacuáticas (Fedas), junto con la Federación asturiana (Faspa), para convertir esta zona en un museo. “Es el sitio perfecto para un parque arqueológico: los cañones están a poca profundidad, en aguas claras, resguardados por la ensenada que hace de cortavientos y encima están en un roquedo, por lo que no se cubren con arena y están siempre a la vista”, razona el arqueólogo subacuático lucense Antón López. Es el responsable del equipo de patrimonio sumergido para el Norte de la Fedas y tiene grandes esperanzas puestas en este proyecto, que espera que pueda ser realidad en 2022.

Los cañones fueron descubiertos hace más de una década, pero fue en 2019 cuando la Fedas se interesó por este patrimonio. En esa fecha se firmó un convenio entre el Principado y la Armada para poner en marcha la carta arqueológica subacuática de la costa asturiana, y la primera actividad fue la visita a los restos de Arnao. López se sumó a aquella prospección y ahí nació este proyecto.

El primer paso es documentar bien las piezas –entre catorce y diecisiete según los buzos locales– y confirmar su origen. Aunque se especuló con que pudieran pertenecer a las fragatas “La Galga de Andalucía” y el “San Francisco”, hundidas en 1719, López cree que los cañones son posteriores, al menos de 1729, y que no están ligados a un pecio, sino que fueron arrojados al mar. Sin embargo, es todavía una hipótesis que deben confirmar.

Esperan presentar su plan este año y dejar la decisión en manos del Principado, que debe crear una figura de protección que dé cabida al parque. “La idea es que sea visitable de forma ordenada con personal formado. El objetivo es difundir esta riqueza y concienciar sobre la importancia de este patrimonio que no se ve”, precisa el experto.

Antigua vasija.

Antigua vasija. ARCHIVO DE JAVIER GALLEGO.

El arqueólogo asturiano Miguel Busto no puede estar más de acuerdo con López: “En la ría hay un patrimonio arqueológico muy importante, que es digno de conocerse y protegerse, y eso se hace a través del conocimiento. Debe cuidarse como si estuviera en tierra”. Busto está enrolado en el proyecto “Argos” que lidera el club de buceo ribadense “Illa Pancha” y que busca documentar toda la riqueza subacuática de la margen gallega de la ría. En 2019 presentaron la exposición “Lo que la ría esconde”, con fotos de infinidad de objetos hundidos, y ahora trabajan con la meta de crear un parque arqueológico subacuático enfrente de Arnao. Se ubicaría en la zona de costa lucense comprendida entre el puerto de Ribadeo y el faro de Isla Pancha.

El presidente del club lucense, Chema Sanjurjo, tiene claro que estos parques son fundamentales para preservar el patrimonio y evitar su expolio: “Están proliferando grupos de buceadores sin control y hay piezas que desaparecen y queremos evitarlo”. Es un enamorado de los fondos de la ría y quiere concienciar sobre su valor.

“Es mucho mejor ver las piezas “in situ” que en una urna; por eso queremos que se protejan los restos para evitar su pérdida y también para enseñar a los críos este valor”, señala este experimentado buzo, que defiende que una de la virtudes de este estuario es que se puede bucear todo el año. Unos y otros, además, están convencidos de que estos parques pueden ser un recurso turístico singular para la zona.

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