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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

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La Biblioteca Popular Circulante de Castropol / La Semanal

La Biblioteca Popular Circulante de Castropol / La Semanal

Xabier F. Coronado 

A María Ramona Loriente Penzol, in memoriam

Los promotores de la biblioteca de Castropol trataban de educar la sensibilidad de los aldeanos, conservándoles, y esto es lo esencial y digno de ser notado, el gusto por sus cosas y por su vida rural.

María Moliner

 

Entre las bibliotecas populares que se fundaron en España entre la última década del siglo xix y el estallido de la Guerra Civil, la Biblioteca Popular Circulante de Castropol (bpcc) destaca por su labor y desarrollo. Estos días se cumple un siglo de esta institución asturiana que formó una red de quince filiales que funcionaban de manera autónoma bajo la coordinación de una biblioteca central. La calidad de su acervo y sus publicaciones, la variedad de iniciativas y actos organizados, las relaciones interbibliotecarias que sostuvo, la repercusión alcanzada en la comarca occidental de Asturias y su defensa de la cultura de la aldea, hacen de la red de bibliotecas de Castropol un modelo de institución cultural al servicio del pueblo.

La de la bpcc es una labor reconocida en su época por personalidades e instituciones educativas y culturales, que comenzó en 1921 y fue truncada por el golpe militar contra del gobierno republicano en 1936. Tras su desaparición, durante los años de la dictadura franquista, la historia de la biblioteca de Castropol permaneció oculta, silenciada y condenada al olvido de todos, menos de los habitantes de aquellos pueblos y aldeas que la vieron nacer y establecerse. Una historia que permanecía latente y que no fue recuperada para la memoria cultural colectiva hasta la primera década de este siglo.

Asturias es una región histórica del norte de la península ibérica; en su mapa territorial, Castropol es el concejo (municipio) que ocupa el extremo noroccidental y es cabeza del partido judicial de toda esa comarca. En los años veinte del siglo pasado, Castropol tenía una población que rondaba los ocho mil habitantes, la mayoría vivían dispersos en pequeñas aldeas en la costa y las montañas cercanas. Las ocupaciones mayoritarias de sus habitantes eran la agricultura, la ganadería y la pesca.

Un estudio, publicado por el Museo Pedagógico Nacional, “El analfabetismo en España”, arrojaba cifras sorprendentes: el nivel estatal medio superaba el cincuenta y dos por ciento; entre las cincuenta provincias españolas, Asturias con un cuarenta y cinco por ciento, estaba entre las veinte con menos incidencia y Castropol tenía un 47.5 por ciento de analfabetos entre sus habitantes. A pesar de los altos porcentajes, eran datos que podían considerarse positivos ya que, desde principios de siglo, el analfabetismo había descendido casi un doce por ciento en el país. Este descenso se debía fundamentalmente al incremento del número de escuelas, así como a la proliferación de ateneos obreros y sociedades culturales. En Asturias, desde finales del siglo xix hasta el golpe de Estado militar funcionaron más de 250 bibliotecas populares repartidas por su territorio.

Fundación, organización y publicaciones

Es necesaria una vigorosa acción cultural, que capacite al pueblo para regirse por sí mismo.

Por Nuestra cultura

En octubre de 1921, el periódico local, Castropol, publicó en su primera página un manifiesto titulado “Por Nuestra Cultura” (año xvii, núm. 595). El texto, firmado por ocho jóvenes estudiantes del concejo, denunciaba la alarmante situación cultural que se vivía en la comarca y, para enfrentar esa realidad, anunciaban la “iniciativa de crear una Biblioteca Popular Circulante –lo único realizable, por hoy, en nuestro pueblo– con el fin de fomentar la propagación de la cultura”. Este manifiesto supuso el inicio de una aventura cultural que cuajó el 2 de marzo de 1922 con la inauguración de la Biblioteca Popular Circulante.

En sus estatutos, la bpcc se organizaba bajo la dirección de un Patronato de once miembros que establecieron las reglas de funcionamiento de la entidad. El cargo de patrono era un trabajo de servicio a la comunidad y se formaban tres comisiones para dirigir los destinos de la biblioteca: selección y adquisición de libros, propaganda cultural y la encargada del local. Entre los miembros del patronato, Vicente Loriente Cancio fue quien más se involucró en el proyecto, convirtiéndose en el organizador y coordinador de la biblioteca durante sus quince años de existencia.

A partir de mayo del año ’27, se disolvió el patronato y la biblioteca de Castropol se convirtió en una asociación cultural integrada por socios fundadores –los antiguos miembros del Patronato– y socios protectores, que contribuían con cuotas a su mantenimiento. La entidad pasó a ser regida por una Junta Permanente y Loriente Cancio ocupó el cargo de secretario de la Junta hasta su disolución, en julio del ’36. Con este cambio organizativo, los responsables de la biblioteca pretendían evitar intromisiones a su labor pues se vivían los años de la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).

Desde su fundación, la bpcc funcionó con un reglamento que señalaba sus características: un espacio de lectura y consulta de carácter gratuito, sin requisitos previos para acceder al local o disfrutar del préstamo de libros, con libre acceso de los usuarios a los anaqueles y el derecho de todos los vecinos a beneficiarse de sus servicios.

Los estatutos de la biblioteca planteaban una financiación basada en tres cauces: solicitar donativos a entidades públicas y privadas, aceptar cuotas de sus socios y abrir suscripciones populares. La mayor parte de los ingresos fueron aportaciones recolectadas entre los emigrantes de la comarca, remesas procedentes de países americanos, sobre todo de Cuba. Los organismos oficiales –locales, regionales o estatales– apenas alentaron el proyecto cultural de la biblioteca de Castropol. Entre las excepciones hay que señalar el apoyo recibido, desde la proclamación de la República (1931), por parte del Patronato de Misiones Pedagógicas, una ayuda en forma de libros y materiales didácticos nunca a nivel económico. La falta de apoyos de organismos oficiales propició su condición independiente.

La bpcc se inauguró con un fondo bibliográfico de 158 volúmenes que se fueron incrementando a lo largo de los años, según un criterio marcado por las características sociales de la comarca y los objetivos de la entidad. Así, se fueron integrando secciones diferenciadas para satisfacer las necesidades culturales y profesionales de los usuarios: sección de agricultura, ganadería y pesca; sección de literatura; biblioteca del maestro; biblioteca infantil; sección asturiana; sección de música.

A partir del verano de 1925, el Patronato de la biblioteca planteó la necesidad de crear una red de filiales con el objetivo de llevar los libros a todos los rincones del concejo. Durante los diez años siguientes se abrieron un total de quince bibliotecas en pueblos y aldeas de la comarca occidental de Asturias. A medida que la red de bibliotecas de Castropol se implantaba, el número de usuarios y lecturas se fueron incrementando. En su primer año de funcionamiento se realizaron mil trescientos préstamos de libros, y en sus últimas estadísticas la cifra estaba cercana a nueve mil en todas las bibliotecas. Del mismo modo, el número de obras fue creciendo gracias a las adquisiciones y donaciones recibidas. En 1936, el fondo bibliográfico de la biblioteca central estaba próximo a los cinco mil volúmenes. A esta cifra hay que sumarle el acervo existente en el conjunto de las sucursales de la red, que puede estimarse cercano a los cuatro mil libros.

Las bibliotecas filiales se formaban con un mínimo de cien volúmenes de fondo inicial propio. La biblioteca central se encargaba de circular libros, con el propósito de ampliar la oferta de lectura a los usuarios. Los lotes se renovaban cada tres meses y eran completados en función de las solicitudes que los lectores hacían a los responsables de cada filial. La biblioteca de Castropol estableció la figura del delegado o agente bibliotecario en los pueblos y aldeas donde no había una sucursal; los delegados portaban un índice de libros y recogían las peticiones de los vecinos interesados en leer. De esta manera los delegados realizaban un servicio de préstamo ambulante y autónomo.

Cada biblioteca de la red funcionaba de manera autónoma, dirigida por una sociedad de lectores. Como ejemplo, la sucursal abierta en 1934 en La Veguina (concejo de Tapia de Casariego), todos los vecinos pagaban una cuota anual para asegurar la subsistencia de la biblioteca; así se convertían en socios protectores al asegurar el mantenimiento de un local propio y la compra de libros. La red de bibliotecas se coordinaba a través de asambleas anuales a las que acudían los responsables de cada una de ellas. En las asambleas, que también estaban abiertas a los usuarios, se presentaban ponencias y se discutían los problemas planteados por los asistentes. Además, existía un Comité interbibliotecario que se reunía trimestralmente con los miembros de la Junta Permanente para tratar los temas relativos al funcionamiento de la red. A través de las diferentes reuniones y asambleas se fue perfeccionando un procedimiento de coordinación que es modelo para quienes se dedican a organizar sistemas bibliotecarios.

A lo largo de su historia, la bpcc tuvo siempre a su disposición un medio impreso para comunicarse con sus lectores y, a través de sus páginas, se puede seguir la historia de la biblioteca. En los primeros años, el decenario Castropol divulgaba los asuntos de la biblioteca. A partir de 1924 editaron su propio boletín, El Libro y el Pueblo, del que salieron cuatro números. En octubre de 1929, los integrantes de la Junta Permanente comenzaron a publicar un medio de información general, El Aldeano. Este periódico quincenal se convirtió, hasta su desaparición en 1933, en el medio de expresión de la biblioteca.

El boletín más profesional editado por la entidad asturiana llevaba el nombre de La Biblioteca, apareció en 1934 y se llegaron a imprimir cinco números hasta su cierre, dos años después. La biblioteca de Castropol también publicó libros, índices bibliográficos, reglamentos, impresos, carteles de propaganda cultural y anuncios de actividades.

Vasconcelos en la Biblioteca Popular Circulante

Nos recibieron los amigos de Castropol y en lancha nos transportaron al salón de la conferencia, que estaba lleno de un público interesado en libros y en ideas.

José Vasconcelos

A lo largo de su historia, la biblioteca de Castropol organizó grupos de trabajo comunitario a los que todos los vecinos eran invitados a participar. Unos estaban orientados a recabar datos sobre lenguaje, folklore y demás manifestaciones de la cultura autóctona; otros a realizar siembras comunitarias de experimentación agrícola; alrededor de la biblioteca también se formaban colectivos de teatro, títeres, coros, etcétera. Es de remarcar el número y la calidad de actos culturales organizados por los responsables del proyecto: ciclos de conferencias, conciertos, lecturas, exposiciones, teatro, títeres, proyecciones cinematográficas, premios musicales, excursiones y fiestas, se sucedieron en los salones del casino y la biblioteca central, en las sedes de las sucursales de la red o al aire libre en pueblos y aldeas de todo el occidente asturiano.

Uno de aquellos actos tuvo relación directa con México: en 1932, José Vasconcelos visitó la bpcc durante sus meses de exilio asturiano. Tras llegar a España procedente de París, después de la trágica muerte de Antonieta Rivas Mercado, el educador y político mexicano vivió en Somió, una aldea cercana a Gijón, donde rentó una quintana y se dedicó a trabajar la tierra y criar animales, pero sobre todo aprovechó la tranquilidad para escribir. Vasconcelos relata este período en su libro de memorias El Proconsulado (1939): “Me tenía tomado el tiempo la preparación del Ulises y el estudio de los temas de la Estética. También en esos días juntaba el material del volumen que titulé La sonata mágica.”

A pesar de su aislamiento, el escritor mexicano dio dos conferencias en el Ateneo de Gijón y asistió a otros actos culturales: “de ciertas actividades públicas de la misma Asturias no podía eximirme del todo y así fue como acepté pronunciar el discurso de inauguración del monumento a Jovellanos en Puerto Vega.” La invitación incluía una visita a la biblioteca de Castropol. El maestro de América aceptó el paquete completo y en homenaje a Jovellanos pronunció un discurso sobre la hispanidad, que fue reseñado en todos los periódicos de la región y que en México se publicó hace pocos años (Biblioteca de México, núm. 111, 2009).

Al día siguiente, Vasconcelos continuó viaje hasta Castropol, donde fue recibido por Vicente Loriente y demás miembros del grupo responsable de la biblioteca. Visitó la central y algunas filiales de la red y dio una conferencia sobre las bibliotecas americanas y su lucha por difundir la cultura. Durante su visita, José Vasconcelos fue nombrado presidente honorífico de la biblioteca de Castropol:

Concertamos una visita a Castropol, donde existía un simpático grupo intelectual dedicado al trabajo de difusión de bibliotecas y de intercambio con la América española. Presidía dicho grupo don Vicente Loriente, joven historiador […] Aun siendo cada uno de procedencia un tanto diversa, advertíase en todo el círculo de Castropol una liga como de parentesco espiritual muy firme […] Años después, una monografía erudita y comprensiva de Vicente Loriente me sirvió de documento para el capítulo de mi Breve historia de México sobre los descubrimientos.

Una de las inquietudes de la bpcc era establecer contactos con otras bibliotecas y colectivos culturales, algo que era imprescindible dado su aislamiento geográfico. Esta necesidad quedó satisfecha con el intercambio de información y publicaciones que los coordinadores de la biblioteca de Castropol realizaron con otras bibliotecas: en España con la totalidad de las entidades bibliotecarias asturianas, así como la mayoría de las bibliotecas populares catalanas y de otras regiones de la península; en los países europeos sostuvo relaciones con bibliotecas de Portugal, Checoslovaquia y varias bibliotecas francesas. Durante su visita, Vasconcelos les facilitó contactos con el Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación de México y algunas bibliotecas que había visitado en Colombia, Ecuador y Perú.

Conclusión

El personal que sirve la Biblioteca de Castropol y las sucursales, se compone de personas abnegadas guiadas por su amor a la cultura.

Juan Vicens

Durante el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía, celebrado en 1935 en España, Vicente Loriente Cancio ocupó el cargo de vicesecretario general del congreso y secretario de la sección de Bibliotecas Populares en representación de la Red de Bibliotecas de Castropol. A raíz de los contactos realizados con otras instituciones culturales surgió el proyecto, impulsado por la biblioteca de Castropol, de crear una Federación de Centros de Cultura Popular, abierta a las agrupaciones de todo el país. El propio Vicente Loriente Cancio escribía en el boletín La Biblioteca: “El propósito es articular una organización lo suficientemente elástica para que, dentro de una absoluta libertad de movimientos para cada entidad, éstas disfruten de todos los beneficios que se derivarían, no ya del conocimiento y apoyo mutuos, sino de una activa colaboración en lo referente a labor bibliotecaria, conferencias y exposiciones, cine educativo, etc.”

La importante labor cultural que la biblioteca de Castropol venía desarrollando durante más de catorce años quedó truncada con el estallido de la Guerra Civil. A los pocos días del golpe militar, las tropas facciosas del ejército penetraron en Asturias. Una de las primeras localidades ocupadas fue Castropol, la biblioteca se cerró y sus responsables fueron perseguidos.

A grandes rasgos, esta es la historia de la bpcc y su red de bibliotecas filiales, un organismo que desarrolló un proyecto cultural dirigido a toda la comunidad, sin distinción de clases sociales o ideologías. Una historia que fue posible gracias a la participación de hombres y mujeres entregados a una labor educativa y solidaria para preservar y expandir la cultura de la sociedad rural en que vivían.

Concluimos con la valoración de dos especialistas en bibliotecas que conocieron el trabajo de la biblioteca de Castropol. La filóloga y bibliotecaria María Moliner opinaba que “la ejemplaridad de la Biblioteca de Castropol está en la desproporción enorme entre sus medios y su obra, que demuestra lo que pueden conseguir el entusiasmo y la iniciativa particulares cuando no son producto de un esnobismo sino de aspiraciones colectivas que encuentran a los hombres que saben concretarlas y realizarlas.”

Por su parte, Juan Vicens, responsable de bibliotecas del Patronato de Misiones Pedagógicas durante la República, escribió:

Entre las bibliotecas no oficiales hay una verdaderamente extraordinaria, la Biblioteca del Concejo de Castropol. No necesito descubrirla, puesto que se ha hablado de ella en diversas publicaciones, entre ellas en Bibliothéques Populaires et Loisirs Ouvriers, del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. La Biblioteca Popular Circulante de Castropol, la más moderna de las bibliotecas populares, merece ser conocida en todos los lugares porque constituye un ejemplo.

El Rector en Castropol: "La Universidad no puede ser una pedigüeña; espero un guiño del Principado en los presupuestos"

Ignacio Villaverde espera que la institución siga "en la senda de contención prudente, pero de pequeño crecimiento que necesitamos para el curso que viene"

El Rector, en el acto en la Biblioteca de Castropol.

El Rector, en el acto en la Biblioteca de Castropol.

 El rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde pidió hoy en Castropol un “guiño” para la institución que preside dentro de la negociación de los presupuestos del Principado. “Espero un guiño y sé que el gobierno lo va a tener porque hace ya muchas semanas que estamos trabajando con la Consejería en ir fijando las cantidades que irán destinadas al presupuesto de la Universidad de Oviedo”, explicó Villaverde en la apertura de los actos del centenario de la biblioteca de Castropol, que pasará a llamarse Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo.

“Creemos que seguiremos con esa senda de contención prudente pero de pequeño crecimiento que nos permitirá afrontar los proyectos que queremos abordar el curso que viene”, añadió Villaverde, quien también se mostró convencido de que en estos momentos de dificultades económicas a consecuencia de la pandemia la institución tiene que ser solidaria con los sectores que más han sufrido. “La Universidad no puede convertirse en una pedigüeña en estos momentos, tiene que conseguir un buen presupuesto para prestar ayuda precisamente a esos sectores que más han sufrido durante este largo y oscuro periodo que nos ha tocado vivir”, zanjó a este respecto.

Además de los presupuestos, el rector indicó que el Principado y la Universidad están a punto de concluir el acuerdo de financiación plurianual, el denominado contrato-programa. Una negociación que Villaverde aplaude: “Estamos muy satisfechos con esto último porque el gobierno ha sido muy sensible a las necesidades y reivindicaciones de la Universidad”.

Un aula de extensión universitaria en Castropol

La visita sirvió también para confirmar que la Universidad de Oviedo contará, a partir de ahora, con un aula de extensión universitaria en Castropol, gracias a la cesión de un espacio por parte del ayuntamiento del concejo. Lo rubricaron el alcalde, Francisco Javier Vinjoy Valea, y el rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, que firmaron un protocolo de actuación con el objetivo de que la institución académica cuente con un local, dentro de la Casa de Cultura de Castropol, que sirva como sede para desarrollar actividades en el marco de la extensión universitaria, tales como los cursos de verano, charlas u otras acciones formativas.

La firma de este protocolo de actuación coincidió con la celebración del centenario de la Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo, que surgió en 1921, tras la publicación de un manifiesto firmado por Vicente Loriente Cancio, junto con un grupo de jóvenes estudiantes, que, bajo el título Por Nuestra Cultura, plantea la iniciativa de crear una Biblioteca Popular Circulante, "con el fin de fomentar la propagación de la cultura". El texto, de inspiración regeneracionista, denunciaba la ignorancia general imperante y la mediocridad de la situación cultural y política y manifestaba la urgencia de actuar para solucionar el problema.

El rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, que firmó en el libro de honor del consistorio, hizo también entrega de una recopilación de documentos existentes en los fondos bibliográficos de la institución académica, en los que se cita de forma específica a la Biblioteca Popular Circulante de Castropol. Y explicó que, para él, en su condición de rector de la Universidad de Oviedo, “este es un momento muy emotivo”. “Con este acto y la entrega de estos facsímiles no pretendemos saldar una deuda, dolorosa y trágica, que ya nada ni nadie podrá enjugar -en referencia a lo sucedido en enero de 1937, cuando la Biblioteca Popular Circulante fue incautada por la autoridad de la Universidad de Oviedo con un oficio del Rector a quien se entregaron los libros sin ningún inventario-, pero sí al menos, que sea un gesto sentido y querido, que tienda un hilo que nace con el ordinal 1 del primer tejuelo de la biblioteca, “La psicología del pueblo español”, de Rafael de Altamira, hasta el presente en el que recuperamos, para quedarse, no solo la memoria, sino también el propósito de la Biblioteca Circulante”. 

Un siglo de la biblioteca que iluminó Castropol

El rector Villaverde abre los actos del centenario del centro recordando a sus fundadores y anunciando un aula de Extensión Universitaria en la localidad

Villaverde se dirige al alcalde, Francisco Javier Vinjoy, al inicio de su discurso en la biblioteca, llena de público. | T. C.

Villaverde se dirige al alcalde, Francisco Javier Vinjoy, al inicio de su discurso en la biblioteca, llena de público. | T. C.

El rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, estuvo ayer presente en Castropol con el objetivo de rendir un “modesto homenaje” a los ocho castropolenses que hace un siglo, en octubre de 1921, firmaron el manifiesto “Por nuestra cultura” que dio origen a la reconocida Biblioteca Popular Circulante de Castropol (BPCC), germen de la Menéndez Pelayo actual. Villaverde se refirió a Vicente Loriente, Miguel García, Román Penzol, Franco Vior, Ramón Canel, José Manuel Piñeirúa, Laureano Acebo y Agustín García como “personas de larga visión, generosidad inagotable, tesón y tenacidad incomparables que construyeron algo tan hermoso como una biblioteca, ese lugar donde habita el mundo”. Con este emotivo acto Castropol puso en marcha el centenario de una de sus instituciones más queridas, que desde ahora se llamará Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo, para aunar las dos denominaciones por las que ha sido conocida.

“No fue solo una biblioteca, fue una ambición de cultura, de regeneración, de universalismo”, dijo Villaverde, quien reconoció el valor de los fundadores que hicieron un trabajo “ponderado y participado por grandes como María Moliner, Manuel B. Cossío, Dámaso Alonso, Lorca, Concha Espina y tantos otros”. El rector, ante el numeroso público asistente, señaló que el propósito de los fundadores era “llevar el universo a todo el mundo, iluminar los mentes y los corazones y construir una sociedad más justa, libre e igual a través de la lectura y la extensión cultural”.

Con él coincidió, muy emocionado, Vicente Loriente, hijo de Vicente Loriente Cancio, uno de los ocho firmantes del manifiesto fundacional: “Con su presencia aquí, el rector hace efectiva aquella ilusión de aquella gente que solo quería una sociedad justa, libre e intelectualmente formada, nada más, esa fue la base y la esencia de la biblioteca”. Loriente presidió los actos, en los que se presentó el logo del centenario, junto al rector y el alcalde castropolense, Francisco Javier Vinjoy. Este último subrayó que el “espíritu” que motivó a los ocho impulsores del centro cultural castropolense por excelencia está hoy “más vivo que nunca y sigue alentándonos a todos a seguir abogando por un Castropol cosmopolita, que atiende a la ciudadanía, que genera conocimiento y que tiende alianzas”.

Vicente Loriente, hijo de uno de los fundadores de la Biblioteca Popular Circulante, firma el nuevo manifiesto de apoyo al centro, en presencia de Villaverde y de la bibliotecaria, Manuela Busto. | T. Cascudo

Vicente Loriente, hijo de uno de los fundadores de la Biblioteca Popular Circulante, firma el nuevo manifiesto de apoyo al centro, en presencia de Villaverde y de la bibliotecaria, Manuela Busto. | T. Cascudo

Cerró el rector su intervención recordando un “desagradable suceso” ocurrido en 1937, cuando la institución que preside incautó varios libros a la biblioteca. Al no ser posible ya recuperar aquellos ejemplares, pues no están inventariados, la Universidad entregó a la biblioteca una selección de documentos existentes en sus fondos bibliográficos en los que se cita de forma específica a la Biblioteca Popular Circulante. Quiere Villaverde que este gesto, muy aplaudido, sirva para “desagraviar la memoria de quienes tanto y tan bueno hicieron por traer la luz del saber a todos los rincones de nuestra historia”.

Tanto Villaverde como Loriente se sumaron a una larga lista de personalidades que están firmando otro manifiesto, bautizado también “Por nuestra cultura” y que ha elaborado el escritor Gonzalo Moure. “Sobre aquel futuro de 1921, hoy, se han conseguido grandes cosas. Ya no somos ‘un pueblo ignorante’ ni tenemos un ‘vergonzoso número de analfabetos’, como lamentaba el manifiesto. Hoy nos podemos sentir orgullosos por haber acabado casi por completo con aquel índice de analfabetismo y de haber afianzado una gran personalidad cultural. Todo eso ha sido posible porque contamos con una biblioteca centenaria que ha conquistado un gran prestigio nacional e internacional concretado en numerosos premios y una larga historia cultural que no fue fácil”, dice el texto. El manifiesto anima a cumplir un reto colectivo de la mano de la biblioteca, “motor cultural y social del municipio” y este es construir un futuro todavía mucho mejor.

Al término del acto, el rector y el Alcalde firmaron un protocolo que posibilitará la creación de un aula de extensión universitaria en la localidad. Se cederá un local dentro de la Casa de Cultura castropolense que servirá de sede para la realización de actividades como cursos de verano o charlas.

Castropol aprueba por unanimidad el cambio de nombre de su biblioteca, que cumple un siglo

El equipamiento añadirá “popular y circulante” a su denominación actual de “Menéndez Pelayo” para aunar “dos modos en los que ha sido conocida”

Vista general desde la biblioteca de Castropol.

Vista general desde la biblioteca de Castropol. T. CASCUDO

La Corporación municipal de Castropol aprobó en pleno por unanimidad el cambio del nombre de la biblioteca municipal, que pasa a ser “Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo” y no “Menéndez Pelayo” a secas.

De esta forma, se tienen en cuenta “los dos nombres por los que ha sido conocida”, explicó el alcalde, el socialista Francisco Javier Vinjoy, quien accedió a llevar a pleno esta propuesta de la comisión organizadora de los actos conmemorativos del centenario de la biblioteca, cuyo acto central será el martes. En la sesión plenaria se recordó que esta sede cultural pública se levantó con el “Manifiesto fundacional de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol”. Abrió sus puertas el 2 de marzo de 1922 “y fue desarrollando una intensa actividad cultural que sobrepasaba los límites municipales y que fue objeto de atención a nivel nacional e internacional”.

En 1945 se rebautizó con el nombre “Menéndez Pelayo” a propuesta del centro coordinador de bibliotecas de Asturias. La modificación del nombre responde ahora a la necesidad de velar por la historia de la institución y dejar patente el trabajo de “muchas generaciones de castropolenses que se comprometieron con el proyecto cultural”. El próximo martes se celebrará un acto institucional en conmemoración del siglo de vida de la institución. Acudirá el rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde.

Por otro lado, en el pleno también se aprobó por unanimidad otra moción que exige oficializar el topónimo “ría del Eo”, para que conviva con el que en Galicia consideran oficial, “ría de Ribadeo” y que la primera sea la opción “preferente” en Asturias.

Uso de “ría del Eo”

“Encontramos referencias, al menos durante los dos últimos siglos, sobre el uso del topónimo ría del Eo en documentación y prensa histórica, en literatura científica y en textos legales tanto de Asturias como de Galicia”, señala la moción, que parte del PSOE, según el Alcalde, pero contó con el apoyo del PP desde el primer momento. Ambos partidos consideran que oficializar este topónimo no supone “perjuicio alguno” para Galicia. Más bien al contrario, “implica el reconocimiento identitario de todos los habitantes del territorio asturiano, fortaleciendo así la convivencia entre los municipios de ambas orillas”.

La Corporación considera de esta forma “justo” reconocer los dos topónimos y entiende que “es labor de todas las administraciones con competencias en este espacio decidir e impulsar estrategias que consoliden y cohesionen el tejido socioeconómico

El Principado también lucha por un cambio de la toponomia, algo que, destacó el regidor de Castropol, compete a la Dirección General del Instituto Geográfico Nacional, dependiente de la Subsecretaría de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno central.

Los caballeros del Océano a bordo de la poesía. Proyecto transnacional.

Los caballeros del Océano a bordo de la poesía. Proyecto transnacional.

 

Organizado por Marinheiros da Esperança (Portugal)
La Biblioteca de Castropol participa de forma activa en este proyecto dirigido a niños y jóvenes ingresados en hospitales y que concreta, entre otras acciones, la edición de un libro en portugués, español e italiano en el que, ilustrado por pacientes pediátricos de los tres países, se narra la historia de la Primera Vuelta al Mundo.
Hasta el 8 de marzo se ha diseñado un evento poético, que se publica en la página de la organización y en el facebook de la Biblioteca, en homenaje al italiano Pigafetta, el cronista de la expedición Magallanes - Elcano.
La participación de la Biblioteca de Castropol y del CEIP La Paloma supone un apoyo firme a la poesía y a todas las iniciativas en las que esta esté presente.

 

Centenario de la Biblioteca Popular Circulante.

Centenario de la Biblioteca Popular Circulante.

   En Castropol, tenemos una gran Biblioteca, fundada en 1922 pòr un grupo de universitarios. Llegó a tener 14 sucursales, desde el concejo de Vegadeo, al de El Franco. Hoy está dirigida por una gran bibliotecaria, muy activa y con muchas y buenas ideas. En 2022 cumple 100 años, pero la celebraciones comenzarán el 20 de octubre próximo, centenario de la publicación del manifiesto firmado por los fundadores. 

 

La Biblioteca de Castropol premiada en la Campaña de Animación a la lectura María Moliner 2020
El proyecto "Biblioteca Pública Rural: un mundo para todo el mundo" es uno de los 310 proyectos premiados de los 562 presentados a nivel nacional.
El premio en metálico asciende a 2000€ que se destinarán a la compra de libros y publicaciones. El proyecto presentado reúne todas las actividades desarrolladas por la Biblioteca de Castropol a lo largo de 2020.

 

Entrega de premios del concurso de fotografía "Be Ruth"

Entrega de premios del concurso de fotografía "Be Ruth"

BASES CONCURSO DE FOTOGRAFÍA “BE RUTH”

 

La Sociedad Casino-Teatro, La Fundación Ría del Eo y el Ayuntamiento de Castropol a través de la Biblioteca “Menéndez Pelayo” convocan el Concurso de Fotografía “Be Ruth”.

 

OBJETIVO:

Fomentar la creatividad y el interés por la historia y el paisaje local a través de la fotografía y rendir homenaje a la fotógrafa Ruth Matilda Anderson cuyo trabajo para la Hispanic Society de Nueva York la trajo a Castropol en Enero de 1925. A la vez se pretende incentivar la imaginación, realizando las fotografías que Ruth Anderson hubiera tomado de Castropol.

 

PARTICIPANTES:

Podrán participar todas las personas interesadas y atendiendo a las siguientes modalidades:

 

* Infantil (hasta 14 años). La participación en este concurso implica la autorización de los padres, madres o tutores/as.

* Personas adultas.

En cada modalidad se podrá presentar un máximo de dos trabajos.

 

TEMA:

Fotografías de Castropol: paisaje, paisanaje, arquitectura y todos los aspectos “fotografiables” que Ruth Matilda Anderson hubiera tomado con su cámara durante su estancia en Castropol. La obra será original, inédita y no premiada en otro concurso o certamen con anterioridad a la convocatoria de este concurso.

 

PRESENTACIÓN:

La inscripción es gratuita. Las fotografías deberán ser presentadas en formato JPEG o TIFF a una resolución de 300pp. Se remitirán al correo electrónico biblioteca@castropol.es Indicando en el asunto Concurso fotográfico “Be Ruth” y anotando en el cuerpo del mensaje los siguientes datos: Nombre, Apellidos, edad, Dirección postal, teléfono y correo electrónico

 

PREMIOS:

Se establecen los siguientes premios:

* INFANTIL.

- Primer premio. Material con un valor de 100€

-Segundo premio. Material con un valor de 50€

* ADULTOS

-Primer premio 300€

-Segundo premio 150€

 

PLAZO DE PRESENTACIÓN:

El plazo de admisión de las fotografías será hasta las 14h del 31 de Agosto de 2020, no siendo admitidas aquellas obras que lleguen con posterioridad a esa hora y fecha.

 

JURADO Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN:

El jurado estará formado por expertos/as en el ámbito de la fotografía e integrantes de los organismos convocantes del concurso. Formará también parte de él el Director del Museu del Pueblu d´Asturies y una persona designada por la Hispanic Society.

El jurado emitirá su fallo que será inapelable.

El fallo del jurado se hará público y se notificará telefónicamente o por correo electrónico a las personas ganadoras. Los resultados se publicarán posteriormente en los portales y redes sociales de las instituciones convocantes del premio.

El jurado se reserva la facultad de declarar premios desiertos si estima que la calidad de los trabajos no alcanza el mínimo exigible. Podrá introducir, si lo cree necesario, las modificaciones que estime convenientes para el buen funcionamiento del concurso.

Para valorar y puntuar las fotografías presentadas el Jurado se ajustará a los siguientes criterios:

*Que el contenido de la obra tenga relación con el tema del concurso: fotografías de Castropol, paisaje, paisanaje, arquitectura y todos los aspectos “fotografiables” que Ruth Matilda Anderson hubiera tomado con su cámara.

 

OBSERVACIONES:

 

Todos los derechos de las fotografías presentadas pasarán a ser propiedad de las entidades convocantes, incluyendo entre otros los de exposición, reproducción, transmisión, distribución, transformación y en general todas las modalidades de explotación y medios de difusión conocidos en la fecha de otorgamiento del premio. Serán difundidas en las redes sociales de las entidades convocantes.

A las personas ganadoras menores de edad se les exigirá una autorización firmada por sus padres, madres o tutores/as legales para poder recibir el premio.

La ceremonia de entrega de premios será en un lugar y fecha por determinar.

Concursar implica la aceptación de todas las bases expuestas en esta convocatoria

Cualquier circunstancia no prevista en ellas, será resuelta por el Comité Organizador.

Castropol celebra el centenario del primer libro en gallego-asturiano

T. C.  11.06.2020 | 00:57

 

La biblioteca Menéndez Pelayo de Castropol ha querido recordar la figura del castropolense Ramón García González, que hace un siglo publicó el primer libro escrito en gallego-asturiano: "Amarguras d'un viaxe". Con este motivo, estrenó ayer en sus redes sociales un vídeo homenaje en el que participan nueve escritores y docentes, que leen varios de los poemas de este escritor.

 

"El mejor homenaje que se le puede hacer a un autor es leer su obra", señala la bibliotecaria Manuela Busto en el vídeo, que fue posible gracias a la coordinación de la docente castropolense Ágata das Cruces. En el trabajo también colabora el investigador y escritor Xosé Miguel Suárez. Señala que García González no fue el primer autor en gallego-asturiano, pero sí el primero que se atrevió a llevar a un libro el patrimonio lingüístico del Navia-Eo. "Amarguras d'un viaxe" son once poemas largos que cuentan la historia de la separación de dos enamorados.