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Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

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Desenfrenos en la ría del Eo

13 de Septiembre del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

La llegada de las redes sociales a nuestras manos hace unos años nos puso en bandeja de plata las comunicaciones entre grupos de seguidores o followers. Desde entonces, con el más mínimo de los esfuerzos, te puedes enterar de todo lo que se menea, desde la puerta de tu casa, a lo largo del planeta y fuera de él, sin moverte de la cama siquiera. Puedes estar confraternizando desde ella, desde la cocina, la terraza, la playa, el mar o hasta desde el mismísimo excusado. Se acabó la necesidad de tener que salir a la compra, a paseo, al bar, a las tertulias en directo con los amigos, para poder enterarse de todo lo que sucede. Todo, todo lo que te puedas imaginar, de una u otra forma, está en las redes al alcance de todos. Todo este cambio garrafal en la información de caleya, nacional e internacional, en todos los campos -las llamadas news-, ahí la tenemos a golpe de tecla, sin necesidad de sintonizar radios, televisiones o comprarnos periódicos.

Creo que los más disgustados y a contrapelo con este tremendo cambio generacional estamos siendo los mayores. Sin ir más lejos, el grupo que formamos media docena de jubilados en nuestro diario paseo, capitaneados por nuestro pesado amigo Bras, así lo palpa. Hablamos mucho y de casi todo, pero ahora, con las mascaritas que usamos, sentimos que merman nuestras palabras e incluso se modifica el tono de las mismas, teniendo que mirar, a veces, al interlocutor para saber quién es el que habla. Bras es el único que mantiene la figura con su voz radiofónica. A propósito, en nuestra última salida de paseo hasta el Molín de as Acías, Bras nos fue platicando con un tema de rabiosa actualidad, aparte del de las redes, en las márgenes de la ría del Eo, en esta canícula. Nos dijo: "¿Qué os parece el tráfico este verano en la ría, sobre todo en este mes de agosto? Nunca tal se vio en nuestra dilatada vida. Mirad, docenas y docenas de embarcaciones de todo tipo: yates, lanchas, botes a vela -de siempre estos en la ría-, chalanos, piraguas... la surcan sin control ahora por sus cuatro puntos cardinales. Sin respeto alguno, las motos de agua a todo gas los van sorteando a todos para no colisionar levantando, junto a otras rápidas embarcaciones, olas que amenazan con echar a pique a las más pequeñas, muchas de ellas cargadas de niños y gobernadas por inconscientes mayores. Lo nunca visto. Este año navegan de día y de noche. La otra noche, con calor sofocante, no podía dormir y bajé a darme un paseo hasta el muelle. De la oscuridad venía una música al alta la lleva, con una letra que me perturbó: '...ella es callaíta pero pa'l sexo es atrevida, yo sé, marihuana y bebida gozándose la vida...'. Pronto se dejaron ver dos embarcaciones navegando en paralelo, vertiendo música, llenas de luz, con jóvenes bailando en su interior y en cubierta. Pasaron bordeando la costa con rumbo desenfrenado hacia la ensenada de Llan. Allí suelen fondear, amarradas por los costados, hasta más de media docena de embarcaciones por las que se salta de una a otra, mezclándose en una bacanal. Yo me pregunto -prosiguió Bras- ¿no habrá autoridad alguna que ponga coto a estos desenfrenos que se producen de día y de noche en nuestra ría en este mes de agosto?, porque en otros meses sí que está más vigilado. De seguir así surgirá algún abordaje que traerá alguna desgracia. Para poder gobernar cualquier embarcación habría de exigirse un título de competencia marinera, acorde a los metros de eslora de la embarcación y su potencia, lo mismo que se exige para un vehículo terrestre a motor. Con él, y con los conocimientos que conlleva, evitará el patrón colisionar, abordar a otras embarcaciones, quedar varado a bajamar y demás posibles accidentes que suelen ocurrirle al no ducho en la materia". Y terminó su arenga Bras con esta pregunta: "¿Cómo es posible que cualquier ciudadano de a pie, mostrando su simple carné de identidad, pueda presentarse en el muelle, alquilar una embarcación de hasta 5 metros de eslora y lanzarse a navegar sin más, con el inmenso peligro que ello conlleva?".

Llegué a casa pensando que Bras ahora, a sus años, sentía envidia hacia esas diversiones de los jóvenes y, con la desconfianza que dan los años, hurgué en las redes sociales a mi alcance para ver qué había de verdad en lo dicho por Bras. Me quedé de piedra al leer en una página del Gobierno de España, Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, lo siguiente: "Titulaciones de recreo. No se necesitará titulación náutica de recreo para el gobierno de embarcaciones a motor con una potencia máxima de 15 CV y hasta 5 metros de eslora, las de vela hasta 6 metros de eslora...".

Por mi parte, una vez sabido esto, solo me queda pedirle a Dios el tener conocimiento de cuándo va a salir a la ría, guiado por manos inexpertas, algún pepino de esas características, para dar aviso a familiares y amigos rogándoles se queden en la orilla. Esa legislación, a mi pobre entender de jubilado, es como poner un tráiler de 30 toneladas, o una ametralladora cargada, en manos indocumentadas que, casi siempre, suelen ser inexpertas. Como siempre vendrán las lamentaciones por parte de todos cuando ocurra algún desgraciado siniestro y, entonces, ya será demasiado tarde. Agosto ya ha pasado, pero las autoridades competentes debieran de ir legislando con cabeza y buen pulso para el que viene.

Chipirones de verdad, de la ría también de verdad

La Nueva España » Cartas de los lectores » Chipirones de verdad, de la ría también de verdad

21 de Agosto del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Ahora, en la edad en que me encuentro, nada menos que en la de un jubilado cualquiera de mis años a la orilla de la ría del Eo, agradezco mucho cualquier detalle hacia mi persona, por pequeño que este sea. Recuerdo que hace unos años..., la verdad no sé si pocos o algunos más porque bien es verdad que, en esta edad, los años caen como personales: dobles. Pues bien, recién jubilado, entonces, Manolo, un antiguo profesor mío de instituto y después compañero de trabajo, vino a traerme media docena de jureles pescados por él en nuestro Cantábrico. Entonces se los había agradecido la mar, por dos razones, una por el regalo y otra porque era obvio que no me estaba haciendo la pelota. Disfruté en familia con ellos y le di las gracias públicamente.

Pasaron casi una decena de años y se repitió la historia. Esta vez el escenario es similar y las intenciones iguales. Aunque los actores distintos: por un lado, mi excompañero de instituto, y también de trabajo, Jesús y, por otro, los chipirones. Estos pescados también en el Cantábrico, igual que los jureles.

Después de tomarnos un café con un poco de bizcocho, que yo me tomé como desayuno de las diez de la mañana, y mi amigo como tercer o cuarto café ya; pues no en vano se había pegado un buen madrugón para ir a buscar el chipirón en su lancha. Luego, Jesús se marchó a pasear con su mujer, según me dijo y yo me quedé pensando en buscar un destino a tan estimado detalle. La verdad no tardé en encontrarlo.

Descansaron en la nevera hasta el día siguiente. Luego los limpié, labor ardua para un profano y peccata minuta para un jubilado como yo, al tiempo que pensaba en cómo cocinarlos sin mirar para receta alguna. Con el dedo índice separé el cuerpo de su caparazón para extraerles las vísceras. Aparté la bolsa de la tinta para un vaso, para que no armase escándalo a la vista, luego extraje la cococha, para después dar un corte por delante de los ojos y quitar la dura boca de este cefalópodo. Al final les retiré la plumilla uno a uno, no me gustan con ella. Una vez limpios, piqué menudo los tentáculos y las cocochas y las reservé aparte del cuerpo. Tomé una sartén, con aceite de oliva, y rehogué cebolla, ajo, pimiento verde y rojo con perejil. Todo muy picado. Salé y acompañé con una guindilla. Más tarde agregué una cucharada de harina tamizada, que pasé bien para que no dejase ese sabor que no quería. Eché vino blanco, lo evaporé a fuego fuerte y reservé todo. En otra sartén poché la otra cebolla, con ajo y pimiento verde con perejil y unos tacos muy menudos de paleta y los tentáculos del chipirón. Eché una copita de bebida espiritosa y después evaporé su alcohol. Cuando el color saltó a la vista y el olor invadió mi napia, lo retiré del fuego, rectificando de sal.

Al contenido de la pota le agregué agua para que la salsa no quedase espesa y la trituré fina. Es bueno intentar adivinar los ingredientes con otros sentidos que no sean los de la vista.

Una vez atemperado el relleno, procedí, con una cucharilla de café, a rellenarlos y a cerrarlos con un palillo nuevo. Según los iba rematando los ponía a descansar en la salsa de la pota. Allí, tranquilos, los puse a hervir suavemente durante unos veinte minutos para luego dejarlos reposar.

¿Saben qué les digo por si no lo saben? Que el próximo que me regale manjares semejantes... le invitaré a catarlos. ¡Qué menos! Es un manjar difícil de explicar.

Tempo perdío

18 de Julio del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)
Hoy é víspera da festa da mía aldea, anque mañá nun se celebre. Vóume da guardilla, chen d'iscribir, pra baxar cenar coa familia, sí. Taréi contento y trataréi de que tamén teñan ellos. Trataréi de que deixen esos istrumentos que yes deron en chamar agora “d’última xeneración”. Sí, fagueremos úa búa sobremesa que chegue más aló da madrugada, cantando, contándoyes historias, recordando a os que se foron, sí. Como que me chamo Bras que lo conseguiréi, pro..., ¿y si non podo? Pos estoncias recurriréi al meu meditao valor pra ter a bravura d’encararme a ellos...

Pasa correndo a embulancia coâs destellantes luces azules y pérdese pola calle valleira. Dentro d’ella vai un home vistío cúa camisa de forza y vixilao por dous toleiros que lo llevan coyido -chámanye Bras-. Pregúntayes coa súa pausada fala:

-¡Por favor, señores, por favor, escúitenme! ¿Quérenme dicir únde me llevan? -non ye contestan. Quédase callao, asustao, mirando pra ellos con oyos de nun crer nada. Despós ponse dolente al tempo que yes berra:

-¡Malditos, malditos istrumentos móviles que con a su frialdá separan ás familias, acabando pra sempre co’aquellas tertulias das sobremesas! ¿Por qué no los lleváis a ellos en vez de llevarme a mín?

¡Ay, outro gallo cantaría si soupera Bras que aquellos teléfonos móviles, qu’el nun pode ver, salvaron muita xente d’entollecer coel coronavirus ese...!

LA ROSA DE LOS VIENTOS

      Nuestro agradecimiento a Antonio Valle Suarez, por habernos concedido la primicia de la publicación de este relato corto.


1

 

           Diez años después de la padecida pandemia, en aquella UCI bien pertrechada de gastados aparatos rodeados de protecciones por todas partes, un joven regresaba de repente de un largo viaje en el tiempo, para incorporarse a una realidad que le estaba esperando. Nada más abrir sus ojos se quedó alucinado tratando de descubrir dónde se encontraba. Poco a poco fue volviendo a la realidad, al ver pulular a su alrededor a unos marcianos vestidos de blanco, ataviados con máscaras y grandes gafas. Pareció tranquilizarse al ver allí sonrientes, contemplándolo, a sus padres y a su hermano gemelo.

           Se incorporó para tomar un sorbo de la infusión que le habían ofrecido. El aroma le recordó a la manzanilla salvaje que tanto le gustaba, aquella que recogía de niño junto a su abuela en los prados del Cotarelo.

           Le fueron informando del por qué se encontraba allí, en aquel hospital. Había sido ingresado el 15 de mayo de 2021, día de San Isidro, afectado por el Coronavirus. Un virus letal que antes de llegar a él había estado causando estragos en la población, desde marzo de 2020, con un rebrote por el medio. Parece ser que Juan, antes de enfermar, estaba dedicado en cuerpo y alma a su trabajo de virólogo. Quizás por ello había pasado de ponerse la vacuna del Covid-19, con favorables resultados desde Febrero de 2021. En casa del herrero, cuchillo de palo. La enfermedad se le fue complicando, dejándolo en estado vegetativo hasta hoy día 20 de Mayo de 2030. Había pasado la friolera de nueve años en aquel estado. Su curación había sido un milagro similar al ocurrido con la derrota del Coronavirus.

           Una semana más tarde recibió alta médica. El jefe de planta, le dijo:

           —Venga, Juan, ya vuelves a tú querida Figueras, a disfrutar de ese bello pueblo situado en el mismísimo paraíso al que, si nadie lo impide, me iré a vivir una vez me jubile. Lo haré al día siguiente de liberarme del trabajo —Juan le sonrió, al tiempo que se quedaba unos segundos con la mano extendida en clara señal de un saludo no correspondido. El doctor le había hecho un gesto con su codo derecho, que Juan no entendió.

           Acompañado por sus padres hasta la puerta del HUCA donde los estaba esperando su hermano Óscar, al volante de un coche extraño. El diseño de aquel automóvil le parecía de un proyecto inusual. No recordaba haber visto nunca ninguno similar. Encima, al iniciar la marcha, aquella máquina parecía deslizarse sin emitir ruido alguno...

                                                          2

           Sus primeras palabras fueron para preguntar por la dudosa educación de aquel médico que, a pesar de su amabilidad, le había negado el saludo. Su madre se percató de que Juan no se acordaba de que aquella práctica de comunicación se había iniciado de la mano del Coronavirus; es decir, un año antes de haber enfermado él. Su padre le explicó que esos gestos de saludo, que parecían más propios de otro planeta, habían sustituido a los tradicionales de darse la mano o un par de besos a cada lado de la cara. Le dijo que hacía diez años que había desaparecido aquella práctica de antes. Ahora solo se usaba en familia o entre amigos íntimos. Juan, callado, no acaba de entender el porqué de todo aquello...

           Por el camino llamó su atención la autovía por la que circulaban. En los laterales observó unos quitamiedos de color blanco, de más de un metro de altura. Su hermano le explicó que hacía un par de años los habían cambiado por los viejos de acero cadmiado. Los nuevos eran de un material plástico reciclado. No necesitaban mantenimiento y, además de ser más resistentes que los metálicos, no provocaban lesiones en los accidentes. Se quedó pensativo, sin hablar en el transcurso de unos cuantos kilómetros.

           A medida que aquel silencioso automóvil devoraba distancia, Juan iba percibiendo olvidados recuerdos... Se percató de que no circulaban camiones en ninguna dirección. Preguntó cuál era el motivo. Le explicaron que desde hacía unos años solo circulaban desde las 23:00 horas hasta las 8:00 del día siguiente. El motivo había sido una acertada ley del Ministerio de Fomento que, desde su aplicación, había conseguido una mayor fluidez en el tráfico y una drástica reducción en los siniestros. Llamó su atención la repoblación forestal a ambos lados de la autovía, con una exhaustiva limpieza entre esta y las fincas colindantes.

           Así fue todo el trayecto descubriendo novedades. Se fue haciendo de noche y se vio sorprendido con las potentes luces del automóvil. Óscar le explicó que era una nueva tecnología fabricada en unas antiguas naves cercanas a su pueblo.

           Acompañados de un sirimiri llegaron de noche cerrada a una casa nueva en la carretera al Muelle. A Juan le llamó la atención el blanco resplandeciente de las casas. La respuesta a su observación fue que todas pintaban de blanco ahora y las luces de las farolas eran de led, de ahí aquella claridad. A lo largo de una frugal cena, le contaron que aquella era la nueva casa a la que se habían mudado hacía seis años, pues la que tenían anteriormente la habían cedido para ampliar el parque de la Alameda. Juan seguía de sorpresa en sorpresa.

 

                                                          3

 

           Al día siguiente de su llegada a casa, Juan se despertó pronto. Aun no había amanecido. Se asomó a la ventana para echar un vistazo hacia la Ría. Observó las luces verdes de estribor de una embarcación que parecía partir hacia la mar. Pensó que se trataría de algún barco del Astillero. A la hora del desayuno su madre le comentó que era uno de los dos barcos boniteros que abastecían a la nueva fábrica de conservas. Se habían construido en cooperativa por un grupo de marineros jubilados, movidos por la decisión del gobierno encaminada a la mejora y veda de los mares para garantizar una pesca continuada y sostenible, evitando esquilmar los hasta entonces castigados caladeros por barcos de arrastre, hoy prácticamente desaparecidos. Todo eran novedades para aquel joven que había permanecido en el hospital los últimos nueve años de su vida. Se quedó mudo unos segundos, para luego ir razonando que en el pueblo hacía años que no había ningún barco pesquero. Se habían desguazado todos: Coppi, Divino Pastor, Verano, Puente de Los Santos, Ría del Eo y otros más que ahora no recordaba, en Figueras y el Fernandón, en Castropol, la capital.

           Después del desayuno, Juan y su madre salieron de paseo. Aquel viernes se presentaba como un luminoso día de primavera. La intención de su madre era doble: por un lado hacer que su hijo caminase para ir recuperando la masa muscular perdida después de tantos años postrado en una cama de la UVI y, por otro, ir haciéndole ver tantos cambios acaecidos en el pueblo durante su ausencia.

           Le pidió a su madre ir caminando en dirección hacia el puerto. Nada más salir de casa, Juan, se quedó hechizado un largo rato, contemplando el llamativo conjunto que ofrecía a su vista el rehabilitado palacio de los Trenor. Bajaron con prudencia las escaleras hasta llegar a la fuente del Pelamio. Allí se quedó absorto mirando un largo rato la imagen de Castropol, coronada con su expléndida torre de la iglesia. Reparó en un paredón hecho como mirador, entre la fuente y el mar, así como un laurel plantado allí en un tiesto gigantesco. Confusamente recordaba que no existía antes aquel paredón, lo imaginaba destruido por la caída de un viejo plátano que lo arrastró todo hasta el mar... Echó un vistazo hacia la playa de Penalba y quedó confundido al ver la marea baja y el fango todo marcado con unas líneas que formaban unas parcelas independientes unas de otras y que se extendían hasta cerca de la Cortada, en Castropol. Su madre le explicó que se trataba de repoblaciones de especies autóctonas de la Ría: navajas, almejas, berberechos y otros. Que aquello había resultado un éxito y que daba trabajo a unas docenas de mariscadores autónomos. Según su madre, la intención inicial cumplida ahora, había sido la de explotar con mesura las especies autóctonas de moluscos existentes en la Ría, al tiempo que debía tratarse de evitar vertidos de cualquier tipo a las aguas. Empezando por el exceso de abonos que, como principio, debería reducirse su uso a una quinta parte de los usados hasta antes de la pandemia. Tenía entendido que, según informes, se había conseguido ya la meta marcada, al usarse ahora abonos orgánicos en su totalidad.

           Caminaron hasta el Muelle y allí reconoció los pantalanes deportivos ahora, le parecía, con más embarcaciones. En el embarcadero de la derecha le llamó la atención la cantidad de lanchas de pesca que había. Había sobre una docena, propiedad de pescadores autónomos que vivían de la pesca diaria. Caminando hacia la explanada del muelle, Juan se dio cuenta de que no había ni un solo automóvil en ella. Donde años atrás había un coche, ahora había un pequeño arbusto y así, de trecho en trecho, a lo largo del muelle.

           Juan desvió su vista y atención hacia la carretera a la altura del Pósito y vio bajar lentamente un trenecito pintado de blanco, con pinturas de colores representando anuncios. Sin tiempo a preguntarle a su madre qué era aquello, guiado por ella, embarcaron ambos y se sentaron en uno de los bancos del primer vagón. Salieron en dirección a la Laguna por la avenida de Gondán. Desde el trenecito Juan iba observando la cantidad de flores que había en macetas pegadas a la calle, ¡qué cuidado estaba todo! Se apearon a la altura de la Casa del Mar y desde allí caminaron hacia el parque de La Alameda. Estaba muy cambiado, ahora lleno de árboles con flores y césped muy cuidado. Al cruzarlo, al lado de una pista grande de tenis, se podía ver el aparcamiento de la Alameda lleno de coches. Estaban aparcados todos en la parte alta del pueblo y, desde allí, sus propietarios, bien caminando o en el trenecito, se dirigían a sus destinos. Siguieron a pie hacia el cementerio. Pasaron por la capilla de las ánimas  unos cien metros adelante, Juan, se quedó paralizado a la vista de aquella laguna, con patos y cisnes. Su madre le explicó que se trataba de A Lagúa Veya, que él no había conocido. Que la habían vuelto a situar en aquel terreno público, donde había estado desde siempre hasta los años 70 del pasado siglo, fecha en que fue rellenada de escombros, que se siguieron depositando allí durante muchos años más. Aquella laguna era ahora, a los ojos de Juan, una nueva hermosura. En ella, según le explicaba su madre, nidificaban especies de aves migratorias, además de servir para deleite de niños y mayores.

           La sirena de la fábrica de conservas hizo saber a los paseantes que era la una, la hora de la comida. Así que Juan y su madre regresaron al punto donde les había dejado el trenecito que, al poco tiempo, regresó para trasladarlos hasta la puerta de su casa.

           Comieron caldo de berzas —cultivadas por sus padres en el huerto de detrás de casa—, hecho por su madre antes de salir al paseo, por petición de Juan, que tenía en su mente aquellos sabores de antaño. Disfrutó a lo grande, como antes, paladeando aquellos manjares producidos por el compango y la verdura.

           Después de la siesta los dos hermanos, Juan y Óscar, salieron en dirección a Arnao. Ya pasado el puente de la autovía, Juan, reparó en unas nuevas aceras por las que se podía caminar sin mezclarse con el tráfico rodado. Los viales estaban separados de la carretera por una tela metálica. Por allí podían caminar hasta los niños sin peligro alguno. Pasada la segunda rotonda de la autovía, se presentaban a la vista fincas cultivadas con tomates, pimientos y otras hortalizas. En círculo, protegiendo a esas fincas, actuando de cortavientos, se veían árboles frutales cubiertos de flores de colores diversos. Según le apuntaba su hermano se trataba de árboles plantados hacia media docena de años, que darían de nuevo las inolvidables peras urracas y las manzanas de repinaldo, oriundas de la vecina Galicia. Los excedentes de aquellas cosechas estaba previsto fuesen destinados a mermeladas en conserva. Un poco más a lo lejos se veían prados muy cuidados con ganado vacuno de carne y de leche. En un arrabal cercano al mar pastaba un rebaño de cabras y ovejas.

           Llegaron a eso de las seis a un aparcamiento grande —desconocido para Juan— donde los dejó el trenecito que iba lleno de gente, todos disfrazados con sus mascaritas. Desde allí caminaron hasta una entrada franqueada por limoneros y naranjos, ¿qué era aquello? ¡Cuántas agradables novedades! —decía Juan cada poco a su hermano Óscar.

           —Esto es el nuevo parque de Arnao. Fue reacondicionado en tu ausencia. Verás, de la que caminamos te cuento.

           No pasó mucho tiempo sin que el joven convaleciente se sintiese cansado, como para pedirle a su hermano que lo llevase a casa. Los efectos de aquel virus demostraban que eran reacios en abandonar a sus víctimas. Regresaron charlando los dos hermanos, acordando que al día siguiente, sábado, volverían al parque para terminar de ver todas las novedades que Juan no había tenido tiempo de conocer.

           Juan durmió de un tirón hasta las nueve de la mañana de aquel sábado de junio. Se duchó y afeitó para bajar a desayunar. Bajando la escalera percibió el olor del café recién hecho, mezclado con el aroma de tostadas de pan, del horno de Benito. Después del desayuno salió ilusionado otra vez rumbo al parque de Arnao, junto a su hermano. Al ver a Juan repuesto del cansancio del día anterior, Oscar le propuso hacer unas visitas a pie por el pueblo y, dejando para el día siguiente, domingo, la excursión al parque de Arnao —Juan no acababa de asimilar tanto cambio como había visto desde su llegada a la villa. Aunque no tenía la más mínima idea de lo que le esperaba por conocer.

           Subieron desde casa caminando por la carretera hacia la plaza de San Feliz. Juan, se quedó sorprendido nada más coronar la última curva de la carretera, después de Palacio, y ver a su derecha, en la primera casa de la plaza, un letrero: “Casa Alejandro”. Su curiosidad, ante tal hallazgo le hizo entrar en el local. Se encontró allí con una tienda rodeada de estanterías repletas de latas de conservas, guisantes autóctonos, rollos de cordel y un sinfín de artículos más de toda índole. De repente, le vino a la mente el recuerdo de haber estado allí de muy niño. Y de que aquella tienda había cerrado hacía muchos años, ¿cómo podía ser? A la derecha, detrás de un minúsculo mostrador se encontraba sentada, repasando unas cuentas, la empleada que parecía regentar el negocio. Se levantó para saludar a Óscar, que le presentó a su

hermano. La chica extendió el codo y Juan, ya enterado de la nueva costumbre, le correspondió con el suyo. Ella era joven, de color, con expresivos ojos verdes —Óscar le contó después que aquella chica había nacido en una patera, cruzando el Mediterráneo, rumbo a un imaginario paraíso que, por suerte, había encontrado.

           Salieron de la tienda en dirección a la Biblioteca Miguel Teijeiro —la que conocían de siempre—. Unos metros antes del letrero de la Carnicería de Lisardo, Juan leyó otro rótulo con signos en negro: “Sastrería Cerdeira”. Al pasar por delante del escaparate y echar un vistazo a las prendas expuestas, llamó su atención una colección de boinas curiosamente ordenadas de mayor a menor. Le parecieron iguales a las que usaba su abuelo Paulino. Se acercaron a la Biblioteca —la mayor de las cuatro que ahora había en el pueblo, le informó Óscar—. Estaba cerrada, no se habían percatado de que era día de descanso. Siguieron caminando hasta pasada la primera curva de la carretera después de coronar el pueblo, en dirección a la vieja farmacia. Se encontraron a la derecha, después de las escuelas de la extinta Fundación Villamil, detrás de la antigua casa sindical, con una nave bastante grande, disimulada con unos arbustos que parecían protegerla. Destacaba en el frente una placa en letras rojas: “Conservas La Perseverancia”...

           —¿Y eso? —preguntó Juan a su hermano Óscar.

           —Es la nueva fábrica de conservas, con el nombre recuperado de otra existente hace ya muchos años. En ella trabajan una docena de personas. El barco que viste ayer salir de madrugada a la mar, con diez tripulantes, es el que la provee del pescado para sus envasados —Juan no daba crédito a sus descubrimientos.

           Decidieron dar la vuelta y volver sobre sus pasos hasta la Plaza de San Feliz. Una vez allí, se desviaron por la calle de la Alameda. Nada más enfocarla con su presencia aparecieron ante sus ojos cuatro letreros seguidos en otros tantos negocios. El primero, en letras pequeñas, situado en la primera casa de la calle por su izquierda, “Rosina de Rosa - costura”. El siguiente, “Fonda Casa Bobis”. Dos portales más adelante, “La tienda de Inés – corsetería” y en la esquina con la Calle de Atalaya “Pasarón, chigre”. A unos cien metros, en la misma calle de La Alameda, en la acera derecha, se divisaba un pequeño letrero en letra gótica: “A tenda de Lolita”. Entraron en el Bobis para tomarse un refrigerio, para luego seguir en su novedoso paseo por la villa —Juan, sentía la sensación de haber aterrizado en otro planeta.

           Cerca de la Iglesia ya, que había sido casa de peregrinos, según reza un letrero informativo a su vera, se encontraron con una tienda de comestibles, “A tenda de Camila” y, pegado, “El estanco de Manolo” —que pertenecía también a Camila—. De repente, la mente de Juan pareció iluminarse, al recordar una anécdota que su padre les contaba muchas veces en las sobremesas. Se refería a Manolo, el del estanco, le llamaban “Manolo de Camila” y, por ese motivo, Manolo hacía saber muchas veces, socarronamente: “somos tan pouca cousa os homes nín, que eu non son nin siquiera Manolo de Manolo, son namás Manolo de Camila, ¡manda calao!

           Más abajo, ya en el número 15 de la Calle Covadonga, se encontraba otro letrero horizontal, situado encima de la puerta: “A frutería de Consuelo”. Siguiendo dirección a muelle dos letreros más, “Comestibles Fermín Gasalla” y “Carnicería Adolfo”. Un poco más abajo, en la Calle de A leña, una nueva y agradable sorpresa ocupó la mirada de Juan. Había, incrustada en el mismo centro de la calle, una rosa de los vientos. Óscar le explicó que era de barro cocido con baño de porcelana —Juan, de repente, se quedó serio pareciendo estar pensando para sus adentros que, aquella Rosa, ayudaría a tener siempre presente y bien marcado el Norte para no perderlo nunca jamás. En la casa de la esquina un discreto rótulo, pintado en letra gótica de color azul, “Bar Casa Narcisa”.

           Ya en el Muelle, tomaron un chiquito en “Casandra – comidas” y otro en “El Peñalba”, para a eso de las dos irse a comer el menú a “Casa de Parapar”. Curiosamente, todos aquellos nombres habían sido recuperados de otros establecimientos, aunque sus propietarios actuales nada tenían que ver ya con los de aquella época. Durante la comida en el bar de Casandra, siguieron hablando de infinidad de asuntos relacionados con el pueblo. Juan le comentó a su hermano que una de las cosas que le habían causado admiración era ver el pueblo impoluto, libre de excrementos de perros. Pues recordaba que hacía años había que mirar bien por dónde se pisaba, so pena de no llevar a casa desagradables olores. Óscar le dio la explicación pertinente, con la causa que había dado lugar a tal orden y limpieza por las calles:

           —La normativa aplicada dice que es responsabilidad de sus dueños dejar los escenarios que frecuenten en la misma condición en que los encuentren para su disfrute. Las mascotas deben de ir sujetas por una correa. Se portará bolsa y guantes para recoger sus detritos sólidos y se procurará que no orinen contra paredes, puertas, aceras y farolas. De hacerlo, se corregirá la falta con agua que habrá de portarse en un recipiente, so pena de multa. Aunque los dueños de perros están convencidos ya de esta práctica y no hacen falta multas.

           Al iniciar la subida a Rapalacóis, a la derecha, en el antiguo Pósito de Pescadores, destacaba un letrero, “El Náutico”. Allí, en mesas separadas, una docena de personas contemplaba la ría tomándose un refrigerio.

           —¿Del Náutico sí te acordarás, no? Ya estaba hace diez años —interrogó Óscar. Una siesta reparadora hizo descansar a Juan del trepidante paseo de la mañana. A eso de la cinco de la tarde Juan ya estaba tomándose un café en la cocina, con la compañía de su madre, su hermano y una gran dosis de ilusión que compensaba su cansancio. Óscar, calando la mermada condición física de su hermano, lo invitó a ir a dar un paseo en burro hasta la zona de Arnela. Juan, aceptó de inmediato.

           A Playa de Arnela, en la bajamar, estaba limpia y recogida. Óscar, le dijo a su hermano:

           —Recordarás que hace años, cuando bajaba la marea, se veían bandejas de plástico negro por doquier, junto a hierros y palos abandonados, provenientes de explotaciones de acuicultura. Hace años se impulsó la limpieza de la Ría, con los resultados que puedes observar. Desde entonces cada explotación, para funcionar, ha de tener un seguro que garantice, en caso de cierre, el volver la parcela a su estado natural.

           Siguieron cabalgando a la sombra de la fraga por la senda costera hasta la parte más entrante en la zona del “Mar Pequeno”. Se bajaron de las monturas para observar el gran talud situado a continuación del Prado de los niños muertos (después de A Cruz del Cobo”). Allí, en uno de los lugares más soleados y abrigados de la zona, estaban instaladas decenas de colmenas para producción de abundante miel para endulzar la vida —le comentó Óscar—. Le dijo, también, que los apicultores habían conseguido controlar y casi erradicar la invasión de la abeja asiática...

           Dejaron los pollinos amarrados a la sombra de unos frondosos laureles y siguieron a pie rodeando el Mar por su parte oriental. Pronto se encontraron con una explanada voladiza, situada entre un muro de grandes piedras y la parte interior del Mar Pequeno. La cabecera de este muro, que empalmaba con la ribera, estaba rematada con una pequeña edificación cubierta de pizarra, con un par de ventanucos y una puerta de madera. El estado de todo aquel conjunto hacía ver que se había rehabilitado recientemente.

           —Mira, Juan, este molino, conocido como Molin das Acías, que tú conociste abandonado, fue rehabilitado hace poco tiempo. Es similar a los muchos existentes en la Bretaña francesa, de dónde probablemente fue tomado el modelo. La energía que usa es gratuita, ya que aprovecha las mareas para mover sus rodeznos.

           El molino no estaba aún en funcionamiento. Bajaron por la rampa agarrados a la barandilla de roble hasta llegar a la puerta del molino, que estaba abierta. Allí un joven molinero, vestido con ropas blancas, les explicó el funcionamiento de aquella recuperada maravilla. Aunque la obra parecía terminada, faltaban aún permisos y papeleos para poder dar comienzo a su explotación. La idea era que fuese usado para moler el grano de los productores de la zona —les dijo el molinero.

           —Todo está cambiadísimo, pero la burocracia parece que sigue igual que antes —dijo Juan a su hermano.

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La cruel enfermedad sufrida por Juan seguía pasándole factura: problemas para caminar, cansancio, algunos trombos que se manifestaban cuando menos se esperaba y dificultades para respirar. Los médicos, al darle el alta, le habían advertido de que su salud tardaría años en volver a la normalidad de antes. Juan sospechaba que, por lo que diariamente palpaba desde su alta en el hospital, efectivamente tendría que pelear con una recuperación lenta y problemática.

El día siguiente amaneció con una niebla espesa que cubría toda la ría. Pero, caprichos de la naturaleza, a eso de las once lucía un radiante sol. Así que después del desayuno, Juan salió del brazo de su madre para seguir descubriendo novedades.

           Repitieron viaje en el trenecito. Se apearon en el camino de entrada al Faro de Arroxo. Una vez allí, visitaron el rehabilitado lavadero, después de muchos años de abandono. Él lo había conocido lleno de maleza desde siempre. A la izquierda, en dirección a la ensenada, vio una pequeña muralla almenado, totalmente rehabilitada. Juan la recordaba desde niño toda derruida. Ahora se había cumplido su sueño de verla algún día igual que cuando había sido construida.

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           A Juan, el haber descubierto tantas cosas nuevas en tan poco tiempo le sirvieron para quitarle parte de las horas de sueño, las que aprovechó para dedicarlas a hacerse una composición de lugar en medio de todo aquello que día a día iba descubriendo. Estaba seguro de que los efectos producidos conducirían a las nuevas generaciones a una vida mejor. A una vida libre de estrés y sinsabores, que abandonaría el afán de riquezas y del consumismo exacerbado instaurado hasta ahora. Todos aquellos cambios y proyectos conducirían a los habitantes de la villa a un nuevo modelo de vida, seguramente mejor que el que les tocó vivir a sus padres y abuelos. Una vida a la que sus antecesores se habían visto arrastrados sin poder hacer nada por evitarlo. Recordaba aquellos relatos oídos a sus padres en la sobremesas, alegando que las necesidades y creencias inculcadas en su juventud estaban seguros entonces de que los conducirían hasta un modelo de vida cada vez mejor, que les permitiría ser dueños de una casa y regresar de vacaciones a su pueblo estrenando un utilitario o, por lo menos, unos zapatos que al caminar irían enseñando sus flamantes suelas color crema ante la admiración de todos. Habían salido de sus pueblos y aldeas —contaban sus padres— con una mano delante y otra detrás, escapando de las miserias derivadas de la reciente guerra, si no en el frente, sí en su entorno. Se marchaban a la aventura buscando aquella especie de paraíso terrenal. Pero la realidad agazapada les haría ver que nunca llegarían hasta aquel pretendido lugar. Esa tierra prometida no solía llegar casi nunca ya que, muchas veces, era truncada por un infarto, desgracia, enfermedad inesperada o un precario trabajo que no podrían mejorar. —Juan se entristecía pensando en aquellos claros ejemplos ocurridos a los de su anterior generación. Creía que ese modelo económico de vida practicado durante décadas, ruidoso, rebosante de presiones, obligaciones, adversidades y compromisos hoy ya no era el modelo más deseado para la mayoría de los ciudadanos. Sobre todo después del último escarmiento presuntamente sembrado por alguien, bien de la mano de la naturaleza o de los hombres, la gran pandemia del Coronavirus, sufrida al final de la última década. Lo ocurrido, solo se podía imaginar hasta entonces en libros y películas que se tornaron después en tenebrosa realidad. A pesar de las secuelas dejadas por aquel mal, Juan, se sentía contento de seguir viviendo de nuevo en su querida villa. Habían pasado cien años desde la penúltima gran pandemia, la mal llamada gripe española, que había matado a millones de personas en el mundo. Esta debacle quedaba ya muy lejana y olvidada por todos. La Historia parece empujarnos a creer que la memoria del ser humano, en algunos casos, es una memoria no mayor que la de pez.

           A Juan le preocupaba mucho el mal uso del teléfono móvil por parte de los jóvenes, y menos jóvenes. En pocos días llegó al hilvanar en su cabeza un montón de razonamientos que a él le parecían imprescindibles para sacar adelante a una juventud rodeada de todo lo que deseaba. Juan, una y otra vez, hacía especial hincapié en un uso adecuado del móvil, limitando su utilización a no más de una hora diaria, debiendo olvidarnos de las más de diez, de media, mientras duró la cuarentena por el Coronavirus —según había leído en un diario—. Idéntica recomendación para el tiempo malgastado mirando a las televisiones, que debería de ser sustituido por la lectura de libros que, además de aportarnos cultura y reconfortarnos el espíritu, abundan ahora más que nunca en nuestras bibliotecas y, además, su uso es gratuito.

           Todas esas inquietudes empujaron a Juan a buscar y llegar a conseguir la amistad con una persona con la que poder departir sus inquietudes, para tener la posibilidad de llegar a realizarlas para bien de todos. La encontró en una amiga concejala del nuevo Ayuntamiento —El actual Ayuntamiento estaba formado por la escisión de varios limítrofes desaparecidos hoy. Con ello se había conseguido reducir gastos y ganar en efectividad en lo que se refiere a prestación de servicios al pueblo, con menos recursos—. Esta amiga le había contado, sentados en una mesa del parque de Arnao, con motivo de una merienda, que en la corporación municipal se estaba tratando por todos los medios posibles y lícitos, de cambiar las rutas de los aviones que diariamente, y desde hacía muchos años, no habían dejado de sembrar malignas contaminaciones por encima de nuestras cabezas.

           Aquella joven e ilusionada edil, empujada aquel día por el vino, como humana que era, decía que el fin no era otro más que situar como preferente en el mundo a los seres humanos por encima de baladíes intereses. Siguió relatando y confiando en la discreción de Juan. Le dijo que en los proyectos de remodelación de la villa se recomendaba que industria y naturaleza caminasen siempre de la mano ya que están condenadas a entenderse contemplando, entre otras recomendaciones, la instalación dual de fábricas; es decir, una fábrica, una depuradora... Se estaba ya impulsando el comercio de pueblo —Juan había visto con ilusión los nuevos comercios, espacios y construcciones nuevas— para la distribución de lo producido en la zona y, al mismo tiempo, no quedarnos en manos de intermediarios que en cualquier momento podían fallarnos, dejándonos colgados con las necesidades a cuestas esperando por lo que no llega. Se contemplaba recuperar los oficios desaparecidos, comprendidos en el primer y tercer sector de la economía, para poder atender las demandas de primera necesidad del pueblo, así como enlazarlas con la pretendida nueva vida: zapateros, modistas y sastres, pescadores, carpinteros, albañiles, ferreiros, jardineros, ganaderos, labradores, viajantes, panaderos...amas y amos de casa —Juan sabía que sería imposible y no aconsejable escapar de la globalización, pero sí creía que se podían mejorar muchas cosas hasta ahora no abordadas–.

           En ese ambicioso programa también se contemplaba buscar una atalaya adecuada para resucitar la antigua y desaparecida Casilla de observación que había estado situada cerca del Cotarelo. Parece ser que estaba también previsto que los vecinos aficionados al buceo extrajeran, para su exposición, los restos de barcos naufragados, pegados a la costa —localizados desde hacía años—, probablemente con parte de sus enseres conservados. Poner en funcionamiento las panaderías necesarias para suministrar al pueblo el pan necesario para su manutención... En fin, un montón de proyectos a cual más interesante.

           Al final de aquella razonada conversación, Juan, aconsejó a la joven política que como primeras medidas deberían ser rehabilitados de inmediato y puestas en funcionamiento las escuelas nacionales para, con ello, evitar concentraciones diarias de todos los niños del municipio en un solo centro. Con una escuela en cada pueblo se matarían dos pájaros de un tiro: primero se evitaría la propagación de muchos contagios masivos por benignos o temibles virus. De esa forma, los niños vivirían más tiempo en su pueblo haciendo, a la par, que esa costumbre les hiciese amar sus raíces para en un futuro fijar sus vidas al entorno donde se habían formado. A pesar de su estado eufórico la concejala parecía prestar oído fino a lo comentado por su amigo.

 

           Al día siguiente de la larga conversación con su amiga, la edil, Juan, se había levantado tarde, con el estómago revuelto y la cabeza abotargada. Esta vez el problema no había sido a causa de las medicinas que ingería. Se quedó en casa toda la mañana sentado en la cocina, junto a su madre, necesitado de su dulce conversación. Su madre se puso a trabajar una masa que sacó de la nevera. Le explicó a Juan que era una receta de Pepita da Valeria, que le había facilitado un familiar que habían encontrado en un legajo de aquella reconocida cocinera de mediados del pasado siglo XX. 

—Se trata de una receta magistral —le dijo su madre— para hacer pan sin necesidad de amasar. Con la ayuda de una cuchara de palo, mezclamos medio kilo de harina, una nuez de levadura, una cucharadita rasa de sal y agua. Después metemos la masa en un bol tapado con un paño y lo dejamos reposar 12 horas en la nevera (antes reposaba “al fresco”, pues no había nevera). Pasado ese tiempo, vaciamos la masa sobre una superficie enharinada y con unos suaves estiramientos se forma el pan. Lo dejamos reposar a temperatura ambiente una hora y lo cocemos en el horno, previamente precalentado a 230º. Horneamos 15 minutos. Después bajamos la temperatura a 200º y seguimos horneando 15/20 minutos más. El resultado es un pan crujiente y delicioso” —la harina y levadura ha de comprarse en la panadería para evitar una competencia desleal.

           ¡Qué caudal de agradables noticias y conocimientos estoy viendo y palpando desde mi regreso a la villa, mamá! —exclamó Juan en voz alta.

 

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           Juan no daba crédito a todo lo nuevo que contemplaba en su pueblo. Algunas veces dudaba si su enfermedad le estaba aplicando una mala pasada, haciéndole soñar y olvidarse de lo que antes había vivido y ahora necesitaba para hacer comparaciones. Pero por más que pensaba en ello, llegó al convencimiento de que todas las novedades observadas ahora, antes de haber enfermado él no existían: el trenecito para cubrir los fines de semana el trayecto hasta Arnao y viceversa. Los demás días prestando servicio por la villa, con fin y comienzo de trayecto en el Muelle —con la recomendación de dejar aparcados los vehículos en La Laguna—. Las zonas más abrigadas del pueblo pobladas con limoneros cuatro estaciones, naranjos y pomelos, para que el pueblo se viera colmado de la tan necesaria vitamina C, ayudando a fortalecer sus defensas — pensaba Juan—. Su mente no dejaba de trabajar y se le ocurrió que tenía que tratar de convencer a su amiga concejala, para promover la apertura de un fondo de reserva dedicado en exclusiva a financiar mini-fábricas destinadas al abastecimiento a escala suficiente y no más, de máscaras, guantes, así como toda clase de pequeño material sanitario necesario para ayudar a combatir a futuros virus con orden y eficacia no falta de higiene. El primer impulsor debía de ser el Ayuntamiento. De esta forma, al menos en ese apartado, quedaría rehabilitado nuestro talón de Aquiles, tan tocado desde la última pandemia, según era sabido por todos los habitantes.

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           Pasados unos meses desde su vuelta a la villa Juan ve que, como antaño, reina la alegría en sus calles. En Arnao, los fines de semana desde mayo a octubre, llaman la atención las familias con sus niños alborotadores, volando sus cometas, caminando en equilibrio con sus largos zancos de madera, rodando sus aros y practicando toda clase de juegos que habían sido olvidados. Jóvenes divirtiéndose, haciendo deporte, abuelos tranquilos, respirando sin respiradores. Todos felices aunque, de momento, sin intercambiar abrazos y besos —Juan no entendía como había podido ser abandonada años atrás esa práctica tan necesaria para el ser humano, que había sido sustituida por un toque chocándose los codos–. Estaba seguro que las nuevas formas no cuajarían y que más pronto que tarde volverían las de antes. El ser humano ha de tocarse piel con piel, no puede ser de otra forma para expresar sus atenciones y sentimientos hacia los demás.

           El Campo de Arnado, un trozo de paraíso situado en la parte más occidental de Asturias, en una península triangular que se extiende desde la playa de Arnao, la Punta de la Cruz y el merendero del río de Salgueiro. Nos ofrece un remanso de paz y una válvula de escape para el pueblo, después de haber sido transformadas aquellas tierras en un inmenso parque rodeado de árboles autóctonos para disfrute de todos. El merendero con sus barbacoas, mesas y bancos rehabilitados y una nueva placa solar, que le da luz, sustituyendo a la desaparecida hace años. Ya hemos sido liberados del campo de tiro, que ha sido desplazado a tres millas mar adentro, evitando así ensordecedores ruidos, además del sembrado intensivo de plomo en el mar. El nuevo predio —costeado por los deportistas aficionados—, está ahora situado en una isla flotante, gozando de medidas para evitar la contaminación acústica y plomífera. Las lanchas de pasaje, provistas de silenciosos motores de hidrógeno, conducen hasta allí a los usuarios de la nueva parcela deportiva. La desaparición del campo de tiro, añadido a la anterior clausura del campo deportivo de aviación, es la consecución de una meta anhelada por los ciudadanos desde hace muchos años.

           Juan, siente la sensación de estar inmerso en un viaje a una vida mejor que va contemplando a cada paso, aunque seguramente no feliz del todo para todos. Es todo esto una especie de maná caído del cielo para beneficio de los habitantes convencidos de vivir en las zonas rurales. No cabe duda alguna que el Covid-19 ha hecho surgir un antes y un después en la vida diaria de nuestro pueblo y de otros de la España rural.

           Con motivo de la venida de gentes procedentes de las grandes ciudades a los pueblos, se palpa en el ambiente que paulatinamente se resolverá para muchas generaciones el problema de la demografía, del llamado vaciado de los pueblos y zonas rurales. Se vienen a los pueblos cansados de la vida en las grandes urbes, convencidos y dispuestos a cambiar su modo de vida, alejándose de las aglomeraciones, hacinamientos, estrés y problemática vida diaria practicada hasta antes de la gran Pandemia. Todo un cambio para las actuales generaciones y una realidad para las venideras.

           —¡Qué ingenua es la humanidad! —dice Juan a su amiga concejala—. ¿Dónde tendrá la próxima vez su tendón de Aquiles? ¿Cómo es posible que cosas que eran baratas antes de la pandemia pasaran a costar una barbaridad?

 

                                                                      8

 

           Yo, Juan, entiendo que debo poner fin aquí a mi relato, pero antes he de dejar plasmada la recomendación de aquella sanitaria, ya entrada en años, que tuve el gusto de conocer los últimos días de mi internamiento en el hospital. Ella me dejó marcado por su bondad, por su afición a la lectura y, cómo no decirlo, por su belleza y lozanía infinita que aún conserva. Su sonrisa refuerza mi salud. Doy fe de ello, pues siempre la visito en su departamento cuando acudo a revisiones. Esa recomendación no fue otra que la de aconsejarme leer los cuatro libros escritos por alumnos del Taller de escritura de la Biblioteca: “Escrito en Figueras”, ”Figueras cuenta”, “Pudo pasar en Figueras” y “Figueras escribe”...

           Yo, después de leerlos, he de decir que es condición indispensable el hacerlo para conocer a fondo el pueblo, integrándose en él, perdiéndose por sus callejuelas descubriendo sus historias, vivencias y costumbres que, muchas de ellas, las mejores, con seguridad que serán repetidas y podéis disfrutarlas.

 

                                              Antonio Valle Suárez (20.05.2020)

Homenaje al Regimiento de Infanteria de Castropol

Homenaje al Regimiento de Infanteria de Castropol

 

Quiero rendir mi particular homenaje, con la debida antelación, al REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE LÍNEA DE CASTROPOL, con motivo del 212 aniversario de su creación por la Junta Suprema de Asturias el 17 de JUNIO de 1808.
Dicho regimiento combatió con gloria por la independencia nacional ante la invasión francesa.
Declarado Benemérito de la Patria el 25 de enero de 1811 en el ataque de Villanueva de los Castillejos (Huelva), y por segunda vez en la batalla de Albuera (Badajoz) el 16 de abril del mismo año.
Asumido con el tiempo en otras unidades hasta su total desaparición.
Se adjuntan ilustraciones de la placa conmemorativa de su primer centenario, uniformidad, hoja de servicios de un oficial y datos de su guarnición posterior en Melilla (1815).
Y la Cruz de Distinción del Ejército Asturiano, creada por R.O, de 4 de junio de 1815 para
" premiar el entusiasmo, valor y bizarría con qué se condujo el ejército asturiano en el tiempo en que circundada de enemigos aquella región, y sin auxilios del Supremo Gobierno se sostuvo durante un año a pesar de sus reducidos efectivos, con escarmiento para el enemigo al
que batió y rechazó con mucha gloria de las reales armas y honor de sus naturales."
(Ilustraciones de uniformidad del regimiento, sacadas del libro
"El Regimiento de Infantería de Línea de Castropol", autor José Luis Calvo Pérez; por si alguna persona desea profundizar algo más en su historia).
Agustiín López Campos
 

 

La sedimentación de la ría

La sedimentación de la ría

 Arriba: delimitación de los sedimentos de la ría en 1956 y en la actualidad, realizada a mano alzada sólo en base a la interpretación visual de ortofotos, por lo que se trata de una mera estimación visual. Abajo: sedimentos aluviales colonizados por cañaverales cerca de Vegadeo (fuente: Google Street View).

 

 Recientemente se han publicado en este blog dos cartas náuticas de la ría datadas en 1807 y 1812. Estas cartas han dado lugar a algún comentario sobre la sedimentación de la ría, a propósito de lo cual a continuación daré mi opinión sobre esta cuestión.

Conviene precisar antes de nada, que estas cartas de navegación no abarcan la ría en su totalidad hasta Abres. Y ni siquiera hasta Vegadeo. Sino únicamente su parte final, aproximadamente entre el pueblo de Castropol y el mar.

Generalmente se tiende a analizar el fenómeno de sedimentación de la ría atendiendo a los cambios que han experimentado los tesones de arena de mar en esta zona de la ría. Y como parece que en los dos últimos siglos no se perciben unos cambios apreciables en ellos, entonces parece concluirse que la sedimentación de la ría es muy lenta o incluso inapreciable, por lo que no supone un problema a considerar. Sin embargo, como expondré a continuación creo que este análisis es erróneo.

De forma general, la sedimentación y colmatación de las rías o estuarios es un proceso fluvial, y no marino. Ya que se produce por la acumulación de sedimentos de lodos y arcilla que aportan los ríos, y que las corrientes del mar —fundamentalmente la marea— no son capaces de retirar. De modo, que la sedimentación en las rías generalmente no se produce por la entrada y acumulación de arena marina o de playa desde el mar por la desembocadura. Y el mar no influye en este proceso aportando sedimentos marinos, sino sólo en función de su mayor o menor capacidad para retirar los sedimentos que aportan los ríos.

Esta sedimentación fluvial aluvial se produce fundamentalmente en las zonas del fondo de las rías. En estas zonas el cauce se ensancha y el caudal fluvial deja de ser el dominante frente a las corrientes de la marea. La corriente fluvial pierde ahí su velocidad y energía, y por consiguiente su capacidad de transporte, depositando en esas zonas los materiales sólidos que transportaba. A las zonas de la ría cercanas al mar no llegan apenas los sedimentos fluviales, por lo que allí no se produce su sedimentación.

Por ello, para estudiar la sedimentación en la ría y su evolución es más interesante fijarse en cómo y cuánto ha cambiado la sedimentación en las zonas de la ría situadas mucho más aguas arriba de los tesones.

Cerca de Vegadeo existe una gran barra de sedimentos fluviales, situada en la margen izquierda inmediatamente aguas abajo del terraplén del FEVE. Estos sedimentos no son arenas de playa aportadas por el mar, como los tesones, sino sedimentos arcillosos aportados por los ríos, fundamentalmente el Eo. Aunque es posible que el río Suarón (y en menor medida también el Monjardín) contribuyan de forma bastante significativa al aporte de sedimentos debido a su torrencialidad (provocada por la forma compacta de sus cuencas vertientes, que se traduce en unos tiempos de concentración muy reducidos, lo que ocasiona grandes crecidas de origen pluvial asociadas a tormentas, y que probablemente se ven aumentadas por los encauzamientos y obras de defensa que aumentan la velocidad del agua y disminuyen más aún ese tiempo de concentración), utilizando esa zona de la ría cercana a su desembocadura en Vegadeo a modo de cono de deyección torrencial en el que depositan sus caudales sólidos. Como se aprecia en la figura (y como cualquier habitante o conocedor de la zona sabe perfectamente) en esta zona, estos sedimentos fluviales constriñen la ría hasta convertirla en un canal con una morfología claramente fluvial.

Como se aprecia en la figura, parece que las barras de sedimentos aluviales han aumentado de forma considerable en los últimos 60 años en la ría, desplazándose hacia aguas abajo. Por lo que me temo que en futuro esta dinámica continuará. Así que parece que en futuro la sedimentación de la ría va a estar más determinada por el avance de estas barras de sedimentos arcillosos de origen aluvial que por los movimientos de los tesones de arena de mar o de playa.

Se pueden reseñar varios aspectos que afectan a esta sedimentación aluvial, así como algunas posibilidades y limitaciones para actuar sobre ella:

  1. Los bosques de eucalipto existentes en la cuenca vertiente del río Eo, localizados en laderas de muchísima pendiente y en los que se realiza una selvicultura intensiva con aplicación de cortas a hecho siguiendo las líneas de máxima pendiente y con la realización del arranque de las cepas cada varios turnos de corta. Probablemente estas prácticas forestales aumentan de forma importante la llegada de sedimentos a los cauces, que luego son transportados por la corriente hasta la ría. Desde la carretera nacional N-640 entre Vegadeo y Meira se pueden ver bastante bien estas prácticas forestales. Por tanto, parece necesario que se establezcan restricciones hidrológicas sobre la selvicultura y los aprovechamientos forestales en la cuenca vertiente.
  2. Me pregunto cómo, o más bien cuánto, habrán afectado las estructuras artificiales construidas en la ría en el último siglo a la capacidad de las corrientes marinas para retirar estos sedimentos aluviales. Me refiero principalmente a (1) el terraplenado de la ría y los diques y escolleras de Ribadeo, (2) a los pilares del puente de Los Santos, (3) al terraplén del FEVE sobre la ría en Vegadeo, (4) al puente de Porto en Vegadeo y (5) a los cultivos de ostras. Existe todavía bastante poco conocimiento sobre la dinámica de sedimentos en los entornos marinos y costeros como consecuencia de las corrientes, y las modelizaciones hidráulicas aún no son fiables por la gran complejidad y variabilidad de las corrientes marinas. De todas estas estructuras, la que presenta un impacto ambiental más evidente sobre la ría es sin ninguna duda el terraplenado de la ría y los diques y escolleras en Ribadeo, debido a la fuerte degradación paisajística que supone y a la ocupación directa de la ría. Sin embargo, desde el punto de vista de la sedimentación es probable que tengan un mayor efecto los pilares del puente de Los Santos (que son una obstáculo a las corrientes de las mareas justo en la sección más estrecha de la ría, reduciendo la sección efectiva de entrada y salida del agua entre la ría y el mar), el terraplén del FEVE en Vegadeo (que causa aguas abajo una zona de remanso en la que se encuentra la barra de sedimentos antes mencionada), y los cultivos de ostras (que son un obstáculo a la corriente, por lo que pueden provocar remansos locales que pueden inducir sedimentación). Respecto a los cultivos de ostras, probablemente deberían restringirse únicamente a la ensenada de La Linera y prohibirse totalmente en el brazo principal de la ría para evitar que provoquen o aumenten la sedimentación aluvial.
  3. Los sedimentos aluviales arcillosos terminan siendo colonizados por cañaverales, en los que viven aves acuáticas cuya presencia ha motivado su protección como ZEPA y ZEC (Red Natura 2000). Esta protección ambiental, que se basa exclusivamente en criterios faunísticos y que no atiende ni entiende de los procesos geomorfológicos de sedimentación y de su avance, hará con toda probabilidad imposible cualquier actuación de retirada de los sedimentos.

 

         Andrés López-Cotarelo

         Ingeniero de Montes

 

   

¡Licenciados en WhatsApp!

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4 de Mayo del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Estos días de reflexión obligada dan mucho de sí, para lo bueno y para lo malo. Oyes y te llegan por todos los medios interpretaciones de todo tipo de las que te nutres si no tienes la suficiente prudencia y una dosis de cuidado. Lo digo porque, en las llamadas redes sociales, parece que todo está permitido, las verdades entran acompañadas de inmensas mentiras en formas de vídeos, dimes y diretes. Hay bastante que hacer con revisarlas todas si pretendes ser justo. Claro que cualquier persona razonable deja pasar un elevado porcentaje y se centra en realidades, pero el sentido común, ya lo dijo Voltaire, no es el más común de los sentidos. ¿Que qué son realidades? Lo son no solo las que se palpan, sino las que se razonan con datos fidedignos y contrastables y no con aquello de “me dijo un amigo... y bla, bla, bla”. A eso ahora le llaman fakes, que equivale a las trolas de toda la vida. Siempre las hubo pero, ahora, los tiempos son más propicios a ellas. Esa práctica es un grave delito, antes y después. No es lícito. Aunque me creo que, en algunos círculos, el hacerlo, hasta puede auparte en lo que a valoraciones personales se refiere.

Diariamente tiramos por tierra a España con sus dirigentes de turno dentro. Todo en uno, según convenga. Lo hacemos, por ejemplo, diciendo que España está arruinada, que la van a rescatar, que desaparecerá del mapa y un sinfín de calificativos y calamidades más sin pararnos a pensar que estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Todos sabemos tanto ahora de economía, como antes de la Pandemia sabíamos de fútbol y hace muchos años de toros y boxeo. Además, estamos haciéndonos verdaderos maestros del WhatsApp.

Desde el año 2008 hasta nuestros días, no por capricho, sino por cifras, por números que cantan. Desde entonces, el gasto público inició su cabalgada al trote y, desde hace unos años, va desbocado aumentando la deuda pública. Se van acumulando déficits fiscales año tras año. El gasto de la seguridad social crece el doble de la media de los ingresos, y el déficit originado ya suponía en 2018 el 54% del déficit público total.

Comparemos y razonemos, como ejemplo, a los países con las familias: si una familia debe al banco todo lo que gana en un año, el porcentaje de endeudamiento sobre lo que gana al año (PIB) es del 100%, no parece que vaya muy boyante la cosa, pero mientras vayamos pagando. Pues pasen y vean, vean en cifras significativas cómo están algunos países de la CEE, entre los que se encuentra España:

País Deuda pública Total % sobre P.I.B

Bélgica 467.000 millones de euros 99%

España 1.200.000 id. 96%

Francia 2.400.000 id. 99%

Italia 2.415.000 id. 135%

Portugal 250.000 id. 120%

Grecia 331.000 id. 178%

Alemania 2.056.000 id. 60%

Hay muchos otros países más que no se pueden relacionar aquí por razones obvias de espacio, con tantos y más problemas económicos que los que tiene España. Los tiempos no son buenos para la inmensa mayoría. De los comparados aquí, podemos ver que Bélgica y Francia están en cifras de deuda y porcentaje sobre el PIB similares a las de España. Otros tres, Italia, Portugal y Grecia, están bastante más endeudados que nosotros. Alemania no es comparable, sencillamente porque es la economía más potente de la zona euro.

¿Alguien de verdad puede creerse que, con estas cifras, haya motivos para intervenirnos a nosotros solos sin antes intervenir a muchos otros países y, con ello, tumbar a la Comunidad Económica Europea?

Razonen con razones, señores que no lo hacen, quítense el manto de la cara y sean ecuánimes que, aunque somos sapiens, llevamos muchos años en eso de la educación y el respeto a los demás. Si no podemos o no queremos arrimar el hombro en estos difíciles y tristes momentos, con la que está cayendo, por lo menos no entorpezcamos la labor con calumnias que seguramente no son beneficiosas para casi nadie; además de ser un grave pecado. Debiéramos pensarlo antes de hacerlo, para no vernos despellejando a nuestra propia casa con toda la familia dentro.

Escudo de Castropol, propuesto por José Luis Calvo

Escudo de Castropol, propuesto por José Luis Calvo

El escudo histórico de Castropol y la fecha de su creación

El escudo histórico de Castropol y la fecha de su creación

 

El pasado 8 de abril se me publicó una entrada en este blog que trataba sobre el escudo de Castropol y la bandera del regimiento de infantería de Castropol que luchó en la guerra de la Independencia. Aquí el vínculo a dicho artículo:

 http://castropol.blogia.com/2020/040801-la-bandera-del-regimiento-de-infanteria-de-linea-de-castropol-que-combatio-en-la.php

 En resumen, yo exponía que según un artículo publicado por José Luis Pérez de Castro en 1985, el escudo de Castropol es anterior al s. XIX. Y que como el regimiento de Castropol se constituyó en 1808, el escudo que debió de llevar necesariamente el regimiento en su bandera era el escudo histórico de Castropol, y no el escudo con la cruz de los Ángeles de la ciudad de Oviedo. Lo que implicaría que la bandera con dicha cruz que se conserva en un museo de Barcelona no podría ser la del regimiento de Castropol.

 espués de ello se puso en contacto conmigo José Luis Calvo Pérez, autor de un libro sobre la historia del regimiento de Castropol. Y me ha aportado una gran cantidad de información sumamente interesante sobre la historia del escudo de nuestro concejo.

 El primer escudo usado por el concejo de Castropol del que tenemos conocimiento data de 1817. Y aparece en el sello de una carta que fue enviada por el ayuntamiento en dicho año a Pedro Sanjurjo, que había sido teniente en el regimiento Castropol. La carta era una invitación al solemne acto de recepción de la bandera del regimiento en el ayuntamiento. Aunque como es sabido, la bandera que se recibió en Castropol realmente no era la del regimiento de Castropol, sino la del de Málaga en el cual se integraron los soldados de Castropol cuando su regimiento fue disuelto.

 La imagen que acompaña a este texto muestra a la izquierda el sello de dicha carta de 1817, y la de la derecha una representación del mismo. Ambas imágenes proceden de José Luis Calvo Pérez. Existe además un documento del ayuntamiento datado en 1878 en el que se informa sobre los sellos que entonces eran utilizados oficialmente por el consistorio y que disponían de validez legal. El escudo que aparece en estos sellos de 1878 es totalmente coincidente con el escudo que aparece en el sello de la carta de 1817. Y al parecer, este escudo se utilizó por el ayuntamiento desde 1812.

 La torre con almenas sobre las olas del mar parece representar el castillo del Fiel en la ría del Eo. En cuanto al ave, se desconoce de qué especie se trata, si bien parece claro que no era un águila.

 Al parecer no existe ninguna constancia sobre la utilización de ningún escudo por parte del concejo de Castropol con anterioridad a 1812. O al menos nosotros lo desconocemos.

 Mi opinión personal es que con la información que conocemos actualmente no se puede asegurar categóricamente a partir de qué fecha se empezó a utilizar el escudo municipal de Castropol. Sin embargo, toda la información existente apunta a que el ayuntamiento empezó a utilizar el escudo en 1812. Y que anteriormente el concejo no disponía de ningún escudo.

 Por tanto, lo más probable es que la bandera de la guerra de la Independencia que se conserva en el Museo Municipal de Historia de la Ciudad de Barcelona sí sea la que el regimiento de infantería de línea de Castropol bendijo en Naviego, juró en Leitariegos y usó durante la guerra de la Independencia hasta su disolución e integración en el regimiento de Málaga.

 Por otra parte, el escudo que utiliza actualmente el Ayuntamiento de Castropol carece de rigor histórico, ya que no se corresponde con el escudo histórico utilizado desde 1812. Sino que presenta numerosos cambios:

  • El cambio de postura del ave, que no aparece de lado con las alas plegadas, sino de frente y con las alas abiertas.
  • Se han añadido elementos extraños. Las espigas de los lados de la torre no formaban parte del escudo, sino que estaban fuera y eran meramente ornamentales. Y sobre todo, de forma sorprendente y escandalosa, se ha añadido un cuerno de la abundancia.
  • Se ha eliminado el mar. O cuanto menos, ya no es claramente identificable.
  • El escudo presenta muchas características de un dibujo artístico, y no las de un escudo heráldico.

 

Muchos de estos errores se deben a Octavio Bellmunt y Fermín Canella, que entre 1894 y 1900 publicaron su enciclopedia «Asturias» en la que incluían un escudo de Castropol del que proceden la mayoría de estos errores históricos.

 Por último agradezco a José Luis Calvo Pérez toda esta información. Todo ello se puede consultar de manera más extensa en mi web:

 https://www.palaciodelasnogueiras.es/historia/escudos-municipales

 Aprovecho estas líneas para pedir al Ayuntamiento de Castropol que en aras del rigor corrija todos estos errores del escudo que utiliza, y que recupere el escudo histórico del concejo. En el link anterior de mi web , se incluye una propuesta de José Luis Calvo Pérez que apoyo totalmente.

 

Andrés López-Cotarelo

Castropol, hace un siglo (1920): qué pasaba, de qué se hablaba... ??? (Segundo semestre)

 En el mes de Julio, como no, eran noticia las fiestas de Santiago, los días 24 y 25. Los pasacalles con los Quirotelvos, eran muy madrugadores: a las 7 despertaban al vecindario. Bailes en el Casino para los socios y verbenas en el parque, a cargo de la banda de música y el cuarteto local. Un número importante,  eran las regatas a las cinco de la tarde y también con la música de la banda: barlotes (embarcaciones de pesca) a seis remos y botes con cuatro remeros y patrón (uno de estos, Pedro G. Arias):

 “Villa de buenos marinos, le embelesa desde siglos

el horizonte marino, la regata y regatear”

 Al terminar las regatas y de nuevo en el Casino, además de teatro, “asalto” hasta el anochecer.

 Metidos ya en el mes de Agosto, leemos un breve artículo de Pedro Penzol en el “Castropol”, al regreso estival de su “exilio” inglés y dedicado a su añorado pueblo. Copio un párrafo, donde se refleja una mirada a la vida local: “Aquí hay reposo, espacio para soñar y soñadores: literatura, músicos y pintores, cultura estética y refinamiento ¿Hemos de lamentar pues, que en pleno siglo XX, perduren tan bellas virtudes?”

Y... como estuvo de actualidad, debido a la última película de Amenábar “Mientras dure la guerra”, de paso comentar, que Penzol años más tarde, de regreso a Leeds, se acercó hasta Hendaya, para ver a Miguel de Unamuno y allí recogió su firma en uno de los libros del peculiar y polémico profesor bilbaíno, que todavía podemos ver en la Biblioteca. El encuentro quedó recogido en unas líneas que Penzol dedicó a ello, en su momento.

 Desde Avilés, se lamentan del triste olvido hacia Claudio Luanco, homenajeado junto con su hermano J. Ramón el pasado verano aquí en Castropol, como ya sabéis. Hecho ocurrido en la inauguración del teatro Palacio Valdés, del que había sido gran impulsor inicial del proyecto, al igual que lo fue en su momento, de las fiestas del Bollo.  Como sabéis,  allí desarrolló la mayor parte de su vida profesional,  como médico.

 Y de nuevo, sigo con fiestas: las de San Roque, los días 12, 15 y 16 de Agosto. Cabezudos,  teatro, verbenas en el parque y fiesta en el prado próximo a la capilla del patrón, con la música, por supuesto,  de la banda y el cuarteto los Quirotelvos.  A las diez de la mañana (una hora un tanto extraña para nosotros), había también procesión desde la iglesia hasta la capilla, misa y regreso a la villa.

 En pleno verano, son noticia los  escándalos y problemas en la llegada de los automóviles de línea, entre los mozos de equipajes y los lancheros, para ir a Ribadeo.  Se producen abusos en los precios. Los barqueros gallegos, ya eran los “Bustos” en aquella época, algunos de cuyos descendientes muchos conocimos en el mismo oficio y en el último tercio del pasado siglo, cuando también desapareció el “pasaje” en la ría.

 Finalizo el mes de Agosto, tomando nota de un artículo publicado en “Las Riberas del Eo” y que reproduce nuestro “Castropol”, donde se da cuenta de un grandioso proyecto para la ría, por donde se daría salida a los carbones de Villablino, así como al hierro y los productos de los altos hornos proyectados en la comarca del Bierzo, que llegarían utilizando el futuro tren Bierzo-Ribadeo. Se habla también, de construir 10 o 12 cargaderos para barcos como mínimo de 15.000 Tn.  ¡¡¡Casi nada!!!

 En el mes de Septiembre, surgen problemas con la construcción del FFCC Ferrol-Gijón: se pide que los 10 millones presupuestados, se inviertan ya en la obra.

 Estamos en Octubre   ¡¡Qué fatal coincidencia con lo actual!!    Se detectan varios casos de viruela en los cuatro pueblos de la ría. Un médico de Ribadeo, solicita vacunas a Madrid para distribuirlas en la zona. Esta parienta del Covid-19, también es viral, muy contagiosa, con alta letalidad y de propina, causa importantes secuelas, como la ceguera, en algunos casos.  Ante la preocupante situación, el decenal “Castropol”, publica unas instrucciones para aplicar la vacuna: se pondrían dos en cada brazo, practicando tres pequeños rasguños superficiales en la zona alta del mismo,  próxima al hombro, que se cruzaban  con otros tres, utilizando para ello una lanceta, que se esterilizaba en agua hirviendo. Por último, se untaban con la vacuna las zonas rasgadas.

Aunque la vacuna se había creado unos cien años antes, se calcula que todavía en el pasado siglo, murieron unos 300 millones de personas.  Afortunadamente, la viruela se consideró erradicada en 1980.

 También fue noticia, el nombramiento del castropolense Marcelino Menéndez, capitán de la mercante, como responsable del cargadero de mineral de Ribadeo, que estaba situado al lado del Puente de los Santos, en la zona conocida como Puerto Estrecho.

 La revista “Razón y Fe”, de Madrid, muy conocida en el mundo de la ciencia y de las letras, recoge un breve comentario del librito “Amarguras d´un viaxe” de Ramón G. González, del cual ya se dió cuenta aquí.

 Y ahora, otra noticia, que yo al menos desconocía: la apertura de una nueva línea de autos desde San Esteban de Pravia a Vegadeo, conocida como “Los Occidentales”.

 En el mes de Noviembre, el día 26 al mediodía, se registra un terremoto en Castropol. Los vecinos salen a los balcones, muy asustados por las dos sacudidas.

 Llegamos así, al último mes de este año 1920.  En el ambiente se percibe un gran malestar entre los fumadores, debido al gran escándalo que se extiende por todo el país y causado por el abuso  llevado a cabo por Tabacalera. Faltan labores de la Península y se acusa al monopolio estatal de dar preferencia a la venta de cientos de millones de cajetillas exóticas, que se  compraron en el desecho de la guerra (el primer conflicto mundial había terminado a finales de 1918). Cuando lo habitual venía siendo, era dar preferencia al tabaco nacional. Detrás de esta colosal operación, se encontraban varios espabilados que habían negociado enormes cantidades a precio muy reducido, con el necesario concurso de los responsables de Tabacalera en aquel momento, para darle salida.

    Y, termino como empecé: con el alcalde.  En este mes de Diciembre, se produce una grave avería en la pequeña presa que suministraba energía eléctrica a la villa. Y como el problema iba a durar bastantes días, a Jerónimo Méndez de la Torre, no le quedó más remedio que volver al acetileno, para que las calles no estuviesen en total penumbra, precisamente cuando las noches eran más largas. Castropol disponía de alumbrado público eléctrico, desde Abril de 1909.

  Jerónimo Méndez de la Torre fue alcalde en dos períodos: 1918/1924 y 1930/1931. Nuestro concejo tenía hace un siglo, unos 7.000 habitantes, el doble que ahora.

    Resignación, confianza y mucho aliento para todos/as !!! 

    “La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma”  (Gandhi)

 

    Pepe Llende  Abril-2020

Buque Ron y Díaz

Buque Ron y Díaz

Buque botado en los Astilleros de La Linera el 24 de enero de 1920, propiedad de  Vicente Díaz Fernández y Luciano Ron Monteavaro, según Peppe Llenderrozos en su articulo

Castropol, hace un siglo (1920): qué pasaba, de qué se hablaba... ???

Castropol, hace un siglo (1920): qué pasaba, de qué se hablaba... ???

Castropol, hace un siglo (1920):  qué pasaba,  de qué se hablaba... ???

 

(Primer  semestre)

   Si queréis dedicar unos minutos del encierro, a conocer algunos aspectos de la historia de nuestro querido pueblo,  hace ya cien años, aquí os dejo esta breve “crónica”.

 Podemos comenzar, si os parece, por saber quien era el alcalde en aquel año:  Jerónimo Méndez de la Torre (abuelo de Beatri, sin “z”).

 Y voy a seguir con las ferias de San Roque (quizás, desconocidas para muchos vecinos y vecinas). Porque el día 7 de Enero (miércoles), se pusieron en marcha en ese lugar, por iniciativa de varios tratantes de ganado de cerda.  En el mes de Diciembre, la corporación ya había acordado iniciar estas ferias, en ese día de la semana, trasladando también a ese punto el mercado semanal que se celebraba los martes en nuestra villa, en la plaza del Cruzadero.  Gran parte de las transaciones o “tratos” de este mercado, se cerraban en la casa de “Galochón”, que como supongo muchos sabéis, fue también una “casa de postas”.  Por ello también era conocida en aquel momento, como el “parador”.

    Parece que esta primera experiencia fue un éxito, debido a las ventas registradas, lo cual anima a los promotores para que en la feria, se incluyan también todo tipo de productos del campo.

 Otro asunto importante en este año, era el proyecto para subir el agua desde la fuente hasta el parque e instalar varios puntos de suministro en el pueblo. Para ello, se puso en marcha una suscripción entre el vecindario, que a 10 de Enero, llegaba a las 6.412 pts.

 El periódico decenal “Castropol”, recoge con amplitud el fallecimiento de Benito P. Galdós, que pertenecía al Partido Reformista de Melquiades Alvarez, diputado por el distrito de Castropol. Formación en la que también se integró con pasión, Vicente Loriente Acevedo. El decenal local, apoyaba sin disimulos la ideología e iniciativas de los reformistas.

    Y como estamos a poco más de un año, del inicio de una de las obras más importantes realizadas en Castropol, o la que más, por su magnitud en aquel tiempo, servicio y consecuencias prácticas: la carretera desde la Fuente al Muelle y sus dos obras complementarias, el embarcadero de la Punta y el “Escaleirón”, en la que tuvieron mucho que ver, en primer lugar  Melquiades Alvarez, hombre de gran oratoria,  diputado en Madrid y luego Presidente de las Cortes y su gran amigo y compañero Vicente Loriente, el gran patrocinador/impulsor de importantes obras locales. Creo personalmente, que al cumplirse este primer siglo de ese importante proyecto, ambos son merecedores por ello, de un reconocimiento o recuerdo público. Del Ayuntamiento,  por ejemplo.

 En el aspecto cultural, también a principios de este año, se crea la agrupación artístico-musical “Los  Aedas del Eo”, que va a participar en los próximos carnavales, que organizan varias villas asturianas y gallegas. El presidente sería Pedro G. Arias (“Xanelo”), bajo la dirección de Etelvino Méndez, músico y director en la sombra del “Castropol”, al fallecer Claudio Luanco.  El cuarteto los “Quirotelvos” (gaita, clarinete, caja y bombo), les acompañarán en esta “gira”.

 Problemas en la impresión del “Castropol”: debido a una huelga del suministrador de papel (Papelera Española), el citado periódico, reduce a la mitad (cuatro) el número de páginas.

 Por otra parte, el astillero de La Linera, seguía con sus botaduras: el 24 de Enero le toca el turno al buque “Ron y Díaz” (80 Tn.), cuyos armadores eran Vicente Díaz Fernández y Luciano Ron Monteavaro, que habían realizado el encargo a Francisco “Gondán”.

 Una noticia necrológica: fallece en Taramundi, Manuel Acebo Mastache, padre del secretario   del Ayuntamiento (en el período 1914/1939) , Laureano Acebo Otero.

 Al cabo de un mes, la feria de San Roque, parece que va consolidándose e incrementando su actividad, por ello, los segundos y últimos miércoles de cada mes, habrá también ganado vacuno. Y ya que hablamos de este barrio, la mesa de piedra con cuatro asientos,  que aún existe y en la cual más de uno/una, o ambos,  os sentásteis en alguna ocasión, por si no lo sabéis, era conocida como: “a mesa das mentiras”.  ¡Ay! ¡Si falara!

 Ya en el mes de Marzo, surge la polémica por la importación de carne congelada procedente de Argentina, que hace años se consume en otros países de Europa.  El asunto sube de tono y algunos diputados, presentan una proposición, oponiéndose a la importación, por considerarla antihigiénica.

 Recojo también, que debido a las dificultades por las que pasaba, deja de publicarse el semanario “Ribadense”.

 Antes de que termine este mes, se recibe la noticia que se esperaba desde hacía tiempo: se iba a incluir en los presupuestos, la construcción del FFCC Ferrol-Gijón, “el ferrocarril de la costa”. Las obras comenzarían en ambas ciudades. Desde este occidente, se propone que en Asturias comiencen desde San Esteban, por ser nuestra zona la peor comunicada.

 El día 1º de Abril, quedó constituido el Ayuntamiento, bajo la presidencia de Jerónimo Méndez de la Torre, que ya era alcalde desde hacía dos años. La corporación la formaban quince miembros.

 Curiosos y “sociales” honorarios. Los médicos del partido judicial, fijan sus tarifas por consulta, en función de la “nómina” de los pacientes :

- Visita en despacho, 3 pts.

- Visita a domicilio (clase menesterosa), 3,5 pts.

- Visita a domicilio (clase pudiente), 5 pts.

 El último día de Abril, el velero “Ron y Díaz”, del cual hablé con motivo de su botadura, realiza su primer viaje, desde la ría a Gijón, con una carga de pinos. El momento fue festejado con una salva de bombas reales por parte de los armadores.

Ya estamos en Mayo, y llegan las famosas ferias de Silvallana (23, 24 y 25 de Mayo), que amenizarán la banda de música y los “Quirotelvos”. La  organización destina importantes premios:

- 100 pts. al ganadero que compre el mayor número de caballos (más de 20).

-   50 pts. al ganadero que compre el mayor n.º de mulas.

-   50 pts. al ganadero que compre el mayor n.º de asnos (más de 12).

-     5 pts. al mejor puesto de avellanas.

-   10 pts. al mejor puesto de cobertores.

     10 de Junio,  el “Castropol”, anuncia que sale de su imprenta un librito que a lo mejor os suena un poco,  porque en alguna ocasión os hablaron de él. Se trata de “Amarguras d´un viaxe”, de Ramón G. González, escrito en el habla local. En él, se cuentan las “desazones y congojas” de una joven, ante el silencio de su novio.  Como curiosidad, hay que decir, que incluye una cariñosa dedicatoria al entonces joven, Vicente Loriente Cancio, al haber sido sido el autor,  su maestro. El precio de venta: 75 cts.

 Y cierro este primer semestre con las fiestas del Corpus en el parque de Alfonso XIII, amenizadas una vez más, por la banda de música local y el cuarteto los “Quirotelvos”.

 Pepe Llende    Abril de 2020 – Primer mes de clausura por el coronavirus

La bandera del regimiento de infantería de línea de Castropol que combatió en la guerra de la Independencia no es la que está en un museo de Barcelona

Autor: Andrés López-Cotarelo

Como es sabido, parece ser que la bandera que se conserva en la iglesia de Castropol no pertenece al regimiento de infantería de línea Castropol que luchó en la guerra de la Independencia. Sino que pertenece al regimiento de infantería de Málaga nº 35, en el cual se integraron los supervivientes del regimiento de Castropol al llegar a Málaga con la orden de embarcar con destino a América para luchar en las guerras de Independencia hispanoamericanas (embarque que no se produjo).

Así lo publicó José Luis Calvo Pérez en un libro titulado «El Regimiento de Infantería de Línea de Castropol» en 1996 (Ministerio de Defensa. Madrid.  ISBN: 84-7823-500-0). Las fotografías que se muestran en el libro de la bandera que hay en la iglesia de Castropol no dejan lugar a dudas, pues los cuatro escudos situados en la punta de las aspas de la cruz de Borgoña corresponden sin ninguna duda al escudo de la ciudad de Málaga con la alcazaba de origen musulmán.

En su libro, Calvo Pérez expone también que existe otra bandera en el Museo Municipal de Historia de la Ciudad de Barcelona que en su opinión sí pudo haber pertenecido al regimiento de Castropol. Según las fotografías de esta otra bandera que se muestran en el libro, la bandera tiene en las cuatro puntas de la cruz de Borgoña cuatro escudos con la cruz de los Ángeles pero sin los dos ángeles que la caracterizan. Lo cual hace suponer al autor que esta bandera perteneció al regimiento de Castropol, ya que en su opinión si hubiera pertenecido a un regimiento de Oviedo sí tendría los ángeles. El autor incluye una explicación de cómo habría llegado esa bandera del regimiento de Castropol al museo de Barcelona.

Existe también una página web de autor desconocido (http://www.arhca.es/v1/BANDERAS%20RI_CASTROPOL.htm) en la cual se apoya la hipótesis de que la bandera que está en el museo de Barcelona efectivamente perteneció al regimiento de Castropol. Y se expone otra teoría diferente de cómo habría llegado hasta allí.

Sin embargo, como explicaré a continuación, creo que la bandera del mueso de Barcelona no perteneció al regimiento de Castropol. Y que por tanto, la información anterior es sólo una mera suposición errónea.

Resulta que José Luis Pérez de Castro publicó un artículo en 1985 en el boletín del Instituto de Estudios Asturianos sobre el escudo de Castropol («El escudo y la bandera concejiles de Castropol (según notas y observaciones de García Teijeiro)». Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, ISBN 0020-384, Año nº 39, Nº 114, 1985, págs. 103-126).

En dicho artículo, Pérez de Castro expone algunos datos ciertamente interesantes no sólo sobre la historia del escudo de Castropol, sino en general de todos los escudos de los concejos de Asturias. Según el artículo, hasta el s. XIX los concejos asturianos se encontraban en diferentes situaciones en cuanto a sus escudos municipales:

  • Sólo Avilés y Villaviciosa disponían de escudos históricos de origen y significado conocido. El de Avilés fue concedido por Fernando III el Santo tras la conquista de Sevilla. Y Villaviciosa usa desde 1517 las armas de la Casa de Borgoña por gracia del emperador Carlos V, en recuerdo de su desembarco en dicha jurisdicción.
  • Cangas de Tineo, Caso, Castropol, Gijón, Piloña, Pravia, Tineo y Valdés también tienen escudos históricos anteriores al s. XIX, aunque se desconoce su origen y su significado.
  • Gozón, Carreño, Colunga, Llanes y Siero obtuvieron a mitad del s. XIX el uso de ciertas piezas para timbrar sus comunicaciones oficiales por haberlo solicitado al Gobierno Civil (Gozón en 1845, Carreño en 1866 y Colunga en 1879).
  • Ciriaco Miguel Vigil en su obra «Asturias Monumental» publicada en 1887 afirma que el resto de los concejos asturianos carecían de escudo. Por lo que sugiere que Cangas de Onís, Llanera y Navia usen los blasones honoríficos de que disponían por méritos propios. Y para el resto de los concejos propone que compusiesen un escudo con las armas particulares de las principales familias y solares de cada concejo.

De modo que Castropol es uno de los escasos concejos de Asturias que tiene un escudo histórico anterior al s. XIX, aunque su origen y su significado no sean conocidos.

En 1894 Octavio Bellmunt y Fermín Canella inician la edición de su enciclopedia «Asturias», y al enfrentarse a la carencia de escudos en la mayoría de los concejos deciden seguir la pauta dada por Miguel Vigil. Dividen o cuartean los escudos reservando un campo para los escudos de la provincia de Asturias y/o la diócesis de Oviedo según los casos, y en el resto de los cuarteles ponen los escudos de las familias más distinguidas del concejo.

La mayor parte de los municipios de Asturias han tomado sus escudos de esta obra de Bellmunt y Canella. Y José Luis Pérez de Castro considera que en algunos casos, como el de Luarca, estos escudos eran poco rigurosos.

De modo que el actual escudo de Castropol es anterior al s. XIX. Y por tanto, anterior al regimiento de infantería de línea de Castropol que combatió en el guerra de la Independencia. Así que la bandera del regimiento de Castropol debió de llevar el actual escudo municipal y no la cruz de los Ángeles.

En su libro José Luis Calvo Pérez expone que en 1808 no sólo el concejo de Castropol formó un regimiento de infantería, sino que otros 19 concejos asturianos hicieron lo propio conforme a un dictamen presentado el 2 de junio de 1808 ante la Junta General del Principado de Asturias. De modo, que es más probable que la bandera que está en el museo de Barcelona haya pertenecido a alguno de esos otros 19 regimientos. Probablemente al de algún concejo que a diferencia del de Castropol no tuviera en aquel momento escudo municipal.

En las siguientes páginas webs, lo expongo más detalladamente:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/historia/regimientocastropol

https://www.palaciodelasnogueiras.es/escudos

 

La Nueva España » Cartas de los lectores » La listeza del Sapiens

La listeza del Sapiens

1 de Abril del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Todos los jóvenes y la mayoría de los menos jóvenes que no nos hemos querido quedar atrás con eso de las nuevas tecnologías rendimos diaria pleitesía al móvil. Ese aparatito que nació grande como un ladrillo, en el que tenemos media vida allí metida: grupos con la familia, con los amigos, con los excompañeros de trabajo, con los de las aficiones y deportes, con los contactos de nuestros teléfonos en la base de datos, con la mar de gente... Nada más despertar, para muchos es el segundo en importancia en nuestras vidas, después de los lentes, claro. Lo ponemos en marcha y empezamos a ver noticias, periódicos, wasaps, e-mails, e infinidad de páginas y rincones más a los que dedicamos no menos del 20 por ciento de media de nuestro tiempo. Mi mujer y yo, en la misma cama, casi siempre al despertar nos saludamos a través de él; no por nada, es que no hay tiempo que perder, a nada que uno se descuida se nos marcha volando como el cuervo.

No sé el porcentaje de falsedades que pasan diariamente por la pantalla del móvil que comparte con nosotros su corta vida controlada por nuestras manos. Dicen que más de un 80 por ciento son “fakes” que se comparten, que vienen y que van, que insultan desprestigiando y despellejando con saña a personas con responsabilidad que, hoy con seguridad, hacen todo lo que está y no está en su mano tratando de encontrar la solución a los grandes problemas que nos afectan, ocasionados por esta pandemia que tenemos encima todos los ciudadanos del mundo y que, además de estar diezmándonos, amenaza con masacrarnos.

Creo que no es de cuerdos ni de justos el pedir cuentas ahora, y menos hacer juicios de valor sumarísimos que a nada bueno pueden conducir, sobre todo cuando los manejamos, muchas veces, legos en temas tan delicados. Aunque bien es verdad que ahora dominamos a fondo la política, en tiempos de bonanzas la abandonamos para dar paso al fútbol dando a entender, la mayoría de las veces, que sabemos bastante más que el propio entrenador de tal o cual equipo, al que poco que se descuide podemos llegar a tachar de incompetente o, si me apuran, considerarlo un auténtico pollino en la materia por no alinear o cambiar a tal o cual jugador.

Aunque, como buenos ciudadanos que todos somos, demócratas o no, debemos ser conocedores de nuestra Constitución de 1978 (si no la recordamos, desgraciadamente tiempo tenemos ahora de repasarla a fondo). En su apartado: Título IV. “Del Gobierno y de la Administración”, en su artículo 99, nos dice bien claro cómo se forma el Gobierno de la nación y que, una vez formado, deberíamos respetarlo y dejarle hacer. Y cuando escampe la tormenta que tenemos encima tiempo habrá para protestas, reclamaciones o hasta mociones de censura si las podemos llevar a cabo. Entre tanto, ahora, arrimemos el hombro o, por lo menos, no metamos palos a una rueda que tanto trabajo le cuesta seguir rodando.

  © Editorial Prensa Asturiana

CARTA DE NUESTRO NIETO, DESDE OVIEDO

 Desde mi pueblo en el Occidente, os transcribo la carta que he recibido hoy, de mi nieto Mauro.

Queridos Abus: Estoy aquí en mi piso haciendo los deberes que me mandó vía internet Lorena, mi maestra. Mamá está cocinando. Papá está trabajando en la mesa del comedor. Todos los días desde que hacemos las tareas jugamos los tres juntos y nos divertimos mucho, aunque los tres días que llevamos encerrados en casa me están durando más que un mes yendo al cole. Mamá me dice que no me queje, que tenemos mucha suerte de tener una ventana y desde ella, aunque no nos dé el sol, poder ver el parque donde siempre jugábamos a la salida de la escuela. Pero me entristece no poder salir a jugar. Mi padre me dice que escuche a los pajaritos cantar en los árboles de enfrente, que repare en ellos viendo lo contentos que están: cantando al tiempo que hacen sus nidos. Es verdad, queridos abus, parecen muy felices y me gusta cómo viven aunque, observándolos, antes me he fijado en que unos cuántos se peleaban entre ellos... la verdad no sé el porqué, no lo entiendo, parecen tan felices. Ayer por la tarde, cuando más daba el sol en el parque, le pedí primero a Mamá y después a Papá que me llevaran hasta allí a dar una vuelta, nada más que una pequeña vuelta, que me estaba entristeciendo estos días sin poder salir a la calle. Me dieron un montón de razones para no hacerlo, algunas me parecieron que se contradecían. Pero como me acordé que siempre me decís que sea obediente y no proteste más, solo traté de razonar con ellos. Abu, empecé a escribiros esta carta pero tuve que parar de repente porque vino mamá a ver como hacía los deberes. Disimulé al verla, hice lo mismo que hacemos tú y yo cuando le cogemos en la alhacena el chocolate de almendra a la abuela, mientras ella está entretenida haciendo sus cosas y las de los demás. Qué bien, volveremos hacerlo cuando vuelva a veros al pueblo, ¿verdad?, lo volveremos a pasar muy bien. Abus, os quiero mucho. Pues como os decía antes, razoné con ellos. Les dije que me bajaran al garaje con la bici para andar un poco por entre los coches que están también todos encerrados, que allí nadie nos vería. No hubo manera, terminaron diciéndome que tenemos que guardar la cuarentena. Estoy harto de esa palabra, ya sé que no se puede ser malo pero no la puedo oír. Abus, sigo pensando en cómo salir de esta cárcel para respirar el aire limpio que tenemos afuera y de paso, con la gorra puesta, como siempre me mandáis, aprovechar el sol que hace. Sabéis que nunca me había fijado en todas estas maravillas que podemos disfrutar sin que les cueste nada a mis padres, ¡Ay cuánto las noto de menos ahora! Tengo en la cabeza lo que les voy a decir a mis padres para que me dejen salir al parque, pero antes necesito que me mandes, Abu, una de las dos correas que tenéis en el garaje para pasear a Duna ya que, como vosotros tenéis huerta y no os hace falta salir, para nada las queréis. Solo me basta que me mandes una por ese furgón por el que nos enviáis las patatas. Es que una vez la tenga estoy seguro que convenceré a mis padres para que me dejen salir. Les diré: Mamá, Papá, ya me podéis sacar al parque sin problema, ahora no tenéis disculpas que valgan, me ponéis la correa de Duna al cuello y ya está. Os prometo que iré y volveré andando a cuatro patas, como hacemos el abuelo y yo por el prado de la huerta, igual que todos esos perritos que vemos todo el día desde la ventana, ahora por el parque y por la calle, conducidos por sus amos que se ven muy felices. No quiero ser un perro, no. Solo quiero que me tratéis como tal mientras tengamos que estar aquí.

Después de saltarnos las lágrimas a la abuela y a mí ahora os pido ayuda, amigos: ¿qué hacemos, le enviamos la correa?

Antonio Valle Suárez.

 

¿Acaso es el hambre en el mundo un tema baladí?

10 de Marzo del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

¡Lo primero, lávate las manos! ¿Quién no ha oído esta frase en multitud de ocasiones antes de disponerse a comer? Basta que no lo hagas una vez para que el temible virus (veneno, en latín, descubierto por Dimitre Ivanovski allá por 1892) se cuele en tus entrañas. Artículos y escritos relacionados con la higiene nos explican las vías de entrada por donde se nos cuelan estos bichitos, que ni se ven siquiera con la ayuda del microscopio. Nos dicen que están en los pasamanos, en los carritos de la compra, en los picaportes, en los mostradores, en los transportes públicos, en la comida y la bebida, en todos lados. Llegan a nosotros transportados por nuestras manos, por el aire, por vías fecales. Un doctor amigo siempre me dice que los virus acabarán con la humanidad.

En nuestro diario paseo de ayer, como casi siempre, nuestro pesado amigo jubilado, Bras, nos hizo pensar revolviéndonos las tripas y, lo que es peor, la conciencia. Nos dijo: "Nos dan a entender que el coronavirus camina con paso letal. Parece que no hay forma de detenerlo. Diariamente los medios, sobre todo las televisiones, no paran de atemorizarnos a todas horas con esa noticia. Mi jubilada cabeza está a punto de estallar a causa de tanto oír hablar de él y de sus efectos. Tanto machaqueo amenaza con destruirme, adelantándose a los virus. Pienso que cada uno de nosotros puede poner nuestro granito de arena para echar freno al coronavirus. Por ejemplo, marchándonos inmediatamente de aquellos lugares públicos de restauración alimentaria (bares, restaurantes, comercios) si vemos, como a veces ocurre, a personal del negocio entrar a los servicios para hacer sus necesidades, las que sean, y luego salir tan pancho sin lavarse las manos. O qué hacer cuando alguno de nosotros, aquejado de gripe, catarro o cualquier otra enfermedad contagiosa, acudimos a un lugar público, incluso al centro de salud, sin las protecciones adecuadas. Desde que comenzó todo este sinvivir del coronavirus no veo a nadie por la calle ni por ningún lugar público o privado con tales protecciones colocadas en la cara y, sin embargo, en las tiendas y farmacias, incluso online, se han agotado a precio normal mascarillas y geles desinfectantes. Tal es la fiebre de las mascarillas contra el coronavirus que llegan al lujo, siendo creados modernos diseños por firmas para ser lanzadas usándolas sus modelos en la pasarela, al tiempo que las celebrities en las redes sociales. Al haberse agotado el stock en las tiendas, ahora solo se pueden adquirir a vendedores de escasa reputación que las ofertan por internet a precios de oro. Las consecuencias ya están llegando a herir las economías locales, europeas y mundiales. Nos dicen que está previsto que las cifras que miden la macroeconomía bajen en varias décimas, lo que representará millones de euros. Por otra parte, tanto hablar de los peligros de contagio del coronavirus posiblemente dará lugar a que desaparezcan los gestos para relacionarse los humanos con sus semejantes. Me refiero a la práctica de los saludos de mano, de besos en la cara y palmaditas en la espalda que, de seguir en aumento el terror que se nos está inculcando, probablemente solo nos quedaremos al uso con una rápida mirada hacia el vecino, amigo o familiar, a más de un metro de distancia, y que significará buenos días, sin más -Bras toma un respiro y prosigue-. Pero lo que más indignante me parece es que las cifras oficiales de casi 3.000 fallecidos, hasta ahora, a causa del coronavirus no son comparables con los 1.250.000 humanos muertos al año en accidentes de tráfico en el mundo (solo en España en 2019 fallecieron 1.100 personas). O sea, que fallece una persona en accidente de tráfico en el mundo cada 25 segundos y no nos asustamos, supongo porque no nos lo están recordando a cada momento, no sea que baje la venta de vehículos. Y mucho menos comparables son las bajas por el coronavirus con las 24.000 personas (de ellas 8.500 niños) que mueren diariamente a causa del hambre en el mundo; es decir, la friolera de 8.760.000 seres humanos al año (de ellos, 3.102.500 son niños). ¿Por qué no nos airean estas cifras diariamente en los medios para concienciarnos de que todos podemos hacer algo más de lo que hacemos para evitar tantas muertes de seres humanos inocentes? ¡No lo entiendo! ¿O es que no son seres humanos exactamente igual que los afectados por el coronavirus?".

Ayer, después del paseo, llegué a casa muy disgustado pensando en toda la arenga que nos soltó Bras. No he podido pegar ojo en toda la noche pensando en ello y, según me he podido enterar, lo mismo les pasó al resto de los compañeros de paseo.

Fernando Villaamil y su informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero

Fernando Villaamil y su informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero

Autor: Andrés López-Cotarelo

Entre las escasísimas cosas que nos han llegado de la herencia que mi tío Jesús López-Cotarelo Villaamil (1933-2015) nos dejó a mi hermanos y a mí se encuentra este curioso informe de Fernando Villaamil:

 El 9 de marzo de 1895 el crucero protegido Reina Regente, al mando del capitán de navío Francisco Sanz de Andino, zarpó del puerto de Cádiz con destino al de Tánger, llevando a bordo una embajada marroquí. El mismo día al anochecer llegó a la rada de Tánger, donde fondeó bastante lejos del muelle.

Por la mañana del día 10 se desembarcó la citada embajada. Reinaba desde primeras horas de la mañana viento del suroeste, que aumentaba de fuerza por momentos, recalando mar del  oeste.  A las 10 de la mañana, cerrado ya el puerto a causa del mal tiempo y estado de la mar, el Reina Regente levó anclas y, después de doblar el muelle viejo, se dirigió a la mar poniendo proa hacia el noroeste. O sea, rumbo para ir a Cádiz.

A unas tres millas de la costa el buque se paró. Parte de los tripulantes se dirigieron a la toldilla, descolgando por la parte de la aleta de babor algo parecido a un buzo. A la media hora de estar así el buque, se volvió a poner en movimiento navegando hacia el norte. Estas obervaciones fueron realizadas con un anteojo por el primer dragomán de la legación francesa en Tánger desde su casa situada en Marshan.

Fue visto por última vez desde Tánger a las 10:45 de la mañana. A las 2 de la tarde, tras una fuerte bajada del barómetro por la mañana, se dejó sentir en Tánger un viento huracanado y un muy mal estado de la mar.

 El Reina Regente fue visto por los vapores Matheus y Mayfield. Este último lo vio por última vez a las 12 del medio día aproximadamente a 12 millas del cabo Espartel (en Marruecos, al oeste de Tánger,) en una posición más o menos intermedia entre este cabo y el de Trafalgar (al sur de la ciudad de Cádiz, entre Barbate y Conil de la Frontera en la provincia de Cádiz). Esta posición corresponde, más o menos, con el extremo oeste del estrecho de Gibraltar. El capitán del Mayfield (que se dirigía hacia el estrecho de Gibraltar con destino a Génova) declaró no haber notado avería en el Reina Regente, si bien se balaneceaba mucho.

Sobre las tres de la tarde, varios campesinos de Bolonia (provincia de Cádiz) afirmaron haber visto un buque atravesado a la mar y luchando con el temporal. Supusieron que se trataría del Reina Regente. La zona en que calcularon que debió hundirse —que resultó ser de mucho fondo— fue explorada sin resultado alguno por la Armada.

Otras noticias de Bolonia afirmaron haber oído cañonazos durante la noche del 10 al 11 de marzo, si bien estas informaciones nunca pudieron ser confirmadas.

Entre el 13 de marzo y el 24 de junio de 1895 se encontraron objetos pertencientes al Reina Regente en playas de la provincia de Cádiz, de Málaga (Estepona), la isla de Alborán y África (Alhucemas y Sidi Ferruch, este último a 25 km al oeste de Argel).

El Ministro de Marina, José María Beránger, ordenó mediante Real Orden de 29 de marzo de 1895 al capitán de fragata Fernando Villaamil y al ingeniero naval jefe José Castellote la redacción de un «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».

El informe fue leído el 5 de febrero de 1896 en junta extraordinaria de generales formada por el citado ministro y los vicealmirantes Ramón Topete, Carlos Valcárcel, Eduardo Butler e Ignacio García de Tudela, los contraalmirantes Fernando Martínez y Segismundo Bermejo, el inspector de ingenieros Casimiro de Bona y los capitanes de navío Patricio Montojo y Antonio Terry. Todos ellos dieron su conformidad con el informe.

El informe valora diferentes posibilidades: colisión con otro buque, choque o varada con alguno de los escollos o bajos cerca de la costa, falta de estabilidad para navegar en condiciones tormentosas y una serie de averías que le hicieran perder sus condiciones marineras. De todas ellas considera como más probable que el súbito temporal sorprendiera a la dotación del buque, y que no les diera tiempo a cerrar las escotillas, gateras y rejillas ni las puertas estancas. Al navegar a una elevada velocidad, el buque pudo embarcar una gran cantidad de agua por su proa y el costado de babor (pues otros capitanes anteriores del buque ya habían notado cierta inestabilidad al navegar con mala mar a gran velocidad); inundándose las cubiertas y los compartimentos de proa. Una vez que la sala de máquinas se inundara (con el consiguiente pánico y desorden entre los marineros y tripulantes que se encontraran en ella) —o bien tras una avería de las máquinas o el timón, lo que explicaría la parada que realizó a la salida de Tánger descolgando un buzo—, el buque habría quedado sin gobierno.

El informe considera verosímil que el Reina Regente fuese el buque que algunos habitantes de Bolonia vieron naufragar cerca de aquella costa.

 Fuente: «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"», Fernando Villaamil y José Castellote.

 

Parece que lo lógico y natural hubiera sido que la elaboración del informe se hubiera encargado a un marino cuya graduación fuera como mínimo la de capitán de navío por dos motivos:

  • En la armada española el mando de los cruceros acorazados y los cruceros protegidos (que eran los buques mayor tamaño y potencia de fuego con que contaban todas las armadas de la época) correspondía, excepto en circunstancias extraordinarias, a un capitán de navío. Y no a un capitán de fragata, rango inmediatamente inferior a capitán de navío. Parece que lo normal hubiera sido haber encargado el informe a un marino que estuviera profesionalmente cualificado y habilitado para el mando del barco que era objeto de estudio en el informe.
  • Aunque el informe no tenía por objeto la determinación de responsabilidades, sí analizaba las decisiones que tomó o pudo haber tomado el capitán de navío que, en el ejercicio de sus competencias y su categoría profesional, estaba al mando del buque. En principio no parece razonable encomendar esa tarea a un militar de menor graduación.

Tanto la elaboración del informe como la elección de Fernando Villaamil, que en aquel momento era capitán de fragata, fueron decisiones personales del ministro de marina que no obedecían ni daban cumplimiento a ningún mandato legal ni reglamentario. No consideramos casual, gratuita ni desinformada la elección de Fernando Villaamil, sino una muestra del gran prestigio profesional que ya tenía en la Armada.

El informe elaborado por Villaamil y Castellote se considera de una altísima calidad técnica.

 

Extraído de:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/fernandovillaamil

 

Bibliografía

Fernando Villaamil y José Castellote. 1896. «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».

Sufridas madres y quejicas padres

Sufridas madres y quejicas padres

9 de Diciembre del 2019 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

 

Me quejo a menudo de los dolores que llevamos arrastrando muchos de los de mi edad. Asoman de vez en cuando por doquier desde hace años. Recuerdo haber visto muchas veces a mi abuela en peores condiciones que las mías ahora. A ella, que por aquel entonces tenía una edad similar a la mía hoy, le dolía la espalda, el cuello, los brazos y no sé cuántas cosas más y, a pesar de ello, daba la impresión de que solo le hacía ilusión el trabajar diariamente en el campo, por eso yo un día le pregunté: “Abuela, ¿por qué te quejas tan poco si casi no puedes caminar y encima no paras ni un momento de trabajar?”. Y la buena mujer me contestó a bote pronto: “Escucha, nenín, la niñez y la juventud entienden poco de dolores y enfermedades. Los desprecian. A todo más los ven allá a lo lejos caminando cogidos amigablemente de la mano, y si no se percatan de ellos en cabeza propia los contemplan de refilón, pues no les corresponden para, al rato, cambiar de escenario ignorándolos... ¡ojos que no ven! Les aterran las enfermedades y la muerte. Pero pasados los años se van familiarizando con ambas y, aunque sin querer, las relaciones se van haciendo más estrechas hasta que, tarde o temprano, nos llevan a todos con ellos”. Nunca más menté el tema con mi abuela.

Dicen que el tiempo nos trae la razón o por lo menos nos hace ver la realidad de la vida. Y de la mano de él yo he descubierto y entendido que la tristeza en mi abuela no era provocada por los dolores de su reúma, sino que lo era por otros motivos más graves amontonados a lo largo de su vida. Hace un tiempo, al conocer aquellos motivos, se me pasaron como por arte de magia por lo menos la mitad de los que yo tenía.

A finales de los años setenta del pasado siglo cuando nacieron mis hijos los padres de entonces, además de no estar preparados para ello, no éramos invitados a participar en el parto con los sentimientos en directo, sino que habíamos de aguardar en la sala de espera hasta que la madre alumbrase. Y encima, en casos como el mío, que tengo el valor de reconocerlo sin valorar las consecuencias, no me enteré de nada pues ambas veces llegué tarde al alumbramiento motivado a que tenía que trabajar para el banco que me pagaba, que era más importante...

Hoy el destino, gracias a Dios, me hizo contemplar con dolor por primera vez en mi vida los dolores del parto en la piel de una hija que desde que le comenzaron, veinticuatro horas antes, su marido abandonó el trabajo con riesgo de perderlo, para dedicarse a su mujer y a su hijo antes de salir pitando para parir al hospital. Antes de irse al paritorio vi cómo le controlaba a su esposa las contracciones exteriorizadas en forma de dolorosos cólicos que le venían a intervalos de ocho minutos, con una duración de unos cuarenta segundos. Estoy seguro que sus alaridos de dolor que rompían el alma quedarán gravados en mi mente para siempre. Mi hijo me dijo más tarde: “Es que no has escuchado los emitidos en el momento del parto”. Me quedé callado con aquellas palabras.

Si sumamos solo los dolores del parto más los producidos por las sangrías mensuales a lo largo de toda su vida procreativa a las madres y los tenemos en cuenta espejándonos en ellos, quizá cuando nos vengan a nosotros, los homo sapiens macho, los dolores reumáticos e incluso otros mayores seguro que nos dará la risa al tiempo que los ignoramos.

No sé lo que ustedes opinan, pero yo, después de lo razonado, estimo que, si tuviésemos que parir los hombres, España haría años que estaría totalmente despoblada. Por tanto, a partir de ahora, yo haré todo lo posible para no ser un quejica y dejar pasar de largo a mis pequeños dolores conocidos.

Breves notas sobre el Gremio de Mareantes de Castropol

Breves  notas sobre el Gremio de Mareantes de Castropol

   El pasado mes de Diciembre, quedó colocada en la fachada de la Casilla esta placa de cerámica, una vez confirmado que la construcción de dicho inmueble fue una iniciativa del Gremio de Mareantes de Castropol en el año 1875 y en el cual desarrollaron parte de sus actividades, hasta su disolución a principios del pasado siglo.

    Se utilizó una postal, que nos pareció muy apropiada,  de la colección de Enrique Murias Jonte, fotógrafo local y que también fue director de la banda de música castropolense. En ella, pueden verse  en esa especie de rampa, hasta cuatro cañones colocados en posición vertical, que servían como punto de amarre a las pequeñas embarcaciones que realizaban el pasaje y otras faenas en la ría.  Se da la casualidad, que esos cañones, también en este año 1875, fueron retirados de una playa de Figueras,  por iniciativa del Ayuntamiento y trasladados al muelle local debido a “que se estaban arruinando por completo, para su mejor conservación y a disposición de la autoridad competente”.  Estos cañones, casi con toda seguridad, pertenecieron a la fragata “El Galgo de Andalucía” o “HMS Greyhound” (rebautizada, ya que había sido capturada a los ingleses en 1718), y que en el transcurso de un breve combate naval contra tres barcos ingleses, fue incendiada debajo de San Román en Septiembre de 1719. Como podemos comprobar, falta un cañón de los cuatro que aparecen en la postal, ya que los tres restantes, fueron trasladados a la zona del Penedón hace años, desde otra ubicación anterior.

    Asi que, con la Casilla, ya conocemos una pieza más, junto con el barómetro de mercurio, de la “herencia”  del Gremio de Mareantes de Castropol. Pero nos falta saber algo más de esa “herencia”: la capilla de San Roque, que según referencias, se levantó también gracias a la gente de mar. Sabemos que en el año 1648, quedó constituida la Cofradía de San Roque, por iniciativa de un grupo de diecisiete pescadores, que figuraban en la escritura correspondiente y que andando el tiempo la Cofradía pasó a ser:  Gremio de Mareantes.

    Parece que la capilla, en una primera fase,  puede ser de esa época. Después, ya en el año 1877, se llevó a cabo la ampliación de la misma, añadiendo probablemente el espacio de la fachada principal situado entre la verja y el cierre de madera torneada, tan característico de esta capilla. Pudo ser así, porque si nos fijamos, en el interior hay una puerta lateral tapiada, situada después del cierre de los barrotes de madera.  Estas obras, las realizó José Monteavaro de Riaño.

    Este peculiar diseño en la fachada de la capilla, abierta y expuesta a los vientos y temporales del sur, parece que no abunda mucho, al menos en Asturias.  Tenemos en Lastres la capilla de San José, con una fachada principal, muy similar en el arco que forman los barrotes torneados, dándose también la  coincidencia,  de que al igual que la de San Roque,  fue asimismo costeada por los marineros locales, años antes que la de aquí.

    El Gremio de Mareantes de Castropol, al igual que el de Figueras, tuvo su relevancia en la vida local. Los socios, aportaban una parte de los beneficios de la pesca o de sus ingresos y con esas cuotas, se ayudaban entre si: enfermedades, situaciones de viudedad, entierros, desgracias materiales o personales, necesidades puntuales, … Además en Castropol, se encargaban también de las fiestas de San Roque.

   El Gremio de Figueras, en algún momento de su historia, dispuso de una gran solvencia económica,  según dejó escrito Miguel García Teijeiro. Por ello, en el año 1776, compran la Villa y el Coto de Figueras a los últimos dueños del mismo: los Pardo Donlebún. Dispusieron para la operación, nada menos que de 680.000 maravedíes, que equivalían a 20.000 reales. Todo ello, después de un largo y dificultoso proceso, vivo ejemplo de perseverancia y sacrificios, hasta conseguir la completa emancipación, dando fin a los abusos y excesos de los Pardo Donlebún. Quedando así como dueños: civil, política y administrativamente durante unos cincuenta años. Hasta que, por Real Orden de 18 de Diciembre de 1826, se suprimen todos los “ayuntamientos particulares”, que se incorporan al concejo más próximo (Castropol en este caso), perdiendo de esta forma su independencia desde ese momento.

Una prueba más de la trascendencia de ambos Gremios, la encontramos en un pleno del Ayuntamiento de Castropol, celebrado en el año 1918, con las sociedades ya disueltas, donde un concejal propone “que se localicen y depositen en el Ayuntamiento los estatutos y libros de actas”, de los citados colectivos.  Dicho concejal, deja caer también,  alguna pista sobre su paradero.

    Para finalizar, sería de agradecer, que si alguna persona dispone de algún documento que en su momento perteneció al Gremio, lo pusiese a disposición de los/las que tenemos interés en estos asuntos de la historia local, permitiendo la realización de una copia, que quedaría depositada en la Biblioteca,  para poder ser consultada.

 

    Pepe Llende – Enero 2020

 

 

El alma de "Duna"

26 de Diciembre del 2019 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Estos días de intenso invierno no son muy agradables para el diario paseo, al menos para los jubilados, ya que al menor descuido, con la sola oposición de nuestra edad, nos puede abordar la gripe o, por lo menos, un fuerte catarro. Ayer al cotidiano paseo faltaron varios compañeros que se quedaron en casa abrigándose de las inclemencias. Solo fuimos cuatro de los ocho que habitualmente vamos. No faltó Bras, nuestro pesado amigo, también jubilado. Desde que iniciamos la senda no se calló ni un momento hasta que regresamos. Nos contó -nervioso- que este año ya había enviado la carta a los Reyes Magos de Oriente. Dijo que no la había mandado para pedirles ninguna cosa, sino más bien para "recomendarles" con toda la humildad del mundo un consejo a seguir a la hora de aprobar las cartas que le envían los humanos solicitándoles mascotas. Nos la leyó y, después, nos dio una copia a cada uno. Os la traslado íntegra:

"Queridos Reyes Magos de Oriente: Os diré que ’Duna’ es -la que me dejasteis en casa hace trece años de la mano de Pepe-, a grandes rasgos, una especie de tres en uno. Siempre tiene a flor de piel asomando la bondad, la inteligencia y la fidelidad personificada que manifiesta todo el año, no solo en Navidad. Goza de un montón de cualidades más que un humano desearía para su persona. Es divertida. Tiene una vitalidad contagiosa. Es muy sociable. Sabemos que es capaz de conducir con seguridad a un invidente hasta el autobús que le corresponde y que reconoce por el ruido del motor. Es amiga fiel de los niños, a los que desde su primer contacto cubre de atenciones, de cuidados, al tiempo que los protege. Los observa, se deja tocar por ellos. Incluso no protesta cuando algún enano de escasas buenas intenciones se sobrepasa en confianzas molestándola en exceso. Si se ve acosada, se limita a apartarse del acosador. Nunca entra en polémica con nadie, ni siquiera con los de su especie. Con los mayores... ¿qué deciros?, es nuestra guarda jurada. Nuestra perrita ’Duna’ no tiene precio. No hay oro en el mundo para pagar sus acciones. Nunca os agradeceremos bastante el habérnosla traído en aquel 2006. Hace las cosas a cambio de nada material. Solo aspira al cariño y al amor que ella derrocha. Lástima que sus años, que, al cambio comparados con los de un humano, rondan ya los 90, la van acobardando. A pesar de la alegría que desprenden sus ojos me da mucha pena al mirarla. Tiene unas cosas de película. Ayer de madrugada, sin ir más lejos, se hartó de llamar la atención con unos descarados ladridos, que excepcionalmente manifiesta. No paró hasta despertarnos a todos. Pasamos un rato observando los motivos de aquel su comportamiento y, una vez descubiertos, me acerqué hasta ella. Me recibió nerviosa moviendo su fuerte cola, como pocas veces hace, pero alegre y zalamera como siempre. La acaricié, al tiempo que la premiaba con las galletas que tanto le gustan, pues es muy llambiona. No las quiso hasta que me condujo a la portada que había abierto el viento de la noche sin nuestro consentimiento. Con ella de testigo fiel, mirándome, cerré las dos hojas de la puerta. Luego comió sus galletas y juntos caminamos en silencio de vuelta a casa, para marcharnos cada uno a sus aposentos... yo ligero, ella cojeando. Los de ella más humildes, peores que los nuestros... ¿Por qué? -me pregunté con cargos de conciencia-. ¿Acaso no los merece por lo menos iguales a los nuestros, queridos Reyes? ¡Qué injusto es el mundo!

Un Papa dijo un día que los animales tienen alma. No lo dudo pero, de verdad os digo, queridos Reyes, en un hipotético caso de que carecieses de ella la querríamos exactamente igual. Incluso aunque no tuviese papeles, que los tiene. Es difícil de comprender cómo un llamado irracional como ella puede ser tan buena y desinteresada con la especie humana cuando esta, muchas veces, no respeta ni la vida de muchos niños, mujeres y mayores. Si el cielo existe, os puedo asegurar, ’Duna’ irá de cabeza a él. Le abrirán la puerta de par en par, sin excusa ni pretexto alguno.

No quiero enrollaros más con mi sensibilidad hacia los animales, queridos Reyes. Sé de vuestras ocupaciones, pero para terminar os suplico de corazón que reviséis bien todas las cartas donde los humanos os pidan mascotas. Hacedlo a conciencia antes de complacer sus peticiones. No las pongáis en manos que no ofrezcan suficientes garantías de cuidados. Dejarles claro que si no las tratan como a ellos mismos, que si las abandonan en la calle, serán severamente castigados. Por favor, decídselo con cara muy seria. Decirles que vosotros os encargaréis de que les llegue el merecido castigo si osan dejar por la calle abandonado a algún cachorro de la raza que sea, labrador o no, pululando, muerto de frío, atemorizado, falto de cariño, pidiendo clemencia.

Yo este año no quiero nada para mí, queridos Reyes Magos. Ya os prometí el año pasado que no pediría nada material nunca más para mí solo. Solo os ruego que nos dejéis a ’Duna’ unos años más, y con ella salud y paz a repartir entre todos. Os doy las gracias anticipadas y os mando un abrazo, queridos Reyes Magos".

 

Cartas de los lectores en  La Nueva España