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De Puerto Rico a Asturias

Publicado: 29/09/2016 17:36 por castropol en Colaboraciones

By Carlos Frontera on septiembre 28, 2016 Nómadas y Nativos, Rutas y Guías

Asturias, una damisela enamorada al ritmo de la gaita

Si hace cuatro días alguien me hubiese dicho que dentro de unas horas estaría abordando un vuelo que me llevaría de vuelta, después de 16 años, a uno de los rincones que más emociones evocan dentro de mí, donde la poesía se vuelve paisaje y el paisaje se vuelve la melodía que entona la gracia de recuerdos, amores y desamores, sueños y desvelos; jamás lo hubiese creído.

 AsturiasAbordamos, el equipaje de mano ya en su sitio, se cerraron las puertas y esperando a que el avión de Iberia comience a moverse en la pista de San Juan de Puerto Rico, los pensamientos chocan en una despavorida huida al recuerdo de aquel primer viaje ya hace casi cuarenta años. Fue cuando mis abuelos estuvieron dispuestos a llevar a este niño de ocho años a conocer su casa en Asturias y a donde luego volvería muchos veranos. Las imágenes y los buenos recuerdos son tantos. Muchas son las emociones, la ultima vez que salí de Castropol lo hice pensando que volvería al año siguiente y luego se volvió el siguiente y el siguiente, hasta que pasaron los años uno detrás de otro sin poder vislumbrar un regreso… ya hace más de 16 años.

Las siete horas y media de vuelo se fueron entre recuerdos, llegamos sin contratiempo, me acerqué al área de coches de alquiler donde me entregaron un compacto del año, mi corazón quería estallar, mi cuerpo cansado del viaje pero mis ansias de llegar a Asturias podían más, decidí no pasar la noche en Madrid y me encaminé por la A-6 en dirección A Coruña, pensé que si me dominaba el cansancio podría quedarme en el camino, llegar a Tordecillas o quien sabe si hasta Benavente.

coche 1965

coche 1965

Este mismo recorrido lo hice con mis abuelos en un Chevelle del 65 que habían llevado desde Puerto Rico. En aquel entonces salimos de los Jerónimos para conducir trece horas de camino atravesando el Puerto de Pajares. Ahora muy diferente recorrer los paisajes de Castilla con sus pinos piñoneros, ya no es necesario atravesar cada pueblo con sus semáforos advirtiendo que hay que reducir la velocidad, ni hay que esperar que el pastor con sus ovejas atraviese la carretera, ni se ven las abuelas con el luto acérrimo vestidas de negro, sentadas en el quicio de la puerta.

Todo eran recuerdos que esbozaban sonrisas tras sonrisas cuando llegue a Tordecillas, me detuve a tomar el primer cortado en España y si este me supo a gloria, mayor fue la alegría al ver que sacaban una bandeja de pepitos de ternera, un manjar para aquellos que llevamos décadas sin saborear la simpleza de un gusto tan cotidiano. ¿Detener el viaje? ¡ni pensarlo! recobradas las fuerzas para continuar con grandes expectativas y entusiasmo hacia la Asturias, verde de montes y negra de minerales, como bien se canta.

Llegue a Benavente y en lugar de desviarme para tomar la ruta de la plata, preferí continuar en dirección a Lugo, pasar el Pedrafita tomar el desvío a Meira y encaminarme en dirección a Vegadeo. Comencé a sentir el frío de estas tierras y a ver la rivera del río Eo, la carretera le bordea dejando ver la belleza de la vegetación, sus aguas cristalinas, los cotos de pesca y de caza. Mientras más cerca me encontraba mayores eran las emociones agolpadas en mi pecho.

Llegó el momento de entrar definitivamente en Asturias, pasar el puente sobre el río y ver la antigua aduana de Asturias a la derecha, donde hace años escuché a mi abuela decir “terra nosa” y así mismo ella también escucho a su padre en el mismo lugar cuando volvieron después de la guerra. Hoy no venia ninguno de ellos que lo repitiese pero mis oídos no cesaban de escucharlo y mi corazón de repetirlo.

Dejando a Vegadeo atrás ya sólo restaban minutos para ver la Villa de Castropol. Llegue a San Roque y entré por la avenida franqueada por arboles que forman un túnel mágico de cuentos de hadas y encantos, de inmediato me desvíe para pasar frente el Palacio de Valledor, continuando por detrás de Villa Rosita, hasta que ya con lagrimas en los ojos tenia de frente la casa de la abuela. Ella no estaba, ya no se asomaba en la galería a lanzar migajas de pan a los pajarillos, pero muy bien que la podía ver asomada.

Castropol, Asturias

Castropol, Asturias

Asturias es una damisela enamorada al ritmo de la gaita, una tierra que encierra la magia cautivadora del paraíso encantado que cautiva el corazón del que logra ver su desnuda belleza, esa que se esconde en ocasiones tras la niebla que solo deja ver con recelos su silueta dibujada sobre el lienzo del cielo o de la mar y en otras ocasiones se descubre ante el sol brillante para dejarse galantear por los suspiros de quien la ve en su mayor esplendor.

Aquella noche volví a dormir como un niño y a despertar como aquella primera vez, la niebla que subía de la ría entrando por la ventana creando un ambiente perfecto para transportar a cualquiera en el tiempo, las gaviotas cantando posadas en los tejados de pizarra, lo único que en esta ocasión no se escuchaba la voz de la pescantina gritando “hay pescau vivu” o de la señora que traía las piñas de pino para la estufa de leña. Las cosas han cambiado en la practica de hacer la vida. Pero sin duda Castropol continua galante y señorial recostado sobre la ría enamorando a quien entra por sus calles donde se abre el corazón de su gente para abrazar al caminante de paso o que vuelve, al veraneante que repite, o los que nos sentimos parte desde la distancia, aunque nos medien siete mil kilómetros.

Ahora he vuelto a contar nuevamente los días para volver.

OPINAR NO ES PECADO

Publicado: 01/01/2016 21:05 por castropol en Colaboraciones
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Nota previa: Ya casi en la playa de la otra orilla, hacía la que he remado con ilusión y esperanza, al ver la hermosa foto del puente que, al parecer,  une a ribereños que nunca estuvimos separados, sino casados unos con otras y otras con unos e, incluso a “solterones” y quién sabe, si algún anfibio o epiceno, me animo a “colgar” aquí  unas notas de opinión que me habían pedido sobre “ocurrencias” de obras, excesivas y escasamente rentables, en nuestra Ría del Eo. Subrayo lo de analfabeto sobre industrias papeleras y aluminosas, pero algo he oído a expertos económicos “de buena tinta”. 

 

OPINAR NO ES PECADO.

 

El mal llamado "Puente de Ribadeo" es un disparate ecológico, económico, político, estratégico, e, incluso, urbanístico-paisajístico. Subrayo lo económico y político. Lo de acercar a las dos entrañables, hermosas y ricas regiones astur-galaicas es un falaz argumento de especuladores de un desarrollo cortoplacistas que quisieron, quieren, llenar la bolsa por el sistema "aquí te pillo aquí te mato".

 

Por razones económicas una empresa capitalista redactó un proyecto de peaje sobre la estrecha abra de la Ría del Eo. Los expertos economistas pronto vieron que no era rentable y abandonaron el negocio. Otros políticos, sin dejar de ser economistas, aprovecharon la "res derrelicta, nullíus" y venga cemento y plataformas.

Así se contribuyó al actual desastre. El puente de acercamiento de las riberas eoarias fue estudiado durante generaciones. Se han estudiado, desechado y realizado proyectos, ninguno tan nefasto, en los diversos aspectos y consecuencias, como el Puente de los Santos. San Miguel y San Román están bien conjuntos y acompasados en otra humana dimensión, distinta de la geografía.

 

Yo, como analfabeto y frecuente usuario de las intercomunicaciones astur-galaicas, opino -opinar no es pecado- que el Camino Primitivo de Santiago en sus varias versiones es el más barato y cómodo en el noroeste de España. Oviedo, Orense, Pontevedra, Lugo y La Coruña, estarían más cerca por las rutas: Vegadeo-Meira-Lugo,  Narcea-Tineo, e, incluso, por las zonas de Leitariegos,  Babia, Sil… Lo que pasa es que cada uno queremos aparcar a la puerta de casa o negocio y, por eso presionamos, como mínimo, a alcaldes o ministros. La pólvora es del rey. Tú y yo seguimos “paganos”.

Luis de Olina.

Diagnóstico y receta para 2012.

Publicado: 13/01/2012 11:20 por castropol en Colaboraciones

Auguran los cronicones

Para el año MMXII

Unos rigores atroces

De tres pares de billones,

Pues los excesos de antaño

Toca pagarlos ahora

Y los lujos de otrora

Se enjugarán este año;

Y si no, en el futuro,

Y por supuestos desmanes,

Franceses y alemanes

Quieren ya darnos por duro

Lo que ayer, por seguro,

Era un euro flamante,

Y nos mudan el semblante,

Y nos joden, y las flores

Nos marchitan. ¡Señores:

Más bien creo que nos chafan

Ocultando que estafan!

¡No les dejaremos!¡Oh!

No lo conseguirán! ¡No!

¿Reaccionaremos?¡Sí!

Yo ya mi palabra di.

 

Mi receta: vaticino

Que seguirá habiendo vino

Y de Toro a la Rioja

Y de Jumilla al Narcea

Todos los días se moja

El gaznate … ¡y lo que sea!

Y de ánimos preñados,

Iniciaremos enero,

Habrá luego desestero

Y se nos pasará el enfado;

Irán pasando los días,

Y en medio del otoño:

¡Coño!¡Coño!¡Coño!¡Coño!

¡Qué ha vuelto la alegría!

 

Amén.                                

 

Un  "castropoladicto"

Publicado: 21/10/2011 11:23 por castropol en Colaboraciones
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A Claudio Fernández de Luanco.

Publicado: 20/05/2011 19:37 por castropol en Colaboraciones

  Reproducimos a continuación un poema de Marcos del Torniello, publicado en un periódico avilesino a finales del siglo XIX o prinicipios del XX, dedicado a Claudio Fernández de Luanco.

 

TENGO DE SUBIRA AL ALTO

A CHAR A DON CLAUDIO UN VIVA

TENGO DECIR   ¡¡VIVA LUANCO!!

DIGA EL MUNDO LO QUE DIGA

TENGO DECIR   ¡¡ VIVA LUANCO!!

Y TAMBIEN   ¡¡ VIVA EL GALENO!!

TENGO DECIR  ¡¡ VIVA EL BOLLO!!

Y  ¡¡ VIVA EL TEATRO NUEVO!!

 

SI SE FAY EL TEATRO

NES NUEVES CALLES

YE QUE AMESTÓ DON CLAUDIO

LES VOLUNTADES ¡¡ AY DOCTOR!!

QUE BUEN VIENTO TE TRAXO

DE CASTROPOL

 

                                                                     Marcos del Torniello

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ESCUDOS DE LA PORTADA DEL PALACIO DE LA MARQUESA

Por Javier García Herrero

Sobre la portada de la casa conocida como Palacio de la Marquesa o de Loriente, reedificada a mediados del siglo XVIII, lucían tres espléndidas piedras armeras, que en campos ovalados recogían los linajes de sus propietarios. Estos escudos coincidían exactamente en su contenido con los que se encuentran en la Capilla de la Marquesa de la Iglesia parroquial de Castropol, por lo que se puede suponer que ambos conjuntos son de la misma época, mediados del XVIII.

A finales del Siglo XIX, en 1896, Vicente Loriente Acevedo, que había emigrado a Cuba con 12 años, de donde regresó como acaudalado comerciante, compra el palacio, al deshacerse el X Marqués de Santa Cruz de esta propiedad, al parecer por una deuda de juego.

Hombre de honor, Loriente considera que no le corresponde lucir en su casa unas armas que no son suyas y manda retirar los escudos de la portada, que son depositados en alguna dependencia de los bajos del Palacio, quedando allí olvidados. Allí fue tomada, con gran oportunidad, la foto que ilustra este comentario, ya que es el único documento, que conozcamos, que da fe de la existencia de dichas piedras. El autor probable de la foto fue Paco Marinero.

Décadas más tarde, cuando la familia Loriente, ya fallecido el patriarca, recuerda los escudos, descubre que estos han desaparecido del lugar donde estaban depositados. Caben dos hipótesis sobre la desaparición: la que nos parece más probable es la del robo y que hoy los escudos estén luciendo en la casa de alguien cuyo sentido del honor sea justo el contrario que el de Loriente. La segunda posibilidad sería que en alguna obra hecha en el palacio, el albañil, ignorante del valor de  las piedras, las utilizase como material de construcción o de relleno.

De cualquiera de las maneras, una grave pérdida para el patrimonio castropolense, ya que sin duda los escudos darían un gran realce a la casona, que aún sin ellos es uno de los edificios más destacados de la comarca.

 

Respecto a los escudos, comparando los desaparecidos con los de la Iglesia, vemos que salvo en la forma, ovalados unos, en la forma común de escudo los segundos, coinciden exactamente. Hay que hacer la salvedad de que los del palacio están cambiados de orden, probablemente al depositarlos, estando intercambiados el central con el derecho.

 

Heráldica de  los escudos, siguiendo la disposición de los de la Iglesia:

 

 

 

Izquierdo:

1º cuartel: LANTOIRA

2º: DONLEBÚN

3º: MONTENEGRO

4º: OSORIO

5º: NAVIA

6º: LANZÓS

 

 

Central:

1º: LANTOIRA

2º: BERMÚDEZ

3º: MONTENEGRO

4º: MIRANDA

5º: NAVIA

6º: AVILÉS

7º: VALDEPARES

 

Derecho:

1º: NAVIA

2º: LANTOIRA

3º: ARANGO

4º: MONTENEGRO

5º: AVILÉS

 

 

 

    Vemos en este video, cuya edición ha dedicado Alvaro Benito a la memoria de nuestro queridisimo Arturo de Primote,  varias imagenes del mismo.  Lamentablemente nos dejaría al año siguiente, tras un trágico accidente de  circulación.

Video del "I Encuentro de Gaitas"

Publicado: 25/09/2010 08:42 por castropol en Colaboraciones

Nuevamente Alvaro Benito nos envía un video, en esta ocasión del "I Encuentro de Gaitas" celebrado en Castropol, el pasado día 20 de agosto.

 

 

 

 


Corpus 2010

Publicado: 24/08/2010 11:34 por castropol en Colaboraciones

   Alvaro Benito, como todos los años ha realizado un maqgnífico trabajo de edición de fotos y  video de las Alfombras de Corpus, que nos ha hecho llegar de inmediato, y que publicamos aquí para gozo y admiraión de todos.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

A partir de este momento,  (25 de enero de 2009), debido a ciertos abusos, no se permitirán  comentarios anónimos, procediendose a su borrado de inmediato.

Alfombras florales.

Publicado: 28/06/2010 17:44 por castropol en Colaboraciones

  Nuevamente Alvaro Benito, nos envia un video sobre las alfombras florales de Castropol, en el hace un recorrido a lo largo de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Como podemos observar los primeros años (hasta 1986) hay grandes saltos debido a la falta de imagenes. A partír de aquí hay imagenes de prácticamente todos los años.

 

 

 

 

 

 

Alvaro Benito, nos deleita con otro de sus magnificos videos.

 

 

Castropol. Ven a visitarlo.

Publicado: 10/12/2009 22:40 por castropol en Colaboraciones

Castropol: Escenas para recordar.

Publicado: 24/11/2009 16:18 por castropol en Colaboraciones

Nuevamente Alvaro Benito, nos sorprende con un video, con momentos inolvidables  para todos los castropolenses.

 

La Faya

Publicado: 16/09/2009 17:19 por castropol en Colaboraciones
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La Faya, foto publicada en La Comarca, 25/12/93, ilustrando un artículo de Miguel Angel Serrano

Castropol 1956

Publicado: 27/08/2009 16:29 por castropol en Colaboraciones
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   Quiero desde aquí mostra mi agradecimiento a Carlos Frontera  Suau que paso la pelicula a video y lo subió a YouTube, y a su hermano Roberto que se molestó en que nos lo hicera llegar. En Castropol 1956, podemos ver desde Tito Suau a lomos de un borriquillo,  Carlos Conde en el balcón de su casa, Pepe de Burela con el Pendón, Pedro Villares con la cruz y Nano con un cirial o Emilio de Carmiña llevando el palio, hasta Ramón Canel, Segis Pérez,  Fermín García o Adolfo Rodriguez en la procesión, pasando por Feli Rodriguez y Margarita Suau, seguidas de Marta de Pericón, en la misma procesión. Seguramente, los lectores me ayudareis a identificar a mucha mas gente que yo no he podido. Destacar también los montones de piedra, destinados a la  pavimentación de la calle del Campo.

 

Gracias de nuevo a Alvaro Benito, por su segunda parte de "Paseando por Castropol"

 

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Paseando por Castropol en YouTube

Publicado: 03/06/2009 09:33 por castropol en Colaboraciones

   Una vez que he visto el magnífico video de Alvaro Benito en YouTube, no puedo por menos que poner un enlace al mismo, para que todos lo veais. Se que Alvaro no se enfadará, pues es un asiduo seguidor y colaborador del blog. Aprovecho para darle la enhorabuena por tan magnífico trabajo. Gracias y sigue sorprendiendonos con  cosas similares.

 


Tras quince días desde la publicación de mi primer comentario sobre el plano de la Ría del Eo, dibujado en 1605 por Bartolomé Muñoz, debo añadir algún otro comentario, aceptar alguna crítica recibida y puntualizar alguna cosa. Vayamos por partes.

En el texto remitido hace quince días se ha deslizado algún error mecanográfico y de concordancia que la benevolencia de los lectores sabrá disculpar. El más importante, a mi modo de ver, es escribir As aceñas, cuando debería ser As Aceñas.

Por las aportaciones de Antonio Murias, Miguel Vila y Phil Gueirolo, podemos llegar a la conclusión de que el nombre de Leste aplicado al viento del este era lo correcto en aquella época y que, aún hoy, es una palabra usada en ciertas zonas de España, al menos entre gente de mar. Además, nos dice Phil Gueirolo que esa denominación se mantiene viva entre la gente de mar de la zona, que utiliza también, para referirse al este, dicha palabra. Así pues, habremos de convenir que D. Bartolomé Muñoz la escribió correctamente.

Sobre el aspecto del mapa debo añadir la observación de que las dimensiones del dibujo están bastante proporcionadas; es decir, que comparando el plano comentado con cualquier carta náutica moderna, se puede observar que no existe una distorsión exagerada de la imagen que ofrece el contorno de la costa. Es más, si se compara este plano con otros más modernos, aunque también cargados de quinquenios –por ejemplo, el que aparece en “El Atlas del Rey Planeta”-, llega uno a la conclusión de que D. Bartolomé Muñoz sabía bien lo que se traía entre manos.

Y sobre la escala del mapa, añadir que un pié castellano equivalía a 28 centímetros –el pié inglés, a 30,5 centímetros; ya se sabe, los británicos tienen fama de más altos-, lo que nos lleva a que un paso castellano equivale a 70 centímetros. Y mil pasos, a 700 metros.

Una cuestión que debo matizar es lo relativo al sistema de transporte utilizado para bajar la madera a los astilleros. Yo afirmé que tal sistema era el de “trenes” de troncos flotando por el río. Siendo rigurosos, de la leyenda del plano no se puede deducir tal cosa. Ahí me permití una pequeña pirueta en el razonamiento y llegué más allá de lo que el estricto sentido de la leyenda del plano permite.

El plano lo que dice es “Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros”. Ello ratifica sin discusión que la vía de comunicación utilizada –al menos la preponderante- era la corriente de agua del padre Eo y su continuación como estuario. Pero no permite afirmar en rigor que el medio concreto fuese que los propios troncos flotasen en el agua. La verdad es que también podían haberse bajado “por el río de Abres”, pero no flotando, sino a bordo de lanchas o barcazas.

Eso es cierto, pero a favor de que no era así, sino en forma de “trenes”, puede manifestarse lo siguiente: (i) tales barcazas sólo podrían navegar desde la Ría de Abres (atención al nombre, a los efectos del debate sobre denominaciones), y contando con un tiempo limitado, por la existencia de las mareas, para efectuar la maniobra de cargarlas; (ii) esa limitación en la penetración de la marea reduciría mucho la eficacia del sistema (la mayor parte del valle del Eo quedaría lejos del punto de carga); (iii) utilizar las barcazas exigiría una maniobra adicional de movimiento de los troncos, es decir, cargarlos en la barcaza y descargarlos en Figueras o Ribadeo al propio astillero o en algún lugar de almacenaje en espera de su embarque para la exportación, mientras que el sistema de “trenes” elimina la primera de las maniobras y permite el aprovechamiento del cauce del río desde mucho más arriba y, por lo tanto, con más caída de los aprovechamientos forestales; y (iv) está constatado el uso de la técnica de “trenes” de troncos en varios lugares de Asturias, y también del resto de España. Por lo tanto, aún aceptando que no existe una prueba irrefutable a favor de los “trenes” de troncos flotando por el río, yo me inclino, sin reparo alguno, por dar como segura la utilización de esa técnica.

Otra cuestión a matizar es que yo afirmo que Colón, en su primer viaje, pretendía el descubrimiento de Cipángo, cosa totalmente incierta. El Cipángo ya estaba descubierto y gozaba de muy buena fama de atractivo mercado y fuente de riquezas. Lo que Colón buscaba era un camino hacia Cipángo por el oeste; y fracasó estrepitosamente en eso, pues se encontró con un nuevo continente que casi llegaba de polo a polo. Además, se equivocó en el cálculo del tamaño de la Tierra. Y probablemente tardó tiempo en darse cuenta de la cuestión.

Acierta Antonio Murias al denominar portulano a lo que yo denominé plano. Y añado ahora que, según el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, en el siglo XIII (cuatro siglos antes que nuestro mapa) aparecen los primeros portulanos, y que había dos focos de producción de los mismos, en Mallorca y en Génova.

Afirma también Antonio Murias que le llama la atención la ausencia de cualquier referencia a la existencia de tesones. Es cierto. Gráficamente no aparece ninguno, aunque una completa trascripción de la larga leyenda que no conseguí descifrar nos podría deparar alguna sorpresa. No obstante, caben también dos explicaciones: (i) que los tesones no eran tan exagerados con lo son hoy; y (ii) que a las embarcaciones para quienes iba destinado el mapa (de propulsión a vela y de cierto porte) jamás se les ocurriría penetrar en la ría más allá de Porcillán, que, incluso hoy, está libre de tesones. No conozco ninguna referencia que permitiese establecer cual podía ser la situación de calados en el interior de la ría en el siglo XVII, pero de lo que sí tenemos evidencias directas -por haberlo vivido- y por fotografías antiguas es que los tesones han crecido considerablemente en el último siglo. Analizar sus causas y soluciones sería otro debate diferente.

Víctor de Primote sugiere que la estructura de los caseríos de las tres poblaciones le parece interesante. Como bien dice, las dificultades al ampliar la imagen son importante, pero, sinceramente, yo he vuelto a mirar los caseríos respectivos y creo que no responde a la intención del dibujante la de reproducir el entramado de calles de entonces. Quizás el caso más evidente es la calle recta que, en Ribadeo, asciende desde Porcillán hasta Las Cuatro Calles. Esa calle debe ser de las más antiguas de Ribadeo, y no se le hubiese escapado a D. Bartolomé.

Por lo tanto, opino que no creo que estuviese en la intención del dibujante reflejar la estructura de calles de las poblaciones, sino tan sólo poner de manifiesto la existencia de una aglomeración urbana y la importancia relativa de ellas –aquí lo de los edificios amurallados con torres-. Como bien afirma Antonio Murias, los portulanos y cartas náuticas, incluso las más modernas, desprecian todo lo que sea interior, excepto para señalar algún accidente geográfico o punto de referencia que los navegantes pudiesen utilizar para situarse desde el mar.

También comenta Víctor la muy probable inexistencia de infraestructuras portuarias, en lo que coincido. Pero, como ya dije, sí creo que los astilleros existentes debían de contar, como mínimo, con una rampa para varado y botadura de embarcaciones. Por supuesto muy elemental, pero que debía respetar, al menos, tres cosas: (i) la existencia de un plano inclinado con pendiente uniforme, o casi, (ii) que la superficie de ese plano inclinado estuviese compactada y firme, para permitir que hombres y animales pudiesen ayudar a la maniobra; y (iii) que permitiese la colocación permanente o transitoria de rieles de troncos para desplazar a las embarcaciones.

Miguel Vila nos comenta que la carabela Santa María, la capitana de Colón, fue llamada anteriormente La Gallega, aunque sus tripulantes la denominaban Marigalante, y que su lugar de construcción fue Galicia, cosas todas ellas en las que coincido.

En cuanto a la denominación Castripol, que tantos ríos de tinta aportó al debate, yo sólo puedo decir que la única vez en mi vida –hasta ahora- que oí semejante expresión lo fue a un compañero de trabajo de hace muchos años, que es del occidente astur, y dicha en plan de chiste o “coña marinera”, y discúlpese la mala educación.

Luis López-Cotarelo Villaamil

Marzo de 2008

Plano de la Ría del año 1605

Publicado: 27/02/2008 16:54 por castropol en Colaboraciones
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EL MÁS ANTIGUO PLANO DE LA RÍA

Lo primero que debo hacer es matizar una afirmación tan tajante como la que se desprende del título. La verdad es que el título de esta nota histórica debería de haberse completado añadiendo “mientras no se demuestre lo contrario”, pues estoy convencido de que han existido mapas más antiguos de nuestra ría, aunque sabe Dios en donde estarán o que habrá sido de ellos. No conviene olvidarse de que Porcillán es una palabra de raíz latina, derivada de Portus Julianus. Y tampoco de que los vikingos y otros muchos navegantes pasaron por el Cantábrico y debieron fijarse y memorizar un estuario tan útil para la navegación como la ría del Eo.

Pero nunca me han gustado los títulos largos; ni en el cine y el teatro, ni en libros y escritos, ni mucho menos en la prensa.

¿Cómo encontré este plano? En el otoño de 1998, y formando parte de la programación de actividades por las que el Reino de España conmemoraba el cuarto centenario de la muerte de Felipe II (en El Escorial, en 1598) y el quinto del nacimiento de su padre Carlos I (en Gante, en 1500), se realizó una exposición bajo el título “Los ingenios y las máquinas. Ingeniería y obras públicas en la época de Felipe II”. La exposición se ubicó en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, edificación construida por dicho arquitecto para uso como viveros del botánico y hace años reconvertido en sala de exposiciones.

En tal exposición –por lo demás muy interesante-, al menos que yo recuerde, no estaba expuesto el plano de la ría que comento. Pero de la exposición se vendía un voluminoso catálogo que, al leerlo con calma en mi casa, me encontré en su página 152 con la reproducción de un plano que, sin necesidad de acudir a la correspondiente leyenda explicativa, identifiqué como de la ría, aunque en la fecha de su confección tal denominación estoy convencido que no se usaba. Por supuesto, aparecía la referencia del archivo en donde se encontraba, el de Simancas, el autor del mismo, Bartolomé Muñoz, y el año en que se dibujó, el de 1605. La Carta Puebla de Castropol, a la que se le concede el Fuero de Benavente, es de 1299; Castropol llevaba poco más de tres siglos de existencia jurídica.

El formato del plano es decididamente alargado, probablemente condicionado por lo que se quería dibujar, pues en el mismo catálogo se reproducen otros, que considero de la misma mano –página 155, Villa de Vigo y su puerto- con un formato casi cuadrado. Por otro lado, el plano de nuestra ría es a un solo color, negro, sobre fondo que quizás fue blanco –ahora lo vemos con tonos sepia, pero seguramente es producto del tiempo y en origen fue blanco, aunque el blanco que ahora se consigue en la fabricación de papel era un lujo imposible en aquella época-. La falta de color no sería de mayor trascendencia sino fuese porque en el catálogo se reproducen otros planos de la misma época hermosamente coloreados; quizás la diferencia la imponía el destinatario previsible del plano.

Como digo, el plano es de 1605 y estoy convencido de que la razón de su confección fue estrictamente militar, en un doble sentido; como inventario de los posibles puertos en los que una armada o parte de ella pudiese refugiarse de los temporales y del enemigo; y como relación de las atarazanas, astilleros y sus fuentes de materias primas.

En 1588 Felipe II envió a Inglaterra la Armada Invencible, con el resultado ya conocido, y, contra lo que mantiene la “leyenda urbana” –no envié mis barcos a luchar contra los elementos-, lo que afirmó al conocer la noticia fue que construiría otra flota más potente, costara lo que costara. En todo caso, nos encontramos en la época del mayor esplendor y poderío del Imperio español, en el que la navegación comercial y de guerra eran decisivas; y no sólo por la presencia y aspiraciones francesas e inglesas, sino porque el Imperio se encontraba distribuido por todo el globo y las comunicaciones por vía marítima, con todas sus dificultades, era la más eficaz y, frecuentemente, la única posible.

Bartolomé Muñoz, obviamente, debía ser geógrafo, pero, o tenía también conocimientos náuticos, o debió de contar con el asesoramiento de navegantes o gente de mar, pues la descripción que se adivina de la forma de entrar en la ría y donde y como fondear, así lo sugieren.

El plano, como ya he dicho, es de formato alargado y está dibujado con el septentrión hacia abajo, lo que en aquella época era lo habitual. Por lo demás, los puntos cardinales, señalados por una hermosa rosa de los vientos dibujada encima de “la Cortada” están perfectamente orientados. Una particularidad curiosa; los nombres de los cuatro puntos cardinales están correctamente escritos, excepto el este, al que se le escribe “Leste”. ¿Se trata de un simple error?

El plano lleva por título “Plano y descripción del puerto de Rivadeo”, se encuentra en el Archivo de Simancas –del que existe un sello-, y tiene dos referencias de localización en el mismo, situadas a ambos lados del pié del plano: M. P. y D. – XLII – 68 y –entre corchetes- G A – Leg. 652 - . Su escala figura también al pié del plano, con una explicación que, salvo una palabra inicial que no he podido esclarecer, dice “…. de mil pasos de a dos pies y medio cada paso”.

Por otra parte, el plano no abarca la totalidad de la ría. Por la costa gallega, se dibuja desde la boca –por cierto, sin la Isla Pancha- hasta lo que puede ser el comienzo de la Villavieja. Y por la asturiana y dejando aparte la ensenada de La Linera –incompleta y dibujada sólo hasta antes de As aceñas y desde Salías (sin que su Peñón aparezca)-, hasta algo más al sur del cementerio de Castropol. El resto de la ría no le ofreció interés al autor del plano, probablemente por su nula utilidad para los fines pretendidos: información de interés militar y náutico. Y ese interés es lo que también explica la leyenda que consta en el mapa en su esquina superior derecha, que dice: “Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros”, lo que confirma algo ya sabido: la importancia como fuente de suministros de madera apta para la construcción de barcos –castaño y, sobre todo, roble- de los bosques del occidente de Asturias, aunque no en exclusiva, pues referencias similares se conocen de otras zonas de Asturias, de Galicia y del resto del norte de España; y el sistema de transporte, mediante “trenes” de troncos flotando por el río, técnica aplicada en otras zonas de España (río Tajo, ríos del Pirineo, río Nalón y seguramente otros) y del resto del mundo (todavía se utiliza en volúmenes considerables en los ríos de Canadá y Estados Unidos). Pero, que yo sepa, es el único testimonio conocido de que tal técnica de transporte se utilizó en el río Eo.

Otra cuestión que conviene recordar es que ese transporte de madera para construcción naval no iba destinada, en exclusiva, al consumo de los astilleros sitos en la Ría del Eo -en todo caso de modesta capacidad-, sino que en un abrumador porcentaje se destinaba a su envío por vía marítima a otros astilleros, principalmente a los de Cadiz, exportación que siguió muy activa hasta bien entrado el siglo XIX, en que el hierro hizo desaparecer las construcciones de barcos de madera.

En el plano se dibujan sólo dos astilleros, en Figueras y en Ribadeo. En cambio, en La Linera, donde otra “leyenda urbana” sitúa un astillero antiquísimo –hasta el extremo de atribuirle la construcción de una de las carabelas que Colón utilizó para el pretendido descubrimiento de Cipángo, absoluto fracaso derivado en brillante descubrimiento de un nuevo continente; la tal carabela se habría llamado “La Gallega” en sus primeras singladuras-, no se dibuja nada; ni tan siquiera se molesta el autor en dibujar el contorno completo de la ensenada. Ello nos llevaría a la conclusión de que tal astillero nunca existió, hasta épocas mucho más contemporáneas.

En el plano se señalan dos lugares preferentes para el fondeo de barcos. Uno en la ensenada de Arnao, y otro entre Porcillán y el cargadero de mineral. Ambos lugares y hasta la construcción de las modernas infraestructuras portuarias eran las habitualmente usadas por los navegantes, sobre todo la segunda, de la que se conservan fotografías de veleros, en Porcillán y aún más hacia el sur, en lo que hoy es la dársena pesquera del puerto de Ribadeo, lugar en el que una bella y espectacular fotografía, que se puede encontrar en una de las secciones de fotos antiguas de éste mismo blog, muestra fondeados –creo recordar que tres- a impresionantes veleros.

Por cierto, que la costa entre Arnao y algo más allá de San Román, no está dibujada. ¿Se olvidó el autor, o se borró por algún accidente posterior? Me inclino por lo segundo, porque sería el único tramo de costa olvidado y porque enfrente de San Román y como en medio del agua existe una “mancha” alargada que puede ser lo que queda de ese trozo de costa dibujada y posteriormente borrada accidentalmente.

En algún momento de su existencia el plano estuvo plegado –parece que en cuatro partes-, que no enrollado, y alguien escribió por el dorso de uno de los pliegues, probablemente el que quedaba a la vista, algo que se nos muestra invertido, como si estuviésemos leyendo un texto reflejado en un espejo. Dicho texto se puede ver encima del sello oval del Archivo de Simancas que alguien colocó sobre la entrada de la ría.

Si ya es difícil leer los textos manuscritos que se nos muestran en posición normal, más difícil resulta un texto inverso. Pero, hasta donde he podido averiguar, se observa lo siguiente en ese texto: (i) la letra es diferente a la del plano y, aunque antigua, parece más moderna que la del dibujo; (ii) que son dos líneas; y (iii) en cuanto a lo que dice, sólo he podido deducir que en la primera línea, de cuatro palabras que la componen, se pueden leer las dos centrales “Conde de”; y de la línea inferior, que sin duda es una fecha, se lee “de 12 de Agosto”, figurando el año, pero imposible de identificar. Es sabido que la forma española en que hoy escribimos las fechas –día, mes y año- no era la utilizada antiguamente, que era la de mes, día y año. Ello es otro argumento para defender la hipótesis de que esas líneas son muy posteriores al plano, ¿quizás de algún archivero de Simancas? ¿Cuándo se cambió el formato usual de escribir fechas?

En cuanto a las leyendas del plano, podemos observar el uso de una mezcla del castellano y del gallego, aunque ésta afirmación debe tomarse con alguna cautela, pues ambas lenguas a comienzos del XVII se diferenciaban menos que las actuales. En cuanto a las leyendas que figuran a lo largo de ambas costas –en las que respeto la forma en que están escritas-, podemos encontrar, comenzando por la Punta de la Cruz y siguiendo el sentido hacia el sur, lo siguiente.

La actual Punta de la Cruz es denominada Punta do boy. La hoy ermita de San Román, también conocida como del Santo Cristo del Buen Viaje, se identifica como Sant. Roman, y se dibuja una edificación, evidentemente una ermita, con lo que se concluye con facilidad la antigüedad de tal devoción y construcción, aunque la actual debe parecerse poco o nada a la originaria.

La actual Figueras, o As Figueiras, se identifica como Las figueiras, a la vez que se dibuja un conjunto urbano en el que destaca un edificio amurallado y con una torre. Además se señala expresamente la existencia de Astillero.

En el resto de la costa asturiana sólo figura identificado Castropol, pero como Castripol. Por supuesto, también figura dibujado un conjunto urbano, destacando un edificio amurallado con dos torres. Esto de los edificios amurallados con diverso número de torres tiene su aquél, pues el de Figueras tiene una, el de Castropol dos y en otro similar dibujado en Ribadeo, tres. ¿Se trata de una diferenciación producto de la imaginación del dibujante, sin mayor trascendencia? o de ¿una manifestación de la importancia de las tres poblaciones? Por supuesto que los forofos de Ribadeo estarán encantados de atenerse a la segunda de las hipótesis.

La entrada de la ría se identifica como Entradadelabarra.

Y en la costa gallega nos encontramos con las siguientes leyendas, en sentido norte sur.

Los bajos rocosos donde recientemente han colocado una baliza y en el que más de un navegante se ha llevado sustos, se identifican como Lascarrayas. El cabo en donde se encuentra el actual fuerte reconvertido en sala de exposiciones se identifica como Punta do carballo, aclarándose, además, que allí existe un fuerte. En consecuencia, el actual fuerte, de factura del XVIII, tuvo su antecedente en algo que ya existía en 1605.

Y curiosamente, algo más adelante, en concreto en un islote donde hoy se apoya el pié que permitía el volado de la estructura metálica del cargadero de mineral, se identifica algo como lo que pudiera ser Torrebieja, o Torrebigia. Sea lo que fuere, los restos de la tal torre debieron desaparecer con la construcción del cargadero.

Seguidamente aparece la ermita de San Miguel, señalada como Sant. Miguel, de la que pueden hacerse similares comentarios que sobre la de San Román del lado opuesto, con la salvedad, quizás, de que se conserve mejor su fábrica original en la gallega que en la asturiana. También, dejar constancia de que el actual Puente de los Santos –reconvirtiéndose hoy para la autovía que dejará al entorno de la ría a menos distancia de Francia que de Madrid- debe su nombre a los santos cuya advocación reclaman ambas ermitas.

Justo debajo de lo que hoy es el puente aparece la leyenda surgidero seguro, rodeada de abundante número de naves -en Arnao sólo aparece una-, La palabra surgidero, aunque en desuso, existe en castellano y significa, según el diccionario de la Real Academia Española, “lugar donde dan fondo las naves”. Huelgan más comentarios que, por otra parte, ya he realizado más arriba.

Seguidamente se identifica la cala de Guimaran, en la que es de destacar dos circunstancias; la primera el dibujo de un arroyo, dibujo a mi modo de ver nada inocente, y que pretende señalar un lugar donde las naves podrían obtener agua dulce en las inmediaciones de su fondeo. Debe recordarse que en esa cala, situada entre la ermita de San Miguel y una edificación conocida como “de Obras Públicas”, todavía se puede observar el desagüe de una fuente natural que mana incluso en veranos secos; y la segunda, que aparece dibujada al final del cauce de ese arroyo lo que parece un muro curvo, quizás pretendiendo señalar la existencia de algún aljibe o presa que recogiese esas aguas del manantial.

Y terminan las leyendas de la costa gallega con la denominación de Explanada para lo que, sin ninguna duda, es Porcillán; la información de que allí existe otro Astillero (quizás ambas cosas tenían algo que ver), y el nombre de la agrupación urbana de Ribadeo, aquí escrito con b, aunque ya lo vimos y lo volveremos a ver escrito con v, con las edificaciones distribuidas en herradura a ambos lados de la vaguada de Porcillán. En esa agrupación urbana destaca la casa amurallada de tres torres que ya he comentado, y que el dibujo ubica en el exterior de la agrupación, donde efectivamente estuvo, en el actual Cantón.

Y para terminar, debo hacer una referencia a la extensa leyenda que figura en la parte inferior izquierda del plano, aunque no es mucho lo que conseguí descifrar.

Comienza esa leyenda con el título de Planta y descripción del puerto de Rivadeo, para seguidamente, en tres párrafos diferentes describir lo que interpreto como instrucciones para los navegantes de cómo entrar en la ría y donde y cómo fondear.

Aunque lo he intentado varias veces, no conseguí realizar una completa y suficiente traslación del texto.

En lo que he podido hilar algo coherente, y señalando con puntos suspensivos las palabras que no he conseguido entender, en el primer párrafo se dice lo siguiente:

Desde la entrada de la barra no se debe … … … el nabio solo esta derrota que … … … para entrarse … en este puerto allí aguarden tiempo … para llegar a dar fondo donde están señalados los que …

De los dos siguientes párrafos de la descripción no he conseguido leer nada coherente. Supongo que disponiendo del original será posible realizar una más completa traslación del texto de esa leyenda, que termina con la firma de su autor.

Me disculpo de la posible falta de calidad gráfica del plano, pero la copia que remito al blog es un escaneado de una reproducción obtenida de un microfilm conseguido del Archivo de Simancas. Y, ya se sabe, las copias van pediendo calidad.

Confío que la reproducción del plano y los comentarios que hago abran un debate, en el blog y fuera de él, que nos permita aclarar más aspectos del plano, de su momento histórico, y de esa larga leyenda que sólo he podido entender en una pequeña parte.

Luis López-Cotarelo Villaamil

Febrero de 2008

A la "Faya"

Publicado: 24/10/2007 17:26 por castropol en Colaboraciones

A LA “FAYA”

SONETO

Te he contemplado de álamos rodeada

y después de castaños y negrillos

tu tronco fue cucaña de chiquillos

y tus fayucos, fruta codiciada

Tu sombra protectora y regalada

cobijó muy sabrosos consejillos

y en tus ramas los tiernos jilguerillos

colgaron nidos de infantil poblada.

Hoy te contemplo altiva y orgullosa

como siempre en el Campo de Tablado

desafiando del tiempo los rigores.

Cada día te encuentro mas hermosa,

siempre de Castropol, árbol sagrado

y esperando sucesos posteriores.

M. Murias

De "Castropol" 11 de febrero de 1.907

LA COLINA VIGILANTE

Publicado: 15/10/2007 18:27 por castropol en Colaboraciones
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LA COLINA VIGILANTE

¿Qué cosas le dicen la muerte y el misterio a esta vieja torre patricia labrada por los nortes y el pesar de vivir? ¿Qué cosas le dicen tenebrosas en las vidrieras fulgentes, en el hueco de las campanas., en los brazos retorcidos de la veleta, que hasta mi ha disparado su arco de sombra envolviéndome en lo desconocido? Así como las efigies devotas muestran en la mano a modo de trofeo el castillo o ciudadela de su martirio, yo, en mi corazón, guardo esta torre encumbrada en la colina, flanqueada de casas apacibles, circundada de bosques... Y el mar está a sus pies como en una isla de muertos.

Desearía claramente decir el nombre de la villa que así ha orientado mis normas, que, a igual modo de ella, avanza y se encabritan por la vertiente con ánimo de saltar y luego se recogen ante las aguas oleosas de la ribera o se adormecen en la espesura; pero quédese aquí ignorado entre el de tantas otras villas españolas llenas de soledad y linaje y misterio.

Como ocupa lugar tan eminente entre las demás tierras sinuosas de la bahía, es la bien amada de los vientos, y sobre ella se concitan las nubes en sombría marcha, rodando por encima de la torre, aplastándola con la reja de sus torrentes o iniciándola en las cosas ultrasensibles. Y tal es la furia del choque, que los tristes pobladores de esta villa tremenda, en esta anchurosa bahía, en este recio principado andan solos y como encontrados unos con otros, y luego pasan a un período de abatimiento según disminuye la violencia del cielo.

Con todo lo cual hemos dado en decir que somos místicos a nuestro modo y aún más.

Ahora recuerdo los inviernos de mi adolescencia, pujantes y aborrascados; el agua cayendo sempiternamente en largos telares, borrando el contorno

de las cumbres, corriendo en seguida sobre el estatuario seco en gran mancha negra o estrellándose contra los vidrios, mientras en la calle el compás monocorde de las madreñas sube y baja con una canturria primitiva, con esa gra­cia particular de lo que no cambia en los siglos y en las civilizaciones, que es continuamente joven en el mundo.

Y más arriba, el viento en ráfagas desiguales sacude el toque de las cam­panas, de las humildes campanas gangosas y familiares que se conciertan con las de los otros pueblos en sonora bandada de pájaros errantes.

Al acercarse ya la noche entreteníamos el ocio con cuentos de aparecidos y de poderes ocultos. Subía el alma del pueblo en una aspiración unánime., desmelenada por el viento, hacia lo invisible, y en los tragaluces negruzcos golpeaban agoreramente las ramas del jardín.

Entonces era cuando de las ondas encantadas de la ría, de las aguas insondables de la ría reptaban las almas viscosas del mar por los ribazos tejidos de laureles por las grietas de la lluvia y de los años, hasta llegar a nosotros, hasta apoderarse de nuestra acongojada carne doliente, y sentíamos con ello un gran terror de emociones inexplicables.

Pudiera, entretanto, de la casa más próxima, donde habita un disparatado soñador, amigo de la luna y de los niños, oírse el acorde de un piano; no la melodía, que se ahogaba en el viento sino el acorde, las voces intermitentes. Y sabíamos con certeza que la música "no oída" era de Donizetti, de Bellini, la "Norma" o el "Barbero". ¿No os habéis detenido a pensar nunca que en estos pueblos tan colmados de espíritu la música preferida es siempre banal, inofensiva, como si se temiese ver en ella reflejado nuestro propio pensa­miento?

Entreabríamos sigilosamente un ventano, que todas las vidrieras tienen, por curiosear, y allá, en lo hondo de la calle, bajo un historiado escudo de piedra entonces se cerraba un portón.

Otras noches la luna salía en campos de nubes aborregadas, como rodelas después de un combate, a reflejarse en las charcas de la marisma. Aquel grito de ave asustada, aquella lumbre en el arenal, aquel aullido lejano... ¡Cuánta angustia irremediable, cuánta historia de muertos y de hechicerías evocaba en nosotros!

Mas la villa, aparentemente dormía. En tal tregua de silencio la locura volaba sobre los techos funerarios de pizarras, de compacto lapislázuli y en las frentes adoloridas posaba el morbo suave, la continua carcoma de los sueños irrealizados. En estas largas noches se desmenuzaba la voluntad.

Por eso, y por estar aislada y fuera del comercio humano, esta villa tenía, y aún tiene, la más compleja contextura moral. Es un camino de peregrinación en el tráfago moderno, un santuario místico del espíritu caballeresco, de la tradición de la sangre, del culto de los blasones, y también lo es del quietismo y del atraso. ¿Por que maravillarnos de que sus moradores parez­can de otra raza distinta que nos miren con ojos habituados a mirar en la sombra, que los gestos de sus manos tengan cansancio, como si hubiesen sos­tenido demasiado tiempo en alto la lámpara de la vida?

Todo allí tiene su significado. Las mismas artes rústicas han tomado una dulcedumbre y una plenitud conscientes: los abogados y los doctores, los hombres de la labranza y asimismo los hombres de mar, tienen el aire noble y recogido de los personajes de Memling en las suntuosas tablas flamencas, y, a su vez el decorado, las hortensias azules de los patio, las calles enguijarradas, los altos minaretes a modo de oración, completan esta atmósfera irreal en donde el extranjero frívolo o atareado no se atreve a descansar.

Y así tornamos a los boscajes, su aliento de pereza ha esparcido el gusto de las, discusiones, de las bellas figuras de estilo del tono mesurado porque nada abre tantas perspectivas de deleite como los planos luminosos de un árbol o el matiz de una flor.

Enigmática es la colina, más enigmático aún sus hombres. Sabios y necios, yo he pagado entre ellos mis primeras vendimias haciendo acopio espiritual y he visto en la gran noche los ojos alucinantes, inmóviles...; pero del agua y del viento y del rumor de frondas he esculpido lo mejor de mi alma, y en ella resuenan constantes como en una caracola resuena el mar.

(Publicado en la "Hoja Literaria" de "EL SOL", Madrid, el 9 de junio de 1918).

José Ramón Fernandez de Luanco

Publicado: 27/01/2007 18:45 por castropol en Colaboraciones

En bastante mala situación se encontraba la enseñanza, la instrucción pública, como se decía por aquel entonces, en la segunda mitad del siglo XIX, época en la que le tocó vivir a Luanco; mal se encontraba y seguiría encontrándose luego.

La falta de interés por el estudio de las ciencias, derivada también de la escasa industrialización, el control que el Estado y la Iglesia ejercían sobre la enseñanza de las humanidades, los planes de estudio erráticos, la distribución de las Facultades, los bajos presupuestos, además de mal administrados, la movilidad laboral del profesorado, los escalafones caprichosos... contribuían a la decadencia general de España. A este respecto, veamos un ejemplo significativo: con demasiada frecuencia, un profesor de Instituto estaba mejor remunerado que un catedrático de Universidad, mientras los maestros se encontraban en el límite de la miseria.

Si pasamos al terreno de la investigación se puede comprobar cómo el interés por la Química provenía de las necesidades tecnológicas de la industria siderúrgica vizcaína y la textil catalana. Por esta razón, entre otras, la Universidad de Barcelona prestaba tanta atención a esa especialidad.

Así, la ciencia de la España de la época de Luanco sesteaba perezosamente, a pesar de los trabajos de algunas figuras, como Ramón y Caja, Ferrán, Torres Quevedo, Peral... Porque el nivel científico de un país se mide por el número de investigadores de calidad media, más que por la existencia de algunas pocas figuras de relieve.

Dados estos supuestos, la dependencia científica de España respecto al extranjero no era de extrañar; valga como ejemplo, en relación con la Química, el desembarco de los ingleses en las minas de Río Tinto, por aquellas fechas.

Las noticias biográficas sobre José Ramón Fernández Luanco son harto conocidas; por eso aquí sólo vamos a apuntar las más significativas, de la mano del Boletín de la Real Academia de Ciencias y Artes, de Barcelona (1906), del folleto que Miguel García Teijeiro publicó en 1926 sobre Luanco y de los propios datos que posee el autor de estas líneas.

Luanco nace el 14 de noviembre de 1825, en el llamado "cuarto de la capilla", de la casa-palacio del marqués de Santa Cruz de Marcenado que se levanta en Castropol, marqués del que era administrador el padre de Luanco, Andrés Fernández Luanco, casado con Petronila del Riego y Riego.

Da comienzo a sus estudios en Luanco de Gozón y luego en Castropol, y en 1838 firma en esta última villa la solicitud para estudiar Filosofía en Oviedo y examinarse de latinidad. José García Loredo, preceptor de latinidad en Castropol, da el visto bueno a la instancia y el alcalde, Andrés Bermúdez Valledor, y el cura párroco, Juan Antonio Valdés, responden de la buena conducta de Luanco.

En 1842 asiste a las clases de matemáticas que se impartían en el colegio privado de Esteban Suárez Cartavio, ubicado en Figueras, donde se preparaban los futuros capitanes de la marina mercante de la comarca.

Lo encontramos luego, en 1844 concretamente, estudiando en Castropol con Bernardo Escudero, administrador de Rentas Reales, y francés en Ribadeo, con el abogado, Gabriel Yangüas.

En 1846 se traslada a Madrid, e ingresa en la Escuela Normal de profesores de Ciencias, en la que permanecerá hasta 1849.

Por fin, en 1850 es nombrado ayudante de la cátedra de Física y Química, en la Universidad de Oviedo.

A partir de ese momento, Luanco comienza su vida universitaria, suficientemente conocida, y que transcurre entre Oviedo, Sevilla, otra vez Oviedo, Santiago, Madrid, vuelta a Santiago, Zaragoza...

Y así, el 17 de junio de 1868, Luanco toma posesión de la cátedra de Química General, en la Facultad de Ciencias, de la Universidad de Barcelona; permanecerá vinculado a esta Universidad hasta su jubilación, en 1900.

Luanco fatigó evidentemente su pluma; sus libros, trabajos, opúsculos, conferencias... son numerosos. García Teijeiro, "Españolito" y el propio Luanco ofrecen una relación de obras, pero, según hemos podido comprobar, es incompleta, y aún quedan algunas más, pocas, a las que vagamente hace referencia Rodríguez Mourelo, en su opúsculo Don José Ramón Luanco(1905). ¿De donde le viene a Luanco la fama de que indudablemente gozó?

A través de los datos que he ido recogiendo, tanto publicados como pertenecientes a los papeles que Luanco guardaba, me cabe ahora hacer las siguientes reflexiones.

Luanco contaba con un carácter comunicativo, hacía gala, incluso, de su bonhomía; de trato afable, no dudaba a la hora de intercambiar datos e ideas con alumnos y compañeros. Esta manera de ser le granjeó, indudablemente, muchos amigos y numerosas relaciones.

De su carácter conciliador da idea su discurso, como presidente del Ateneo barcelonés, pronunciado con motivo de la inauguración del curso 1889-1890, en el que Luanco trata de conjugar las corrientes "innovadora" y "conservadora" que bullían entre los socios.

Por estas mismas razones, Luanco fue requerido en múltiples oportunidades para formar parte de instituciones y academias, y participar en concursos y certámenes. Su amplia Hoja de Servicios da fe de todo ello.

Por otra parte, su Hoja de Servicios recoge también otra peculiaridad del carácter de Luanco: la atención que prestaba a su vida profesional. Así, Luanco apunta todos los pormenores que atañen a su carrera de una manera harto minuciosa, como si quisiera dejar bien claro la excelencia de su quehacer, lo que refleja cierta dosis de vanidad.

De esta manera, incorpora a su expediente un curioso documento de 1893, en el que el Ministerio de Fomento evacua dictamen sobre un libro de Luanco, titulado Compendio de lecciones de química general, de la ya lejana fecha de 1884 (se supone que un reimpresión), al que llena de elogios, para apuntar más adelante que, sin embargo, no trata la química orgánica sino sólo la inorgánica. Luanco, con sorna, escribe al margen que el ponente, Gabriel de la Puerta, discípulo suyo, no había leído el libro por completo (libro que le devuelven), pues todavía mostraba algunas páginas sin abrir. Anécdota que refleja cómo se las gastaban, ayer como hoy, algunos profesores a la hora de evaluar los textos de sus compañeros.

Esta misma Hoja de Servicios, de puño y letra del propio Luanco, contiene un epígrafe del mayor interés para nosotros. Se titula Descubrimientos científicos y recoge lo que él consideraba su aportación al mundo de la Química, es decir: "la producción de gas para el alumbrado, extraído del bagazo de la manzana" y, por otro lado, "las experiencias hechas con el papel schoenbeih para reconocer la existencia del ácido cianhídrico".

No es precisamente en el ámbito de la investigación científica, como podemos ver, donde verdaderamente triunfó Luanco.

El ambiente científico en España no era el más proclive para realizar grandes descubrimientos; se carecía de medios y de apoyo institucional y privado para ello.

Es cierto también que Luanco insistió en el trabajo en el labora- torio como base de la investigación, pero el mismo carácter humanista del castropolense le hacía llevar un régimen de vida difícil de entender para un científico, sobre todo hoy en día.

Nos cuenta Eugenio Mascareñas en la "Memoria necrológica" en honor de Luanco (1909), que por las mañanas se ocupaba de la cátedra y el laboratorio, por la tarde acudía a su despacho para atender sus múltiples ocupaciones en academias, asociaciones, etc., y por la noche trabajaba en la biblioteca del Ateneo. De esta manera, se comprende el poco tiempo que dedicaba Luanco a la investigación pura.

Por otro lado, Luanco no se especializó en ninguna de las ramas en que, ya en aquella época, la Química se había diversificado; y tampoco el temperamento de. Luanco era proclive a abandonar sin más otras áreas del conocimiento, tan queridas para él.

Si, en cambio, nos parece más extraño que, siendo Luanco tan sociable y amigo de sus amigos, no hubiese marcha al extranjero a investigar o simplemente a dar conferencias.

Fue sin embargo en el terreno académico, como enseñante, como maestro,. donde Luanco alcanzó una bien ganada fama, incluso fuera de España, de lo que se hace eco Odón del Buen, en el Castropol del 10 de abril de 1906. Apuntemos al paso que, en el terreno profesoral, Luanco también gozó fama de "hueso" entre sus alumnos, a la hora de los exámenes.

Así, en un determinado momento, durante su estancia en Barcelona, Luanco, en una decisión trascendental para la enseñanza de la Química en España, abandona el método dualista de Berzelius para seguir el unitario, más actualizado, de la teoría atómica molecular y de la valencia.

 

La labor desarrollada por Luanco en el terreno de las humanidades fue incluso mayor, si cabe, que en el de la Química.

Por ejemplo, dejó bien claro que Ramón Lull no había sido alquimista, como se creía hasta entonces, lo que le costó no poca polémica con Amador de los Ríos, Littré y Morell Fatio (la carta que tengo en mi poder, dirigida a Ríos, no deja lugar a dudas), en la que participó Menéndez Pelayo, a favor de Luanco (Ramón Lull, 1884).

Unos ejemplos más. El libro de Luanco sobre La alquimia en España, todavía no ha sido superado, pese a ser una recopilación y además incompleta. Su labor en la biblioteca del Ateneo barcelonés; el viaje triunfal a la Sorbona, el día del homenaje al profesor Lacaze-Duthiers, al que regaló, en nombre de la Universidad de Barcelona, un busto de Benlliure, en agradecimiento por las atenciones prestadas a los profesores y alumnos de la universidad catalana, en el laboratorio que había creado en Banyuls- sur-Mer, y que valió a Luanco la Legión de Honor...

Por otro lado, Luanco fue consciente de que los avances de la ciencia, que se estaban produciendo en Europa y Norteamérica, traían consigo multitud de palabras nuevas que amenazaban con invadir la lengua castellana.

A fin de controlar un tanto esta inundación, Luanco comenzó a colaborar con la Real Academia Española en la elaboración del Diccionario. Cuidó también de "españolizar las voces científicas nuevas y de restaurar la nomenclatura nacional", nos dice Rodríguez Mourelo; y con el título de El neologismo en-las ciencias escribió un artículo en la "Revista crítica de Historia y Literatura", que dirigía Rafael Altamira.

Luanco fue sensible también a los problemas humanos de su tiempo, y en 1889 es nombrado vocal de la Sociedad Antiesclavista, creada por la Santa Sede con el fin de eliminar aquella lacra.

El mundo catalán que vivía la Renaixenca, no marginó a Luanco de sus actividades, hasta el punto de que la Unión Hispano- Americana, que tenía como presidente a Navarro Reverter y su sede en París, le nombró vocal del Comité de Cataluña, y cuando en 1889 Luanco es nombrado rector sustituto de la Universidad los periódicos catalanistas "El Diluvio" y "La Publicidad" elogian sin ambages su nombramiento.

Luanco, aunque como es natural tuviese un determinado modo de pensar, no se ocupó de la vida política de aquel entonces. Pero sí atendió los requerimientos que le hacían sus amigos desde Castropol; así, el 13 de septiembre de 1871, Pedro Par- do, presidente de la Junta del Partido Progresista Democrático de aquella villa, nombra a Luanco presidente honorario, junto con Ramón Pasarón y Lastra, José María Conde, Félix Lanza, José Canedo, Pedro Suárez, Cipriano G. Tol, José María Sobarra y José María Blázquez.

Más adelante, el 5 de noviembre de 1882, es Manuel Álvarez quien comunica a Luanco que ha sido nombrado presidente honorario del Comité Democrático Dinástico de Castropol.

No consta, en ambos casos, que Luanco tomase grandes iniciativas en el terreno de la política, junto con sus amigos, pertenecientes a la burguesía progresista de Castropol.

Pero, ¿de qué modo pensaba realmente Luanco?

Evidentemente, Luanco tenía una filosofía propia, de la que eran conocedores sus compañeros de cátedra, sus alumnos y amigos. En su Oración inaugural del curso académico 1879 a 1880, leída en la Universidad de Barcelona, encontramos una frase que nos puede dar la clave: "ni materialices el espíritu, ni espiritualices la materia", frase en la que Luanco parece resumir su pensamiento.

Esta filosofía natural, que responde al saber científico natural, y proviene de Hegel, después elaborada por Spencer, busca una imagen de la naturaleza lo más completa posible, equidistante entre la metafísica y el positivismo.

Consta, por otra lado, que el castropolense Marcelino Menéndez Pintado, padre de Menéndez Pelayo, había enviado, por sugerencia de Luanco, al futuro polígrafo a estudiar a Barcelona y vivir junto al químico en la pensión de doña Francisqueta, en la calle de la Fuente de San Miguel, con el fin de apartarlo de la "nefanda" influencia del krausismo, que se había enseñoreado de la universidad madrileña. Menéndez Pelayo permanecerá en Barcelona desde 1871 a 1873. Da esta noticia "La Ilustración Catalana", en su nota necrológica a la muerte de Luanco. Esta anécdota habla a las claras del liberalismo moderado de Luanco.

De ahí que contase con los más variopintos amigos. Por ejemplo, en el número especial de "Castropol" (1906) dedicado a Luanco, escriben en términos elogiosos personas de los más diferentes círculos, y, entre ellas, los masones y, por otro lado, amigos: Fermín Canella, Secundino Moreno Barcia, Odón del Buen, Juan Fernández de la LIana y C. Álvarez Cascos.

Estas son las coordenadas entre las que se movió el pensamiento de Luanco. Pocas pistas más tenemos; aunque también es verdad que Luanco tampoco se entretuvo mucho más en los temas políticos y filosóficos.

El 7 de diciembre de 1899, Luanco es nombrado rector de la Universidad de Barcelona. El ministro de Fomento (dentro de cuyas competencias se encontraba la educación), Luis Pidal y Mon, le traslada el escrito que había firmado, en nombre de su hijo Alfonso XIII, la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo.

De esta manera, da fin a un largo periodo de incertidumbre en la mencionada universidad, producto de la lucha entre con- servadores y regeneracionistas, que había llevado a Luanco a ocupar accidentalmente el rectorado, como decano más antiguo, en febrero, mayo, septiembre y octubre de 1896 y enero de 1889.

Poderes públicos y profesores veían en Luanco la persona de talante conciliador y de prestigio intelectual que podía sacar de su marasmo a la universidad. Así por lo menos saludaban a Luanco "El Diluvio" y "La Publicidad", medios informativos de marcado carácter regeneracionista, la totalidad de los profesores del claustro y el numeroso público que aplaudió a Luanco en su toma de posesión.

Luanco trajo la calma a la universidad, pero poco más pudo hacer, pues en octubre de 1900 cesa para jubilarse poco después. Aunque muchos profeso": res intentaron que se le prorroga- se su vida activa para continuar como rector, las gestiones emprendidas no dieron fruto.

En su tiempo existió alguna reticencia en la Universidad de Barcelona a la hora de contabilizar a Luanco entre sus rectores, ya que había sido nombrado a dedo y no elegido, reticencias felizmente superadas hoy, según consta en los archivos de la propia universidad. Curiosamente, y para mayor fastidio de algunos, el sucesor de Luanco en el rectorado, elegido entre el claustro, fue Garriga y Nogués, conservador a ultranza, aunque catalán.

Luanco siempre estuvo vinculado a Asturias y en concreto a Castropol. Todos los veranos pasaba sus vacaciones en el pueblo donde había nacido, a cuyo fin solicitaba la autorización correspondiente, como así lo atestiguan las instancias que se hayan entre sus papeles y en algunos casos intervenía incluso en los temas que interesaban a los castropolenses, preparando escritos, firmando memoriales, etc. Como, por ejemplo, es el caso del que en 1870 envía desde Barcelona al ministro de Justicia, pidiendo la reposición del Juzgado de primera instancia.

Una vez jubilado, Luanco se asienta en Castropol, y se ocupa con más intensidad de la historia local, sobre la que ya había escrito en otras ocasiones.

 

Publicó documentos ya conocidos o inéditos en "Las Riberas de! Eo", dio a la luz el "Fuero de Vecindad" de Castropol, colaboró en la "Asturias" del Bellmunt y Canella y la "Asturias monumental, epigráfica y diplomática" de Ciriaco Miguel Vigil...

Pero también recogió datos para un diccionario etimológico del dialecto asturiano, notas sobre la Casa de Montenegro y Lantoira, que se encontraban en el archivo del marqués de Santa Cruz (de la que había sido administrador su padre)...

En 1901 se organizó un gran homenaje en honor del marino Fernando Villaamil, nacido en Serantes. Entre otros actos, se descubrió una lápida de bronce, en el atrio de la iglesia parroquial, cuyo texto se debe a la mano de Luanco, que también pronunció unas palabras. Para la ocasión, lucirá, por primera y única vez, la Gran Cruz de Isabel la Católica, que recientemente se le había concedido.

Una enfermedad cerebral, cuya etiología no conocemos y cuyos síntomas se le empezaron a manifestar cuando todavía se encontraba en la universidad, le impidió incluso la lectura en sus últimos tiempos en Castropol.

Falleció en su casa en la mañana del 5 de abril de 1905.

Sirvan estas líneas de homenaje a Luanco, y como recuerdo al Ayuntamiento de Castropol de que el próximo años se cumple el centenario de su muerte.

 

Miguel Angel Serrano Monteavaro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Díaz Fernández, Pepillo

Publicado: 12/01/2007 16:42 por castropol en Colaboraciones

Con motivo de cumplirse este año el centenario del nacimiento de José Díaz Fernández, la editorial Viamonte ha reeditado El blocao, su obra más significativa, la Asociación Manuel Azaña dedicó al autor una mesa redonda en el Ateneo madrileño y su pueblo natal y la Casa de Cultura de Castropol sendos recuerdos bibliográficos.

¿Supone todo esto un revival de Díaz Fernández? ¿Desde qué perspectiva podemos contemplarlo hoy, situados, en relación a su época, en una "tercera España"?

Hijo de Vicente Díaz Fernández, natural de San Pedro de Bembibre (Taboada, Lugo), y de Amalia Fernández Fernández, de Viavélez (Asturias), José Manuel Díaz Fernández viene al mundo el 20 de mayo de 1898, en Aldea del Obispo (Salamanca), donde su padre se hallaba destinado como"carabinero del Reino", con categoría de "preferente". Vicente y Amalia tuvieron dos mijos más, Ignacio y Vicenta.

Trasladada la familia a Castropol, donde su padre será nombrado Jefe de la Policía Municipal, Pepillo, como familiarmente se le conocía, encontrará en esta villa del occidente asturiano su verdadera patria chica, por lo menos durantes su adolescencia y juventud.

En Castropol cursa la primera enseñanza y, pese a las estrecheces económicas de la familia, da comienzo a la segunda.

Inicia sus pinitos literarios con un periódico manuscrito, al que puso por nombre La Tinaja, al mismo tiempo que interpreta obras de teatro en el Casino de Castropol y se ocupa de la dirección administrativa de La Tuna. Escribe después en Río Navia y El Eco de Navia, publicaciones pronto desaparecidas.

En 1917 funda, en Castropol, con otros, el semanario Juventud, que dirigía Francisco Fernández López, y del que sólo se llegan a publicar seis números, y escribe en el decenario CastropoI. Este último facilita en aquel año las siguientes noticias en torno a Pepillo: el 30 de enero sobre su obra de teatro, titulada La pesca del novio, el 30 de julio de su novela Pasión de niños y el 30 de octubre del Libro de las horas gentiles. El Castropol de 1917 recoge, también, en sus páginas la polémica entre Díaz Fernández y el asimismo escritor novel, de la vecina Figueras, Fernández- Arias Campoamor, en torno a la influencia literaria de Rafael López de Haro sobre Pepillo, que Campoamor considera muy destacada y que Pepillo reconocerá luego en un artículo publicado en Asturias, el 15 de diciembre de 1918.

También en 1917 comienza a escribir versos, cuentos y crónicas de carácter lírico y fantástico en la revista Asturias, que se publicaba en La Habana bajo la dirección de Álvarez Acevedo.

Al mismo tiempo y junto con su hermano Ignacio trabaja como escribiente en la notaría de Castropol que regentaba el ribadense Eugenio Pérez Cancio. El día de la onomástica de la "notaria", Angela Moirón González, era habitual que ambos hermanos le dedicasen un poema. Se conserva un ripioso soneto de Ignacio, fechado el 1 de marzo de 1919, trazado con excelente caligrafía de pendolista, y un poema de José de fecha anterior, de mejor factura, también con excelente caligrafía, escrito románticamente en las varillas de un abanico.

Marcha luego Díaz Fernández a estudiara Derecho a la Universidad de Oviedo, pero, aunque se ayuda económicamente trabajando de conserje y contable en un hotel, se ve obligado a abandonar sus estudios.

En 1919 funda, junto con María Luisa Castellanos, Fernández-Arias Campoamor, Torner, Valentín Bedia... la revista Alma Astur.

En 1920 lo encontramos de secretario del Ateneo Obrero de Gijón y el 20 de enero del año siguiente el Castropol anuncia la aparición de su novela, hasta ahora inédita, Los días grises.

A los 23 años es destinado a África como soldado. Durante su estancia en Marruecos parece que contrae la tuberculosis que le llevará a la muerte. A su regreso de la guerra, La Libertad lo premia por las crónicas que había enviado desde el frente marroquí, germen literario de lo que luego será su libro El blocao. Publica en El Noroeste, La Esfera, y en 1923 el Castropol del 20 de febrero da cuenta de la aparición de sus narraciones El ídolo roto y El abrazo eterno.

Rodeada ya de una cierta aureola, en 1925 aparece su firma en El Sol, donde pontifica a Ortega y Gasset, La 'Voz, Ondas y la Revista de Occidente, en la que lo introduce Fernando Vela.

Poco a poco, sin embargo, la faceta política de la personalidad de Díaz Fernández se va imponiendo con fuerza. Sus artículos y actividades contra la Dictadura de Primo de Rivera lo llevan, incluso, a que sea detenido en 1926, como implicado en el levantamiento de la noche de San Juan, conocido como la "sanjuanada".

En 1927, y en compañía de J. A. Balbontín, J. Arderius, Giménez Siles, Juan Andrade, José Venegas, Graco Marsa y César Falcón funda Ediciones Oriente, dedicada a la publicación de obras claramente revolucionarias para aquel tiempo.

A estas alturas de su vida, Pepillo comienza a perder contacto con Castropol.

En aquel tiempo, Castropol era una villa que contaba con unos 800 habitantes, distribuidos entre un núcleo campesino, otro marinero y pescador y, finalmente, otro más, integrado por curiales e indianos.

La falta de cultura y la penuria económica que sufría una parte de la población era notable, al igual que en el resto de España, situación que llevó a que, a principios de siglo, un grupo de curiales e indianos crease una agrupación, que en 1910 se transformaría en Partido Independiente y que luego se integrará en el Reformista de Melquíades Álvarez, con el fin de defender e impulsar los intereses comarcales, al mismo tiempo que atendía los humanos y sociales. En esta agrupación se encauzarán las primeras inquietudes políticas y sociales de Pepillo.

Más adelante, aquellos castropolenses que habían querido, al modo ilustrado, hacer la "revolución" desde arriba, se vieron desbordados, más tarde o más temprano, por una izquierda de claro matiz revolucionario. Algo parecido le ocurrirá también a Díaz Fernández, y así, después de un período muy radical, tras su estancia en Oviedo y Gijón, en 1935 acaba por unirse a Manuel Azaña para formar Izquierda Republicana.

El caso es, que, en aquellos tiempos, los intelectuales avanzados, ante la situación en que se encontraba el país, invocaban la presencia e integración de! "pueblo" en la sociedad, "pueblo" que se identificaba entonces con las clases más menesterosas social y culturalmente, de las que no formaba parte (pensemos en la orgullosa diferencia de clases existente en aquella época) la familia del Jefe de la Guardia Municipal de Castropol.

Poco a poco, sin embargo, una parte de aquel "pueblo" fue tomando conciencia de que él era la única "clase", la clase por antonomasia que, considerándose engañada una y otra vez, debía tomar el poder para ver realizados sus propios fines, al igual que había ocurrido en Rusia, A este fin debería valerse de cualquier "compañero de viaje".

La tarea de buscar "el injerto de las fuerzas obreras de la izquierda" (Díaz Fernández), de "marchar hacia el pueblo" (idem), siguiendo las orientaciones del comunista italiano A. Gramsci, se convirtió en aquella época en objetivo prioritario para Díaz Fernández.

Díaz Fernández, al igual que los intelectuales de su misma inspiración, pretende "superar la división entre los intelectuales y el pueblo"; los intelectuales y los artistas que deben participar ,en la lucha revolucionaria obrera (aunque luego muchos de ellos, llegado el momento, no podrán superar, en opinión de los dirigentes de la "praxis", sus propias contradicciones de clase).

Y así emprenden la búsqueda de un "nuevo intelectual" que se acerque al pueblo, para construir una "nueva sociedad" y un "hombre nuevo". (Al mismo tiempo que la Rusia de Stalin, también el nazismo de Hitler buscará un "hombre nuevo" para una "nueva Alemania", pero nadie, ni en España ni en ninguna parte del mundo, sabía lo que en aquellos momentos estaba ocurriendo en la Unión Soviética ni suponía lo que iba a ocurrir en Alemania, Para lograr la inexcusable integración social y económica de un país es imprescindible partir de un amplio compromiso democrático y del respeto al individuo. De otra manera está condenada al fracaso)

- En 1928 Díaz Fernández publica, bajo el título de El blocao, el conjunto de relatos que le hará famoso; precisamente el año anterior había recibido un premio de El Imparcial por su labor periodística en Marruecos.

El impacto causado por El blocao entre los lectores fue notable. El libro abre una nueva frontera literaria, supone la inauguración de un movimiento que buscaba superar el escepticismo al que se había entregado la vanguardia.

Este movimiento, denominado por el mismo Díaz Fernández "literatura avanzada" o "nuevo romanticismo", corre paralelo a la línea política de su pensamiento, aunque no reviste el carácter de la típica literatura proselitista.

Sin embargo, la ideología política de Díaz Fernández insufla a esta literatura una preocupación por el hombre, al que sitúa en la realidad de cada momento. El protagonista que inspira los relatos de El blocao no es un héroe ni un antihéroe; en palabras de hoy, podíamos decir que es un perdedor, tal y como lo fue a la postre el propio Díaz Fernández.

Estas características, junto con las propiamente estilísticas, tan lejos de sus primeros arrebatos líricos, el dinamismo que encierra, la realidad cotidiana que refleja, su esquematismo cinematográfico, de verdadero reportaje, parecido al estilo de Hemingway (que precisamente en 1929 Publica su Adiós a las armas), aunque el carácter de los contenidos violentos del escritor norteamericano difiere totalmente del de Díaz Fernández, impregnado de una preocupación humanista, colocan a la obra en una de las cimas de la literatura de la época.

Curiosamente, Díaz Fernández no trae a El blocao la figura del marroquí, ni se ocupa de su mundo, de sus problemas bajo la colonización española. Cabría preguntarse por la razón de esta ausencia en la obra de Díaz Fernández.

La cosecha de críticas favorables a El blocao fue abundante y de variada procedencia: Astrana Marín, Benjamín Jarnés, José del Río Sanz, Luis Calvo, Zugazagoitia, Fernández-Arias Campoamor, Constantino Suárez, Camilo Barcia, Giménez Caballero, Pérez de Ayala...

El movimiento literario del que El blocao fue precursor dio nombre a una generación, conocida como "la otra generación del 27", de la que formaron parte, entre otros: Alvarez del Yayo, Juan Andrade, Wenceslao Roces, Ramón Sender, Muñoz Arconada, Joaquín Arderius...

La campaña de prensa que a través de diversas publicaciones Díaz Fernández venía desarrollando contra la dictadura de Primo de Rivera le lleva, en aquella época, a ser detenido y encarcelado, marchando después a Portugal.

En 1929 participa en la creación del Partido Radical- Socialista, junto con Marcelino Domingo, Alvaro de Albornoz, Gordón Ordás, Benito Artigas Arpón, Angel Galarza Gago...

Al igual que todos ellos, Díaz Fernández ingresa en la Masonería, en el seno del Gran Oriente Español, del que era Gran Maestre, Diego Martínez Barrio, del Partido Radical de Lerroux.

Al año siguiente, Díaz Fernández publica su segunda novela, La venus mecánica, escrita, en parte, en el exilio lisboeta, en la que refleja su propio dilema: el intelectual que se muestra incapaz de vivir la revolución que preconizaba, y el libro de crítica literaria El nuevo romanticismo. Polémica de arte, política y literatura, donde enuncia los principios. de la nueva "literatura de avanzada" o "nuevo romanticismo", como gustaba llamarle a aquel movimiento.

En 1930 funda, con Antonio Espina y Joaquín Arderius, la revista política Nueva España, que polemiza con La Gaceta Literaria que dirigía Ernesto Giménez Caballero. Curiosamente y a pesar del éxito de su lanzamiento la revista desaparecerá con la llegada de la República. La trepidante actividad periodística y editorial de Díaz Fernández le lleva, en 1931, a colaborar en el lanzamiento de las revistas Crisol y Luz, y a publicar el relato La largueza, dentro del libro Las siete virtudes capitales, en el que, Gómez de la Serna, V. Andrés Alvarez, B. Jarnés, C. Arconada... tratan el resto de las virtudes.

En el curso del mismo año publica, también, junto con J. Arderius, la Vida de Fermín Galán, biografía del militar que se había sublevado en Jaca y que luego fue ejecutado, y el prólogo al libro de Alejandro Gaos Sauces imaginarios. En esta época, Díaz Fernández decide entregarse plenamente a la vida política. Y de esta manera se presenta como candidato de! Partido Radical-Socialista a las elecciones a Diputados a Cortes Constituyentes, que se celebran el 28 de junio de 1931.

En plena campaña electoral, Díaz Fernández, junto con Leopoldo Alas, ambos antiguos reformistas, revientan tumultuariamente el mitin de Melquiades AIvarez en el teatro Campoamor de Oviedo, en una acción que marca el inicio de los ataques de la izquierda contra el tribuno asturiano.

En las urnas, Díaz Fernández es elegido en el distrito de Oviedo por 76.952 votos, de los 119.244 emitidos, sin que el acta recoja ninguna protesta ni reclamación. Designado Marcelino Domingo ministro de Instrucción Pública, en el gobierno Azaña, Díaz Fernández es nombrado Secretario Político del ministro. La labor de la República durante su primer bienio, en el terreno de la educación, fue ingente, sobre todo teniendo en cuenta el abandono en el que se la había tenido durante decenios.

No fueron muy numerosas las actuaciones de Díaz Fernández en el Congreso de los Diputados. Quizá las más destacadas tuvieron lugar con motivo de la discusión sobre la libertad de enseñanza y en concreto de la enseñanza religiosa, en el curso de la cual Díaz Fernández, muy en el calor político y social anticatólico de la época y como ferviente defensor de la "escuela única", llegó a decir desde su escaño, el 20 de octubre de 1931: "Por otra parte, yo dudaría mucho en autorizar la libertad religiosa desde una legislación del siglo XX", en una reacción al poder temporal de la Iglesia de aquellos tiempos. En su contestación, Valera Aparicio, en nombre de la Comisión, tiene que aleccionar a Díaz Fernández sobre el significado de la libertad de pensamiento y de creencias, palabras que el diputado asturiano acoge con reconocimiento, viendo rechazada su enmienda. A este respecto debemos apuntar el mar de contradicciones en que se movían los radical-socialistas, como, por ejemplo, ocurrió cuando el Partido se negó a secundar a Azaña y a los socialistas, que querían dar a la mujer la posibilidad de votar.

En el mes de abril de 1933, y siguiendo la moda de aquellos días entre los progresistas, que veían en la Unión Soviética el espejo donde mirarse, Díaz Fernández firma un manifiesto a su favor, promovido por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Entre otros nombres aparecen en el documento los de: Marañón, Pío Baroja, Benavente, Valle Inclán, M. Machado, l. Sánchez Covisa, N. Piñole..., aunque algunos retiraron luego su firma.

Paralelamente a su actividad política escribe en El Liberal, Nouvel Age, Le Monde, Euro pe..., y en 1935 publica Octubre rojo en Asturias, bajo el seudónimo de José Canelo

El golpe de estado revolucionario de 1934, contra el gobierno conservador de la República, que en Asturias alcanza la gravedad de una contienda civil, marca un punto de inflexión en la trayectoria política de Díaz Fernández.

La crítica de Díaz Fernández a los socialistas por haber provocado aquellos sucesos le lleva a acercarse a Azaña, a cuyo amparo funda el semanario Política. Más tarde, Albornoz, Domingo, Díaz Fernández y otros se unen a Azaña para crear Izquierda Republicana, con el fin de contar así, con un partido que les ofreciese un mayor respaldo popular, y dé soslayar de esta manera los inconvenientes de tener que gobernar en minoría.

Y así llegamos a las elecciones de febrero de 1936. Izquierda Republicana se presenta formando parte del bloque del Frente Popular, y Díaz Fernández sale elegido Diputado en el distrito de Murcia, por 38.680 votos, de los 70.381 emitidos, constando en el acta algunas reclamaciones.

Díaz Fernández vuelve a ocupar, entonces, el puesto de Secretario Político de Instrucción Pública, siendo otra vez ministro J M. Domingo, y luego F. Barnés, hasta la llegada de los gobiernos socialistas, en septiembre del mismo 1936.

En los meses posteriores a febrero de 1936, la actuación de la derecha extraparlamentaria y la izquierda revolucionaria traen consigo que la República se vea desbordada por ambos extremos. Ya en plena guerra civil, Díaz Fernández desempeña diversos cargos en el departamento de propaganda del Ministerio de Estado.

A punto de finalizar la contienda, vuelve a encontrarse cerca de Manuel Azaña, durante la estancia del Presidente de la República en Cataluña, donde se ocupa de cuestiones de prensa; ante la debacle final marcha a Francia y es internado en un campo de concentración, mientras su mujer y su hija se refugian en Perpiñán.

Puesto en libertad, el calvario, no obstante, continúa. La familia se traslada, entonces, a París, luego a Toulouse y de regreso a París. Cuando estalla la II Guerra Mundial vuelven a Toulouse, para, al poco tiempo, ser residenciados en Le Mans; huyen después a Nantes. Prisioneros de los alemanes, Díaz Fernández ve como, mientras otros compañeros son enviados a España, donde muchos son fusilados, él puede marchar a Toulouse, situado en la llamada "zona libre". Muere en la miseria, el 18 de febrero de 1941, cuando esperaba poder trasladarse a América.

Azaña no menciona a Díaz Fernández en sus Memorias, por otra parte una magnífica pieza histórica y literaria, aunque casi es preferible, pues a Domingo, albornoz y a otros muchos les aplica duros calificativos, librándose sólo de sus acervas críticas Rivas Cherif y Casares Quiroga.

La temprana muerte de Díaz Fernández cortó en flor su labor literaria, prevaleciendo sus trabajos periodísticos al servicio de su ideología, lo que pronto llevó al escritor y al político al olvido.

Por otra parte, el compromiso político de los demás integrantes del "nuevo romanticismo literario" y la guerra civil, resuelta en términos de dictadura personal derechista, aventó a sus seguidores.

Su antiguo protector y amigo, A. L. Oliveros, director de El Noroeste, recuerda poco gratamente en sus memorias a Díaz Fernández, como un joven ambicioso que no reparaba en obstáculos para conseguir sus fines. En reciente conversación del autor de estas líneas con Francisco Ayala, su compañero de letras en aquellos tiempos, me manifestó, entre otras cosas, que, llegado el momento, él había preferido seguir la línea de la literatura de vanguardia, de carácter esteticista, mientras Díaz Fernández escogió el periodismo militante; pero, aunque sus caminos se habían separado, recordaba a Pepillo porque, sobre todo, era una buena persona.

Miguel Angel Serrano Monteavaro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Castropol y Jovellanos.

Publicado: 11/12/2006 15:58 por castropol en Colaboraciones

Corría el año de 1797 cuando Carlos IV, tras no pocas vacilaciones, cosa, por otra parte, corriente en él, decide, inducido al parecer por Francisco Cabarrús, nombrar, con fecha del 23 de noviembre, Secretario (Ministro) de Gracia y Justicia a Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega,1811).

En aquellos años, el acerca miento a Francia lleva a España a firmar con aquel país, en 1796, el tratado de San Ildefonso, que sólo nos traerá problemas con Inglaterra.

Así, al año siguiente, mientras Mazarredo y Alcalá Galiano defienden con éxito Cádiz contra la escuadra de Napoleón, José de Córdova es derrotado, inexplicablemente, por Jervis en aguas del Cabo de San Vicente.

A aquellas alturas del siglo, Jovellanos ya había desarrollado una importante labor política e intelectual de carácter reformador, tanto en Asturias como en el resto de España, aunque dentro de los moderados parámetros de nuestra Ilustración. Cabarrús, francés naturalizado español, creador del Banco de San Carlos (luego Banco de España), genio financiero y, éste sí, radical partidario de la Ilustración, promueve a Jovellanos a una Secretaría, entre otras cosas, en agradecimiento de antiguos favores. Jovellanos había tratado de impedir el ingreso de Cabarrús en prisión, víctima de una intriga palaciega; a este fin, acudió a los buenos oficios de Campomanes, pero éste no quiso hacer nada en favor del francés.

Nunca había estado Jovellanos, ni lo estará nunca, en el círculo más estrecho del poder. Pero estuvo a la altura de las circunstancias cuando, tiempo después de ser liberado por Fernando VII de su prisión mallorquina, rechaza, al contrario de lo que decidió su amigo Cabarrús; un Ministerio (el de Interior, en este caso) que le había ofrecido José Bonaparte.

Poco tiempo se mantuvo Jovellanos al frente de la Secretaría de Gracia y Justicia, pues, fruto de una nueva intriga de la camarilla de la Reina, cesa el 16 de agosto de 1798, siendo sustituido por José Antonio Caballero.

El Ayuntamiento de Castropol, recogiendo la corriente de simpatía suscitada entre la mayoría de los habitantes de la villa por el nombramiento de Jovellanos para la Secretaría de Gracia y Justicia, quiso festejar adecuadamente el acontecimiento.

En primer lugar, se acuerda fijar para el 6 de enero del año siguiente la fecha de la celebración de los festejos, haciéndola coincidir con el día de los Reyes Magos, onomástica, por partida doble, de Jovellanos. Luego, comisiona para organizar los actos al alcalde mayor, Diego de Cancio Donlebún, y al personero del común (procurador del conjunto de los habitantes del municipio) y subdelegado de Marina, Lucas Rodríguez.

Y, así, a las 12 h. del5 de enero, la villa vibra al repique de las campanas de la iglesia y de la capilla de San Roque, al que pronto se suman tambores, gaitas, las salvas de las baterías de tierra y de los cañones de los buques fondeados en la Ría, salvas del destacamento del Regimiento Asturias, acantonado en Castropol... para más tarde efectuar todos juntos un pasacalles, acompañando a los gigantes y cabezudos.

A la puesta de sol y tras el toque de oración, vuelven a repicar las campanas, se encienden fuegos artificiales, estallan las salvas de artillería y de las tropas, recorren la villa los pasacaIles...

Se inaugura también la iluminación, para el caso, ¡nada menos que 300 puntos de luz!, que adorna la fachada del palacio de los marqueses de Santa Cruz de Marcenado, en aquel entonces

Juan Antonio Navia Osorio y amaña, casado con Ana María de Contreras Vargas y Muñoz, condesa de Alcudia.

A las nueve de la noche vuelve a encenderse un castillo de fuegos artificiales, se celebra un concurso de danzas del país y suenan los violines, flautas y otros instrumentos (¡cuántos músicos había en aquella fecha en Castropol!), y se queman dos vítores dedicados a Jovellanos, uno costeado por el Concejo y otro por los marqueses de Santa Cruz.

Al amanecer del día 6, nuevo repique de campanas, pasacalIes, música y gigantes y cabezudos.

Minutos antes de las diez, las autoridades civiles y militares, que previamente se habían concentro en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, se trasladan, en procesión cívica, a la iglesia parroquial. En el templo se reza un solemne Té Deum y una misa, oficiados por el párroco Benito Sierra y Pambley. José María Valledor y Presno, cura de San Andrés de Serantes, dirige los cantos.

Finalizada la ceremonia religiosa, tiene lugar, en aguas de la Ría, un simulacro de combate naval, en el que participan los numerosos buques que allí se encontraban fondeados.

A este fin, los buques se agrupan en dos divisiones, una española y otra inglesa, que evolucionan entre Castropol, Ribadeo y Figueras, cañoneándose "fieramente" con salvas (recordemos que en aquella época los buques mercantes también portaban algunas piezas de artillería).

La expectación despertada entre los habitantes de la Ría, que abarrotaban la costa, fue apoteósica, como es de suponer.

Ni qué decir tiene, el combate naval fue ganado por la escuadra española.

Las autoridades contemplaron la batalla desde el Campo del Tablado (pensemos que la explanada del Campo llegaba hasta el castillo de Fiel y no existían las casas que hoy impiden la vista del mar desde allí).

Luego, fiesta en el Campo, son liberados los "prisioneros ingleses", se reparten regalos, todos juntos toman parte en una jira...

¿A qué se debían estas emociones jovellanistas entre los castropolenses? ¿Había calado tan hondo la Ilustración en Castropol?

La primera conclusión que podemos sacar de la celebración de estos fastos nos lleva a pensar que el tan comentado aislamiento de Asturias respecto al resto de España se refería tan sólo a las comunicaciones con la Meseta Castellana, a través de los puertos de la Cordillera Cantábrica, pues vemos que el intercambio de mercancías, viajeros y noticias por vía marítima entre Asturias y el resto del mundo, era constante.

Por otro lado, el gesto de Castropol nos habla de que en esta villa era muy considerada la figura y la labor de Jovellanos, dado el número de sus partidarios. De donde se puede colegir que en Castropol existía un importante foco de ilustrados, en contacto con las corrientes más avanzadas del pensamiento entonces en boga en Europa.

Lamentablemente, los excesos de la Revolución Francesa y, en concreto, la ejecución en la guillotina de Luis XVI y María Antonieta, provocaron en España y otros países una reacción adversa, no exactamente contra los principios ilustrados, sino más bien hacia la toma del poder por el pueblo y la pérdida de los privilegios aristocráticos.

Por otro lado, el querer Francia imponer, más que difundir, los principios de la Revolución en el resto de Europa; provocó una serie de guerras en cadena que asoló Europa hasta bien entrado el siglo XIX.

Con todo esto, Carlos IV, primero, y Fernando VII, después, temieron acabar sus días al modo de sus parientes franceses, e hicieron lo posible para que los principios de la Revolución no prendiesen en España.

Aún así, el 2 de febrero de 1795, el maestro de letras Juan Picornell Gomila, miembro de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, y otros republicano-federales, se confabulaban en la logia La Española para destronar a Carlos IV. La intentona, primera republicana que registra la Historia, que terminó en fracaso, recibió el nombre de La Conspiración del cerro de San BIas.

Cuando Napoleón coloca en el trono español a su hermano José (cuyo efímero reinado, patrioterismos aparte, dejó una importante huella cultural en Madrid), con el fin de implantar los aires revolucionarios, se equivoca en cuanto a las formas (la imposición por la fuerza), pero en cuanto al fondo, pues entre los españoles existía un importante número de aristócratas, burgueses, militares, funcionarios y aún clérigos partidarios de los nuevos aires.

Sin embargo, al estallar la "guerra patria" una gran mayoría de aquellos escogió defender la independencia de su país, dejando a un lado sus preferencias ideológicas, que suponía rechazar formalmente el pensamiento de la Revolución. No obstante, hubo algunos militares, nobles y funcionarios que vieron en la guerra y la instauración de la nueva dinastía la ocasión del nacimiento de una nueva España.

Las dudas y vacilaciones, singular y colectivamente trágicas, de la España de la Ilustración parece reflejarlas Jovellanos en el retrato que le dedicó Goya.

En el óleo aparece Jovellanos pensativo, con la cabeza reposando sobre su mano izquierda, y como sumido en lejanos, más que hondos, pensamientos.

¡La duda que han tenido muchos buenos españoles en momentos parecidos!

(Los datos de los festejos pro- ceden del Archivo J. Cancio)

Miguel Angel Serrano Monteavaro

El Inmortal

Publicado: 04/12/2006 16:18 por castropol en Colaboraciones

Hemos encontrado un nuevo dato sobre la vida de Antonio García, el héroe de Castropol, llamado también El Inmortal.

Falleció en La Coruña, tal y como apuntaba el manuscrito que F. Canella Secades entregó, en 1878, al general Zapatero y Naves, y que resumió Arturo Cotarelo en sus "Bocetos Militares" (Madrid, 1883). Pero no se sabía dónde había muerto, cuándo y en qué lugar está enterrado.

Antonio García falleció en el Hospital Militar de La Coruña, el 28 de febrero de 1841, cuando tenía 49 años, y fue enterrado en la fosa común para indigentes del Cementerio Municipal de San Amaro, de la misma ciudad gallega, pues aquel hospital no contaba con cementerio propio. El libro de fallecimientos del Hospital Militar se equivoca al escribir la edad que tenía Antonio García al morir; debía estar muy deteriorado físicamente.

Con este motivo, vamos a trazar una semblanza de Antonio García, en base a los datos hasta ahora verificados.

Inmortal, arcabuceado, húsar de Castilla, alférez graduado, luego subteniente, con derecho a uso perpetuo de uniforme, charretera de honor, Hijo Benemérito de la Patria, Cruz laureada de San Fernando, del Cuerpo de Inválidos, eran los títulos que podía lucir nuestro personaje.

Antonio García-Monteavaro López, de familia humilde, nació, el 20 de junio de 1791, en Castañeirua, en aquel entonces perteneciente a la parroquia de Piñera, municipio de Castropol (Asturias), como averiguó J. L. Pérez de Castro, y no a la de Presno, como aseguraba la documentación oficial y creía el propio Antonio García.

El 25 de mayo de 1808, la Junta General del Principado de Asturias proclama en Oviedo, ni más ni menos: Asturias, en nombre de la España invadida y de su Rey cautivo, declara solemnemente la guerra a Francia. Atendiendo a esta llamada, el 17 de junio se crea el Regimiento de Infantería de Línea de Castropol, "bajo el pie de un batallón de a 10 compañías", con un total de 1.024 hombres, pertenecientes todos ellos al Partido de Castropol. José María Navia Osorio fue su primer coronel y Juan de Murias su sargento mayor y relator de su historial. Inmediatamente, el regimiento marcha a Oviedo.

Parece más que probable que Antonio García se alistase primero en el Regimiento de Castropol, y luego pasase a los Húsares de Castilla, formados, según Luis Calvo (en carta al autor de estas líneas), en base a los Carabineros Reales, llegados de Oviedo para sofocar el levantamiento contra el francés.

La creación de unidades militares en los distintos concejos tenía la indudable ventaja, en una guerra por la independencia, de provocar que sus miembros defendiesen con uñas y dientes su patria chica. Pero se corría también el riesgo, como así ocurrió en ocasiones, de que no quisiesen combatir fuera de su propia tierra.

Hagamos, entonces, un sucinto repaso de la Hoja de Servicios de Antonio García.

En la acción de Balmaseda, Antonio García recibió un balazo, luego estuvo en las de Oviedo (una estocada), Navia, La Cari- dad, Mondoñedo (un balazo), Lugo (tres estocadas) , Vivero, Betanzos (una cuchillada), La Coruña, Santiago (un balazo), Valdeorras, Morella, Villafranca del Bierzo (un balazo), Alba de Tormes, Brañobares, Ciudad Rodrigo, Olivenza, Llerena (arcabuceado por los franceses, que lo habían hecho prisionero, recibe cuatro balazos, pero consigue sobrevivir), Castillejos, Fregenal de la Sierra (un balazo y dos estocadas. Acción en la que Antonio García recobró una bandera española, después de luchar contra 17 franceses. En el mismo escenario, tres meses después de que los franceses lo hubiesen fusilado, Antonio García coge prisionero al comandante que había mandado arcabucearlo; Antonio García lo somete a la misma prueba de fuego, pero el francés muere), Higuera de Fregenal, La Palma, Albuera (una estocada), Puebla de Guzmán, Usagre, Zujar, Cullar de Baza, Murviedro (un balazo y una estocada), Alaguas y Murcia.

Tantas heridas y tan larga y continuada campaña llevan a Javier Elio, general jefe del II Ejército, hacia 1812, a recomendar a Antonio García que fuera a Cádiz, donde se encontraba la Regencia, para reclamar una pensión de invalidez.

Vamos a seguir ahora los pasos de Antonio García en la entonces capital de España.

Así, el 24 de enero de 1813, Antonio García se presenta en Cádiz ante la Regencia del Reino, instalada en e1 palacio de la Aduana.

El día 28, la Gaceta de la Regencia de las Españas inserta, de oficio, un artículo sobre la llegada del húsar Antonio García a la Regencia para reclamar la gracia de inválidos, y también las siguientes decisiones tomadas por el Presidente: concederle a Antonio García la condecoración de sargento primero vivo de caballería ligera, su colocación en el empleo de rentas, la concesión de una ayuda para su regreso a Asturias y la publicación de sus méritos en la "Gaceta", para ejemplo de todos.

El 30, la "Gaceta" publica la relación de méritos de Antonio García. En la sesión. de cortes de la misma fecha, el representante asturiano E. Vázquez Ganga manifiesta que los premios concedidos al héroe de Castropol no han sido suficientes.

La prensa gaditana se une a las declaraciones de Vázquez Ganga, y el 1 de febrero EI Conciso publica la Hoja de Servicios de Antonio García; el 2 su semblanza; al mismo tiempo, pide que se le retrate para que su efigie sea incluida en la Colección de los militares que en la presente lucha se han hecho acreedores al amor y gratitud de la patria, y que reproducirá más tarde la Junta Iconográfica Nacional. El mismo 2 de febrero, el Diario de Sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias publica una representación, firmada por 96 personajes, pidiendo que se le conceda a Antonio García la Cruz laureada de San Fernando (creada en 1811), con dispensa de juicio contradictorio, por haber recuperado una bandera española, de la que se habían apoderado los franceses, después de luchar contra 17 enemigos.

El día 3, El Conciso traza un retrato literario de Antonio García.

El 12, el Diario de Sesiones recoge un dictamen de las Comisiones de Guerra y Premios, que se hace eco de las pretensiones de Vázquez Ganga. El representante asturiano cuenta, también, que el padre de Antonio García, comandante de una alarma en Asturias, murió peleando al intentar evitar que un francés le cortase la mano derecha a una hija, que no quería acceder a sus torpes pretensiones (según el libro de defunciones de Piñera, Castropol, el padre de Antonio García murió en 1809).

Las Comisiones de Guerra y Premios, continúa el Diario de Sesiones, no pueden dispensar a Antonio García del juicio contradictorio para la concesión de la Laureada, pero lo premian con el uso perpetuo del uniforme de alférez, 500 reales mensuales de renta y lo llama a comparecer ante las Cortes. Al mismo tiempo, piden que la Regencia mande abrir juicio contradictorio sobre la recuperación de la bandera, y, en su caso, le conceda la Laureada, como así ocurrió más tarde y consta en el archivo de las Reales y Militares Órdenes.

A las 12 horas del 16 de febrero, Antonio García, de dolman amarillo y casco de caballería, comparece ante las Cortes, insta- ladas en la iglesia de San Felipe Neri. Es llamado a la barandilla, desde donde escucha la lectura del decreto por el que se le concedían aquellos premios y la arenga que le dedica el presidente Miguel Zumalacárregui, que lo llama Hijo Benemérito de la Patria. Antonio García toma de sus manos las credenciales dirigidas a la Regencia.

Luego, el héroe de Castropol pronuncia unas palabras (que se conservan), y ante la emoción que le atenaza la garganta, es Vázquez Canga quien lee el discurso que Antonio García había preparado para la ocasión, que se inserta en el Diario de Sesiones.

Con el Decreto de las Cortes en la mano, Antonio García, acompañado por un alabardero y la Banda de Música de las Guardias Españolas, se dirige a la Regencia; por el camino es vitoreado por el público que se había aglomerado en las inmediaciones. Al pasar por la calle del Tinte, el embajador inglés, Richard Coley, marqués de Wellesley (hermano de Wellington), se asoma al balcón y lo invita a visitarlo, a su regreso de la Regencia.

Cumplimentado el trámite en la Regencia, Antonio García se reúne con el embajador inglés, quien, después de un refrigerio, le regala un uniforme y un sable. Luego se acerca al Depósito de Inválidos, situado en el cuartel de La Bomba, y reparte entre los residentes las 47 Pts. que le habían entregado en las Cortes para sus gastos.

Por la noche, asiste a una función de teatro, durante la que el actor Frediani lee un soneto (que se conserva) dedicado al héroe.

Pasados estos festejos, se impone la cruda realidad en la azarosa vida de Antonio García.

Así, el 1 de marzo del mismo 1813, El Tribuna del Pueblo Es pañol publica una carta de Antonio García, en la que pide que algún médico lo atienda en sus padecimientos (2 heridas sin cerrar) gratuitamente, pues carece de dinero. Vivía en aquel entonces en la Posada de la Paz, en la calle del Molino.

En el mismo número, el regente de .la imprenta del periódico escribe que lamenta que los editores no puedan costear la curación de Antonio García, aunque proponen abrir una suscripción, a cuyo fin ceden el producto de la venta de un número de El Tribuna.

El día 5, el editor del Robespierre Español se ofrece a curar él mismo a Antonio García, y a acogerlo además en su casa de la Isla de León (San Fernando).

El 11, El Tribuna da cuenta de que la suscripción entre los militares del Ejército de Reserva, al mando de Enrique O' Donnell, conde de La Bisbal, cuyo cuartel general se encontraba en Sevilla, había alcanzado los 9.786 reales, con 18 maravedíes. En el mismo número del periódico, Antonio García agradece el gesto.

Viéndose recuperado, en el mes de abril, Antonio García vuelve de nuevo a la guerra, próxima ya a finalizar.

Llegada la paz, apunta Arturo Cotarelo, siguiendo el manuscrito que Canella poseía, Antonio García comenzó a militar en las filas liberales, a la vista de que Fernando VII, por el que luchara bajo la bandera de la Constitución de Cádiz, en 1814, a su regreso del cautiverio, había proclamado el absolutismo, apoyado precisa mente por aquel Javier Elío, que ayudara a nuestro soldado.

Volvemos a retomar la pista de nuestro héroe en los años del Trienio Liberal (1820-1823), viéndolo luchar, contra los absolutistas, en las filas de Juan Martín El Empecinado.

Triunfa, finalmente, la reacción, y El Empecinado y un grupo de sus hombres, adalides de las libertades de Cádiz, son apresa dos traicioneramente por los facciosos. Entre los hombres de El Empecinado se encontraba Antonio García.

Llevados a Roa (Burgos), El Empecinado es sometido a un proceso inicuo, que lo lleva a la muerte, ya en el año 1825. Antonio García y los demás quedan en libertad.

En 1832 encontramos a Antonio García viviendo en Valladolid, según recoge un documento del Archivo de la Real Chancillería, en el que Josefa González, residente también en Valladolid, acusa de estupro a Antonio García Monteavaro, alias el Inmortal (sic), oficial retirado en dicha ciudad, en cuya casa trabajaba de criada.

Canella y Cotarelo apuntan que Antonio García emigró después a Portugal, pero quizá se confundan con otro Antonio García, que fue detenido en Évora (Portugal), por desertar de una unidad del ejército español, que en aquellos momentos se encontraba en Sevilla. El documento en que me baso, procedente del Archivo Histórico Nacional, lleva fecha de 1837.

El manuscrito que poseía Canella y manejó Cotarelo afirma más adelante que Antonio García tomó parte en la I Guerra Carlista (1833-1839), y que, en una acción, el cura Jerónimo Merino, el famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia, luego absolutista y finalmente carlista, le había arrebatado su querida Hoja de Servicios, que desde luego no se encuentra en el Archivo General Militar de Segovia.

Parece ser que Antonio García, finalizada la guerra carlista, se trasladó a vivir a La Coruña, donde falleció, tal y como habíamos apuntado al principio de estas líneas.

Según García Teijeiro, en su folleto El Inmortal húsar de Castilla don Antonio García, soldado del Regimiento de Castropol, quien excitó desde niño mi curiosidad hacia el personaje, Antonio García se casó en Oviedo, en fecha que no determina, con María Victoria González Valdés, y tuvieron una única hija, Felipa, que, huérfana de sus padres, fue recogida por unos parientes.

Hora es ya de que el Ayuntamiento de Castropol honre la memoria de El Inmortal, quien, como muchos otros humildes soldados, supo defender la independencia de la Patria, sin esperar de ella más que el reconocimiento del pueblo español, representado por las Cortes soberanas.

Miguel Angel Serrano Monteavaro

Melquiades Alvarez y Castropol.

Publicado: 25/03/2006 19:22 por castropol en Colaboraciones
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Melquiades Alvarez, en el centro, con bastón de color claro. (En los jardines delo palacio del Marqués de Santa Cruz)


M. A. Serrano Monteavaro

Castropol había vivido durante el pasado siglo algunos momentos históricos, en los que el pueblo se echó a la calle en pública y emocionada manifestación.

Por ejemplo, aquel día del mes de mayo de 1808, en el que los castropolenses despidieron entre emociones sin cuento a los voluntarios del Regimiento de Infantería de Línea, que marchaba al campo de batalla en busca de los hombres de Napoleón.

O aquella otra jornada de 1817, cuando ya vencido el Emperador francés, los comisionados de la villa regresaron a Castropol con la Bandera del Regimiento, que habían ido a buscar a Madrid.

Sin olvidar los azarosos días de la Revolución de septiembre de 1868, y aquel en concreto en que se recibió en Castropol la Proclama de la Marina, lanzada desde el "Ferrol con fecha de 26 de septiembre, en la que se llamaba a sublevarse contra los Borbones, al grito de "Viva la Soberanía Nacional!"

La guerra de Cuba y la pérdida de las colonias fueron años de contenidas emociones, pero no dieron lugar a un momento determinado de eclosión popular.

Sin embargo, el desastre del 98, además del retorno de algunas personas y capitales, trajo consigo, en toda España, el despertar de las inquietudes políticas, sociales y culturales de muchos elementos de la clase media.

Castropol no fue una excepción en este movimiento renovador Sus ciudadanos más dinámicos se sintieron llamados a una tarea regeneradora, que, al no encontrar eco en la clase política tradicional ni en la Corona, se iba a desarrollar de abajo arriba y desde las provincias más periféricas al centro.

Por otro lado, cada día estaba adquiriendo más relieve a nivel nacional la figura del asturiano Melquíades Alvarez, catedrático de humilde origen, al que le habían arrebatado el acta a Diputado a Cortes por Oviedo en 1898 (se había presentado por los republicanos, de la mano de "Clarín"), pero que en 1901, Y ya Decano del Colegio de Abogados de Oviedo, saldrá elegido por el mismo distrito, también en las filas republicanas.

Las inquietudes de aquellos ,castropolenses iban a encontrar cauce nacional, al igual que otros muchos republicanos, monárquicos descontentos y regeneracionistas, en general, a través de Melquíades Alvarez, y Melquíades se "avecindaría" políticamente en Castropol.

La primera visita que Melquíades Alvarez realizó a la villa (pues hubo otras), el domingo 13 de septiembre de 1908, constituyó otro de aquellos acontecimientos históricos que movilizaron a los castropolenses El "Castropol" del 20 de septiembre da fiel reflejo de los hechos.

Esta es la sencilla crónica de aquel encuentro, que está dedicada a sus protagonistas, mis queridos ilustrados de Castropol

Como era de esperar, la polémica entre los partidarios de Melquíades y los conservadores (que casi siempre conseguían que saliese elegido diputado el pidalista Conde de Toreno) sobre la venida del tribu no reformista a Castropol estaba servida de antemano. Las familias de Castropol se encontraban amistosamente divididas entre las dos tendencias políticas, que más tarde recibirán los apelativos de "nuevos" y "viejos", con que Ortega (reformista) los iba a bautizar (la nueva y la vieja política).

El lugar de la concentración fijado por los melquiadistas era el Parque de Alfonso XIII (antes Campo del Tablado y desde 1911 Parque de Vicente Loriente); los pocos conservadores que se atrevían a salir a la calle aquel día se reúnen en el Ayuntamiento, institución donde habían sentado sus reales (muchos de fueron de excursión y otros a Vegadeo, de tertulia con su jefe Everardo Villamil).

En el Parque se van reuniendo los representantes de la comarca: El Franco, Tapia, Vega de Ribadeo, Taramundi, Figueras, Ribadeo, Navia, Puerto de Vega, Luarca...

Entre las distintas comisiones destaca la de los representantes de Boal, que llegan a caballo, polvorientos, cantores, enarbolando una bandera roja. Son los que llaman los "boers" de Boal.

Muy retrasado a su cita llega por fin Melquíades, que hace su entrada por la calle Nueva. La banda de música, con Etelvino Méndez, inicia sus compases desde El Espolón: el himno de Riego, pasodobles variados... Rodríguez tachona el cielo de cohetería.

El coche de Melquíades entra en el patio de la casa de Loriente, seguido de otros "autos", se bajan de ellos, además de Melquíades, Pedregal (hijo), De la Llana, Corugedo...

Después de los preceptivos saludos y presentaciones, Melquíades y Loriente se exponen en la ventana de la casa que da al Parque; luego, todos, junto a la multitud, se trasladan al campo que había entre la carretera general y la salida del pueblo frente a la casa de Ramón Prieto (que era su propietario). Allí se va a celebrar el banquete, bajo unos toldos, guirnaldas y música; en total 232 comensales. Los que no caben en aquel prado almuerzan en los de alrededor. Toman asiento con Melquíades: Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Claudio Luanco y Loriente.

Llega la hora de los discursos. Habla Eleuterio Cuervo por Vegadeo, Mario Acevedo por Figueras, Eduardo Blanco por Boal, Domingo González por El Franco, Vicente Loriente, Augusto Barcia, Juan Fernández de la Llana, Pedregal y por fin Melquíades Alvarez, que centra su intervención en el tema del caciquismo (principal preocupación de la comarca, al parecer).

El entusiasmo es generalizado. El éxito clamoroso. Desde ahora, mencionar políticamente a Castropol es aludir a Melquíades, y hablar de Melquíades es referirse a Castropol.

Hasta aquí la que podíamos llamar "crónica oficial’" que ahora voy a completar con unos apuntes, debidos, al parecer, a la mano de Claudio Luanco, director entonces del "Castropol", que aparecieron entre los papeles que a lo largo de los años fui reuniendo sobre las historias más diversas del pueblo. La difícil lectura de aquellos apuntes tomados al vuelo,casi taquigráficamente, me obliga a transcribirlos con mis propias palabras; helos aquí-.

"La visita de Melquíades había despertado un inusitado interés en toda la comarca astur-galaica, tanto entre los que ya nos considerábamos sus partidarios como entre los conservadores, a los que sólo quisiera llamar ahora enemigos políticos".

"Aquella mañana, horas antes de la llegada de Melquíades, algunos correligionarios fuimos a pasear a La Mirandilla, y allí nos sorprendió Zoilo Murias, el alcalde conservador de Castropol, al que acompañaba Benjamín Vázquez, el médico titular, también de la misma cuerda".

"Con una sonrisa llena de socarronería nos atacó Zoilo: "Vaya, vaya, oteando el horizonte de El Esquilo, para ver si por el "Loriente" llega, al fin, la redención"; (bien sabía Zoilo que a Melquíades le llamábamos "el redentor" en las páginas del "Castropol").

"Me mordí la lengua, pero aún acerté a contestarle: "Don Zoilo, el sol siempre sale por el Loriente" y del oriente llegan los Reyes Magos".

"Mientras tanto, los demás intentaban sujetar al joven Méndez de Andés que, al uso de los modos políticos que se utilizaban en la Argentina, quería darle a Zoilo con el bastón en la cabeza".

"Para evitar provocaciones de tono mayor marchamos a la casa de Loriente a esperar a Melquíades".

"Después de la intensa jornada, transcurrida en paz y entre clamores (de la que informa el "CastropoI" citado) nos reunimos con Melquíades en la sala principal de la casa de Loriente: Victoriano García de Paredes, Augusto Barcia (que había pasado desde Ribadeo), Ramón Prieto, Manuel Monteavaro, Mario Acevedo (venido de Figueras), Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Eleuterio Cuervo (de la Vega), Fermín Braña..:’.

"Durante aquella tertulia, con la gente cansada tras un día tan agitado, bajo el sopor propio de una calurosa tarde del septiembre castropolense (a algunos tuve que atender como médico, en el prado, a causa de una pesada digestión), baja ya la guardia de las formas sociales, se trataron diversos temas que, dado su interés recogí luego con la idea quizás de publicarlos en el "Castropol".

"Ninguno de nosotros, excepto Augusto Barcia, conocía personalmente a Melquíades: no muy alto, menudo, nervioso, de ojos vivos, con el pelo corto y levantado, lucía el lazo blanco que lo había hecho famoso".

"Melquíades venía precedido de una bien ganada fama de abogado y reformador de la política asturiana, y aún de la nacional".

"Insistió durante la reunión, al igual que había hecho en su discurso de fin del almuerzo, en el tema del caciquismo. Se me ocurre pensar como médico rural que conoce muchos pueblos asturianos en la situación en que quedan, si antes de echar a los caciques no se resuelve el problema del analfabetismo práctico de la casi totalidad de sus habitantes, pues de otra manera quién va a sustituir a estos caciques, quien va a gestionar la política local?

"Me pareció entender que Melquíades venía a sustituir a unos caciques por otros, aunque por supuesto con un distinto cuño, de oto talante. Desde luego es un avance..., aunque solo hasta que cada uno de los habitantes de estos pueblos pueda convertirse en su propio señor”.

“Y este tema enlaza con otro, en cuya solución me identifico plenamente con las ideas de Melquíades: la instrucción pública. Que contempla, por un lado, el tema de la construcción de escuelas y la dotación de las aulas, y, por el otro, no menos importante, los sueldos y la preparación de los maestros".

"Fue muy oportuna entonces la intervención de Monteavaro quien apuntó que los "americanos" se sentían partícipes de la construcción y dotación de escuelas, operación que se había incrementado desde la repatriación de capitales de Cuba. ¡Que cunda el ejemplo!, añadimos todos".

"Lo que no quedó tan claro, por lo menos para mí, fue el tema de la forma de gobierno. Alfonso XIII acaba de principiar su reinado y Melquíades espera que el Rey vaya abriendo el régimen paulatinamente, pero no cree que tal movimiento lo pueda hacer con políticos como Maura, quizá con Canalejas... Melquíades no ve otra solución que la republicana.

(En nota marginal, Vicente Loriente apunta en 1930: Han pasado los años. El Rey no se ha abierto a ninguna solución. Menos todavía, ha propiciado la dictadura de Primo, y Melquíades, mostrándose enemigo declarado de la dictadura, todavía espera que la monarquía evolucione. Pero tampoco veo que Melquíades haya evolucionado. Hay gente que lo ha venido abandonando, como Ortega, Azaña, Pérez de Ayala...)

"Uno de nosotros quiso saber la postura de Melquíades sobre la Iglesia católica. Estuvo brillante en la respuesta, que intentaré recoger con toda fidelidad".

"Dijo Melquíades que, al margen de sus creencias, si esto podía ser así, no se consideraba comprometido con una Iglesia beligerante contra la evolución científica, la extensión de la enseñanza, que se entrometía en la vida política. La Iglesia debía ser tratada como una asociación ciudadana más, al igual que las órdenes religiosas, los creyentes terminarían agradeciéndoselo al Estado. Se calificó de "heterodoxo" (creo que se refiere a su disidencia, al igual que la de otros que recoge Menéndez y Pelayo en su famoso libro). Las manifestaciones de Melquíades hicieron torcer el gesto a Inocencio y a Jesus".

"Castropol, como el oriente de Asturias, vive de lejos los problemas obreros de la minería. Es como si existiesen dos Asturias. Augusto Barcia, cuya inquietud política era ya notable en aquella época, preguntó por la cuestión obrera".

Melquíades contestó que poco a poco los obreros asturianos iban tomando conciencia de clase y abrazando el socialismo y aún el colectivismo marxista. Creía que no era ese el camino que debía seguir el proletariado, pero que la cerrazón de los patronos y la postura del Gobierno no les dejaba otro camino abierto que no fuese aquel o la resignación. Los pidalistas, a pesar de la preocupación social de la Iglesia y la creación de círculos obreros católicos, no iba a resolver la situación, pues, a la postre, la jerarquía eclesiástica no iba a poner en jaque a la alta burguesía.

(Vicente Loriente anota en este punto: Fue notable el papel de Melquíades en la gran huelga de 1917. No sólo habló en favor de los huelguistas, sino que tuvo escondido en su casa a Manuel Llaneza. Fue el gran momento de Melquíades, papel que luego continuó representando en oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Pudo convertirse en el primer Presidente de la República que se venía venir. Porque ¡hay que ver el papelón que luego representó Don Niceto! Pero Melquíades no supo ver cual era la salida a aquella situación; mientras por la izquierda iba perdiendo a las masas, en la derecha no encontraba eco (Aquella indefinición de Melquíades, ¿por qué no habría soltado las amarras que creía lo unían con aquella monarquía?).

"Se mostró Melquíades contrario a la aventura africanista de España (que tantos quebraderos de cabeza, de muertes y de bolsillo nos iba a traer) y ante el contento de los jóvenes Méndez de Andés y Monteavaro se manifestó favorable a la multiplicación de contactos con las Américas".

Aquí se interrumpen los apuntes de Claudio Luanco, anotados por Vicente Loriente, que nunca se llegaron a publicar en el "Castropol". y ahora una reflexión personal.

¿Pudo ser Melquíades Alvarez el hombre que llevase a España desde la Restauración a la modernidad, el hombre de la Transición?

El Rey, la Iglesia, el estamento militar y la alta burguesía temían que cualquier cambio pudiese causar el derrumbamiento del régimen; la prueba está en que, ante los problemas que acosaban a España, no encontraron otra solución que entregarla a una dictadura. y ese no era el plan de Melquíades.

La izquierda, que no encontraba cauce para sus reivindicaciones laborales y políticas, escogió para manifestarse la vía del conflicto abierto. y este tampoco era el plan de Melquíades.

En aquella época no existía una clase media extensa y numerosa, como la que confluyó en 1977, que constituyera el sustrato de un partido de centro y permitiese a Melquíades llevar adelante su proyecto de Transición. Y como en las tragedias griegas, el héroe, Melquíades, fue una de las primeras víctimas de la guerra civil.

De “La Comarca del Eo”, 6/septiembre 1997

Colaboraciones.

Publicado: 13/02/2006 17:28 por castropol en Colaboraciones

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