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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

Romance de depedida a Castropol

      Por el interés de los versos de Luis Campón, a continuación reproducimos un comentario de Antonio Murias Vila al artículo del recordatorio de la Comunión de 1936, agradeciéndole como siempre su colaboración, e invitándole a que siga poniendo cosas tan interesantes. 

 

 

Éste 11 de junio (Corpus del año 1936, 60 días después de la Pascua de Resurrección, celebrada el 12 de abril) sería el último de una gran época. A partir del verano de 1936, y durante unos años, Castropol va descapitalizándose en varios aspectos y particularmente en el más importante: en capital humano.

Recientemente, nadando entre papeles, he descubierto una copia de una despedida a Castropol que, como no podía ser de otra manera, es un poema que evidencia un nivel cultural y una capacidad de síntesis poco común; son sesenta versos, con pocas licencias y un ritmo que impresiona (y sólo tres palabras esdrújulas, un sustantivo y dos adjetivos, esencialistas y muy pensados). Lo firma Don Luis Campón y lo dedica "a la castropolense cien por cien Sofía Monteavaro":

ROMANCE
DE DESPEDIDA A CASTROPOL

Castropol, pueblo querido,/
de noble y rancio abolengo,/
al abandonar tus lares/
por las mudanzas del tiempo/
quiero poner de relieve,/
de un modo franco y sincero,/
todo el amor que me inspiras,/
lo mucho que yo te quiero,/
con aquel ciego cariño/
de todo buen caballero/
que nunca pudo olvidar/
su viejo hogar solariego./
Cuanto más larga es la ausencia/
más se avivan los recuerdos/
de tus íntimos rincones/
con tus bellezas sin cuento,/
de tus campos y tus playas,/
de la hermosa ría del Eo,/
donde se espejan tus galas/
con pertinaz cabrilleo./
Todo viene a mi memoria/
con gran placer y contento,/
porque me hago la ilusión/
de estar viviendo de nuevo/
aquellos tiempos felices/
en que aún era rapazuelo/
y alegremento corría/
por caminos y senderos./
Después, mis años de mozo/
y mis amores primeros/
y las cien mil aventuras/
que a todos nos sucedieron,/
teniendo humor y alegría/
y espíritu aventurero./
Aún suenan en mis oídos/
los dulces y suaves ecos/
de las rondallas nocturnas/
de estudiantes nochariegos/
que brindaban con sus notas/
todo el amor de su pecho/
turbando con melodías/
de su amada el dulce sueño./
De todo fuiste testigo/
Castropol, querido pueblo,/
y por eso no te olvido,/
y por eso te venero/
y sé que en tí he de encontrar/
el reposo y el sosiego/
cuando la vida y los años/
me transformen en un viejo,/
e iré entonces contemplar,/
camino del cementerio,/
aquellas puestas de sol/
de tan fantástico aspecto/
en que aparece el Mondigo/
envuelto en un haz de fuego./
Luego, la noche tranquila,/
la luna llena en el cielo,/
y en derredor negro manto/
tachonado de luceros.

Domingo, 15 de mayo de 1938 (está cayendo un gran chubasco).

Luís Campón.

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