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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

CARTA DE NUESTRO NIETO, DESDE OVIEDO

 Desde mi pueblo en el Occidente, os transcribo la carta que he recibido hoy, de mi nieto Mauro.

Queridos Abus: Estoy aquí en mi piso haciendo los deberes que me mandó vía internet Lorena, mi maestra. Mamá está cocinando. Papá está trabajando en la mesa del comedor. Todos los días desde que hacemos las tareas jugamos los tres juntos y nos divertimos mucho, aunque los tres días que llevamos encerrados en casa me están durando más que un mes yendo al cole. Mamá me dice que no me queje, que tenemos mucha suerte de tener una ventana y desde ella, aunque no nos dé el sol, poder ver el parque donde siempre jugábamos a la salida de la escuela. Pero me entristece no poder salir a jugar. Mi padre me dice que escuche a los pajaritos cantar en los árboles de enfrente, que repare en ellos viendo lo contentos que están: cantando al tiempo que hacen sus nidos. Es verdad, queridos abus, parecen muy felices y me gusta cómo viven aunque, observándolos, antes me he fijado en que unos cuántos se peleaban entre ellos... la verdad no sé el porqué, no lo entiendo, parecen tan felices. Ayer por la tarde, cuando más daba el sol en el parque, le pedí primero a Mamá y después a Papá que me llevaran hasta allí a dar una vuelta, nada más que una pequeña vuelta, que me estaba entristeciendo estos días sin poder salir a la calle. Me dieron un montón de razones para no hacerlo, algunas me parecieron que se contradecían. Pero como me acordé que siempre me decís que sea obediente y no proteste más, solo traté de razonar con ellos. Abu, empecé a escribiros esta carta pero tuve que parar de repente porque vino mamá a ver como hacía los deberes. Disimulé al verla, hice lo mismo que hacemos tú y yo cuando le cogemos en la alhacena el chocolate de almendra a la abuela, mientras ella está entretenida haciendo sus cosas y las de los demás. Qué bien, volveremos hacerlo cuando vuelva a veros al pueblo, ¿verdad?, lo volveremos a pasar muy bien. Abus, os quiero mucho. Pues como os decía antes, razoné con ellos. Les dije que me bajaran al garaje con la bici para andar un poco por entre los coches que están también todos encerrados, que allí nadie nos vería. No hubo manera, terminaron diciéndome que tenemos que guardar la cuarentena. Estoy harto de esa palabra, ya sé que no se puede ser malo pero no la puedo oír. Abus, sigo pensando en cómo salir de esta cárcel para respirar el aire limpio que tenemos afuera y de paso, con la gorra puesta, como siempre me mandáis, aprovechar el sol que hace. Sabéis que nunca me había fijado en todas estas maravillas que podemos disfrutar sin que les cueste nada a mis padres, ¡Ay cuánto las noto de menos ahora! Tengo en la cabeza lo que les voy a decir a mis padres para que me dejen salir al parque, pero antes necesito que me mandes, Abu, una de las dos correas que tenéis en el garaje para pasear a Duna ya que, como vosotros tenéis huerta y no os hace falta salir, para nada las queréis. Solo me basta que me mandes una por ese furgón por el que nos enviáis las patatas. Es que una vez la tenga estoy seguro que convenceré a mis padres para que me dejen salir. Les diré: Mamá, Papá, ya me podéis sacar al parque sin problema, ahora no tenéis disculpas que valgan, me ponéis la correa de Duna al cuello y ya está. Os prometo que iré y volveré andando a cuatro patas, como hacemos el abuelo y yo por el prado de la huerta, igual que todos esos perritos que vemos todo el día desde la ventana, ahora por el parque y por la calle, conducidos por sus amos que se ven muy felices. No quiero ser un perro, no. Solo quiero que me tratéis como tal mientras tengamos que estar aquí.

Después de saltarnos las lágrimas a la abuela y a mí ahora os pido ayuda, amigos: ¿qué hacemos, le enviamos la correa?

Antonio Valle Suárez.

1 comentario

Juan Martínez -

Los focos de la enfermedad se están concentrando, como era de esperar, en la zonas urbanas densamente pobladas. La 'España Rural' o la 'España vaciada' presenta unas condiciones menos favorables para la transmisión de la epidemia simplemente por la mayor dispersión de la población. Y las condiciones de aislamiento siempre son más humanas y llevaderas en una casa con jardín o huerta en un pueblo o en el campo que en un apartamento de un edificio de viviendas en altura.

Me pregunto si el nieto no estaría mejor en Castropol con sus abuelos.