Viajes a ultramar sin salir de Castropol
La biblioteca Menéndez Pelayo expone trece cartas náuticas con los viajes que realizó en el siglo XIX el marino local José María Cancio
Castropol, T. Cascudo 10.03.2020 | 01:12

En el desván de una casa indiana ribadense, hoy convertida en el hotel Loriente, aparecieron enrolladas unas antiguas cartas náuticas que resultaron ser las del marino José María Cancio, nacido en Oviedo en 1825 y fallecido en Ribadeo, en 1895. Parte de estos antiguos documentos, valiosos por su antigüedad, se exponen estos días en la biblioteca Menéndez Pelayo de Castropol, concejo con el que el marino tenía vínculos familiares. La Fundación Ría del Eo promueve esta muestra, que se podrá visitar hasta el viernes.
"No es frecuente que se conserve una colección así y con el dato añadido de los viajes", precisa el investigador Chemi Lombardero, propietario de las trece cartas expuestas. Y es que en cada carta (la mayoría son del siglo XIX, aunque hay alguna anterior, como una de la costa irlandesa de 1788) se pueden apreciar a lápiz las anotaciones del marino con las rutas exactas y las fechas de sus numerosos viajes. Algunas rutas aparecen borradas, lo que sugiere que el marino "usaba la misma carta en diferentes viajes".
Gracias a sus mapas se puede saber que dedicó la mayor parte de su vida profesional a cubrir la ruta trasatlántica a Cuba o al sur de los Estados Unidos. Aunque también viajó a otros puntos como Inglaterra y Holanda. Como curiosidad, todos los mapas están regidos por el meridiano de Cádiz, que imperó en la cartografía española hasta 1884, cuando se estableció como universal el meridiano Greenwich.
Lo particular de estas cartas es que aparecieron en el desván de la vivienda indiana levantada en 1910 sobre la vieja casa familiar del marino y años después de su fallecimiento. Concretamente la mandó construir el ilustre castropolense Vicente Loriente Acevedo, que era yerno del marino.
Junto a los mapas, en el desván también se encontraron unas antiguas poleas de barco. Sin embargo, el hallazgo más particular afloró en el salón de esta vivienda construida a todo lujo. Cuenta Lombardero que, un buen día, en el comedor detectaron un punto de humedad que fue creciendo hasta que obligó a hacer una obra para determinar su causa. Los obreros encontraron allí un trozo de madera insertado en la pared, que resultó ser una viga de un barco con unas inscripciones. El investigador, que se enteró años después de esta historia, no pudo averiguar más de esta pieza, ni tampoco su paradero.
Con motivo de la inauguración del hotel Boutique Loriente, en abril de 2018, Lombardero preparó una ponencia recopilando la historia de la casa y también del marino José María Cancio. Entonces se mostraron por primera vez estas cartas.
Cancio se casó con Asunción Martínez, integrante de una destacada familia ribadense, propietaria de la naviera Martínez Marzo Bengoechea para la que él trabajó. Lombardero sabe que con 24 años, en 1849, Cancio ejerció de piloto de la corbeta Eusebia, dedicada a hacer viajes entre Avilés y Cuba y que, a los 36 años, ejercía de capitán del bergantín Augusto, de la casa Bengoechea y construido en Castropol en 1857.
Fernando Villaamil y su informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero
Autor: Andrés López-Cotarelo
Entre las escasísimas cosas que nos han llegado de la herencia que mi tío Jesús López-Cotarelo Villaamil (1933-2015) nos dejó a mi hermanos y a mí se encuentra este curioso informe de Fernando Villaamil:
El 9 de marzo de 1895 el crucero protegido Reina Regente, al mando del capitán de navío Francisco Sanz de Andino, zarpó del puerto de Cádiz con destino al de Tánger, llevando a bordo una embajada marroquí. El mismo día al anochecer llegó a la rada de Tánger, donde fondeó bastante lejos del muelle.
Por la mañana del día 10 se desembarcó la citada embajada. Reinaba desde primeras horas de la mañana viento del suroeste, que aumentaba de fuerza por momentos, recalando mar del oeste. A las 10 de la mañana, cerrado ya el puerto a causa del mal tiempo y estado de la mar, el Reina Regente levó anclas y, después de doblar el muelle viejo, se dirigió a la mar poniendo proa hacia el noroeste. O sea, rumbo para ir a Cádiz.
A unas tres millas de la costa el buque se paró. Parte de los tripulantes se dirigieron a la toldilla, descolgando por la parte de la aleta de babor algo parecido a un buzo. A la media hora de estar así el buque, se volvió a poner en movimiento navegando hacia el norte. Estas obervaciones fueron realizadas con un anteojo por el primer dragomán de la legación francesa en Tánger desde su casa situada en Marshan.
Fue visto por última vez desde Tánger a las 10:45 de la mañana. A las 2 de la tarde, tras una fuerte bajada del barómetro por la mañana, se dejó sentir en Tánger un viento huracanado y un muy mal estado de la mar.
El Reina Regente fue visto por los vapores Matheus y Mayfield. Este último lo vio por última vez a las 12 del medio día aproximadamente a 12 millas del cabo Espartel (en Marruecos, al oeste de Tánger,) en una posición más o menos intermedia entre este cabo y el de Trafalgar (al sur de la ciudad de Cádiz, entre Barbate y Conil de la Frontera en la provincia de Cádiz). Esta posición corresponde, más o menos, con el extremo oeste del estrecho de Gibraltar. El capitán del Mayfield (que se dirigía hacia el estrecho de Gibraltar con destino a Génova) declaró no haber notado avería en el Reina Regente, si bien se balaneceaba mucho.
Sobre las tres de la tarde, varios campesinos de Bolonia (provincia de Cádiz) afirmaron haber visto un buque atravesado a la mar y luchando con el temporal. Supusieron que se trataría del Reina Regente. La zona en que calcularon que debió hundirse —que resultó ser de mucho fondo— fue explorada sin resultado alguno por la Armada.
Otras noticias de Bolonia afirmaron haber oído cañonazos durante la noche del 10 al 11 de marzo, si bien estas informaciones nunca pudieron ser confirmadas.
Entre el 13 de marzo y el 24 de junio de 1895 se encontraron objetos pertencientes al Reina Regente en playas de la provincia de Cádiz, de Málaga (Estepona), la isla de Alborán y África (Alhucemas y Sidi Ferruch, este último a 25 km al oeste de Argel).
El Ministro de Marina, José María Beránger, ordenó mediante Real Orden de 29 de marzo de 1895 al capitán de fragata Fernando Villaamil y al ingeniero naval jefe José Castellote la redacción de un «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».
El informe fue leído el 5 de febrero de 1896 en junta extraordinaria de generales formada por el citado ministro y los vicealmirantes Ramón Topete, Carlos Valcárcel, Eduardo Butler e Ignacio García de Tudela, los contraalmirantes Fernando Martínez y Segismundo Bermejo, el inspector de ingenieros Casimiro de Bona y los capitanes de navío Patricio Montojo y Antonio Terry. Todos ellos dieron su conformidad con el informe.
El informe valora diferentes posibilidades: colisión con otro buque, choque o varada con alguno de los escollos o bajos cerca de la costa, falta de estabilidad para navegar en condiciones tormentosas y una serie de averías que le hicieran perder sus condiciones marineras. De todas ellas considera como más probable que el súbito temporal sorprendiera a la dotación del buque, y que no les diera tiempo a cerrar las escotillas, gateras y rejillas ni las puertas estancas. Al navegar a una elevada velocidad, el buque pudo embarcar una gran cantidad de agua por su proa y el costado de babor (pues otros capitanes anteriores del buque ya habían notado cierta inestabilidad al navegar con mala mar a gran velocidad); inundándose las cubiertas y los compartimentos de proa. Una vez que la sala de máquinas se inundara (con el consiguiente pánico y desorden entre los marineros y tripulantes que se encontraran en ella) —o bien tras una avería de las máquinas o el timón, lo que explicaría la parada que realizó a la salida de Tánger descolgando un buzo—, el buque habría quedado sin gobierno.
El informe considera verosímil que el Reina Regente fuese el buque que algunos habitantes de Bolonia vieron naufragar cerca de aquella costa.
Fuente: «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"», Fernando Villaamil y José Castellote.
Parece que lo lógico y natural hubiera sido que la elaboración del informe se hubiera encargado a un marino cuya graduación fuera como mínimo la de capitán de navío por dos motivos:
- En la armada española el mando de los cruceros acorazados y los cruceros protegidos (que eran los buques mayor tamaño y potencia de fuego con que contaban todas las armadas de la época) correspondía, excepto en circunstancias extraordinarias, a un capitán de navío. Y no a un capitán de fragata, rango inmediatamente inferior a capitán de navío. Parece que lo normal hubiera sido haber encargado el informe a un marino que estuviera profesionalmente cualificado y habilitado para el mando del barco que era objeto de estudio en el informe.
- Aunque el informe no tenía por objeto la determinación de responsabilidades, sí analizaba las decisiones que tomó o pudo haber tomado el capitán de navío que, en el ejercicio de sus competencias y su categoría profesional, estaba al mando del buque. En principio no parece razonable encomendar esa tarea a un militar de menor graduación.
Tanto la elaboración del informe como la elección de Fernando Villaamil, que en aquel momento era capitán de fragata, fueron decisiones personales del ministro de marina que no obedecían ni daban cumplimiento a ningún mandato legal ni reglamentario. No consideramos casual, gratuita ni desinformada la elección de Fernando Villaamil, sino una muestra del gran prestigio profesional que ya tenía en la Armada.
El informe elaborado por Villaamil y Castellote se considera de una altísima calidad técnica.
Extraído de:
https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/fernandovillaamil
Bibliografía
Fernando Villaamil y José Castellote. 1896. «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».
¡Ay, las truchas de nuestros ríos!
18 de Febrero del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)1
Mi amigo José es un especialista en pescar truchas por los ríos y riachuelos cercanos a la raya entre Asturias y Galicia. Aunque escasea la población de estos peces, más escasa es la de pescadores que casi no se ven practicando tan noble deporte. Es verdad que cada día se hace más difícil el circular por las orillas de los regatos sin arañarse o quedarse atascado para siempre en la maraña que los bordea, lo que no anima a practicar tan noble deporte.
Aunque bien es verdad que en este siglo XXI no están al alcance de todos los paladares, dado que si pescarlas es labor arduo complicada, catarlas, si no las pescas tú mismo, lo es aún mucho más. El poder hacerlo es motivo justificado para tirar voladores. Así que el que aspire a echarles el diente habrá de ingeniárselas como crea conveniente y empezar ya a trabajar el asunto de la trucha, pues se abre la veda el tercer domingo de marzo, para cerrarse el 15 de agosto.
José casi siempre llega a casa con el cupo de seis truchas cubierto. Las trae ensartadas en una rama de salgueiro pues siempre, sin excepción, como buen ribereño, cumple con la ley y no pesca ni una más de las autorizadas. Si quiere freír más de la media docena no podrá hacerlo con un solo día de captura autorizada, sino que ha de madrugar otros días más para volver al río, tener la suerte de su parte y pescar otra vez el cupo marcado para agregarlas a las que reposan esperando en el congelador. Cuando tiene las deseadas para la celebración que estima, su mujer, experta en freír en su punto las lancurdias, se pone manos a la obra. Esta difícil labor la intentó hacer mi amigo José en una ocasión y, creyendo que era tarea fácil el tostar el raño, después de la experiencia tuvo que devolver la alternativa a la especialista en el arte para no volver a errar en tarea tan exigente, aunque les parezca lo contrario.
Claro que todo es muy fácil. El ponerse manos a la obra depende de la osadía del que en ese momento tiene la sartén por el mango, nunca mejor dicho. Pero una cosa es hacer la labor para salir del paso y otra, muy distinta, culminar la tarea friéndolas como mandan los cánones. Como buen profesional de la caña, José trae ya desde el río las truchas limpias de vísceras, colocadas en el fondo del cesto de mimbre y tapadas con hojas de helecho -téngase en cuenta que la trucha es un pez muy delicado y si no se cuida, pronto se echa a perder-. En casa su mujer las recibe en trapo blanco inmaculado. Allí mismo las seca bien con un papel poroso, las sala en su justa medida y les coloca dentro de la panza una fina tajada de panceta. Pone la sartén al fuego con un aceite de girasol, no de oliva -para no restar sabores al manjar-, coloca la palma de la mano a una distancia prudencial del aceite para no quemarse y cuando estima la temperatura adecuada echa los pescados en la sartén hasta que, después de darles la vuelta, considera que están listos para servir. Yo puedo certificar que es tal el punto de fritura obtenido que las pocas veces que me tocó catarlas, me permito el lujo de comerme hasta las cabezas. Si el dorado está en su perfecto punto, es pecado dejar nada de la trucha, ¡miel sobre hojuelas!
Amigo lector, si tienes la suerte de catar tan excelente manjar, no se te ocurra pensar si tienen o no metales pesados, pasa de ello, disfruta. Pero sí te recomiendo las comas en la cocina para que no se enfríen al llevarlas hasta el comedor y, antes de comenzar el banquete, pellízcate para asegurarte de que no estás soñando. Celébralo a tope acompañándolas con un buen pan de panadería y con un tinto, no blanco, de Cangas. Y ya me dirás lo que sienten tus sentidos al tomar esta exquisitez de nuestros ríos, al alcance de unos pocos bienaventurados.
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Reparación de la calle Vior, en Castropol
Lección europea en Castropol
"Hay problemas que los países no pueden resolver solos", advierte a los escolares el eurodiputado Jonás Fernández
Castropol, T. Cascudo 29.02.2020 | 00:23

El político asturiano Jonás Fernández tuvo ayer en la biblioteca Menéndez Pelayo de Castropol el difícil reto de explicar a niños de quinto y sexto de Primaria en qué consiste la labor de un eurodiputado. "Hay problemas que los países no pueden resolver solos, problemas muy grandes, que son los que se intentan resolver en la Unión Europea", precisó Fernández, que ejerce esta labor desde 2014.
Su visita se enmarca en el proyecto "+Europa +Cerca"que están desarrollando este curso la biblioteca y el colegio La Paloma con el objetivo de acercar a los escolares al Parlamento Europeo y propiciar que conozcan su labor.
"Conseguimos que sepan que las decisiones que se toman allí nos afectan, aunque parezca que está muy lejos", incide la bibliotecaria, Manuela Busto. Fernández explicó a los pequeños que se pasa el día viajando entre Bruselas y España para escuchar aquí los problemas a los que después busca solución en la sede parlamentaria. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los pequeños son los cuatro aviones a la semana que coge el eurodiputado, una media de doscientos viajes al año: "No mola nada. Es muy aburrido", expresó, al tiempo que explicó que lo que más le gusta es hacer cosas muy diferentes cada día y también contribuir a ayudar a los demás.
Descartan más estudios antes de edificar en la finca de Castropol con restos
Patrimonio espera poder determinar la naturaleza de los hallazgos extraídos haciendo un seguimiento arqueológico de las obras
Castropol, T. Cascudo 27.02.2020 | 01:00
La Dirección General de Cultura y Patrimonio descarta acometer una nueva investigación arqueológica previa al inicio de las obras en la finca "As Huertas" de Castropol, donde se proyecta una promoción inmobiliaria de 34 viviendas. "Se realizará el correspondiente seguimiento arqueológico de la obra y en el transcurso del mismo se espera poder determinar la naturaleza de los restos aparecidos, bien minera o bien castrense", señala el departamento que dirige Pablo León.
Patrimonio desoye así las voces de expertos como Ángel Villa o Jorge Camino, que consideran que habría que agotar las posibilidades de la finca antes del inicio de las obras. Ambos creen que hay indicios razonables para creer que el foso de más de cien metros de largo y dos de profundidad localizado en esta céntrica parcela puede ser una estructura defensiva de un asentamiento castreño. Además, en la finca se hallaron restos cerámicos datados por el Carbono 14 en la Edad del Hierro.
El asunto se abordó también en la reunión que León mantuvo con el presidente de la Asociación Profesional de Arqueólogos, Conservadores y Museólogos de Asturias (APACMA), Rubén Montes. "El director nos trasladó que se haría todo lo que hubiese que hacer en el solar. Dijo que sus informes avalaban la hipótesis minera, pero conocía la opinión de las voces autorizadas que ven verosímil un posible castro", precisa Montes, quien incide en la importancia de estudiar bien el hallazgo.
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PSOE y PP de Castropol avalan que se investigue más en la finca con restos de la Edad del Hierro
La estatua de Villamil.
Hace unos días, recibimos de Miguel Vila Pernas, este recorte de periódico de El Noroeste (La Coruña) de fecha 22/02/1902.
Sufridas madres y quejicas padres
Sufridas madres y quejicas padres
9 de Diciembre del 2019 - Antonio Valle Suárez (Castropol)
Me quejo a menudo de los dolores que llevamos arrastrando muchos de los de mi edad. Asoman de vez en cuando por doquier desde hace años. Recuerdo haber visto muchas veces a mi abuela en peores condiciones que las mías ahora. A ella, que por aquel entonces tenía una edad similar a la mía hoy, le dolía la espalda, el cuello, los brazos y no sé cuántas cosas más y, a pesar de ello, daba la impresión de que solo le hacía ilusión el trabajar diariamente en el campo, por eso yo un día le pregunté: “Abuela, ¿por qué te quejas tan poco si casi no puedes caminar y encima no paras ni un momento de trabajar?”. Y la buena mujer me contestó a bote pronto: “Escucha, nenín, la niñez y la juventud entienden poco de dolores y enfermedades. Los desprecian. A todo más los ven allá a lo lejos caminando cogidos amigablemente de la mano, y si no se percatan de ellos en cabeza propia los contemplan de refilón, pues no les corresponden para, al rato, cambiar de escenario ignorándolos... ¡ojos que no ven! Les aterran las enfermedades y la muerte. Pero pasados los años se van familiarizando con ambas y, aunque sin querer, las relaciones se van haciendo más estrechas hasta que, tarde o temprano, nos llevan a todos con ellos”. Nunca más menté el tema con mi abuela.
Dicen que el tiempo nos trae la razón o por lo menos nos hace ver la realidad de la vida. Y de la mano de él yo he descubierto y entendido que la tristeza en mi abuela no era provocada por los dolores de su reúma, sino que lo era por otros motivos más graves amontonados a lo largo de su vida. Hace un tiempo, al conocer aquellos motivos, se me pasaron como por arte de magia por lo menos la mitad de los que yo tenía.
A finales de los años setenta del pasado siglo cuando nacieron mis hijos los padres de entonces, además de no estar preparados para ello, no éramos invitados a participar en el parto con los sentimientos en directo, sino que habíamos de aguardar en la sala de espera hasta que la madre alumbrase. Y encima, en casos como el mío, que tengo el valor de reconocerlo sin valorar las consecuencias, no me enteré de nada pues ambas veces llegué tarde al alumbramiento motivado a que tenía que trabajar para el banco que me pagaba, que era más importante...
Hoy el destino, gracias a Dios, me hizo contemplar con dolor por primera vez en mi vida los dolores del parto en la piel de una hija que desde que le comenzaron, veinticuatro horas antes, su marido abandonó el trabajo con riesgo de perderlo, para dedicarse a su mujer y a su hijo antes de salir pitando para parir al hospital. Antes de irse al paritorio vi cómo le controlaba a su esposa las contracciones exteriorizadas en forma de dolorosos cólicos que le venían a intervalos de ocho minutos, con una duración de unos cuarenta segundos. Estoy seguro que sus alaridos de dolor que rompían el alma quedarán gravados en mi mente para siempre. Mi hijo me dijo más tarde: “Es que no has escuchado los emitidos en el momento del parto”. Me quedé callado con aquellas palabras.
Si sumamos solo los dolores del parto más los producidos por las sangrías mensuales a lo largo de toda su vida procreativa a las madres y los tenemos en cuenta espejándonos en ellos, quizá cuando nos vengan a nosotros, los homo sapiens macho, los dolores reumáticos e incluso otros mayores seguro que nos dará la risa al tiempo que los ignoramos.
No sé lo que ustedes opinan, pero yo, después de lo razonado, estimo que, si tuviésemos que parir los hombres, España haría años que estaría totalmente despoblada. Por tanto, a partir de ahora, yo haré todo lo posible para no ser un quejica y dejar pasar de largo a mis pequeños dolores conocidos.
Los expertos piden buscar más restos en la finca de Castropol antes de edificar
"Hay que sondear el terreno en su totalidad para ver qué potencialidad tiene y comprobar si hay más vestigios", afirma el arqueólogo Jorge Camino
Castropol, T. Cascudo 12.02.2020 | 00:53

Aunque Cultura ha dado el visto bueno para la construcción de una promoción inmobiliaria de 34 viviendas en la finca As Huertas de Castropol, los expertos consultados por este periódico creen que primero habría que explorar el terreno en su totalidad en busca de más vestigios. Consideran que la zanja de más de 100 metros de largo y más de dos de profundidad hallada el pasado verano en el yacimiento (donde previamente se localizaron restos cerámicos de la segunda Edad del Hierro) podría ser una estructura defensiva de un posible asentamiento castreño.
"La finca hay que agotarla antes de construir, habría que sondearla en su totalidad para ver qué potencialidad tiene y comprobar si hay más vestigios", señala el arqueólogo Jorge Camino, autor en los noventa, junto a Yolanda Viniegra, del inventario arqueológico de Castropol. Camino respalda el planteamiento del arqueólogo Ángel Villa que en un reciente artículo ("Apuntes sobre la Edad del Hierro en Asturias. A propósito de las excavaciones arqueológicas de García y Bellido en Coaña") califica de "imprudente" descartar la existencia de un castro y recuerda que estructuras similares a la castropolense se localizaron en poblados del oeste de la Galia y también en tres yacimientos asturianos.
"Tiene todas las características de ser una arquitectura defensiva de esa época", incide Camino, quien aventura, además, que ese foso sirviera para cerrar el itsmo de la villa. Precisamente, Camino jugó un papel clave en la investigación de As Huertas, ya que hace años advirtió a Patrimonio de que se estaba descartando el valor de unas cerámicas halladas en la finca que posteriormente la prueba del Carbono 14 dató en el siglo II antes de Cristo.
"Hay que determinar primero de qué se trata, qué vestigios quedan, y después vendría la decisión de si se conserva o no", incide Camino, quien destaca la tardanza en resolver el expediente de As Huertas. "No conozco ningún caso en el Noroeste en el que se tarde tantos años en constatar si un yacimiento es un castro o no", añade, al tiempo que denuncia el "secretismo" sobre este expediente al que acaban de denegarle el acceso por no ser parte interesada.
Por su parte, Ángel Villa coincide con Camino en que lo "razonable", por el tipo de restos y su cronología, sería investigar a fondo la finca para "trabajar con todos los datos posibles". El arqueólogo castropolense Víctor Manuel Díaz, autor del blog "Castropol: Historia y arqueología", coincide con Camino y Villa en que haría falta una intervención en área para despejar cualquier duda.
Díaz pone el acento en que As Huertas está permitiendo ampliar el conocimiento del pasado de una villa en la cual la toponimia siempre hizo sospechar a los investigadores de un pasado castreño.
El arqueólogo Villa ve posible que hubiera un castro en el centro de Castropol
El especialista pone de relieve la existencia de fosos similares al hallado en As Huertas en poblados de la Galia y en otros yacimientos asturianos
Castropol, T. Cascudo 04.02.2020 | 00:45

El arqueólogo Ángel Villa considera "imprudente" descartar la existencia de un asentamiento castreño en la finca situada tras el casino teatro de Castropol, popularmente conocida como As Huertas, donde comenzará próximamente, tras el visto bueno de Patrimonio, la construcción de una promoción inmobiliaria de 34 viviendas.
Defiende Villa, que dirigió durante años el Plan Arqueológico del Navia-Eo, que fosos similares al hallado en suelo castropolense fueron localizados en poblados del oeste de la Galia y también en tres yacimientos asturianos (en el entorno del Monte Naranco de Oviedo, en el castro Monte Alto y en el recinto fortificado de El Castillo de San Martín, en Soto del Barco).
Así lo expone en el artículo "Apuntes sobre la Edad del Hierro en Asturias. A propósito de las excavaciones arqueológicas de García y Bellido en Coaña", incluido en el libro "Arqueología Castreña en Asturias. Contribuciones a la conmemoración del Día García y Bellido", coordinado y dirigido por el propio Villa y F. Rodríguez del Cueto. En él pone de manifiesto, entre otras cuestiones, que "en Asturias la excavación del foso como primer delimitador del asentamiento es una constante desde los albores del fenómeno castreño", si bien casi siempre va ligado a estructuras de gran entidad.
Cabe recordar que el pasado verano se hizo la cuarta intervención arqueológica en la finca de As Huertas, en la que se habían hallado previamente restos cerámicos que la prueba del Carbono 14 dató a mediados del siglo II antes de Cristo, en la segunda Edad del Hierro. La última excavación permitió descubrir una zanja de grandes dimensiones (más de 115 metros de largo y más de dos de profundidad) que desconcertó a los investigadores. La primera hipótesis manejada es que fuese una explotación minera y que la zanja se hubiera realizado en busca de un mineral. La teoría quedó reforzada con la presencia de un alto contenido de hierro en la finca y con la ausencia de materiales arqueológicos que hicieran pensar en un poblado. Sin embargo, a juicio de Villa, la hipótesis de la mina debe descartarse.
"El decapado profundo es una circunstancia frecuente en este tipo de hallazgos, y así ocurre en el oeste de la Galia, donde, a menudo, los recintos delimitados por un foso están arrasados y su presencia es detectada, como en As Huertas, por el relleno del foso y su caracterización estratigráfica", explica.
En el artículo recopila otros fosos similares en Mirebeau-sur-Bèze y en Aix-en-Provence, y añade que, "en general, son estructuras con profundidad comprendida entre los 1,5 y los tres metros, similar al caso asturiano, cuya excavación no necesariamente implica voluntad de alarde constructivo".
El arqueólogo al frente de la excavación, Orlando Morán, manifiesta que son bien recibidas todas las aportaciones, ya que la investigación del hallazgo sigue abierta. Añade que, durante la excavación de la obra, se revisará si existen estructuras asociadas que puedan dar "más pistas".
Breves notas sobre el Gremio de Mareantes de Castropol
El pasado mes de Diciembre, quedó colocada en la fachada de la Casilla esta placa de cerámica, una vez confirmado que la construcción de dicho inmueble fue una iniciativa del Gremio de Mareantes de Castropol en el año 1875 y en el cual desarrollaron parte de sus actividades, hasta su disolución a principios del pasado siglo.
Se utilizó una postal, que nos pareció muy apropiada, de la colección de Enrique Murias Jonte, fotógrafo local y que también fue director de la banda de música castropolense. En ella, pueden verse en esa especie de rampa, hasta cuatro cañones colocados en posición vertical, que servían como punto de amarre a las pequeñas embarcaciones que realizaban el pasaje y otras faenas en la ría. Se da la casualidad, que esos cañones, también en este año 1875, fueron retirados de una playa de Figueras, por iniciativa del Ayuntamiento y trasladados al muelle local debido a “que se estaban arruinando por completo, para su mejor conservación y a disposición de la autoridad competente”. Estos cañones, casi con toda seguridad, pertenecieron a la fragata “El Galgo de Andalucía” o “HMS Greyhound” (rebautizada, ya que había sido capturada a los ingleses en 1718), y que en el transcurso de un breve combate naval contra tres barcos ingleses, fue incendiada debajo de San Román en Septiembre de 1719. Como podemos comprobar, falta un cañón de los cuatro que aparecen en la postal, ya que los tres restantes, fueron trasladados a la zona del Penedón hace años, desde otra ubicación anterior.
Asi que, con la Casilla, ya conocemos una pieza más, junto con el barómetro de mercurio, de la “herencia” del Gremio de Mareantes de Castropol. Pero nos falta saber algo más de esa “herencia”: la capilla de San Roque, que según referencias, se levantó también gracias a la gente de mar. Sabemos que en el año 1648, quedó constituida la Cofradía de San Roque, por iniciativa de un grupo de diecisiete pescadores, que figuraban en la escritura correspondiente y que andando el tiempo la Cofradía pasó a ser: Gremio de Mareantes.
Parece que la capilla, en una primera fase, puede ser de esa época. Después, ya en el año 1877, se llevó a cabo la ampliación de la misma, añadiendo probablemente el espacio de la fachada principal situado entre la verja y el cierre de madera torneada, tan característico de esta capilla. Pudo ser así, porque si nos fijamos, en el interior hay una puerta lateral tapiada, situada después del cierre de los barrotes de madera. Estas obras, las realizó José Monteavaro de Riaño.
Este peculiar diseño en la fachada de la capilla, abierta y expuesta a los vientos y temporales del sur, parece que no abunda mucho, al menos en Asturias. Tenemos en Lastres la capilla de San José, con una fachada principal, muy similar en el arco que forman los barrotes torneados, dándose también la coincidencia, de que al igual que la de San Roque, fue asimismo costeada por los marineros locales, años antes que la de aquí.
El Gremio de Mareantes de Castropol, al igual que el de Figueras, tuvo su relevancia en la vida local. Los socios, aportaban una parte de los beneficios de la pesca o de sus ingresos y con esas cuotas, se ayudaban entre si: enfermedades, situaciones de viudedad, entierros, desgracias materiales o personales, necesidades puntuales, … Además en Castropol, se encargaban también de las fiestas de San Roque.
El Gremio de Figueras, en algún momento de su historia, dispuso de una gran solvencia económica, según dejó escrito Miguel García Teijeiro. Por ello, en el año 1776, compran la Villa y el Coto de Figueras a los últimos dueños del mismo: los Pardo Donlebún. Dispusieron para la operación, nada menos que de 680.000 maravedíes, que equivalían a 20.000 reales. Todo ello, después de un largo y dificultoso proceso, vivo ejemplo de perseverancia y sacrificios, hasta conseguir la completa emancipación, dando fin a los abusos y excesos de los Pardo Donlebún. Quedando así como dueños: civil, política y administrativamente durante unos cincuenta años. Hasta que, por Real Orden de 18 de Diciembre de 1826, se suprimen todos los “ayuntamientos particulares”, que se incorporan al concejo más próximo (Castropol en este caso), perdiendo de esta forma su independencia desde ese momento.
Una prueba más de la trascendencia de ambos Gremios, la encontramos en un pleno del Ayuntamiento de Castropol, celebrado en el año 1918, con las sociedades ya disueltas, donde un concejal propone “que se localicen y depositen en el Ayuntamiento los estatutos y libros de actas”, de los citados colectivos. Dicho concejal, deja caer también, alguna pista sobre su paradero.
Para finalizar, sería de agradecer, que si alguna persona dispone de algún documento que en su momento perteneció al Gremio, lo pusiese a disposición de los/las que tenemos interés en estos asuntos de la historia local, permitiendo la realización de una copia, que quedaría depositada en la Biblioteca, para poder ser consultada.
Pepe Llende – Enero 2020