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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

Mi carta a los Reyes Magos para 2024

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2 de Enero del 2024 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Queridos Reyes Magos de Oriente:

Deseo que al recibo de esta estéis bien de salud física y mental, ya que, humildemente, me atrevo a pensar que buena falta os ha de hacer para satisfacer todas las peticiones, compromisos y deseos que tendréis en vuestro poder. Visto lo visto en 2023, que ya se fue, no me siento con razones para pediros nada material para mí tampoco este año.

¿Con qué nos podéis consolar en este 2024 recién estrenado, queridos Reyes Magos? Viendo lo que está ocurriendo diariamente por el mundo: guerras y abusos de poder e injusticias que estallan con toda clase de disculpas y razonamientos, casi siempre lanzadas por el más fuerte, amparándose en sus intereses muchas veces inconfesables. A unos 3.500 kilómetros de aquí, ya va para dos años la conflagración en la vecina Ucrania. Una guerra de la que ya casi ni nos acordamos pero que ha causado miles de muertos, la mayoría inocentes. Muertos que siguen aumentando día tras día y sin atisbos de parar. Con más de 18 millones de ciudadanos que necesitan asistencia humanitaria, en una estampa que hace muchos años que no se veía en el Viejo Continente... ¿Será posible que sean ciertas esas cifras, queridos Reyes? Esa vergonzosa masacre es tapada ahora por la que estalló hace casi dos meses en Palestina, en la parte este del Mediterráneo, y a una distancia en kilómetros similar a la de Ucrania. Allí, en Palestina, aunque miremos para otro lado, todos sabemos que mueren miles de inocentes también que, seguramente, no entienden nada de la psicosis que les toca vivir. Psicosis que a cualquier ser humano que nos tocase, de vivirla, seguro que creeríamos que son alucinaciones más que realidades.

A esas dos guerras que tenemos a la puerta de casa habremos de sumar otras cincuenta y cuatro más que están activas por el mundo. Pero esas, al estar muy lejos, nos resbalan más.

Me dice mi buen amigo Bras que seguro que, aunque no nos lo digáis, vosotros también estáis convencidos de que las guerras no se acabarán nunca, ni a cañonazos ni con otro tipo de violencias. Esa deseable utopía llamada Paz... Seguramente se podrían acabar cuando se cierren todas las fábricas de armas y, estas, se sustituyan por escuelas, institutos, facultades..., donde fluya la cultura con enseñanzas, I+D y diálogos razonados, llenos de humanidad y de buena fe.

Para este año que viene solo os pido, siendo consciente de que no es poco, que pongáis orden en el mundo entero. Tratar de hacerlo por todos los medios a vuestro alcance, queridos Reyes Magos. Aunque es de sentido común que va a ser muy difícil hacernos asesar a nosotros, los mayores, haciendo que nos sentemos a intercambiar opiniones para llegar a acuerdos por las buenas, sin hacer uso de la fuerza, desterrando toda clase de crispaciones, violencias y agresiones. Al tiempo que abandonemos la actual tan extendida proliferación de insultos, falsos testimonios, siembra de cizaña mezclada con fakes y el todo vale, persiguiendo no sé qué oscuras intenciones que no sabemos adónde nos pueden llevar.

Creo que debo deciros que en las diarias conversaciones con mis amigos, entre los que destaca Bras (mi pesado amigo jubilado, el de la gorra calada, ¿sabéis?), llegamos a la conclusión de que a medida que nos van cayendo más años encima estamos más convencidos de que la Paz no es para ya mismo. Como poco será para dentro de unos años más, cuando a los hombres del mañana (niños de hoy) les inculquemos lo que ya os he pedido para 2023. Con el riesgo de que me llaméis pesado, como yo llamo a mi amigo Bras, pero con el atrevimiento de volver a repetíroslo, os lo plasmo aquí otra vez como petición para el nuevo 2024. Aunque no dudo que lo sabéis de memoria, ya que no en vano, en sueños, me lo susurráis al oído muchas veces:

"...y me gustaría que comentarais al oído de cada padre o madre que transmitan a sus hijos que vivimos en el mejor país del mundo, que se llama España. Y, de paso, que cuando sean ellos mayores, sus hijos, que por muchos beneficios que esperen conseguir, que no levanten falsos testimonios, ni insulten, ni obstaculicen, ni se peleen para perjudicar y desprestigiar a nuestra España ante todos, dentro y fuera de sus fronteras...".

En resumen, que se lo piensen muy mucho, que actúen honradamente, agotando todo diálogo posible antes de llegar a cualquier forma de belicosidad, que nunca conduce a nada bueno.

En la vida del hombre, la fecha de caducidad, mejor que no

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15 de Diciembre del 2023 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Todos los productos envasados para nutrirnos que circulan por el mercado tienen la obligación por ley de llevar una leyenda en lugar visible donde se indique su fecha de caducidad o, por lo menos, la de su consumo preferente. Con ello, el Ministerio de Consumo español, a través de la agencia AESAN, vela por los derechos de los consumidores.

Bien es verdad que con los productos marcados con fecha de caducidad o consumo preferente nos sentimos protegidos. No ocurre lo mismo con la recolección de setas en el bosque, que no portan aviso alguno al consumidor. Es decir, que si no queremos meternos en camisas de once varas con el riesgo de comer setas tóxicas debemos entender de lo que traemos entre manos. Pero si no somos expertos en micología, simplemente nos libraremos de una posible intoxicación no mirándolas siquiera, pasando de largo, sin tocarlas ni olerlas.

Sin embargo, si se trata de un producto envasado, por ejemplo, un yogur, si estamos un poco enterados podemos tomárnoslo sin problema alguno aunque su consumo esté aconsejado para un mes atrás. Claro que, además, lo comeríamos después de observar que no nos desagradase su aspecto ni que nos tumbase su olor. Evidente, ¿verdad?

Con la vida, el hombre, desde que es hombre, ya trae incorporado de nacimiento su particular ADN. En él se plasman las instrucciones genéticas aplicadas al desarrollo y funcionamiento de nuestro cuerpo físico para toda la vida. Una maravilla allí escondida para saber casi todo sobre nosotros: si seremos calvos o peludos, rubios o morenos, monógamos o promiscuos, rezadores o blasfemos... Seguramente que también viene grabada en él la fecha de nuestra caducidad... Pero, aunque volviese a este mundo nuestro finado vecino don Severo Ochoa, para seguir estudiando el ácido nucleico de que se compone el ADN, probablemente no sería capaz de descifrar en qué fecha sería la caducidad de cada "Homo sapiens".

Por tanto, ¿no os parece que podría ser interesante que el hombre conociese su caducidad y la de los demás? Y que la llevase encima con una etiqueta a la vista de todos. Pero, claro, si así fuese, sería un desastre andar por los caminos del Señor paseando la vida terrenal con fecha de caducidad, mirándonos unos a otros: "Mira, Fulano se muere tal día...", "Mengano se marcha ya, pobre, está en puertas". O, "ya iba siendo hora de que llamaran a ese que va bueno de hacerlas". Si lo supiésemos de antemano, probablemente llevaríamos una vida ordenada, sin cargos de conciencia, preparados para las sorpresas de cualquier tipo que se pudiesen presentar. Además, nos daría tiempo a dictar nuestro testamento, de manejar la forma de amar, de gastar o ahorrar, de odiar, de insultar o alabar al prójimo. De cantar las cuarenta públicamente a aquellos que nos cercenaron algunos de nuestros derechos adquiridos desde hace muchos años, por ejemplo, y a quien ahora no tenemos la valentía suficiente para hacerlo porque al no conocer nuestra fecha de caducidad, ni la suya, podemos vernos metidos en un buen lío si no medimos bien nuestras palabras. ¡Qué pena el no llevarla encima! Pero si la portásemos en lugar visible, qué pasaría si vamos a pedir un préstamo a la caja y nos ven la etiqueta donde dice que no nos queda lo suficiente... Ya le pasó a mi finado amigo Félix, que con 74 años le denegaron un préstamo en el banco alegando que estaba a punto de caducar. Menudo disgusto se llevó, el pobre.

Bueno, pensándolo bien, si no se marcase la fecha de caducidad para los productos alimentarios, seguramente nos moriríamos muchos, pues habría quien hiciese negocio vendiéndolo todo, sano y podrido, sin desperdiciar nada y sin sopesar las consecuencias. No sé si seremos conscientes de que cada año se tiran a la basura en España mil doscientos millones de kilos de alimentos, entre ellos, un porcentaje elevado de caducados. Con ellos se podría alimentar a casi dos millones de personas al año, o reducir la inseguridad alimentaria y nutricional de los seis millones de españoles que sufren pobreza alimentaria, según estudio de la Universidad de Barcelona (UB).

No sé lo que opinas tú después de leída toda esta entrelazada miscelánea que aquí me permito verter, querido lector. Pero a mí la decisión final al respecto (la de la caducidad, me refiero) me empujó a tomarla alguna de las frases lapidarias plasmadas por Manuel Vilas en su novela, "Ordesa": "Morir es caducar... la fecha de caducidad es una fecha fúnebre"... Por tanto, por mi parte al menos, deseo que los alimentos sigan luciendo su fecha de caducidad. Aunque, en lo que se refiere a la fecha de caducidad de bares, relojerías, bancos y cajas, burdeles, talleres, hospitales y, sobre todo, en la vida del hombre, la fecha de caducidad, mejor que no.

Las leyes en tiempos convulsos y nuestra Constitución hoy

8 de Noviembre del 2023 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Hace días he leído por segunda vez la novela “Tiempos convulsos”, de la escritora Ana Castillo Moreno. La autora nos lleva de la mano, entre los años 1959 y 1980, por vivencias en el País Vasco. Lo hace a lo largo de la obra contemplando la posguerra y la Transición española con distintas historias unidas que, también, pueden ser extrapoladas a los pueblos de nuestra juventud. En ella se refleja una realidad llena de obstáculos que aquella sociedad imponía y que, incluso, hizo perder la vida a algunos. Tiempos tormentosos que se reflejan en un ambiente político, religioso y cultural, con la emigración, la clandestinidad y la lucha contra la dictadura del momento por medio. El nacimiento de ETA y el estallido de la violencia, con movimientos obreros y estudiantiles luchando por la justicia social. El relato de la novela de aquellas vivencias trata de hacernos ver que solo hay una única salida: el amor y el perdón.

No cabe duda de que por uno u otro motivo hoy día parece que algunas partes ansían repetir aquellos tiempos convulsos. Cincuenta y ocho conflictos de guerra abiertos actualmente en nuestro planeta nos hacen ver las orejas al lobo. Desde que el hombre es hombre no dejó de haberlos, lo que pasa es que como el ser humano tiene la capacidad de armarse de coraza, si hay que hacerlo, para hacer frente a ellos mirando para otro lado. Como me dijo un amigo el otro día: “Primero hay que arreglar los problemas de casa, que esos no nos afectan...”.

Generalmente, con la guerra, no empezamos a sufrir salvo que las bombas nos estallen muy cerca, geográficamente hablando. Es de suponer que solamente el ruido de esas explosiones destructivas hará temblar al más valiente de los mortales. Personalmente, esos terribles bombazos me advirtieron cómo podía ser la realidad de una guerra al ver la película “El pianista”, de Roman Polanski. Me impactaron enormemente a pesar de su relajante banda sonora. Parte de ese ruido infernal de guerra real sí lo viví en directo en Gijón este verano pasado, viendo y oyendo pasar de un lado a otro, a baja altura, a los cazabombarderos supersónicos que con sus exhibiciones y ruido atronador me empujaron a imaginar lo que será vivir una guerra en vivo y en directo. Recuerdo que mi abuela y mi madre, que la vivieron, siempre decían: “Dios nos aparte de las guerras, nenín”. Al tiempo que, lloriqueando, se agarraban a su cabeza.

Si a esas realidades sumamos que hoy día los medios a nuestro alcance en las redes nos pueden informar ce por be de casi todo lo que está ocurriendo por el mundo, pues sentiremos más cerca de nuestras puertas esos conflictos: guerras de Ucrania y Gaza... Viendo las matanzas de seres humanos inocentes que se producen en esas conflagraciones, casi nos imaginamos el olor de la sangre inocente derramada, producida por tanta barbarie.

Aquellos tiempos compulsos vividos de los años sesenta a los ochenta en Vascongadas (con los vascos e inmigrantes de entonces como protagonistas) parecen asomar queriendo extrapolarse poco a poco al día de hoy. Con la diferencia de que entonces era lo que había, pues no existía otro catálogo donde escoger. En cambio hoy nosotros tenemos la suerte de buscar nuestro destino en las urnas al amparo de nuestra Constitución, que nos protege. Destino que debiéramos respetar, sin tratar de envenenarlo todo con insultos, falsos testimonios y los tan de moda “fake” (falsedades que circulan por las redes, por si alguien no lo sabe), a conveniencia de oscuros propósitos, probablemente. Todo ello llevado a la calle por personas sin escrúpulos, que con hostigamiento siembran el odio que puede acabar liándola muy gorda llegando a una meta que sabemos cómo empieza pero no cómo puede acabar. Debiéramos pensar que todas esas noticias falsas y todo el ruido que las pueda acompañar en la calle con tan manejadas malas intenciones probablemente se cortarían de cuajo si no viviésemos en una democracia de la que se aprovechan. Tenemos la suerte de vivir bajo el amparo de una Constitución que contempla la libertad de expresión, pero no la mentira y las falsedades, bolas, trolas, engaños, enredos, calumnias o cuentos. Una Constitución acordada, aceptada y firmada por nuestros padres, abuelos y muchos de nosotros aquel 31 de octubre de 1978. Desde entonces la vida cambió y los temores, afortunadamente, se fueron diluyendo, a pesar de malignos intereses que los quieran resucitar.

Termino, querido lector que me soportas, que una cosa son los ideales de cada uno y otra muy distinta el respetar la ley contemplada en nuestra Constitución, que es de todos los españoles y que su acatamiento parece incordiar a algunos. En conciencia, aun con cierto recelo adquirido hace muchos años, me atrevo a apostillar que desde la firma de ese Código ninguno de los partidos democráticos que escogimos cada cuatro años desde entonces fue capaz a cambiar una coma en ella surgiendo ahora, de repente, todos los problemas y protestas para tratar de no acatarla para que no se cumplan los sufragios. Para nuestro bien, o menos mal, de nuestros hijos y nietos respetémosla. Y para respetarla, si somos ciudadanos de bien, nada mejor que conocerla.

Leedla, que sin duda es bueno conocerla con nuestros derechos y obligaciones para ser ciudadanos enterados, libres, honestos y respetuosos con los demás.

 

Un nadador de Castropol cruza el Estrecho de Gibraltar y lo celebra «con medio sándwich de Nocilla»

 

El castropolense Diego Pérez completó los 15,1 kilómetros entre Tarifa y Punta Cires, en Marruecos, en algo menos de cinco horas

23 oct 2023 . Actualizado a las 12:40 h.

«Medio sándwich de Nocilla». Fue el capricho que Diego Pérez Iglesias (Castropol, 1986) se dio cuando se vio a punto de completar uno de los retos deportivos más legendarios. «Llevábamos tres años en lista de espera, y este enero al fin nos avisaron de que nos tocaba», explica todavía emocionado tras cruzar a nado en apenas cuatro horas y 48 minutos los 15,1 kilómetros del Estrecho de Gibraltar entre Tarifa y Punta Cires, ya en Marruecos.

Tras practicar fútbol y ciclismo de montaña en su juventud y aprender a nadar, «de aquella manera, por libre», en la playa de Arnao, su pasión por la natación no dejó de crecer desde que en el 2007 realizó un curso de socorrismo en Ribadeo. «Fui mejorando día a día y ahora, que llevo asentado años en Oviedo, soy entrenador en el Club Multideportes. Lo que más me gusta son las travesías, el mar abierto. Ya había hecho varias de 10.000 metros y junto a Javier Gutiérrez me animé a probar en el Estrecho de Gibraltar», cuenta. 

Un grupo de cuatro nadadores

Además de por su amigo, Diego se enfrentó al Estrecho de Gibraltar acompañado por los madrileños José María López y José Ignacio Donnay. «Chema es el hombre récord del Estrecho, lo ha cruzado 14 veces. Además, da visibilidad a la donación de médula y posamos junto a él por la causa», explica el deportista del Occidente asturiano.

 

Además de su amigo Javier Gutiérrez, lo acompañaron los madrileños José Ignacio Donnay y Chema López, el hombre récord del Estrecho, con 14 experiencias, que visibilidad la donación de médula.
Además de su amigo Javier Gutiérrez, lo acompañaron los madrileños José Ignacio Donnay y Chema López, el hombre récord del Estrecho, con 14 experiencias, que visibilidad la donación de médula. 

 

«Por seguridad vamos en grupo y llevábamos una zódiac desde dónde nos iban dando el avituallamiento. Hacíamos uno cada hora. Yo me llevé geles, fruta y agua. Y ya para el último avituallamiento tomé medio sándwich de Nocilla, a modo de recompensa», revela sobre las casi cinco horas de esfuerzo por los mares que unen Europa y África.

«Es la travesía más diferente y difícil que nunca he afrontado. Al mezclar el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo las corrientes cambian mucho. No hay dos cruces iguales. Y eso que tuvimos buen tiempo. Es una pasada ver barcos y animales al lado, sentir las olas. La verdad es que lo llevé muy bien. Al ser una competición larga, tiras a un ritmo cómodo que puedas soportar y todos teníamos un nivel parecido, excepto Javier que está un poco por encima», detalla sobre su aventura la pasada semana. 

Más cabeza que físico

Desde que recibieron la invitación de la Asociación Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar, Diego y Javier se prepararon a conciencia, «especialmente desde Semana Santa». «Entrenaba cinco o seis días a la semana, el 70 % en la piscina, al no tener mar en Oviedo, pero cuando podía iba a Luanco, Gijón y, cada 15 días, a Castropol», dice convencido de que el esfuerzo mental fue mayor que el físico. «La cabeza es la parte más importante», sostiene dispuesto a fijar nuevas metas.

Luz verde ambiental al plan para construir 84 viviendas en Castropol

"Somos un municipio excelente para vivir", dice el Alcalde de una actuación que ocupará 4 hectáreas y prevé 98 plazas de aparcamiento.

Vista general de la zona donde se proyecta la actuación. | T. Cascudo

Vista general de la zona donde se proyecta la actuación. | T. Cascudo

El Principado acaba de dar el visto bueno ambiental a una promoción inmobiliaria que construirá ochenta y cuatro viviendas en la capital de Castropol, uno de los proyectos constructivos más ambiciosos que se plantean en la localidad. La iniciativa ocupa cuatro hectáreas de terreno urbanizable dedicado en la actualidad a prados y terrenos agrícolas y que está contemplado en el Plan General de Ordenación como la zona de expansión de la villa castropolense.

"A nosotros nos parece bien que haya promotores interesados en el desarrollo progresivo de nuestro plan urbanístico. Castropol necesita vivienda y es un municipio excelente para vivir y con mucho que ofrecer", señala el Alcalde de Castropol, Francisco Javier Vinjoy. Esta actuación, a la que aún le quedan unos meses más de trámites, se suma a la que se está desarrollando tras la casa de cultura y que cuenta con treinta y cuatro viviendas disponibles. "No recuerdo ninguna época reciente en la que Castropol contara con tanta vivienda prevista sobre la mesa", expone el regidor, quien recuerda que también desde el Consistorio están negociando con el Principado la construcción de una veintena de viviendas protegidas en la villa.

La promoción, que incluye diferentes tipos de edificaciones, corre a cargo de las sociedades El Tesón de Castropol y Trío Procesos Constructivos. Ambas son titulares del 77% de los 46.876,81 metros cuadrados disponibles. También se ha contemplado la delimitación de 98 plazas de aparcamiento.

La Consejería de Administración Autonómica, Medio Ambiente y Cambio Climático dio luz verde hace unas semanas al informe ambiental estratégico del plan parcial. Se considera que la propuesta elegida “no tiene efectos significativos sobre el medio ambiente” de ahí que se descarte el desarrollo de una evaluación ambiental estratégica ordinaria, sirviendo con la simplificada. En el documento sí que se recogen algunos condiciones como los que impone Patrimonio, al estar la promoción en el entorno de protección del Bien de Interés Cultural Conjunto Histórico Villa de Castropol. En este sentido, las viviendas “deberán adaptarse al paisaje, topografía, entorno y cualidades paisajísticas y botánicas existentes, así como al carácter arquitectónico y visual del conjunto histórico de la villa de Castropol, preservándolos”.

A la derecha de la carretera N-640 se ubica la zona de la promoción.

A la derecha de la carretera N-640 se ubica la zona de la promoción. T. CASCUDO

Además se indica que “dada la fuerte pendiente del área y su elevación y cota respecto del conjunto histórico de la villa”, será necesario “justificar la solución que finalmente se adopte desde su integración en el entorno con un estudio de las visuales, presentación de levantamiento topográfico del ámbito y estudio de volumetría y alturas planteadas”.

Otro aspecto que se atiende en el visto ambiental es el hecho de la cercanía del terreno a la ría del Eo y que forma parte de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos y Terras de Burón. En este sentido y “con objeto de preservar los valores naturales de los espacios naturales protegidos presentes en las inmediaciones del ámbito territorial afectado” se exigen medidas de carácter preventivo como disponer de unas adecuadas redes de saneamiento o que en las  labores de ajardinamiento de la urbanización se empleen especies de vegetación autóctona. Los promotores tienen en cuenta la proximidad de la promoción al estuario y por eso tienen previsto construir en la zona de mayor impacto visual las viviendas unifamiliares con altura de planta baja y bajo cubierta

Castropol libera a media jornada a la edil de Cultura, que cobrará 1.300 euros

La oposición municipal, de PP y PSOE, desaprueba la medida y considera suficiente la liberación del Alcalde

Los de ediles de Castropol Avante Antón Martínez, Miriam Moya, Francisco Javier Vinjoy, Ana María Fernández y Julio Martínez el día de la investidura.

Los de ediles de Castropol Avante Antón Martínez, Miriam Moya, Francisco Javier Vinjoy, Ana María Fernández y Julio Martínez el día de la investidura. T. CASCUDO

El gobierno local de Castropol volverá a contar este mandato con dos liberados. A la liberación completa del Alcalde, Francisco Javier Vinjoy, se suma ahora la liberación parcial de la edil de Cultura, Miriam Moya. El primero percibirá 3.308 euros brutos al mes, mientras que la concejala y primera teniente de alcalde cobrará 1.392 euros brutos mensuales por una liberación parcial del cincuenta por ciento.

La liberación de Moya se aprobó en el Pleno ordinario celebrado hace unos días y tras varios intentos fallidos. El Alcalde, líder de la formación independiente Castropol Avante, intentó desde el primer momento sacar adelante la liberación de Moya, pero este mandato gobierna en minoría de cinco concejales, frente a los seis de la oposición (tres del PP y tres del PSOE). Ambos grupos veían bien la liberación del regidor (de hecho, se aprobó en agosto, en un Pleno extraordinario solicitado por los populares), pero se mostraron en contra de una segunda liberación y así lo expresaron con su voto.

"Absolutamente justa"

Sin embargo, en la última sesión plenaria no estuvo presente una de las ediles del PP (Lucía Prado), que ha renunciado a su acta por incompatibilidad laboral. Así pues, la oposición y el gobierno quedaron empatados a votos y el regidor usó su voto de calidad para sacar adelante la medida. Desde el PSOE tildaron la propuesta de "oportunista" al faltar un miembro de la mesa, sin embargo, el regidor recuerda que entre mayo de 2022 y mayo de 2023 en todos los plenos faltó alguna persona y no por eso dejaron de celebrarse. "Existe un concepto que es el de quórum, que se cumplía, así que el Pleno se celebró con absoluta normalidad y sin ningún tipo de oportunidad", señala Vinjoy.

El regidor considera "absolutamente justa" la liberación de Moya por las muchas carteras que asume en áreas "donde se están desarrollando proyectos de envergadura". "Miriam está haciendo un trabajo extraordinario y merece un reconocimiento. Su liberación es sumamente importante", añade.

 

Mapa de las costas de España y Francia de 1742.

Mapa de las costas de España y Francia de 1742.

La biblioteca de Castropol recupera el legado de Pedro G. Arias, el cantor del Eo

"Estaría agradecido y orgulloso", dicen sus nietos, promotores de la donación del valioso material, que incluye manuscritos originales

Por la izquierda, Juan Francisco Martínez García, Manuela Busto y Jesús Fidel Martínez García, en la biblioteca de Castropol. | A. M. Serrano

Ya se encuentra a la venta en La Tienda de Antonia en Castropol, el libro sobre el centenario de la Biblioteca Popular Circulante Ménendez Pelayo.

Ya se encuentra a la  venta en La Tienda de Antonia en Castropol, el libro  sobre el centenario de la Biblioteca Popular Circulante Ménendez Pelayo.