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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

Ni tan poco aquí, ni tanto allí

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24 de Septiembre del 2026 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Mis frecuentes viajes a Londres por cuestiones familiares -bendita sea la esclavitud de los abuelos- me han permitido observar pequeñas costumbres que, sin hacer ruido, dicen mucho de una sociedad.

Sin ir más lejos, allí, en la tierra de su graciosa majestad, en la cola del supermercado cada cual guarda escrupulosamente su turno. Nadie le sopla el cogote al de delante, ni le empuja el carrito con impaciencia. El cajero espera con calma a que el cliente termine de guardar la compra, mientras el siguiente cliente permanece disciplinadamente a más de un metro de distancia. Saltarse esas normas no conlleva multa alguna, pero sí una colección de miradas capaces de fulminar al más pintado.

Algo parecido ocurre en las escaleras mecánicas del metro. Allí se permanece siempre a la derecha, dejando libre el carril izquierdo para quien lleva prisa. No hace falta un cartel cada cinco metros. Basta el sentido común.

También en los pasos de peatones sin semáforo. Allí el peatón espera al borde del paso y, el conductor, al verlo, se detiene. Aquí, en nuestra querida España, no es raro ver a algún peatón lanzarse al paso de cebra un metro antes de llegar a él, como si la pintura blanca tuviera poderes mágicos. Nada de mirar para ningún lado, tiene que parar el vehículo para eso está el paso de cebra. Y tampoco falta el conductor que considera que frenar es una sugerencia.

Viajar sirve para aprender. Y conviene reconocer que, en estas pequeñas normas de convivencia, los británicos nos ganan por goleada, ahora que vuelve el fútbol.

Pero no conviene idealizar a nadie. Porque si hablamos de sanidad, protección social o derechos laborales, la balanza cambia de lado. Allí es frecuente ver a jubilados reponiendo estanterías en los supermercados para completar una pensión insuficiente. Conseguir cita con un especialista puede convertirse en una carrera de obstáculos. Y perder el empleo tras una baja médica, porque le da la real gana a la empresa, resulta mucho más sencillo que aquí.

Viajar enseña mucho. Sobre todo a distinguir entre lo que debemos copiar y lo que conviene conservar. Yo firmaría mañana mismo el comportamiento en las colas del supermercado londinense y la disciplina de sus escaleras mecánicas. Pero, a pesar de los pesares, creo que es preferible ponerme enfermo en España antes que en Inglaterra.

Al final resulta que para mí, esto de vivir en el mejor país del mundo, que es España, no era solo un eslogan de barra de bar, es una verdad como un templo.

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