San Lorenzo 1951
En el parque 193.../194...?
Los asturianos se niegan a utilizar el topónimo de ría de Ribadeo en detrimento de ría del Eo
En el parque 193...?
Silvallana 1934
Fomento da la razón a Galicia y plantea el nombre de ría de Ribadeo
Claudio Pérez, «Descartes» de la comarca
Silvallana 1934
OS VELLOS NON DEBEN DE NAMORARSE
NUEVOS COMENTARIOS SOBRE EL PLANO DE LA RIA DE 1605
Tras quince días desde la publicación de mi primer comentario sobre el plano de la Ría del Eo, dibujado en 1605 por Bartolomé Muñoz, debo añadir algún otro comentario, aceptar alguna crítica recibida y puntualizar alguna cosa. Vayamos por partes.
En el texto remitido hace quince días se ha deslizado algún error mecanográfico y de concordancia que la benevolencia de los lectores sabrá disculpar. El más importante, a mi modo de ver, es escribir As aceñas, cuando debería ser As Aceñas.
Por las aportaciones de Antonio Murias, Miguel Vila y Phil Gueirolo, podemos llegar a la conclusión de que el nombre de Leste aplicado al viento del este era lo correcto en aquella época y que, aún hoy, es una palabra usada en ciertas zonas de España, al menos entre gente de mar. Además, nos dice Phil Gueirolo que esa denominación se mantiene viva entre la gente de mar de la zona, que utiliza también, para referirse al este, dicha palabra. Así pues, habremos de convenir que D. Bartolomé Muñoz la escribió correctamente.
Sobre el aspecto del mapa debo añadir la observación de que las dimensiones del dibujo están bastante proporcionadas; es decir, que comparando el plano comentado con cualquier carta náutica moderna, se puede observar que no existe una distorsión exagerada de la imagen que ofrece el contorno de la costa. Es más, si se compara este plano con otros más modernos, aunque también cargados de quinquenios por ejemplo, el que aparece en El Atlas del Rey Planeta-, llega uno a la conclusión de que D. Bartolomé Muñoz sabía bien lo que se traía entre manos.
Y sobre la escala del mapa, añadir que un pié castellano equivalía a 28 centímetros el pié inglés, a 30,5 centímetros; ya se sabe, los británicos tienen fama de más altos-, lo que nos lleva a que un paso castellano equivale a 70 centímetros. Y mil pasos, a 700 metros.
Una cuestión que debo matizar es lo relativo al sistema de transporte utilizado para bajar la madera a los astilleros. Yo afirmé que tal sistema era el de trenes de troncos flotando por el río. Siendo rigurosos, de la leyenda del plano no se puede deducir tal cosa. Ahí me permití una pequeña pirueta en el razonamiento y llegué más allá de lo que el estricto sentido de la leyenda del plano permite.
El plano lo que dice es Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros. Ello ratifica sin discusión que la vía de comunicación utilizada al menos la preponderante- era la corriente de agua del padre Eo y su continuación como estuario. Pero no permite afirmar en rigor que el medio concreto fuese que los propios troncos flotasen en el agua. La verdad es que también podían haberse bajado por el río de Abres, pero no flotando, sino a bordo de lanchas o barcazas.
Eso es cierto, pero a favor de que no era así, sino en forma de trenes, puede manifestarse lo siguiente: (i) tales barcazas sólo podrían navegar desde la Ría de Abres (atención al nombre, a los efectos del debate sobre denominaciones), y contando con un tiempo limitado, por la existencia de las mareas, para efectuar la maniobra de cargarlas; (ii) esa limitación en la penetración de la marea reduciría mucho la eficacia del sistema (la mayor parte del valle del Eo quedaría lejos del punto de carga); (iii) utilizar las barcazas exigiría una maniobra adicional de movimiento de los troncos, es decir, cargarlos en la barcaza y descargarlos en Figueras o Ribadeo al propio astillero o en algún lugar de almacenaje en espera de su embarque para la exportación, mientras que el sistema de trenes elimina la primera de las maniobras y permite el aprovechamiento del cauce del río desde mucho más arriba y, por lo tanto, con más caída de los aprovechamientos forestales; y (iv) está constatado el uso de la técnica de trenes de troncos en varios lugares de Asturias, y también del resto de España. Por lo tanto, aún aceptando que no existe una prueba irrefutable a favor de los trenes de troncos flotando por el río, yo me inclino, sin reparo alguno, por dar como segura la utilización de esa técnica.
Otra cuestión a matizar es que yo afirmo que Colón, en su primer viaje, pretendía el descubrimiento de Cipángo, cosa totalmente incierta. El Cipángo ya estaba descubierto y gozaba de muy buena fama de atractivo mercado y fuente de riquezas. Lo que Colón buscaba era un camino hacia Cipángo por el oeste; y fracasó estrepitosamente en eso, pues se encontró con un nuevo continente que casi llegaba de polo a polo. Además, se equivocó en el cálculo del tamaño de la Tierra. Y probablemente tardó tiempo en darse cuenta de la cuestión.
Acierta Antonio Murias al denominar portulano a lo que yo denominé plano. Y añado ahora que, según el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, en el siglo XIII (cuatro siglos antes que nuestro mapa) aparecen los primeros portulanos, y que había dos focos de producción de los mismos, en Mallorca y en Génova.
Afirma también Antonio Murias que le llama la atención la ausencia de cualquier referencia a la existencia de tesones. Es cierto. Gráficamente no aparece ninguno, aunque una completa trascripción de la larga leyenda que no conseguí descifrar nos podría deparar alguna sorpresa. No obstante, caben también dos explicaciones: (i) que los tesones no eran tan exagerados con lo son hoy; y (ii) que a las embarcaciones para quienes iba destinado el mapa (de propulsión a vela y de cierto porte) jamás se les ocurriría penetrar en la ría más allá de Porcillán, que, incluso hoy, está libre de tesones. No conozco ninguna referencia que permitiese establecer cual podía ser la situación de calados en el interior de la ría en el siglo XVII, pero de lo que sí tenemos evidencias directas -por haberlo vivido- y por fotografías antiguas es que los tesones han crecido considerablemente en el último siglo. Analizar sus causas y soluciones sería otro debate diferente.
Víctor de Primote sugiere que la estructura de los caseríos de las tres poblaciones le parece interesante. Como bien dice, las dificultades al ampliar la imagen son importante, pero, sinceramente, yo he vuelto a mirar los caseríos respectivos y creo que no responde a la intención del dibujante la de reproducir el entramado de calles de entonces. Quizás el caso más evidente es la calle recta que, en Ribadeo, asciende desde Porcillán hasta Las Cuatro Calles. Esa calle debe ser de las más antiguas de Ribadeo, y no se le hubiese escapado a D. Bartolomé.
Por lo tanto, opino que no creo que estuviese en la intención del dibujante reflejar la estructura de calles de las poblaciones, sino tan sólo poner de manifiesto la existencia de una aglomeración urbana y la importancia relativa de ellas aquí lo de los edificios amurallados con torres-. Como bien afirma Antonio Murias, los portulanos y cartas náuticas, incluso las más modernas, desprecian todo lo que sea interior, excepto para señalar algún accidente geográfico o punto de referencia que los navegantes pudiesen utilizar para situarse desde el mar.
También comenta Víctor la muy probable inexistencia de infraestructuras portuarias, en lo que coincido. Pero, como ya dije, sí creo que los astilleros existentes debían de contar, como mínimo, con una rampa para varado y botadura de embarcaciones. Por supuesto muy elemental, pero que debía respetar, al menos, tres cosas: (i) la existencia de un plano inclinado con pendiente uniforme, o casi, (ii) que la superficie de ese plano inclinado estuviese compactada y firme, para permitir que hombres y animales pudiesen ayudar a la maniobra; y (iii) que permitiese la colocación permanente o transitoria de rieles de troncos para desplazar a las embarcaciones.
Miguel Vila nos comenta que la carabela Santa María, la capitana de Colón, fue llamada anteriormente La Gallega, aunque sus tripulantes la denominaban Marigalante, y que su lugar de construcción fue Galicia, cosas todas ellas en las que coincido.
En cuanto a la denominación Castripol, que tantos ríos de tinta aportó al debate, yo sólo puedo decir que la única vez en mi vida hasta ahora- que oí semejante expresión lo fue a un compañero de trabajo de hace muchos años, que es del occidente astur, y dicha en plan de chiste o coña marinera, y discúlpese la mala educación.
Luis López-Cotarelo Villaamil
Marzo de 2008
La autovía del occidente se retrasa 6 meses
Playa de la Fuente desde Salias (mas o menos).
El Parque, recién terminado.
Haciendo deporte
Antonio Benito y el cerdo.
Castropolenses de ayer. (II)
Castropolenses de ayer. (III)
Plano de la Ría del año 1605
EL MÁS ANTIGUO PLANO DE LA RÍA
Lo primero que debo hacer es matizar una afirmación tan tajante como la que se desprende del título. La verdad es que el título de esta nota histórica debería de haberse completado añadiendo “mientras no se demuestre lo contrario”, pues estoy convencido de que han existido mapas más antiguos de nuestra ría, aunque sabe Dios en donde estarán o que habrá sido de ellos. No conviene olvidarse de que Porcillán es una palabra de raíz latina, derivada de Portus Julianus. Y tampoco de que los vikingos y otros muchos navegantes pasaron por el Cantábrico y debieron fijarse y memorizar un estuario tan útil para la navegación como la ría del Eo.
Pero nunca me han gustado los títulos largos; ni en el cine y el teatro, ni en libros y escritos, ni mucho menos en la prensa.
¿Cómo encontré este plano? En el otoño de 1998, y formando parte de la programación de actividades por las que el Reino de España conmemoraba el cuarto centenario de la muerte de Felipe II (en El Escorial, en 1598) y el quinto del nacimiento de su padre Carlos I (en Gante, en 1500), se realizó una exposición bajo el título “Los ingenios y las máquinas. Ingeniería y obras públicas en la época de Felipe II”. La exposición se ubicó en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, edificación construida por dicho arquitecto para uso como viveros del botánico y hace años reconvertido en sala de exposiciones.
En tal exposición –por lo demás muy interesante-, al menos que yo recuerde, no estaba expuesto el plano de la ría que comento. Pero de la exposición se vendía un voluminoso catálogo que, al leerlo con calma en mi casa, me encontré en su página 152 con la reproducción de un plano que, sin necesidad de acudir a la correspondiente leyenda explicativa, identifiqué como de la ría, aunque en la fecha de su confección tal denominación estoy convencido que no se usaba. Por supuesto, aparecía la referencia del archivo en donde se encontraba, el de Simancas, el autor del mismo, Bartolomé Muñoz, y el año en que se dibujó, el de 1605. La Carta Puebla de Castropol, a la que se le concede el Fuero de Benavente, es de 1299; Castropol llevaba poco más de tres siglos de existencia jurídica.
El formato del plano es decididamente alargado, probablemente condicionado por lo que se quería dibujar, pues en el mismo catálogo se reproducen otros, que considero de la misma mano –página 155, Villa de Vigo y su puerto- con un formato casi cuadrado. Por otro lado, el plano de nuestra ría es a un solo color, negro, sobre fondo que quizás fue blanco –ahora lo vemos con tonos sepia, pero seguramente es producto del tiempo y en origen fue blanco, aunque el blanco que ahora se consigue en la fabricación de papel era un lujo imposible en aquella época-. La falta de color no sería de mayor trascendencia sino fuese porque en el catálogo se reproducen otros planos de la misma época hermosamente coloreados; quizás la diferencia la imponía el destinatario previsible del plano.
Como digo, el plano es de 1605 y estoy convencido de que la razón de su confección fue estrictamente militar, en un doble sentido; como inventario de los posibles puertos en los que una armada o parte de ella pudiese refugiarse de los temporales y del enemigo; y como relación de las atarazanas, astilleros y sus fuentes de materias primas.
En 1588 Felipe II envió a Inglaterra la Armada Invencible, con el resultado ya conocido, y, contra lo que mantiene la “leyenda urbana” –no envié mis barcos a luchar contra los elementos-, lo que afirmó al conocer la noticia fue que construiría otra flota más potente, costara lo que costara. En todo caso, nos encontramos en la época del mayor esplendor y poderío del Imperio español, en el que la navegación comercial y de guerra eran decisivas; y no sólo por la presencia y aspiraciones francesas e inglesas, sino porque el Imperio se encontraba distribuido por todo el globo y las comunicaciones por vía marítima, con todas sus dificultades, era la más eficaz y, frecuentemente, la única posible.
Bartolomé Muñoz, obviamente, debía ser geógrafo, pero, o tenía también conocimientos náuticos, o debió de contar con el asesoramiento de navegantes o gente de mar, pues la descripción que se adivina de la forma de entrar en la ría y donde y como fondear, así lo sugieren.
El plano, como ya he dicho, es de formato alargado y está dibujado con el septentrión hacia abajo, lo que en aquella época era lo habitual. Por lo demás, los puntos cardinales, señalados por una hermosa rosa de los vientos dibujada encima de “la Cortada” están perfectamente orientados. Una particularidad curiosa; los nombres de los cuatro puntos cardinales están correctamente escritos, excepto el este, al que se le escribe “Leste”. ¿Se trata de un simple error?
El plano lleva por título “Plano y descripción del puerto de Rivadeo”, se encuentra en el Archivo de Simancas –del que existe un sello-, y tiene dos referencias de localización en el mismo, situadas a ambos lados del pié del plano: M. P. y D. – XLII – 68 y –entre corchetes- G A – Leg. 652 - . Su escala figura también al pié del plano, con una explicación que, salvo una palabra inicial que no he podido esclarecer, dice “…. de mil pasos de a dos pies y medio cada paso”.
Por otra parte, el plano no abarca la totalidad de la ría. Por la costa gallega, se dibuja desde la boca –por cierto, sin la Isla Pancha- hasta lo que puede ser el comienzo de la Villavieja. Y por la asturiana y dejando aparte la ensenada de La Linera –incompleta y dibujada sólo hasta antes de As aceñas y desde Salías (sin que su Peñón aparezca)-, hasta algo más al sur del cementerio de Castropol. El resto de la ría no le ofreció interés al autor del plano, probablemente por su nula utilidad para los fines pretendidos: información de interés militar y náutico. Y ese interés es lo que también explica la leyenda que consta en el mapa en su esquina superior derecha, que dice: “Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros”, lo que confirma algo ya sabido: la importancia como fuente de suministros de madera apta para la construcción de barcos –castaño y, sobre todo, roble- de los bosques del occidente de Asturias, aunque no en exclusiva, pues referencias similares se conocen de otras zonas de Asturias, de Galicia y del resto del norte de España; y el sistema de transporte, mediante “trenes” de troncos flotando por el río, técnica aplicada en otras zonas de España (río Tajo, ríos del Pirineo, río Nalón y seguramente otros) y del resto del mundo (todavía se utiliza en volúmenes considerables en los ríos de Canadá y Estados Unidos). Pero, que yo sepa, es el único testimonio conocido de que tal técnica de transporte se utilizó en el río Eo.
Otra cuestión que conviene recordar es que ese transporte de madera para construcción naval no iba destinada, en exclusiva, al consumo de los astilleros sitos en la Ría del Eo -en todo caso de modesta capacidad-, sino que en un abrumador porcentaje se destinaba a su envío por vía marítima a otros astilleros, principalmente a los de Cadiz, exportación que siguió muy activa hasta bien entrado el siglo XIX, en que el hierro hizo desaparecer las construcciones de barcos de madera.
En el plano se dibujan sólo dos astilleros, en Figueras y en Ribadeo. En cambio, en La Linera, donde otra “leyenda urbana” sitúa un astillero antiquísimo –hasta el extremo de atribuirle la construcción de una de las carabelas que Colón utilizó para el pretendido descubrimiento de Cipángo, absoluto fracaso derivado en brillante descubrimiento de un nuevo continente; la tal carabela se habría llamado “La Gallega” en sus primeras singladuras-, no se dibuja nada; ni tan siquiera se molesta el autor en dibujar el contorno completo de la ensenada. Ello nos llevaría a la conclusión de que tal astillero nunca existió, hasta épocas mucho más contemporáneas.
En el plano se señalan dos lugares preferentes para el fondeo de barcos. Uno en la ensenada de Arnao, y otro entre Porcillán y el cargadero de mineral. Ambos lugares y hasta la construcción de las modernas infraestructuras portuarias eran las habitualmente usadas por los navegantes, sobre todo la segunda, de la que se conservan fotografías de veleros, en Porcillán y aún más hacia el sur, en lo que hoy es la dársena pesquera del puerto de Ribadeo, lugar en el que una bella y espectacular fotografía, que se puede encontrar en una de las secciones de fotos antiguas de éste mismo blog, muestra fondeados –creo recordar que tres- a impresionantes veleros.
Por cierto, que la costa entre Arnao y algo más allá de San Román, no está dibujada. ¿Se olvidó el autor, o se borró por algún accidente posterior? Me inclino por lo segundo, porque sería el único tramo de costa olvidado y porque enfrente de San Román y como en medio del agua existe una “mancha” alargada que puede ser lo que queda de ese trozo de costa dibujada y posteriormente borrada accidentalmente.
En algún momento de su existencia el plano estuvo plegado –parece que en cuatro partes-, que no enrollado, y alguien escribió por el dorso de uno de los pliegues, probablemente el que quedaba a la vista, algo que se nos muestra invertido, como si estuviésemos leyendo un texto reflejado en un espejo. Dicho texto se puede ver encima del sello oval del Archivo de Simancas que alguien colocó sobre la entrada de la ría.
Si ya es difícil leer los textos manuscritos que se nos muestran en posición normal, más difícil resulta un texto inverso. Pero, hasta donde he podido averiguar, se observa lo siguiente en ese texto: (i) la letra es diferente a la del plano y, aunque antigua, parece más moderna que la del dibujo; (ii) que son dos líneas; y (iii) en cuanto a lo que dice, sólo he podido deducir que en la primera línea, de cuatro palabras que la componen, se pueden leer las dos centrales “Conde de”; y de la línea inferior, que sin duda es una fecha, se lee “de 12 de Agosto”, figurando el año, pero imposible de identificar. Es sabido que la forma española en que hoy escribimos las fechas –día, mes y año- no era la utilizada antiguamente, que era la de mes, día y año. Ello es otro argumento para defender la hipótesis de que esas líneas son muy posteriores al plano, ¿quizás de algún archivero de Simancas? ¿Cuándo se cambió el formato usual de escribir fechas?
En cuanto a las leyendas del plano, podemos observar el uso de una mezcla del castellano y del gallego, aunque ésta afirmación debe tomarse con alguna cautela, pues ambas lenguas a comienzos del XVII se diferenciaban menos que las actuales. En cuanto a las leyendas que figuran a lo largo de ambas costas –en las que respeto la forma en que están escritas-, podemos encontrar, comenzando por la Punta de la Cruz y siguiendo el sentido hacia el sur, lo siguiente.
La actual Punta de la Cruz es denominada Punta do boy. La hoy ermita de San Román, también conocida como del Santo Cristo del Buen Viaje, se identifica como Sant. Roman, y se dibuja una edificación, evidentemente una ermita, con lo que se concluye con facilidad la antigüedad de tal devoción y construcción, aunque la actual debe parecerse poco o nada a la originaria.
La actual Figueras, o As Figueiras, se identifica como Las figueiras, a la vez que se dibuja un conjunto urbano en el que destaca un edificio amurallado y con una torre. Además se señala expresamente la existencia de Astillero.
En el resto de la costa asturiana sólo figura identificado Castropol, pero como Castripol. Por supuesto, también figura dibujado un conjunto urbano, destacando un edificio amurallado con dos torres. Esto de los edificios amurallados con diverso número de torres tiene su aquél, pues el de Figueras tiene una, el de Castropol dos y en otro similar dibujado en Ribadeo, tres. ¿Se trata de una diferenciación producto de la imaginación del dibujante, sin mayor trascendencia? o de ¿una manifestación de la importancia de las tres poblaciones? Por supuesto que los forofos de Ribadeo estarán encantados de atenerse a la segunda de las hipótesis.
La entrada de la ría se identifica como Entradadelabarra.
Y en la costa gallega nos encontramos con las siguientes leyendas, en sentido norte sur.
Los bajos rocosos donde recientemente han colocado una baliza y en el que más de un navegante se ha llevado sustos, se identifican como Lascarrayas. El cabo en donde se encuentra el actual fuerte reconvertido en sala de exposiciones se identifica como Punta do carballo, aclarándose, además, que allí existe un fuerte. En consecuencia, el actual fuerte, de factura del XVIII, tuvo su antecedente en algo que ya existía en 1605.
Y curiosamente, algo más adelante, en concreto en un islote donde hoy se apoya el pié que permitía el volado de la estructura metálica del cargadero de mineral, se identifica algo como lo que pudiera ser Torrebieja, o Torrebigia. Sea lo que fuere, los restos de la tal torre debieron desaparecer con la construcción del cargadero.
Seguidamente aparece la ermita de San Miguel, señalada como Sant. Miguel, de la que pueden hacerse similares comentarios que sobre la de San Román del lado opuesto, con la salvedad, quizás, de que se conserve mejor su fábrica original en la gallega que en la asturiana. También, dejar constancia de que el actual Puente de los Santos –reconvirtiéndose hoy para la autovía que dejará al entorno de la ría a menos distancia de Francia que de Madrid- debe su nombre a los santos cuya advocación reclaman ambas ermitas.
Justo debajo de lo que hoy es el puente aparece la leyenda surgidero seguro, rodeada de abundante número de naves -en Arnao sólo aparece una-, La palabra surgidero, aunque en desuso, existe en castellano y significa, según el diccionario de la Real Academia Española, “lugar donde dan fondo las naves”. Huelgan más comentarios que, por otra parte, ya he realizado más arriba.
Seguidamente se identifica la cala de Guimaran, en la que es de destacar dos circunstancias; la primera el dibujo de un arroyo, dibujo a mi modo de ver nada inocente, y que pretende señalar un lugar donde las naves podrían obtener agua dulce en las inmediaciones de su fondeo. Debe recordarse que en esa cala, situada entre la ermita de San Miguel y una edificación conocida como “de Obras Públicas”, todavía se puede observar el desagüe de una fuente natural que mana incluso en veranos secos; y la segunda, que aparece dibujada al final del cauce de ese arroyo lo que parece un muro curvo, quizás pretendiendo señalar la existencia de algún aljibe o presa que recogiese esas aguas del manantial.
Y terminan las leyendas de la costa gallega con la denominación de Explanada para lo que, sin ninguna duda, es Porcillán; la información de que allí existe otro Astillero (quizás ambas cosas tenían algo que ver), y el nombre de la agrupación urbana de Ribadeo, aquí escrito con b, aunque ya lo vimos y lo volveremos a ver escrito con v, con las edificaciones distribuidas en herradura a ambos lados de la vaguada de Porcillán. En esa agrupación urbana destaca la casa amurallada de tres torres que ya he comentado, y que el dibujo ubica en el exterior de la agrupación, donde efectivamente estuvo, en el actual Cantón.
Y para terminar, debo hacer una referencia a la extensa leyenda que figura en la parte inferior izquierda del plano, aunque no es mucho lo que conseguí descifrar.
Comienza esa leyenda con el título de Planta y descripción del puerto de Rivadeo, para seguidamente, en tres párrafos diferentes describir lo que interpreto como instrucciones para los navegantes de cómo entrar en la ría y donde y cómo fondear.
Aunque lo he intentado varias veces, no conseguí realizar una completa y suficiente traslación del texto.
En lo que he podido hilar algo coherente, y señalando con puntos suspensivos las palabras que no he conseguido entender, en el primer párrafo se dice lo siguiente:
“Desde la entrada de la barra no se debe … … … el nabio solo esta derrota que … … … para entrarse … en este puerto allí aguarden tiempo … para llegar a dar fondo donde están señalados los que …”
De los dos siguientes párrafos de la descripción no he conseguido leer nada coherente. Supongo que disponiendo del original será posible realizar una más completa traslación del texto de esa leyenda, que termina con la firma de su autor.
Me disculpo de la posible falta de calidad gráfica del plano, pero la copia que remito al blog es un escaneado de una reproducción obtenida de un microfilm conseguido del Archivo de Simancas. Y, ya se sabe, las copias van pediendo calidad.
Confío que la reproducción del plano y los comentarios que hago abran un debate, en el blog y fuera de él, que nos permita aclarar más aspectos del plano, de su momento histórico, y de esa larga leyenda que sólo he podido entender en una pequeña parte.
Luis López-Cotarelo Villaamil
Febrero de 2008
Verano del ¿192... ?
