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Publicado: 17/09/2020 08:50 por castropol en Colaboraciones

 

La Nueva España » Cartas de los lectores » Desenfrenos en la ría del Eo

Desenfrenos en la ría del Eo

13 de Septiembre del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

La llegada de las redes sociales a nuestras manos hace unos años nos puso en bandeja de plata las comunicaciones entre grupos de seguidores o followers. Desde entonces, con el más mínimo de los esfuerzos, te puedes enterar de todo lo que se menea, desde la puerta de tu casa, a lo largo del planeta y fuera de él, sin moverte de la cama siquiera. Puedes estar confraternizando desde ella, desde la cocina, la terraza, la playa, el mar o hasta desde el mismísimo excusado. Se acabó la necesidad de tener que salir a la compra, a paseo, al bar, a las tertulias en directo con los amigos, para poder enterarse de todo lo que sucede. Todo, todo lo que te puedas imaginar, de una u otra forma, está en las redes al alcance de todos. Todo este cambio garrafal en la información de caleya, nacional e internacional, en todos los campos -las llamadas news-, ahí la tenemos a golpe de tecla, sin necesidad de sintonizar radios, televisiones o comprarnos periódicos.

Creo que los más disgustados y a contrapelo con este tremendo cambio generacional estamos siendo los mayores. Sin ir más lejos, el grupo que formamos media docena de jubilados en nuestro diario paseo, capitaneados por nuestro pesado amigo Bras, así lo palpa. Hablamos mucho y de casi todo, pero ahora, con las mascaritas que usamos, sentimos que merman nuestras palabras e incluso se modifica el tono de las mismas, teniendo que mirar, a veces, al interlocutor para saber quién es el que habla. Bras es el único que mantiene la figura con su voz radiofónica. A propósito, en nuestra última salida de paseo hasta el Molín de as Acías, Bras nos fue platicando con un tema de rabiosa actualidad, aparte del de las redes, en las márgenes de la ría del Eo, en esta canícula. Nos dijo: "¿Qué os parece el tráfico este verano en la ría, sobre todo en este mes de agosto? Nunca tal se vio en nuestra dilatada vida. Mirad, docenas y docenas de embarcaciones de todo tipo: yates, lanchas, botes a vela -de siempre estos en la ría-, chalanos, piraguas... la surcan sin control ahora por sus cuatro puntos cardinales. Sin respeto alguno, las motos de agua a todo gas los van sorteando a todos para no colisionar levantando, junto a otras rápidas embarcaciones, olas que amenazan con echar a pique a las más pequeñas, muchas de ellas cargadas de niños y gobernadas por inconscientes mayores. Lo nunca visto. Este año navegan de día y de noche. La otra noche, con calor sofocante, no podía dormir y bajé a darme un paseo hasta el muelle. De la oscuridad venía una música al alta la lleva, con una letra que me perturbó: '...ella es callaíta pero pa'l sexo es atrevida, yo sé, marihuana y bebida gozándose la vida...'. Pronto se dejaron ver dos embarcaciones navegando en paralelo, vertiendo música, llenas de luz, con jóvenes bailando en su interior y en cubierta. Pasaron bordeando la costa con rumbo desenfrenado hacia la ensenada de Llan. Allí suelen fondear, amarradas por los costados, hasta más de media docena de embarcaciones por las que se salta de una a otra, mezclándose en una bacanal. Yo me pregunto -prosiguió Bras- ¿no habrá autoridad alguna que ponga coto a estos desenfrenos que se producen de día y de noche en nuestra ría en este mes de agosto?, porque en otros meses sí que está más vigilado. De seguir así surgirá algún abordaje que traerá alguna desgracia. Para poder gobernar cualquier embarcación habría de exigirse un título de competencia marinera, acorde a los metros de eslora de la embarcación y su potencia, lo mismo que se exige para un vehículo terrestre a motor. Con él, y con los conocimientos que conlleva, evitará el patrón colisionar, abordar a otras embarcaciones, quedar varado a bajamar y demás posibles accidentes que suelen ocurrirle al no ducho en la materia". Y terminó su arenga Bras con esta pregunta: "¿Cómo es posible que cualquier ciudadano de a pie, mostrando su simple carné de identidad, pueda presentarse en el muelle, alquilar una embarcación de hasta 5 metros de eslora y lanzarse a navegar sin más, con el inmenso peligro que ello conlleva?".

Llegué a casa pensando que Bras ahora, a sus años, sentía envidia hacia esas diversiones de los jóvenes y, con la desconfianza que dan los años, hurgué en las redes sociales a mi alcance para ver qué había de verdad en lo dicho por Bras. Me quedé de piedra al leer en una página del Gobierno de España, Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, lo siguiente: "Titulaciones de recreo. No se necesitará titulación náutica de recreo para el gobierno de embarcaciones a motor con una potencia máxima de 15 CV y hasta 5 metros de eslora, las de vela hasta 6 metros de eslora...".

Por mi parte, una vez sabido esto, solo me queda pedirle a Dios el tener conocimiento de cuándo va a salir a la ría, guiado por manos inexpertas, algún pepino de esas características, para dar aviso a familiares y amigos rogándoles se queden en la orilla. Esa legislación, a mi pobre entender de jubilado, es como poner un tráiler de 30 toneladas, o una ametralladora cargada, en manos indocumentadas que, casi siempre, suelen ser inexpertas. Como siempre vendrán las lamentaciones por parte de todos cuando ocurra algún desgraciado siniestro y, entonces, ya será demasiado tarde. Agosto ya ha pasado, pero las autoridades competentes debieran de ir legislando con cabeza y buen pulso para el que viene.

La Nueva España » Cartas de los lectores » Chipirones de verdad, de la ría también de verdad

21 de Agosto del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Ahora, en la edad en que me encuentro, nada menos que en la de un jubilado cualquiera de mis años a la orilla de la ría del Eo, agradezco mucho cualquier detalle hacia mi persona, por pequeño que este sea. Recuerdo que hace unos años..., la verdad no sé si pocos o algunos más porque bien es verdad que, en esta edad, los años caen como personales: dobles. Pues bien, recién jubilado, entonces, Manolo, un antiguo profesor mío de instituto y después compañero de trabajo, vino a traerme media docena de jureles pescados por él en nuestro Cantábrico. Entonces se los había agradecido la mar, por dos razones, una por el regalo y otra porque era obvio que no me estaba haciendo la pelota. Disfruté en familia con ellos y le di las gracias públicamente.

Pasaron casi una decena de años y se repitió la historia. Esta vez el escenario es similar y las intenciones iguales. Aunque los actores distintos: por un lado, mi excompañero de instituto, y también de trabajo, Jesús y, por otro, los chipirones. Estos pescados también en el Cantábrico, igual que los jureles.

Después de tomarnos un café con un poco de bizcocho, que yo me tomé como desayuno de las diez de la mañana, y mi amigo como tercer o cuarto café ya; pues no en vano se había pegado un buen madrugón para ir a buscar el chipirón en su lancha. Luego, Jesús se marchó a pasear con su mujer, según me dijo y yo me quedé pensando en buscar un destino a tan estimado detalle. La verdad no tardé en encontrarlo.

Descansaron en la nevera hasta el día siguiente. Luego los limpié, labor ardua para un profano y peccata minuta para un jubilado como yo, al tiempo que pensaba en cómo cocinarlos sin mirar para receta alguna. Con el dedo índice separé el cuerpo de su caparazón para extraerles las vísceras. Aparté la bolsa de la tinta para un vaso, para que no armase escándalo a la vista, luego extraje la cococha, para después dar un corte por delante de los ojos y quitar la dura boca de este cefalópodo. Al final les retiré la plumilla uno a uno, no me gustan con ella. Una vez limpios, piqué menudo los tentáculos y las cocochas y las reservé aparte del cuerpo. Tomé una sartén, con aceite de oliva, y rehogué cebolla, ajo, pimiento verde y rojo con perejil. Todo muy picado. Salé y acompañé con una guindilla. Más tarde agregué una cucharada de harina tamizada, que pasé bien para que no dejase ese sabor que no quería. Eché vino blanco, lo evaporé a fuego fuerte y reservé todo. En otra sartén poché la otra cebolla, con ajo y pimiento verde con perejil y unos tacos muy menudos de paleta y los tentáculos del chipirón. Eché una copita de bebida espiritosa y después evaporé su alcohol. Cuando el color saltó a la vista y el olor invadió mi napia, lo retiré del fuego, rectificando de sal.

Al contenido de la pota le agregué agua para que la salsa no quedase espesa y la trituré fina. Es bueno intentar adivinar los ingredientes con otros sentidos que no sean los de la vista.

Una vez atemperado el relleno, procedí, con una cucharilla de café, a rellenarlos y a cerrarlos con un palillo nuevo. Según los iba rematando los ponía a descansar en la salsa de la pota. Allí, tranquilos, los puse a hervir suavemente durante unos veinte minutos para luego dejarlos reposar.

¿Saben qué les digo por si no lo saben? Que el próximo que me regale manjares semejantes... le invitaré a catarlos. ¡Qué menos! Es un manjar difícil de explicar.

Publicado: 19/07/2020 10:16 por castropol en Colaboraciones

Tempo perdío

18 de Julio del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)
Hoy é víspera da festa da mía aldea, anque mañá nun se celebre. Vóume da guardilla, chen d'iscribir, pra baxar cenar coa familia, sí. Taréi contento y trataréi de que tamén teñan ellos. Trataréi de que deixen esos istrumentos que yes deron en chamar agora “d’última xeneración”. Sí, fagueremos úa búa sobremesa que chegue más aló da madrugada, cantando, contándoyes historias, recordando a os que se foron, sí. Como que me chamo Bras que lo conseguiréi, pro..., ¿y si non podo? Pos estoncias recurriréi al meu meditao valor pra ter a bravura d’encararme a ellos...

Pasa correndo a embulancia coâs destellantes luces azules y pérdese pola calle valleira. Dentro d’ella vai un home vistío cúa camisa de forza y vixilao por dous toleiros que lo llevan coyido -chámanye Bras-. Pregúntayes coa súa pausada fala:

-¡Por favor, señores, por favor, escúitenme! ¿Quérenme dicir únde me llevan? -non ye contestan. Quédase callao, asustao, mirando pra ellos con oyos de nun crer nada. Despós ponse dolente al tempo que yes berra:

-¡Malditos, malditos istrumentos móviles que con a su frialdá separan ás familias, acabando pra sempre co’aquellas tertulias das sobremesas! ¿Por qué no los lleváis a ellos en vez de llevarme a mín?

¡Ay, outro gallo cantaría si soupera Bras que aquellos teléfonos móviles, qu’el nun pode ver, salvaron muita xente d’entollecer coel coronavirus ese...!

LA ROSA DE LOS VIENTOS

Publicado: 27/06/2020 09:13 por castropol en Colaboraciones

      Nuestro agradecimiento a Antonio Valle Suarez, por habernos concedido la primicia de la publicación de este relato corto.


1

 

           Diez años después de la padecida pandemia, en aquella UCI bien pertrechada de gastados aparatos rodeados de protecciones por todas partes, un joven regresaba de repente de un largo viaje en el tiempo, para incorporarse a una realidad que le estaba esperando. Nada más abrir sus ojos se quedó alucinado tratando de descubrir dónde se encontraba. Poco a poco fue volviendo a la realidad, al ver pulular a su alrededor a unos marcianos vestidos de blanco, ataviados con máscaras y grandes gafas. Pareció tranquilizarse al ver allí sonrientes, contemplándolo, a sus padres y a su hermano gemelo.

           Se incorporó para tomar un sorbo de la infusión que le habían ofrecido. El aroma le recordó a la manzanilla salvaje que tanto le gustaba, aquella que recogía de niño junto a su abuela en los prados del Cotarelo.

           Le fueron informando del por qué se encontraba allí, en aquel hospital. Había sido ingresado el 15 de mayo de 2021, día de San Isidro, afectado por el Coronavirus. Un virus letal que antes de llegar a él había estado causando estragos en la población, desde marzo de 2020, con un rebrote por el medio. Parece ser que Juan, antes de enfermar, estaba dedicado en cuerpo y alma a su trabajo de virólogo. Quizás por ello había pasado de ponerse la vacuna del Covid-19, con favorables resultados desde Febrero de 2021. En casa del herrero, cuchillo de palo. La enfermedad se le fue complicando, dejándolo en estado vegetativo hasta hoy día 20 de Mayo de 2030. Había pasado la friolera de nueve años en aquel estado. Su curación había sido un milagro similar al ocurrido con la derrota del Coronavirus.

           Una semana más tarde recibió alta médica. El jefe de planta, le dijo:

           —Venga, Juan, ya vuelves a tú querida Figueras, a disfrutar de ese bello pueblo situado en el mismísimo paraíso al que, si nadie lo impide, me iré a vivir una vez me jubile. Lo haré al día siguiente de liberarme del trabajo —Juan le sonrió, al tiempo que se quedaba unos segundos con la mano extendida en clara señal de un saludo no correspondido. El doctor le había hecho un gesto con su codo derecho, que Juan no entendió.

           Acompañado por sus padres hasta la puerta del HUCA donde los estaba esperando su hermano Óscar, al volante de un coche extraño. El diseño de aquel automóvil le parecía de un proyecto inusual. No recordaba haber visto nunca ninguno similar. Encima, al iniciar la marcha, aquella máquina parecía deslizarse sin emitir ruido alguno...

                                                          2

           Sus primeras palabras fueron para preguntar por la dudosa educación de aquel médico que, a pesar de su amabilidad, le había negado el saludo. Su madre se percató de que Juan no se acordaba de que aquella práctica de comunicación se había iniciado de la mano del Coronavirus; es decir, un año antes de haber enfermado él. Su padre le explicó que esos gestos de saludo, que parecían más propios de otro planeta, habían sustituido a los tradicionales de darse la mano o un par de besos a cada lado de la cara. Le dijo que hacía diez años que había desaparecido aquella práctica de antes. Ahora solo se usaba en familia o entre amigos íntimos. Juan, callado, no acaba de entender el porqué de todo aquello...

           Por el camino llamó su atención la autovía por la que circulaban. En los laterales observó unos quitamiedos de color blanco, de más de un metro de altura. Su hermano le explicó que hacía un par de años los habían cambiado por los viejos de acero cadmiado. Los nuevos eran de un material plástico reciclado. No necesitaban mantenimiento y, además de ser más resistentes que los metálicos, no provocaban lesiones en los accidentes. Se quedó pensativo, sin hablar en el transcurso de unos cuantos kilómetros.

           A medida que aquel silencioso automóvil devoraba distancia, Juan iba percibiendo olvidados recuerdos... Se percató de que no circulaban camiones en ninguna dirección. Preguntó cuál era el motivo. Le explicaron que desde hacía unos años solo circulaban desde las 23:00 horas hasta las 8:00 del día siguiente. El motivo había sido una acertada ley del Ministerio de Fomento que, desde su aplicación, había conseguido una mayor fluidez en el tráfico y una drástica reducción en los siniestros. Llamó su atención la repoblación forestal a ambos lados de la autovía, con una exhaustiva limpieza entre esta y las fincas colindantes.

           Así fue todo el trayecto descubriendo novedades. Se fue haciendo de noche y se vio sorprendido con las potentes luces del automóvil. Óscar le explicó que era una nueva tecnología fabricada en unas antiguas naves cercanas a su pueblo.

           Acompañados de un sirimiri llegaron de noche cerrada a una casa nueva en la carretera al Muelle. A Juan le llamó la atención el blanco resplandeciente de las casas. La respuesta a su observación fue que todas pintaban de blanco ahora y las luces de las farolas eran de led, de ahí aquella claridad. A lo largo de una frugal cena, le contaron que aquella era la nueva casa a la que se habían mudado hacía seis años, pues la que tenían anteriormente la habían cedido para ampliar el parque de la Alameda. Juan seguía de sorpresa en sorpresa.

 

                                                          3

 

           Al día siguiente de su llegada a casa, Juan se despertó pronto. Aun no había amanecido. Se asomó a la ventana para echar un vistazo hacia la Ría. Observó las luces verdes de estribor de una embarcación que parecía partir hacia la mar. Pensó que se trataría de algún barco del Astillero. A la hora del desayuno su madre le comentó que era uno de los dos barcos boniteros que abastecían a la nueva fábrica de conservas. Se habían construido en cooperativa por un grupo de marineros jubilados, movidos por la decisión del gobierno encaminada a la mejora y veda de los mares para garantizar una pesca continuada y sostenible, evitando esquilmar los hasta entonces castigados caladeros por barcos de arrastre, hoy prácticamente desaparecidos. Todo eran novedades para aquel joven que había permanecido en el hospital los últimos nueve años de su vida. Se quedó mudo unos segundos, para luego ir razonando que en el pueblo hacía años que no había ningún barco pesquero. Se habían desguazado todos: Coppi, Divino Pastor, Verano, Puente de Los Santos, Ría del Eo y otros más que ahora no recordaba, en Figueras y el Fernandón, en Castropol, la capital.

           Después del desayuno, Juan y su madre salieron de paseo. Aquel viernes se presentaba como un luminoso día de primavera. La intención de su madre era doble: por un lado hacer que su hijo caminase para ir recuperando la masa muscular perdida después de tantos años postrado en una cama de la UVI y, por otro, ir haciéndole ver tantos cambios acaecidos en el pueblo durante su ausencia.

           Le pidió a su madre ir caminando en dirección hacia el puerto. Nada más salir de casa, Juan, se quedó hechizado un largo rato, contemplando el llamativo conjunto que ofrecía a su vista el rehabilitado palacio de los Trenor. Bajaron con prudencia las escaleras hasta llegar a la fuente del Pelamio. Allí se quedó absorto mirando un largo rato la imagen de Castropol, coronada con su expléndida torre de la iglesia. Reparó en un paredón hecho como mirador, entre la fuente y el mar, así como un laurel plantado allí en un tiesto gigantesco. Confusamente recordaba que no existía antes aquel paredón, lo imaginaba destruido por la caída de un viejo plátano que lo arrastró todo hasta el mar... Echó un vistazo hacia la playa de Penalba y quedó confundido al ver la marea baja y el fango todo marcado con unas líneas que formaban unas parcelas independientes unas de otras y que se extendían hasta cerca de la Cortada, en Castropol. Su madre le explicó que se trataba de repoblaciones de especies autóctonas de la Ría: navajas, almejas, berberechos y otros. Que aquello había resultado un éxito y que daba trabajo a unas docenas de mariscadores autónomos. Según su madre, la intención inicial cumplida ahora, había sido la de explotar con mesura las especies autóctonas de moluscos existentes en la Ría, al tiempo que debía tratarse de evitar vertidos de cualquier tipo a las aguas. Empezando por el exceso de abonos que, como principio, debería reducirse su uso a una quinta parte de los usados hasta antes de la pandemia. Tenía entendido que, según informes, se había conseguido ya la meta marcada, al usarse ahora abonos orgánicos en su totalidad.

           Caminaron hasta el Muelle y allí reconoció los pantalanes deportivos ahora, le parecía, con más embarcaciones. En el embarcadero de la derecha le llamó la atención la cantidad de lanchas de pesca que había. Había sobre una docena, propiedad de pescadores autónomos que vivían de la pesca diaria. Caminando hacia la explanada del muelle, Juan se dio cuenta de que no había ni un solo automóvil en ella. Donde años atrás había un coche, ahora había un pequeño arbusto y así, de trecho en trecho, a lo largo del muelle.

           Juan desvió su vista y atención hacia la carretera a la altura del Pósito y vio bajar lentamente un trenecito pintado de blanco, con pinturas de colores representando anuncios. Sin tiempo a preguntarle a su madre qué era aquello, guiado por ella, embarcaron ambos y se sentaron en uno de los bancos del primer vagón. Salieron en dirección a la Laguna por la avenida de Gondán. Desde el trenecito Juan iba observando la cantidad de flores que había en macetas pegadas a la calle, ¡qué cuidado estaba todo! Se apearon a la altura de la Casa del Mar y desde allí caminaron hacia el parque de La Alameda. Estaba muy cambiado, ahora lleno de árboles con flores y césped muy cuidado. Al cruzarlo, al lado de una pista grande de tenis, se podía ver el aparcamiento de la Alameda lleno de coches. Estaban aparcados todos en la parte alta del pueblo y, desde allí, sus propietarios, bien caminando o en el trenecito, se dirigían a sus destinos. Siguieron a pie hacia el cementerio. Pasaron por la capilla de las ánimas  unos cien metros adelante, Juan, se quedó paralizado a la vista de aquella laguna, con patos y cisnes. Su madre le explicó que se trataba de A Lagúa Veya, que él no había conocido. Que la habían vuelto a situar en aquel terreno público, donde había estado desde siempre hasta los años 70 del pasado siglo, fecha en que fue rellenada de escombros, que se siguieron depositando allí durante muchos años más. Aquella laguna era ahora, a los ojos de Juan, una nueva hermosura. En ella, según le explicaba su madre, nidificaban especies de aves migratorias, además de servir para deleite de niños y mayores.

           La sirena de la fábrica de conservas hizo saber a los paseantes que era la una, la hora de la comida. Así que Juan y su madre regresaron al punto donde les había dejado el trenecito que, al poco tiempo, regresó para trasladarlos hasta la puerta de su casa.

           Comieron caldo de berzas —cultivadas por sus padres en el huerto de detrás de casa—, hecho por su madre antes de salir al paseo, por petición de Juan, que tenía en su mente aquellos sabores de antaño. Disfrutó a lo grande, como antes, paladeando aquellos manjares producidos por el compango y la verdura.

           Después de la siesta los dos hermanos, Juan y Óscar, salieron en dirección a Arnao. Ya pasado el puente de la autovía, Juan, reparó en unas nuevas aceras por las que se podía caminar sin mezclarse con el tráfico rodado. Los viales estaban separados de la carretera por una tela metálica. Por allí podían caminar hasta los niños sin peligro alguno. Pasada la segunda rotonda de la autovía, se presentaban a la vista fincas cultivadas con tomates, pimientos y otras hortalizas. En círculo, protegiendo a esas fincas, actuando de cortavientos, se veían árboles frutales cubiertos de flores de colores diversos. Según le apuntaba su hermano se trataba de árboles plantados hacia media docena de años, que darían de nuevo las inolvidables peras urracas y las manzanas de repinaldo, oriundas de la vecina Galicia. Los excedentes de aquellas cosechas estaba previsto fuesen destinados a mermeladas en conserva. Un poco más a lo lejos se veían prados muy cuidados con ganado vacuno de carne y de leche. En un arrabal cercano al mar pastaba un rebaño de cabras y ovejas.

           Llegaron a eso de las seis a un aparcamiento grande —desconocido para Juan— donde los dejó el trenecito que iba lleno de gente, todos disfrazados con sus mascaritas. Desde allí caminaron hasta una entrada franqueada por limoneros y naranjos, ¿qué era aquello? ¡Cuántas agradables novedades! —decía Juan cada poco a su hermano Óscar.

           —Esto es el nuevo parque de Arnao. Fue reacondicionado en tu ausencia. Verás, de la que caminamos te cuento.

           No pasó mucho tiempo sin que el joven convaleciente se sintiese cansado, como para pedirle a su hermano que lo llevase a casa. Los efectos de aquel virus demostraban que eran reacios en abandonar a sus víctimas. Regresaron charlando los dos hermanos, acordando que al día siguiente, sábado, volverían al parque para terminar de ver todas las novedades que Juan no había tenido tiempo de conocer.

           Juan durmió de un tirón hasta las nueve de la mañana de aquel sábado de junio. Se duchó y afeitó para bajar a desayunar. Bajando la escalera percibió el olor del café recién hecho, mezclado con el aroma de tostadas de pan, del horno de Benito. Después del desayuno salió ilusionado otra vez rumbo al parque de Arnao, junto a su hermano. Al ver a Juan repuesto del cansancio del día anterior, Oscar le propuso hacer unas visitas a pie por el pueblo y, dejando para el día siguiente, domingo, la excursión al parque de Arnao —Juan no acababa de asimilar tanto cambio como había visto desde su llegada a la villa. Aunque no tenía la más mínima idea de lo que le esperaba por conocer.

           Subieron desde casa caminando por la carretera hacia la plaza de San Feliz. Juan, se quedó sorprendido nada más coronar la última curva de la carretera, después de Palacio, y ver a su derecha, en la primera casa de la plaza, un letrero: “Casa Alejandro”. Su curiosidad, ante tal hallazgo le hizo entrar en el local. Se encontró allí con una tienda rodeada de estanterías repletas de latas de conservas, guisantes autóctonos, rollos de cordel y un sinfín de artículos más de toda índole. De repente, le vino a la mente el recuerdo de haber estado allí de muy niño. Y de que aquella tienda había cerrado hacía muchos años, ¿cómo podía ser? A la derecha, detrás de un minúsculo mostrador se encontraba sentada, repasando unas cuentas, la empleada que parecía regentar el negocio. Se levantó para saludar a Óscar, que le presentó a su

hermano. La chica extendió el codo y Juan, ya enterado de la nueva costumbre, le correspondió con el suyo. Ella era joven, de color, con expresivos ojos verdes —Óscar le contó después que aquella chica había nacido en una patera, cruzando el Mediterráneo, rumbo a un imaginario paraíso que, por suerte, había encontrado.

           Salieron de la tienda en dirección a la Biblioteca Miguel Teijeiro —la que conocían de siempre—. Unos metros antes del letrero de la Carnicería de Lisardo, Juan leyó otro rótulo con signos en negro: “Sastrería Cerdeira”. Al pasar por delante del escaparate y echar un vistazo a las prendas expuestas, llamó su atención una colección de boinas curiosamente ordenadas de mayor a menor. Le parecieron iguales a las que usaba su abuelo Paulino. Se acercaron a la Biblioteca —la mayor de las cuatro que ahora había en el pueblo, le informó Óscar—. Estaba cerrada, no se habían percatado de que era día de descanso. Siguieron caminando hasta pasada la primera curva de la carretera después de coronar el pueblo, en dirección a la vieja farmacia. Se encontraron a la derecha, después de las escuelas de la extinta Fundación Villamil, detrás de la antigua casa sindical, con una nave bastante grande, disimulada con unos arbustos que parecían protegerla. Destacaba en el frente una placa en letras rojas: “Conservas La Perseverancia”...

           —¿Y eso? —preguntó Juan a su hermano Óscar.

           —Es la nueva fábrica de conservas, con el nombre recuperado de otra existente hace ya muchos años. En ella trabajan una docena de personas. El barco que viste ayer salir de madrugada a la mar, con diez tripulantes, es el que la provee del pescado para sus envasados —Juan no daba crédito a sus descubrimientos.

           Decidieron dar la vuelta y volver sobre sus pasos hasta la Plaza de San Feliz. Una vez allí, se desviaron por la calle de la Alameda. Nada más enfocarla con su presencia aparecieron ante sus ojos cuatro letreros seguidos en otros tantos negocios. El primero, en letras pequeñas, situado en la primera casa de la calle por su izquierda, “Rosina de Rosa - costura”. El siguiente, “Fonda Casa Bobis”. Dos portales más adelante, “La tienda de Inés – corsetería” y en la esquina con la Calle de Atalaya “Pasarón, chigre”. A unos cien metros, en la misma calle de La Alameda, en la acera derecha, se divisaba un pequeño letrero en letra gótica: “A tenda de Lolita”. Entraron en el Bobis para tomarse un refrigerio, para luego seguir en su novedoso paseo por la villa —Juan, sentía la sensación de haber aterrizado en otro planeta.

           Cerca de la Iglesia ya, que había sido casa de peregrinos, según reza un letrero informativo a su vera, se encontraron con una tienda de comestibles, “A tenda de Camila” y, pegado, “El estanco de Manolo” —que pertenecía también a Camila—. De repente, la mente de Juan pareció iluminarse, al recordar una anécdota que su padre les contaba muchas veces en las sobremesas. Se refería a Manolo, el del estanco, le llamaban “Manolo de Camila” y, por ese motivo, Manolo hacía saber muchas veces, socarronamente: “somos tan pouca cousa os homes nín, que eu non son nin siquiera Manolo de Manolo, son namás Manolo de Camila, ¡manda calao!

           Más abajo, ya en el número 15 de la Calle Covadonga, se encontraba otro letrero horizontal, situado encima de la puerta: “A frutería de Consuelo”. Siguiendo dirección a muelle dos letreros más, “Comestibles Fermín Gasalla” y “Carnicería Adolfo”. Un poco más abajo, en la Calle de A leña, una nueva y agradable sorpresa ocupó la mirada de Juan. Había, incrustada en el mismo centro de la calle, una rosa de los vientos. Óscar le explicó que era de barro cocido con baño de porcelana —Juan, de repente, se quedó serio pareciendo estar pensando para sus adentros que, aquella Rosa, ayudaría a tener siempre presente y bien marcado el Norte para no perderlo nunca jamás. En la casa de la esquina un discreto rótulo, pintado en letra gótica de color azul, “Bar Casa Narcisa”.

           Ya en el Muelle, tomaron un chiquito en “Casandra – comidas” y otro en “El Peñalba”, para a eso de las dos irse a comer el menú a “Casa de Parapar”. Curiosamente, todos aquellos nombres habían sido recuperados de otros establecimientos, aunque sus propietarios actuales nada tenían que ver ya con los de aquella época. Durante la comida en el bar de Casandra, siguieron hablando de infinidad de asuntos relacionados con el pueblo. Juan le comentó a su hermano que una de las cosas que le habían causado admiración era ver el pueblo impoluto, libre de excrementos de perros. Pues recordaba que hacía años había que mirar bien por dónde se pisaba, so pena de no llevar a casa desagradables olores. Óscar le dio la explicación pertinente, con la causa que había dado lugar a tal orden y limpieza por las calles:

           —La normativa aplicada dice que es responsabilidad de sus dueños dejar los escenarios que frecuenten en la misma condición en que los encuentren para su disfrute. Las mascotas deben de ir sujetas por una correa. Se portará bolsa y guantes para recoger sus detritos sólidos y se procurará que no orinen contra paredes, puertas, aceras y farolas. De hacerlo, se corregirá la falta con agua que habrá de portarse en un recipiente, so pena de multa. Aunque los dueños de perros están convencidos ya de esta práctica y no hacen falta multas.

           Al iniciar la subida a Rapalacóis, a la derecha, en el antiguo Pósito de Pescadores, destacaba un letrero, “El Náutico”. Allí, en mesas separadas, una docena de personas contemplaba la ría tomándose un refrigerio.

           —¿Del Náutico sí te acordarás, no? Ya estaba hace diez años —interrogó Óscar. Una siesta reparadora hizo descansar a Juan del trepidante paseo de la mañana. A eso de la cinco de la tarde Juan ya estaba tomándose un café en la cocina, con la compañía de su madre, su hermano y una gran dosis de ilusión que compensaba su cansancio. Óscar, calando la mermada condición física de su hermano, lo invitó a ir a dar un paseo en burro hasta la zona de Arnela. Juan, aceptó de inmediato.

           A Playa de Arnela, en la bajamar, estaba limpia y recogida. Óscar, le dijo a su hermano:

           —Recordarás que hace años, cuando bajaba la marea, se veían bandejas de plástico negro por doquier, junto a hierros y palos abandonados, provenientes de explotaciones de acuicultura. Hace años se impulsó la limpieza de la Ría, con los resultados que puedes observar. Desde entonces cada explotación, para funcionar, ha de tener un seguro que garantice, en caso de cierre, el volver la parcela a su estado natural.

           Siguieron cabalgando a la sombra de la fraga por la senda costera hasta la parte más entrante en la zona del “Mar Pequeno”. Se bajaron de las monturas para observar el gran talud situado a continuación del Prado de los niños muertos (después de A Cruz del Cobo”). Allí, en uno de los lugares más soleados y abrigados de la zona, estaban instaladas decenas de colmenas para producción de abundante miel para endulzar la vida —le comentó Óscar—. Le dijo, también, que los apicultores habían conseguido controlar y casi erradicar la invasión de la abeja asiática...

           Dejaron los pollinos amarrados a la sombra de unos frondosos laureles y siguieron a pie rodeando el Mar por su parte oriental. Pronto se encontraron con una explanada voladiza, situada entre un muro de grandes piedras y la parte interior del Mar Pequeno. La cabecera de este muro, que empalmaba con la ribera, estaba rematada con una pequeña edificación cubierta de pizarra, con un par de ventanucos y una puerta de madera. El estado de todo aquel conjunto hacía ver que se había rehabilitado recientemente.

           —Mira, Juan, este molino, conocido como Molin das Acías, que tú conociste abandonado, fue rehabilitado hace poco tiempo. Es similar a los muchos existentes en la Bretaña francesa, de dónde probablemente fue tomado el modelo. La energía que usa es gratuita, ya que aprovecha las mareas para mover sus rodeznos.

           El molino no estaba aún en funcionamiento. Bajaron por la rampa agarrados a la barandilla de roble hasta llegar a la puerta del molino, que estaba abierta. Allí un joven molinero, vestido con ropas blancas, les explicó el funcionamiento de aquella recuperada maravilla. Aunque la obra parecía terminada, faltaban aún permisos y papeleos para poder dar comienzo a su explotación. La idea era que fuese usado para moler el grano de los productores de la zona —les dijo el molinero.

           —Todo está cambiadísimo, pero la burocracia parece que sigue igual que antes —dijo Juan a su hermano.

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La cruel enfermedad sufrida por Juan seguía pasándole factura: problemas para caminar, cansancio, algunos trombos que se manifestaban cuando menos se esperaba y dificultades para respirar. Los médicos, al darle el alta, le habían advertido de que su salud tardaría años en volver a la normalidad de antes. Juan sospechaba que, por lo que diariamente palpaba desde su alta en el hospital, efectivamente tendría que pelear con una recuperación lenta y problemática.

El día siguiente amaneció con una niebla espesa que cubría toda la ría. Pero, caprichos de la naturaleza, a eso de las once lucía un radiante sol. Así que después del desayuno, Juan salió del brazo de su madre para seguir descubriendo novedades.

           Repitieron viaje en el trenecito. Se apearon en el camino de entrada al Faro de Arroxo. Una vez allí, visitaron el rehabilitado lavadero, después de muchos años de abandono. Él lo había conocido lleno de maleza desde siempre. A la izquierda, en dirección a la ensenada, vio una pequeña muralla almenado, totalmente rehabilitada. Juan la recordaba desde niño toda derruida. Ahora se había cumplido su sueño de verla algún día igual que cuando había sido construida.

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           A Juan, el haber descubierto tantas cosas nuevas en tan poco tiempo le sirvieron para quitarle parte de las horas de sueño, las que aprovechó para dedicarlas a hacerse una composición de lugar en medio de todo aquello que día a día iba descubriendo. Estaba seguro de que los efectos producidos conducirían a las nuevas generaciones a una vida mejor. A una vida libre de estrés y sinsabores, que abandonaría el afán de riquezas y del consumismo exacerbado instaurado hasta ahora. Todos aquellos cambios y proyectos conducirían a los habitantes de la villa a un nuevo modelo de vida, seguramente mejor que el que les tocó vivir a sus padres y abuelos. Una vida a la que sus antecesores se habían visto arrastrados sin poder hacer nada por evitarlo. Recordaba aquellos relatos oídos a sus padres en la sobremesas, alegando que las necesidades y creencias inculcadas en su juventud estaban seguros entonces de que los conducirían hasta un modelo de vida cada vez mejor, que les permitiría ser dueños de una casa y regresar de vacaciones a su pueblo estrenando un utilitario o, por lo menos, unos zapatos que al caminar irían enseñando sus flamantes suelas color crema ante la admiración de todos. Habían salido de sus pueblos y aldeas —contaban sus padres— con una mano delante y otra detrás, escapando de las miserias derivadas de la reciente guerra, si no en el frente, sí en su entorno. Se marchaban a la aventura buscando aquella especie de paraíso terrenal. Pero la realidad agazapada les haría ver que nunca llegarían hasta aquel pretendido lugar. Esa tierra prometida no solía llegar casi nunca ya que, muchas veces, era truncada por un infarto, desgracia, enfermedad inesperada o un precario trabajo que no podrían mejorar. —Juan se entristecía pensando en aquellos claros ejemplos ocurridos a los de su anterior generación. Creía que ese modelo económico de vida practicado durante décadas, ruidoso, rebosante de presiones, obligaciones, adversidades y compromisos hoy ya no era el modelo más deseado para la mayoría de los ciudadanos. Sobre todo después del último escarmiento presuntamente sembrado por alguien, bien de la mano de la naturaleza o de los hombres, la gran pandemia del Coronavirus, sufrida al final de la última década. Lo ocurrido, solo se podía imaginar hasta entonces en libros y películas que se tornaron después en tenebrosa realidad. A pesar de las secuelas dejadas por aquel mal, Juan, se sentía contento de seguir viviendo de nuevo en su querida villa. Habían pasado cien años desde la penúltima gran pandemia, la mal llamada gripe española, que había matado a millones de personas en el mundo. Esta debacle quedaba ya muy lejana y olvidada por todos. La Historia parece empujarnos a creer que la memoria del ser humano, en algunos casos, es una memoria no mayor que la de pez.

           A Juan le preocupaba mucho el mal uso del teléfono móvil por parte de los jóvenes, y menos jóvenes. En pocos días llegó al hilvanar en su cabeza un montón de razonamientos que a él le parecían imprescindibles para sacar adelante a una juventud rodeada de todo lo que deseaba. Juan, una y otra vez, hacía especial hincapié en un uso adecuado del móvil, limitando su utilización a no más de una hora diaria, debiendo olvidarnos de las más de diez, de media, mientras duró la cuarentena por el Coronavirus —según había leído en un diario—. Idéntica recomendación para el tiempo malgastado mirando a las televisiones, que debería de ser sustituido por la lectura de libros que, además de aportarnos cultura y reconfortarnos el espíritu, abundan ahora más que nunca en nuestras bibliotecas y, además, su uso es gratuito.

           Todas esas inquietudes empujaron a Juan a buscar y llegar a conseguir la amistad con una persona con la que poder departir sus inquietudes, para tener la posibilidad de llegar a realizarlas para bien de todos. La encontró en una amiga concejala del nuevo Ayuntamiento —El actual Ayuntamiento estaba formado por la escisión de varios limítrofes desaparecidos hoy. Con ello se había conseguido reducir gastos y ganar en efectividad en lo que se refiere a prestación de servicios al pueblo, con menos recursos—. Esta amiga le había contado, sentados en una mesa del parque de Arnao, con motivo de una merienda, que en la corporación municipal se estaba tratando por todos los medios posibles y lícitos, de cambiar las rutas de los aviones que diariamente, y desde hacía muchos años, no habían dejado de sembrar malignas contaminaciones por encima de nuestras cabezas.

           Aquella joven e ilusionada edil, empujada aquel día por el vino, como humana que era, decía que el fin no era otro más que situar como preferente en el mundo a los seres humanos por encima de baladíes intereses. Siguió relatando y confiando en la discreción de Juan. Le dijo que en los proyectos de remodelación de la villa se recomendaba que industria y naturaleza caminasen siempre de la mano ya que están condenadas a entenderse contemplando, entre otras recomendaciones, la instalación dual de fábricas; es decir, una fábrica, una depuradora... Se estaba ya impulsando el comercio de pueblo —Juan había visto con ilusión los nuevos comercios, espacios y construcciones nuevas— para la distribución de lo producido en la zona y, al mismo tiempo, no quedarnos en manos de intermediarios que en cualquier momento podían fallarnos, dejándonos colgados con las necesidades a cuestas esperando por lo que no llega. Se contemplaba recuperar los oficios desaparecidos, comprendidos en el primer y tercer sector de la economía, para poder atender las demandas de primera necesidad del pueblo, así como enlazarlas con la pretendida nueva vida: zapateros, modistas y sastres, pescadores, carpinteros, albañiles, ferreiros, jardineros, ganaderos, labradores, viajantes, panaderos...amas y amos de casa —Juan sabía que sería imposible y no aconsejable escapar de la globalización, pero sí creía que se podían mejorar muchas cosas hasta ahora no abordadas–.

           En ese ambicioso programa también se contemplaba buscar una atalaya adecuada para resucitar la antigua y desaparecida Casilla de observación que había estado situada cerca del Cotarelo. Parece ser que estaba también previsto que los vecinos aficionados al buceo extrajeran, para su exposición, los restos de barcos naufragados, pegados a la costa —localizados desde hacía años—, probablemente con parte de sus enseres conservados. Poner en funcionamiento las panaderías necesarias para suministrar al pueblo el pan necesario para su manutención... En fin, un montón de proyectos a cual más interesante.

           Al final de aquella razonada conversación, Juan, aconsejó a la joven política que como primeras medidas deberían ser rehabilitados de inmediato y puestas en funcionamiento las escuelas nacionales para, con ello, evitar concentraciones diarias de todos los niños del municipio en un solo centro. Con una escuela en cada pueblo se matarían dos pájaros de un tiro: primero se evitaría la propagación de muchos contagios masivos por benignos o temibles virus. De esa forma, los niños vivirían más tiempo en su pueblo haciendo, a la par, que esa costumbre les hiciese amar sus raíces para en un futuro fijar sus vidas al entorno donde se habían formado. A pesar de su estado eufórico la concejala parecía prestar oído fino a lo comentado por su amigo.

 

           Al día siguiente de la larga conversación con su amiga, la edil, Juan, se había levantado tarde, con el estómago revuelto y la cabeza abotargada. Esta vez el problema no había sido a causa de las medicinas que ingería. Se quedó en casa toda la mañana sentado en la cocina, junto a su madre, necesitado de su dulce conversación. Su madre se puso a trabajar una masa que sacó de la nevera. Le explicó a Juan que era una receta de Pepita da Valeria, que le había facilitado un familiar que habían encontrado en un legajo de aquella reconocida cocinera de mediados del pasado siglo XX. 

—Se trata de una receta magistral —le dijo su madre— para hacer pan sin necesidad de amasar. Con la ayuda de una cuchara de palo, mezclamos medio kilo de harina, una nuez de levadura, una cucharadita rasa de sal y agua. Después metemos la masa en un bol tapado con un paño y lo dejamos reposar 12 horas en la nevera (antes reposaba “al fresco”, pues no había nevera). Pasado ese tiempo, vaciamos la masa sobre una superficie enharinada y con unos suaves estiramientos se forma el pan. Lo dejamos reposar a temperatura ambiente una hora y lo cocemos en el horno, previamente precalentado a 230º. Horneamos 15 minutos. Después bajamos la temperatura a 200º y seguimos horneando 15/20 minutos más. El resultado es un pan crujiente y delicioso” —la harina y levadura ha de comprarse en la panadería para evitar una competencia desleal.

           ¡Qué caudal de agradables noticias y conocimientos estoy viendo y palpando desde mi regreso a la villa, mamá! —exclamó Juan en voz alta.

 

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           Juan no daba crédito a todo lo nuevo que contemplaba en su pueblo. Algunas veces dudaba si su enfermedad le estaba aplicando una mala pasada, haciéndole soñar y olvidarse de lo que antes había vivido y ahora necesitaba para hacer comparaciones. Pero por más que pensaba en ello, llegó al convencimiento de que todas las novedades observadas ahora, antes de haber enfermado él no existían: el trenecito para cubrir los fines de semana el trayecto hasta Arnao y viceversa. Los demás días prestando servicio por la villa, con fin y comienzo de trayecto en el Muelle —con la recomendación de dejar aparcados los vehículos en La Laguna—. Las zonas más abrigadas del pueblo pobladas con limoneros cuatro estaciones, naranjos y pomelos, para que el pueblo se viera colmado de la tan necesaria vitamina C, ayudando a fortalecer sus defensas — pensaba Juan—. Su mente no dejaba de trabajar y se le ocurrió que tenía que tratar de convencer a su amiga concejala, para promover la apertura de un fondo de reserva dedicado en exclusiva a financiar mini-fábricas destinadas al abastecimiento a escala suficiente y no más, de máscaras, guantes, así como toda clase de pequeño material sanitario necesario para ayudar a combatir a futuros virus con orden y eficacia no falta de higiene. El primer impulsor debía de ser el Ayuntamiento. De esta forma, al menos en ese apartado, quedaría rehabilitado nuestro talón de Aquiles, tan tocado desde la última pandemia, según era sabido por todos los habitantes.

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           Pasados unos meses desde su vuelta a la villa Juan ve que, como antaño, reina la alegría en sus calles. En Arnao, los fines de semana desde mayo a octubre, llaman la atención las familias con sus niños alborotadores, volando sus cometas, caminando en equilibrio con sus largos zancos de madera, rodando sus aros y practicando toda clase de juegos que habían sido olvidados. Jóvenes divirtiéndose, haciendo deporte, abuelos tranquilos, respirando sin respiradores. Todos felices aunque, de momento, sin intercambiar abrazos y besos —Juan no entendía como había podido ser abandonada años atrás esa práctica tan necesaria para el ser humano, que había sido sustituida por un toque chocándose los codos–. Estaba seguro que las nuevas formas no cuajarían y que más pronto que tarde volverían las de antes. El ser humano ha de tocarse piel con piel, no puede ser de otra forma para expresar sus atenciones y sentimientos hacia los demás.

           El Campo de Arnado, un trozo de paraíso situado en la parte más occidental de Asturias, en una península triangular que se extiende desde la playa de Arnao, la Punta de la Cruz y el merendero del río de Salgueiro. Nos ofrece un remanso de paz y una válvula de escape para el pueblo, después de haber sido transformadas aquellas tierras en un inmenso parque rodeado de árboles autóctonos para disfrute de todos. El merendero con sus barbacoas, mesas y bancos rehabilitados y una nueva placa solar, que le da luz, sustituyendo a la desaparecida hace años. Ya hemos sido liberados del campo de tiro, que ha sido desplazado a tres millas mar adentro, evitando así ensordecedores ruidos, además del sembrado intensivo de plomo en el mar. El nuevo predio —costeado por los deportistas aficionados—, está ahora situado en una isla flotante, gozando de medidas para evitar la contaminación acústica y plomífera. Las lanchas de pasaje, provistas de silenciosos motores de hidrógeno, conducen hasta allí a los usuarios de la nueva parcela deportiva. La desaparición del campo de tiro, añadido a la anterior clausura del campo deportivo de aviación, es la consecución de una meta anhelada por los ciudadanos desde hace muchos años.

           Juan, siente la sensación de estar inmerso en un viaje a una vida mejor que va contemplando a cada paso, aunque seguramente no feliz del todo para todos. Es todo esto una especie de maná caído del cielo para beneficio de los habitantes convencidos de vivir en las zonas rurales. No cabe duda alguna que el Covid-19 ha hecho surgir un antes y un después en la vida diaria de nuestro pueblo y de otros de la España rural.

           Con motivo de la venida de gentes procedentes de las grandes ciudades a los pueblos, se palpa en el ambiente que paulatinamente se resolverá para muchas generaciones el problema de la demografía, del llamado vaciado de los pueblos y zonas rurales. Se vienen a los pueblos cansados de la vida en las grandes urbes, convencidos y dispuestos a cambiar su modo de vida, alejándose de las aglomeraciones, hacinamientos, estrés y problemática vida diaria practicada hasta antes de la gran Pandemia. Todo un cambio para las actuales generaciones y una realidad para las venideras.

           —¡Qué ingenua es la humanidad! —dice Juan a su amiga concejala—. ¿Dónde tendrá la próxima vez su tendón de Aquiles? ¿Cómo es posible que cosas que eran baratas antes de la pandemia pasaran a costar una barbaridad?

 

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           Yo, Juan, entiendo que debo poner fin aquí a mi relato, pero antes he de dejar plasmada la recomendación de aquella sanitaria, ya entrada en años, que tuve el gusto de conocer los últimos días de mi internamiento en el hospital. Ella me dejó marcado por su bondad, por su afición a la lectura y, cómo no decirlo, por su belleza y lozanía infinita que aún conserva. Su sonrisa refuerza mi salud. Doy fe de ello, pues siempre la visito en su departamento cuando acudo a revisiones. Esa recomendación no fue otra que la de aconsejarme leer los cuatro libros escritos por alumnos del Taller de escritura de la Biblioteca: “Escrito en Figueras”, ”Figueras cuenta”, “Pudo pasar en Figueras” y “Figueras escribe”...

           Yo, después de leerlos, he de decir que es condición indispensable el hacerlo para conocer a fondo el pueblo, integrándose en él, perdiéndose por sus callejuelas descubriendo sus historias, vivencias y costumbres que, muchas de ellas, las mejores, con seguridad que serán repetidas y podéis disfrutarlas.

 

                                              Antonio Valle Suárez (20.05.2020)

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Quiero rendir mi particular homenaje, con la debida antelación, al REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE LÍNEA DE CASTROPOL, con motivo del 212 aniversario de su creación por la Junta Suprema de Asturias el 17 de JUNIO de 1808.
Dicho regimiento combatió con gloria por la independencia nacional ante la invasión francesa.
Declarado Benemérito de la Patria el 25 de enero de 1811 en el ataque de Villanueva de los Castillejos (Huelva), y por segunda vez en la batalla de Albuera (Badajoz) el 16 de abril del mismo año.
Asumido con el tiempo en otras unidades hasta su total desaparición.
Se adjuntan ilustraciones de la placa conmemorativa de su primer centenario, uniformidad, hoja de servicios de un oficial y datos de su guarnición posterior en Melilla (1815).
Y la Cruz de Distinción del Ejército Asturiano, creada por R.O, de 4 de junio de 1815 para
" premiar el entusiasmo, valor y bizarría con qué se condujo el ejército asturiano en el tiempo en que circundada de enemigos aquella región, y sin auxilios del Supremo Gobierno se sostuvo durante un año a pesar de sus reducidos efectivos, con escarmiento para el enemigo al
que batió y rechazó con mucha gloria de las reales armas y honor de sus naturales."
(Ilustraciones de uniformidad del regimiento, sacadas del libro
"El Regimiento de Infantería de Línea de Castropol", autor José Luis Calvo Pérez; por si alguna persona desea profundizar algo más en su historia).
Agustiín López Campos
 

 

La sedimentación de la ría

Publicado: 11/06/2020 17:21 por castropol en Colaboraciones
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 Arriba: delimitación de los sedimentos de la ría en 1956 y en la actualidad, realizada a mano alzada sólo en base a la interpretación visual de ortofotos, por lo que se trata de una mera estimación visual. Abajo: sedimentos aluviales colonizados por cañaverales cerca de Vegadeo (fuente: Google Street View).

 

 Recientemente se han publicado en este blog dos cartas náuticas de la ría datadas en 1807 y 1812. Estas cartas han dado lugar a algún comentario sobre la sedimentación de la ría, a propósito de lo cual a continuación daré mi opinión sobre esta cuestión.

Conviene precisar antes de nada, que estas cartas de navegación no abarcan la ría en su totalidad hasta Abres. Y ni siquiera hasta Vegadeo. Sino únicamente su parte final, aproximadamente entre el pueblo de Castropol y el mar.

Generalmente se tiende a analizar el fenómeno de sedimentación de la ría atendiendo a los cambios que han experimentado los tesones de arena de mar en esta zona de la ría. Y como parece que en los dos últimos siglos no se perciben unos cambios apreciables en ellos, entonces parece concluirse que la sedimentación de la ría es muy lenta o incluso inapreciable, por lo que no supone un problema a considerar. Sin embargo, como expondré a continuación creo que este análisis es erróneo.

De forma general, la sedimentación y colmatación de las rías o estuarios es un proceso fluvial, y no marino. Ya que se produce por la acumulación de sedimentos de lodos y arcilla que aportan los ríos, y que las corrientes del mar —fundamentalmente la marea— no son capaces de retirar. De modo, que la sedimentación en las rías generalmente no se produce por la entrada y acumulación de arena marina o de playa desde el mar por la desembocadura. Y el mar no influye en este proceso aportando sedimentos marinos, sino sólo en función de su mayor o menor capacidad para retirar los sedimentos que aportan los ríos.

Esta sedimentación fluvial aluvial se produce fundamentalmente en las zonas del fondo de las rías. En estas zonas el cauce se ensancha y el caudal fluvial deja de ser el dominante frente a las corrientes de la marea. La corriente fluvial pierde ahí su velocidad y energía, y por consiguiente su capacidad de transporte, depositando en esas zonas los materiales sólidos que transportaba. A las zonas de la ría cercanas al mar no llegan apenas los sedimentos fluviales, por lo que allí no se produce su sedimentación.

Por ello, para estudiar la sedimentación en la ría y su evolución es más interesante fijarse en cómo y cuánto ha cambiado la sedimentación en las zonas de la ría situadas mucho más aguas arriba de los tesones.

Cerca de Vegadeo existe una gran barra de sedimentos fluviales, situada en la margen izquierda inmediatamente aguas abajo del terraplén del FEVE. Estos sedimentos no son arenas de playa aportadas por el mar, como los tesones, sino sedimentos arcillosos aportados por los ríos, fundamentalmente el Eo. Aunque es posible que el río Suarón (y en menor medida también el Monjardín) contribuyan de forma bastante significativa al aporte de sedimentos debido a su torrencialidad (provocada por la forma compacta de sus cuencas vertientes, que se traduce en unos tiempos de concentración muy reducidos, lo que ocasiona grandes crecidas de origen pluvial asociadas a tormentas, y que probablemente se ven aumentadas por los encauzamientos y obras de defensa que aumentan la velocidad del agua y disminuyen más aún ese tiempo de concentración), utilizando esa zona de la ría cercana a su desembocadura en Vegadeo a modo de cono de deyección torrencial en el que depositan sus caudales sólidos. Como se aprecia en la figura (y como cualquier habitante o conocedor de la zona sabe perfectamente) en esta zona, estos sedimentos fluviales constriñen la ría hasta convertirla en un canal con una morfología claramente fluvial.

Como se aprecia en la figura, parece que las barras de sedimentos aluviales han aumentado de forma considerable en los últimos 60 años en la ría, desplazándose hacia aguas abajo. Por lo que me temo que en futuro esta dinámica continuará. Así que parece que en futuro la sedimentación de la ría va a estar más determinada por el avance de estas barras de sedimentos arcillosos de origen aluvial que por los movimientos de los tesones de arena de mar o de playa.

Se pueden reseñar varios aspectos que afectan a esta sedimentación aluvial, así como algunas posibilidades y limitaciones para actuar sobre ella:

  1. Los bosques de eucalipto existentes en la cuenca vertiente del río Eo, localizados en laderas de muchísima pendiente y en los que se realiza una selvicultura intensiva con aplicación de cortas a hecho siguiendo las líneas de máxima pendiente y con la realización del arranque de las cepas cada varios turnos de corta. Probablemente estas prácticas forestales aumentan de forma importante la llegada de sedimentos a los cauces, que luego son transportados por la corriente hasta la ría. Desde la carretera nacional N-640 entre Vegadeo y Meira se pueden ver bastante bien estas prácticas forestales. Por tanto, parece necesario que se establezcan restricciones hidrológicas sobre la selvicultura y los aprovechamientos forestales en la cuenca vertiente.
  2. Me pregunto cómo, o más bien cuánto, habrán afectado las estructuras artificiales construidas en la ría en el último siglo a la capacidad de las corrientes marinas para retirar estos sedimentos aluviales. Me refiero principalmente a (1) el terraplenado de la ría y los diques y escolleras de Ribadeo, (2) a los pilares del puente de Los Santos, (3) al terraplén del FEVE sobre la ría en Vegadeo, (4) al puente de Porto en Vegadeo y (5) a los cultivos de ostras. Existe todavía bastante poco conocimiento sobre la dinámica de sedimentos en los entornos marinos y costeros como consecuencia de las corrientes, y las modelizaciones hidráulicas aún no son fiables por la gran complejidad y variabilidad de las corrientes marinas. De todas estas estructuras, la que presenta un impacto ambiental más evidente sobre la ría es sin ninguna duda el terraplenado de la ría y los diques y escolleras en Ribadeo, debido a la fuerte degradación paisajística que supone y a la ocupación directa de la ría. Sin embargo, desde el punto de vista de la sedimentación es probable que tengan un mayor efecto los pilares del puente de Los Santos (que son una obstáculo a las corrientes de las mareas justo en la sección más estrecha de la ría, reduciendo la sección efectiva de entrada y salida del agua entre la ría y el mar), el terraplén del FEVE en Vegadeo (que causa aguas abajo una zona de remanso en la que se encuentra la barra de sedimentos antes mencionada), y los cultivos de ostras (que son un obstáculo a la corriente, por lo que pueden provocar remansos locales que pueden inducir sedimentación). Respecto a los cultivos de ostras, probablemente deberían restringirse únicamente a la ensenada de La Linera y prohibirse totalmente en el brazo principal de la ría para evitar que provoquen o aumenten la sedimentación aluvial.
  3. Los sedimentos aluviales arcillosos terminan siendo colonizados por cañaverales, en los que viven aves acuáticas cuya presencia ha motivado su protección como ZEPA y ZEC (Red Natura 2000). Esta protección ambiental, que se basa exclusivamente en criterios faunísticos y que no atiende ni entiende de los procesos geomorfológicos de sedimentación y de su avance, hará con toda probabilidad imposible cualquier actuación de retirada de los sedimentos.

 

         Andrés López-Cotarelo

         Ingeniero de Montes

 

   

¡Licenciados en WhatsApp!

Publicado: 06/05/2020 08:12 por castropol en Colaboraciones

La Nueva España » Cartas de los lectores » ¡Licenciados en WhatsApp!

4 de Mayo del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Estos días de reflexión obligada dan mucho de sí, para lo bueno y para lo malo. Oyes y te llegan por todos los medios interpretaciones de todo tipo de las que te nutres si no tienes la suficiente prudencia y una dosis de cuidado. Lo digo porque, en las llamadas redes sociales, parece que todo está permitido, las verdades entran acompañadas de inmensas mentiras en formas de vídeos, dimes y diretes. Hay bastante que hacer con revisarlas todas si pretendes ser justo. Claro que cualquier persona razonable deja pasar un elevado porcentaje y se centra en realidades, pero el sentido común, ya lo dijo Voltaire, no es el más común de los sentidos. ¿Que qué son realidades? Lo son no solo las que se palpan, sino las que se razonan con datos fidedignos y contrastables y no con aquello de “me dijo un amigo... y bla, bla, bla”. A eso ahora le llaman fakes, que equivale a las trolas de toda la vida. Siempre las hubo pero, ahora, los tiempos son más propicios a ellas. Esa práctica es un grave delito, antes y después. No es lícito. Aunque me creo que, en algunos círculos, el hacerlo, hasta puede auparte en lo que a valoraciones personales se refiere.

Diariamente tiramos por tierra a España con sus dirigentes de turno dentro. Todo en uno, según convenga. Lo hacemos, por ejemplo, diciendo que España está arruinada, que la van a rescatar, que desaparecerá del mapa y un sinfín de calificativos y calamidades más sin pararnos a pensar que estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Todos sabemos tanto ahora de economía, como antes de la Pandemia sabíamos de fútbol y hace muchos años de toros y boxeo. Además, estamos haciéndonos verdaderos maestros del WhatsApp.

Desde el año 2008 hasta nuestros días, no por capricho, sino por cifras, por números que cantan. Desde entonces, el gasto público inició su cabalgada al trote y, desde hace unos años, va desbocado aumentando la deuda pública. Se van acumulando déficits fiscales año tras año. El gasto de la seguridad social crece el doble de la media de los ingresos, y el déficit originado ya suponía en 2018 el 54% del déficit público total.

Comparemos y razonemos, como ejemplo, a los países con las familias: si una familia debe al banco todo lo que gana en un año, el porcentaje de endeudamiento sobre lo que gana al año (PIB) es del 100%, no parece que vaya muy boyante la cosa, pero mientras vayamos pagando. Pues pasen y vean, vean en cifras significativas cómo están algunos países de la CEE, entre los que se encuentra España:

País Deuda pública Total % sobre P.I.B

Bélgica 467.000 millones de euros 99%

España 1.200.000 id. 96%

Francia 2.400.000 id. 99%

Italia 2.415.000 id. 135%

Portugal 250.000 id. 120%

Grecia 331.000 id. 178%

Alemania 2.056.000 id. 60%

Hay muchos otros países más que no se pueden relacionar aquí por razones obvias de espacio, con tantos y más problemas económicos que los que tiene España. Los tiempos no son buenos para la inmensa mayoría. De los comparados aquí, podemos ver que Bélgica y Francia están en cifras de deuda y porcentaje sobre el PIB similares a las de España. Otros tres, Italia, Portugal y Grecia, están bastante más endeudados que nosotros. Alemania no es comparable, sencillamente porque es la economía más potente de la zona euro.

¿Alguien de verdad puede creerse que, con estas cifras, haya motivos para intervenirnos a nosotros solos sin antes intervenir a muchos otros países y, con ello, tumbar a la Comunidad Económica Europea?

Razonen con razones, señores que no lo hacen, quítense el manto de la cara y sean ecuánimes que, aunque somos sapiens, llevamos muchos años en eso de la educación y el respeto a los demás. Si no podemos o no queremos arrimar el hombro en estos difíciles y tristes momentos, con la que está cayendo, por lo menos no entorpezcamos la labor con calumnias que seguramente no son beneficiosas para casi nadie; además de ser un grave pecado. Debiéramos pensarlo antes de hacerlo, para no vernos despellejando a nuestra propia casa con toda la familia dentro.

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El pasado 8 de abril se me publicó una entrada en este blog que trataba sobre el escudo de Castropol y la bandera del regimiento de infantería de Castropol que luchó en la guerra de la Independencia. Aquí el vínculo a dicho artículo:

 http://castropol.blogia.com/2020/040801-la-bandera-del-regimiento-de-infanteria-de-linea-de-castropol-que-combatio-en-la.php

 En resumen, yo exponía que según un artículo publicado por José Luis Pérez de Castro en 1985, el escudo de Castropol es anterior al s. XIX. Y que como el regimiento de Castropol se constituyó en 1808, el escudo que debió de llevar necesariamente el regimiento en su bandera era el escudo histórico de Castropol, y no el escudo con la cruz de los Ángeles de la ciudad de Oviedo. Lo que implicaría que la bandera con dicha cruz que se conserva en un museo de Barcelona no podría ser la del regimiento de Castropol.

 espués de ello se puso en contacto conmigo José Luis Calvo Pérez, autor de un libro sobre la historia del regimiento de Castropol. Y me ha aportado una gran cantidad de información sumamente interesante sobre la historia del escudo de nuestro concejo.

 El primer escudo usado por el concejo de Castropol del que tenemos conocimiento data de 1817. Y aparece en el sello de una carta que fue enviada por el ayuntamiento en dicho año a Pedro Sanjurjo, que había sido teniente en el regimiento Castropol. La carta era una invitación al solemne acto de recepción de la bandera del regimiento en el ayuntamiento. Aunque como es sabido, la bandera que se recibió en Castropol realmente no era la del regimiento de Castropol, sino la del de Málaga en el cual se integraron los soldados de Castropol cuando su regimiento fue disuelto.

 La imagen que acompaña a este texto muestra a la izquierda el sello de dicha carta de 1817, y la de la derecha una representación del mismo. Ambas imágenes proceden de José Luis Calvo Pérez. Existe además un documento del ayuntamiento datado en 1878 en el que se informa sobre los sellos que entonces eran utilizados oficialmente por el consistorio y que disponían de validez legal. El escudo que aparece en estos sellos de 1878 es totalmente coincidente con el escudo que aparece en el sello de la carta de 1817. Y al parecer, este escudo se utilizó por el ayuntamiento desde 1812.

 La torre con almenas sobre las olas del mar parece representar el castillo del Fiel en la ría del Eo. En cuanto al ave, se desconoce de qué especie se trata, si bien parece claro que no era un águila.

 Al parecer no existe ninguna constancia sobre la utilización de ningún escudo por parte del concejo de Castropol con anterioridad a 1812. O al menos nosotros lo desconocemos.

 Mi opinión personal es que con la información que conocemos actualmente no se puede asegurar categóricamente a partir de qué fecha se empezó a utilizar el escudo municipal de Castropol. Sin embargo, toda la información existente apunta a que el ayuntamiento empezó a utilizar el escudo en 1812. Y que anteriormente el concejo no disponía de ningún escudo.

 Por tanto, lo más probable es que la bandera de la guerra de la Independencia que se conserva en el Museo Municipal de Historia de la Ciudad de Barcelona sí sea la que el regimiento de infantería de línea de Castropol bendijo en Naviego, juró en Leitariegos y usó durante la guerra de la Independencia hasta su disolución e integración en el regimiento de Málaga.

 Por otra parte, el escudo que utiliza actualmente el Ayuntamiento de Castropol carece de rigor histórico, ya que no se corresponde con el escudo histórico utilizado desde 1812. Sino que presenta numerosos cambios:

  • El cambio de postura del ave, que no aparece de lado con las alas plegadas, sino de frente y con las alas abiertas.
  • Se han añadido elementos extraños. Las espigas de los lados de la torre no formaban parte del escudo, sino que estaban fuera y eran meramente ornamentales. Y sobre todo, de forma sorprendente y escandalosa, se ha añadido un cuerno de la abundancia.
  • Se ha eliminado el mar. O cuanto menos, ya no es claramente identificable.
  • El escudo presenta muchas características de un dibujo artístico, y no las de un escudo heráldico.

 

Muchos de estos errores se deben a Octavio Bellmunt y Fermín Canella, que entre 1894 y 1900 publicaron su enciclopedia «Asturias» en la que incluían un escudo de Castropol del que proceden la mayoría de estos errores históricos.

 Por último agradezco a José Luis Calvo Pérez toda esta información. Todo ello se puede consultar de manera más extensa en mi web:

 https://www.palaciodelasnogueiras.es/historia/escudos-municipales

 Aprovecho estas líneas para pedir al Ayuntamiento de Castropol que en aras del rigor corrija todos estos errores del escudo que utiliza, y que recupere el escudo histórico del concejo. En el link anterior de mi web , se incluye una propuesta de José Luis Calvo Pérez que apoyo totalmente.

 

Andrés López-Cotarelo

 En el mes de Julio, como no, eran noticia las fiestas de Santiago, los días 24 y 25. Los pasacalles con los Quirotelvos, eran muy madrugadores: a las 7 despertaban al vecindario. Bailes en el Casino para los socios y verbenas en el parque, a cargo de la banda de música y el cuarteto local. Un número importante,  eran las regatas a las cinco de la tarde y también con la música de la banda: barlotes (embarcaciones de pesca) a seis remos y botes con cuatro remeros y patrón (uno de estos, Pedro G. Arias):

 “Villa de buenos marinos, le embelesa desde siglos

el horizonte marino, la regata y regatear”

 Al terminar las regatas y de nuevo en el Casino, además de teatro, “asalto” hasta el anochecer.

 Metidos ya en el mes de Agosto, leemos un breve artículo de Pedro Penzol en el “Castropol”, al regreso estival de su “exilio” inglés y dedicado a su añorado pueblo. Copio un párrafo, donde se refleja una mirada a la vida local: “Aquí hay reposo, espacio para soñar y soñadores: literatura, músicos y pintores, cultura estética y refinamiento ¿Hemos de lamentar pues, que en pleno siglo XX, perduren tan bellas virtudes?”

Y... como estuvo de actualidad, debido a la última película de Amenábar “Mientras dure la guerra”, de paso comentar, que Penzol años más tarde, de regreso a Leeds, se acercó hasta Hendaya, para ver a Miguel de Unamuno y allí recogió su firma en uno de los libros del peculiar y polémico profesor bilbaíno, que todavía podemos ver en la Biblioteca. El encuentro quedó recogido en unas líneas que Penzol dedicó a ello, en su momento.

 Desde Avilés, se lamentan del triste olvido hacia Claudio Luanco, homenajeado junto con su hermano J. Ramón el pasado verano aquí en Castropol, como ya sabéis. Hecho ocurrido en la inauguración del teatro Palacio Valdés, del que había sido gran impulsor inicial del proyecto, al igual que lo fue en su momento, de las fiestas del Bollo.  Como sabéis,  allí desarrolló la mayor parte de su vida profesional,  como médico.

 Y de nuevo, sigo con fiestas: las de San Roque, los días 12, 15 y 16 de Agosto. Cabezudos,  teatro, verbenas en el parque y fiesta en el prado próximo a la capilla del patrón, con la música, por supuesto,  de la banda y el cuarteto los Quirotelvos.  A las diez de la mañana (una hora un tanto extraña para nosotros), había también procesión desde la iglesia hasta la capilla, misa y regreso a la villa.

 En pleno verano, son noticia los  escándalos y problemas en la llegada de los automóviles de línea, entre los mozos de equipajes y los lancheros, para ir a Ribadeo.  Se producen abusos en los precios. Los barqueros gallegos, ya eran los “Bustos” en aquella época, algunos de cuyos descendientes muchos conocimos en el mismo oficio y en el último tercio del pasado siglo, cuando también desapareció el “pasaje” en la ría.

 Finalizo el mes de Agosto, tomando nota de un artículo publicado en “Las Riberas del Eo” y que reproduce nuestro “Castropol”, donde se da cuenta de un grandioso proyecto para la ría, por donde se daría salida a los carbones de Villablino, así como al hierro y los productos de los altos hornos proyectados en la comarca del Bierzo, que llegarían utilizando el futuro tren Bierzo-Ribadeo. Se habla también, de construir 10 o 12 cargaderos para barcos como mínimo de 15.000 Tn.  ¡¡¡Casi nada!!!

 En el mes de Septiembre, surgen problemas con la construcción del FFCC Ferrol-Gijón: se pide que los 10 millones presupuestados, se inviertan ya en la obra.

 Estamos en Octubre   ¡¡Qué fatal coincidencia con lo actual!!    Se detectan varios casos de viruela en los cuatro pueblos de la ría. Un médico de Ribadeo, solicita vacunas a Madrid para distribuirlas en la zona. Esta parienta del Covid-19, también es viral, muy contagiosa, con alta letalidad y de propina, causa importantes secuelas, como la ceguera, en algunos casos.  Ante la preocupante situación, el decenal “Castropol”, publica unas instrucciones para aplicar la vacuna: se pondrían dos en cada brazo, practicando tres pequeños rasguños superficiales en la zona alta del mismo,  próxima al hombro, que se cruzaban  con otros tres, utilizando para ello una lanceta, que se esterilizaba en agua hirviendo. Por último, se untaban con la vacuna las zonas rasgadas.

Aunque la vacuna se había creado unos cien años antes, se calcula que todavía en el pasado siglo, murieron unos 300 millones de personas.  Afortunadamente, la viruela se consideró erradicada en 1980.

 También fue noticia, el nombramiento del castropolense Marcelino Menéndez, capitán de la mercante, como responsable del cargadero de mineral de Ribadeo, que estaba situado al lado del Puente de los Santos, en la zona conocida como Puerto Estrecho.

 La revista “Razón y Fe”, de Madrid, muy conocida en el mundo de la ciencia y de las letras, recoge un breve comentario del librito “Amarguras d´un viaxe” de Ramón G. González, del cual ya se dió cuenta aquí.

 Y ahora, otra noticia, que yo al menos desconocía: la apertura de una nueva línea de autos desde San Esteban de Pravia a Vegadeo, conocida como “Los Occidentales”.

 En el mes de Noviembre, el día 26 al mediodía, se registra un terremoto en Castropol. Los vecinos salen a los balcones, muy asustados por las dos sacudidas.

 Llegamos así, al último mes de este año 1920.  En el ambiente se percibe un gran malestar entre los fumadores, debido al gran escándalo que se extiende por todo el país y causado por el abuso  llevado a cabo por Tabacalera. Faltan labores de la Península y se acusa al monopolio estatal de dar preferencia a la venta de cientos de millones de cajetillas exóticas, que se  compraron en el desecho de la guerra (el primer conflicto mundial había terminado a finales de 1918). Cuando lo habitual venía siendo, era dar preferencia al tabaco nacional. Detrás de esta colosal operación, se encontraban varios espabilados que habían negociado enormes cantidades a precio muy reducido, con el necesario concurso de los responsables de Tabacalera en aquel momento, para darle salida.

    Y, termino como empecé: con el alcalde.  En este mes de Diciembre, se produce una grave avería en la pequeña presa que suministraba energía eléctrica a la villa. Y como el problema iba a durar bastantes días, a Jerónimo Méndez de la Torre, no le quedó más remedio que volver al acetileno, para que las calles no estuviesen en total penumbra, precisamente cuando las noches eran más largas. Castropol disponía de alumbrado público eléctrico, desde Abril de 1909.

  Jerónimo Méndez de la Torre fue alcalde en dos períodos: 1918/1924 y 1930/1931. Nuestro concejo tenía hace un siglo, unos 7.000 habitantes, el doble que ahora.

    Resignación, confianza y mucho aliento para todos/as !!! 

    “La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma”  (Gandhi)

 

    Pepe Llende  Abril-2020

Buque Ron y Díaz

Publicado: 23/04/2020 17:32 por castropol en Colaboraciones
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Buque botado en los Astilleros de La Linera el 24 de enero de 1920, propiedad de  Vicente Díaz Fernández y Luciano Ron Monteavaro, según Peppe Llenderrozos en su articulo

Castropol, hace un siglo (1920): qué pasaba, de qué se hablaba... ???
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(Primer  semestre)

   Si queréis dedicar unos minutos del encierro, a conocer algunos aspectos de la historia de nuestro querido pueblo,  hace ya cien años, aquí os dejo esta breve “crónica”.

 Podemos comenzar, si os parece, por saber quien era el alcalde en aquel año:  Jerónimo Méndez de la Torre (abuelo de Beatri, sin “z”).

 Y voy a seguir con las ferias de San Roque (quizás, desconocidas para muchos vecinos y vecinas). Porque el día 7 de Enero (miércoles), se pusieron en marcha en ese lugar, por iniciativa de varios tratantes de ganado de cerda.  En el mes de Diciembre, la corporación ya había acordado iniciar estas ferias, en ese día de la semana, trasladando también a ese punto el mercado semanal que se celebraba los martes en nuestra villa, en la plaza del Cruzadero.  Gran parte de las transaciones o “tratos” de este mercado, se cerraban en la casa de “Galochón”, que como supongo muchos sabéis, fue también una “casa de postas”.  Por ello también era conocida en aquel momento, como el “parador”.

    Parece que esta primera experiencia fue un éxito, debido a las ventas registradas, lo cual anima a los promotores para que en la feria, se incluyan también todo tipo de productos del campo.

 Otro asunto importante en este año, era el proyecto para subir el agua desde la fuente hasta el parque e instalar varios puntos de suministro en el pueblo. Para ello, se puso en marcha una suscripción entre el vecindario, que a 10 de Enero, llegaba a las 6.412 pts.

 El periódico decenal “Castropol”, recoge con amplitud el fallecimiento de Benito P. Galdós, que pertenecía al Partido Reformista de Melquiades Alvarez, diputado por el distrito de Castropol. Formación en la que también se integró con pasión, Vicente Loriente Acevedo. El decenal local, apoyaba sin disimulos la ideología e iniciativas de los reformistas.

    Y como estamos a poco más de un año, del inicio de una de las obras más importantes realizadas en Castropol, o la que más, por su magnitud en aquel tiempo, servicio y consecuencias prácticas: la carretera desde la Fuente al Muelle y sus dos obras complementarias, el embarcadero de la Punta y el “Escaleirón”, en la que tuvieron mucho que ver, en primer lugar  Melquiades Alvarez, hombre de gran oratoria,  diputado en Madrid y luego Presidente de las Cortes y su gran amigo y compañero Vicente Loriente, el gran patrocinador/impulsor de importantes obras locales. Creo personalmente, que al cumplirse este primer siglo de ese importante proyecto, ambos son merecedores por ello, de un reconocimiento o recuerdo público. Del Ayuntamiento,  por ejemplo.

 En el aspecto cultural, también a principios de este año, se crea la agrupación artístico-musical “Los  Aedas del Eo”, que va a participar en los próximos carnavales, que organizan varias villas asturianas y gallegas. El presidente sería Pedro G. Arias (“Xanelo”), bajo la dirección de Etelvino Méndez, músico y director en la sombra del “Castropol”, al fallecer Claudio Luanco.  El cuarteto los “Quirotelvos” (gaita, clarinete, caja y bombo), les acompañarán en esta “gira”.

 Problemas en la impresión del “Castropol”: debido a una huelga del suministrador de papel (Papelera Española), el citado periódico, reduce a la mitad (cuatro) el número de páginas.

 Por otra parte, el astillero de La Linera, seguía con sus botaduras: el 24 de Enero le toca el turno al buque “Ron y Díaz” (80 Tn.), cuyos armadores eran Vicente Díaz Fernández y Luciano Ron Monteavaro, que habían realizado el encargo a Francisco “Gondán”.

 Una noticia necrológica: fallece en Taramundi, Manuel Acebo Mastache, padre del secretario   del Ayuntamiento (en el período 1914/1939) , Laureano Acebo Otero.

 Al cabo de un mes, la feria de San Roque, parece que va consolidándose e incrementando su actividad, por ello, los segundos y últimos miércoles de cada mes, habrá también ganado vacuno. Y ya que hablamos de este barrio, la mesa de piedra con cuatro asientos,  que aún existe y en la cual más de uno/una, o ambos,  os sentásteis en alguna ocasión, por si no lo sabéis, era conocida como: “a mesa das mentiras”.  ¡Ay! ¡Si falara!

 Ya en el mes de Marzo, surge la polémica por la importación de carne congelada procedente de Argentina, que hace años se consume en otros países de Europa.  El asunto sube de tono y algunos diputados, presentan una proposición, oponiéndose a la importación, por considerarla antihigiénica.

 Recojo también, que debido a las dificultades por las que pasaba, deja de publicarse el semanario “Ribadense”.

 Antes de que termine este mes, se recibe la noticia que se esperaba desde hacía tiempo: se iba a incluir en los presupuestos, la construcción del FFCC Ferrol-Gijón, “el ferrocarril de la costa”. Las obras comenzarían en ambas ciudades. Desde este occidente, se propone que en Asturias comiencen desde San Esteban, por ser nuestra zona la peor comunicada.

 El día 1º de Abril, quedó constituido el Ayuntamiento, bajo la presidencia de Jerónimo Méndez de la Torre, que ya era alcalde desde hacía dos años. La corporación la formaban quince miembros.

 Curiosos y “sociales” honorarios. Los médicos del partido judicial, fijan sus tarifas por consulta, en función de la “nómina” de los pacientes :

- Visita en despacho, 3 pts.

- Visita a domicilio (clase menesterosa), 3,5 pts.

- Visita a domicilio (clase pudiente), 5 pts.

 El último día de Abril, el velero “Ron y Díaz”, del cual hablé con motivo de su botadura, realiza su primer viaje, desde la ría a Gijón, con una carga de pinos. El momento fue festejado con una salva de bombas reales por parte de los armadores.

Ya estamos en Mayo, y llegan las famosas ferias de Silvallana (23, 24 y 25 de Mayo), que amenizarán la banda de música y los “Quirotelvos”. La  organización destina importantes premios:

- 100 pts. al ganadero que compre el mayor número de caballos (más de 20).

-   50 pts. al ganadero que compre el mayor n.º de mulas.

-   50 pts. al ganadero que compre el mayor n.º de asnos (más de 12).

-     5 pts. al mejor puesto de avellanas.

-   10 pts. al mejor puesto de cobertores.

     10 de Junio,  el “Castropol”, anuncia que sale de su imprenta un librito que a lo mejor os suena un poco,  porque en alguna ocasión os hablaron de él. Se trata de “Amarguras d´un viaxe”, de Ramón G. González, escrito en el habla local. En él, se cuentan las “desazones y congojas” de una joven, ante el silencio de su novio.  Como curiosidad, hay que decir, que incluye una cariñosa dedicatoria al entonces joven, Vicente Loriente Cancio, al haber sido sido el autor,  su maestro. El precio de venta: 75 cts.

 Y cierro este primer semestre con las fiestas del Corpus en el parque de Alfonso XIII, amenizadas una vez más, por la banda de música local y el cuarteto los “Quirotelvos”.

 Pepe Llende    Abril de 2020 – Primer mes de clausura por el coronavirus

Autor: Andrés López-Cotarelo

Como es sabido, parece ser que la bandera que se conserva en la iglesia de Castropol no pertenece al regimiento de infantería de línea Castropol que luchó en la guerra de la Independencia. Sino que pertenece al regimiento de infantería de Málaga nº 35, en el cual se integraron los supervivientes del regimiento de Castropol al llegar a Málaga con la orden de embarcar con destino a América para luchar en las guerras de Independencia hispanoamericanas (embarque que no se produjo).

Así lo publicó José Luis Calvo Pérez en un libro titulado «El Regimiento de Infantería de Línea de Castropol» en 1996 (Ministerio de Defensa. Madrid.  ISBN: 84-7823-500-0). Las fotografías que se muestran en el libro de la bandera que hay en la iglesia de Castropol no dejan lugar a dudas, pues los cuatro escudos situados en la punta de las aspas de la cruz de Borgoña corresponden sin ninguna duda al escudo de la ciudad de Málaga con la alcazaba de origen musulmán.

En su libro, Calvo Pérez expone también que existe otra bandera en el Museo Municipal de Historia de la Ciudad de Barcelona que en su opinión sí pudo haber pertenecido al regimiento de Castropol. Según las fotografías de esta otra bandera que se muestran en el libro, la bandera tiene en las cuatro puntas de la cruz de Borgoña cuatro escudos con la cruz de los Ángeles pero sin los dos ángeles que la caracterizan. Lo cual hace suponer al autor que esta bandera perteneció al regimiento de Castropol, ya que en su opinión si hubiera pertenecido a un regimiento de Oviedo sí tendría los ángeles. El autor incluye una explicación de cómo habría llegado esa bandera del regimiento de Castropol al museo de Barcelona.

Existe también una página web de autor desconocido (http://www.arhca.es/v1/BANDERAS%20RI_CASTROPOL.htm) en la cual se apoya la hipótesis de que la bandera que está en el museo de Barcelona efectivamente perteneció al regimiento de Castropol. Y se expone otra teoría diferente de cómo habría llegado hasta allí.

Sin embargo, como explicaré a continuación, creo que la bandera del mueso de Barcelona no perteneció al regimiento de Castropol. Y que por tanto, la información anterior es sólo una mera suposición errónea.

Resulta que José Luis Pérez de Castro publicó un artículo en 1985 en el boletín del Instituto de Estudios Asturianos sobre el escudo de Castropol («El escudo y la bandera concejiles de Castropol (según notas y observaciones de García Teijeiro)». Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, ISBN 0020-384, Año nº 39, Nº 114, 1985, págs. 103-126).

En dicho artículo, Pérez de Castro expone algunos datos ciertamente interesantes no sólo sobre la historia del escudo de Castropol, sino en general de todos los escudos de los concejos de Asturias. Según el artículo, hasta el s. XIX los concejos asturianos se encontraban en diferentes situaciones en cuanto a sus escudos municipales:

  • Sólo Avilés y Villaviciosa disponían de escudos históricos de origen y significado conocido. El de Avilés fue concedido por Fernando III el Santo tras la conquista de Sevilla. Y Villaviciosa usa desde 1517 las armas de la Casa de Borgoña por gracia del emperador Carlos V, en recuerdo de su desembarco en dicha jurisdicción.
  • Cangas de Tineo, Caso, Castropol, Gijón, Piloña, Pravia, Tineo y Valdés también tienen escudos históricos anteriores al s. XIX, aunque se desconoce su origen y su significado.
  • Gozón, Carreño, Colunga, Llanes y Siero obtuvieron a mitad del s. XIX el uso de ciertas piezas para timbrar sus comunicaciones oficiales por haberlo solicitado al Gobierno Civil (Gozón en 1845, Carreño en 1866 y Colunga en 1879).
  • Ciriaco Miguel Vigil en su obra «Asturias Monumental» publicada en 1887 afirma que el resto de los concejos asturianos carecían de escudo. Por lo que sugiere que Cangas de Onís, Llanera y Navia usen los blasones honoríficos de que disponían por méritos propios. Y para el resto de los concejos propone que compusiesen un escudo con las armas particulares de las principales familias y solares de cada concejo.

De modo que Castropol es uno de los escasos concejos de Asturias que tiene un escudo histórico anterior al s. XIX, aunque su origen y su significado no sean conocidos.

En 1894 Octavio Bellmunt y Fermín Canella inician la edición de su enciclopedia «Asturias», y al enfrentarse a la carencia de escudos en la mayoría de los concejos deciden seguir la pauta dada por Miguel Vigil. Dividen o cuartean los escudos reservando un campo para los escudos de la provincia de Asturias y/o la diócesis de Oviedo según los casos, y en el resto de los cuarteles ponen los escudos de las familias más distinguidas del concejo.

La mayor parte de los municipios de Asturias han tomado sus escudos de esta obra de Bellmunt y Canella. Y José Luis Pérez de Castro considera que en algunos casos, como el de Luarca, estos escudos eran poco rigurosos.

De modo que el actual escudo de Castropol es anterior al s. XIX. Y por tanto, anterior al regimiento de infantería de línea de Castropol que combatió en el guerra de la Independencia. Así que la bandera del regimiento de Castropol debió de llevar el actual escudo municipal y no la cruz de los Ángeles.

En su libro José Luis Calvo Pérez expone que en 1808 no sólo el concejo de Castropol formó un regimiento de infantería, sino que otros 19 concejos asturianos hicieron lo propio conforme a un dictamen presentado el 2 de junio de 1808 ante la Junta General del Principado de Asturias. De modo, que es más probable que la bandera que está en el museo de Barcelona haya pertenecido a alguno de esos otros 19 regimientos. Probablemente al de algún concejo que a diferencia del de Castropol no tuviera en aquel momento escudo municipal.

En las siguientes páginas webs, lo expongo más detalladamente:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/historia/regimientocastropol

https://www.palaciodelasnogueiras.es/escudos

 

La listeza del Sapiens

1 de Abril del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Todos los jóvenes y la mayoría de los menos jóvenes que no nos hemos querido quedar atrás con eso de las nuevas tecnologías rendimos diaria pleitesía al móvil. Ese aparatito que nació grande como un ladrillo, en el que tenemos media vida allí metida: grupos con la familia, con los amigos, con los excompañeros de trabajo, con los de las aficiones y deportes, con los contactos de nuestros teléfonos en la base de datos, con la mar de gente... Nada más despertar, para muchos es el segundo en importancia en nuestras vidas, después de los lentes, claro. Lo ponemos en marcha y empezamos a ver noticias, periódicos, wasaps, e-mails, e infinidad de páginas y rincones más a los que dedicamos no menos del 20 por ciento de media de nuestro tiempo. Mi mujer y yo, en la misma cama, casi siempre al despertar nos saludamos a través de él; no por nada, es que no hay tiempo que perder, a nada que uno se descuida se nos marcha volando como el cuervo.

No sé el porcentaje de falsedades que pasan diariamente por la pantalla del móvil que comparte con nosotros su corta vida controlada por nuestras manos. Dicen que más de un 80 por ciento son “fakes” que se comparten, que vienen y que van, que insultan desprestigiando y despellejando con saña a personas con responsabilidad que, hoy con seguridad, hacen todo lo que está y no está en su mano tratando de encontrar la solución a los grandes problemas que nos afectan, ocasionados por esta pandemia que tenemos encima todos los ciudadanos del mundo y que, además de estar diezmándonos, amenaza con masacrarnos.

Creo que no es de cuerdos ni de justos el pedir cuentas ahora, y menos hacer juicios de valor sumarísimos que a nada bueno pueden conducir, sobre todo cuando los manejamos, muchas veces, legos en temas tan delicados. Aunque bien es verdad que ahora dominamos a fondo la política, en tiempos de bonanzas la abandonamos para dar paso al fútbol dando a entender, la mayoría de las veces, que sabemos bastante más que el propio entrenador de tal o cual equipo, al que poco que se descuide podemos llegar a tachar de incompetente o, si me apuran, considerarlo un auténtico pollino en la materia por no alinear o cambiar a tal o cual jugador.

Aunque, como buenos ciudadanos que todos somos, demócratas o no, debemos ser conocedores de nuestra Constitución de 1978 (si no la recordamos, desgraciadamente tiempo tenemos ahora de repasarla a fondo). En su apartado: Título IV. “Del Gobierno y de la Administración”, en su artículo 99, nos dice bien claro cómo se forma el Gobierno de la nación y que, una vez formado, deberíamos respetarlo y dejarle hacer. Y cuando escampe la tormenta que tenemos encima tiempo habrá para protestas, reclamaciones o hasta mociones de censura si las podemos llevar a cabo. Entre tanto, ahora, arrimemos el hombro o, por lo menos, no metamos palos a una rueda que tanto trabajo le cuesta seguir rodando.

  © Editorial Prensa Asturiana

 Desde mi pueblo en el Occidente, os transcribo la carta que he recibido hoy, de mi nieto Mauro.

Queridos Abus: Estoy aquí en mi piso haciendo los deberes que me mandó vía internet Lorena, mi maestra. Mamá está cocinando. Papá está trabajando en la mesa del comedor. Todos los días desde que hacemos las tareas jugamos los tres juntos y nos divertimos mucho, aunque los tres días que llevamos encerrados en casa me están durando más que un mes yendo al cole. Mamá me dice que no me queje, que tenemos mucha suerte de tener una ventana y desde ella, aunque no nos dé el sol, poder ver el parque donde siempre jugábamos a la salida de la escuela. Pero me entristece no poder salir a jugar. Mi padre me dice que escuche a los pajaritos cantar en los árboles de enfrente, que repare en ellos viendo lo contentos que están: cantando al tiempo que hacen sus nidos. Es verdad, queridos abus, parecen muy felices y me gusta cómo viven aunque, observándolos, antes me he fijado en que unos cuántos se peleaban entre ellos... la verdad no sé el porqué, no lo entiendo, parecen tan felices. Ayer por la tarde, cuando más daba el sol en el parque, le pedí primero a Mamá y después a Papá que me llevaran hasta allí a dar una vuelta, nada más que una pequeña vuelta, que me estaba entristeciendo estos días sin poder salir a la calle. Me dieron un montón de razones para no hacerlo, algunas me parecieron que se contradecían. Pero como me acordé que siempre me decís que sea obediente y no proteste más, solo traté de razonar con ellos. Abu, empecé a escribiros esta carta pero tuve que parar de repente porque vino mamá a ver como hacía los deberes. Disimulé al verla, hice lo mismo que hacemos tú y yo cuando le cogemos en la alhacena el chocolate de almendra a la abuela, mientras ella está entretenida haciendo sus cosas y las de los demás. Qué bien, volveremos hacerlo cuando vuelva a veros al pueblo, ¿verdad?, lo volveremos a pasar muy bien. Abus, os quiero mucho. Pues como os decía antes, razoné con ellos. Les dije que me bajaran al garaje con la bici para andar un poco por entre los coches que están también todos encerrados, que allí nadie nos vería. No hubo manera, terminaron diciéndome que tenemos que guardar la cuarentena. Estoy harto de esa palabra, ya sé que no se puede ser malo pero no la puedo oír. Abus, sigo pensando en cómo salir de esta cárcel para respirar el aire limpio que tenemos afuera y de paso, con la gorra puesta, como siempre me mandáis, aprovechar el sol que hace. Sabéis que nunca me había fijado en todas estas maravillas que podemos disfrutar sin que les cueste nada a mis padres, ¡Ay cuánto las noto de menos ahora! Tengo en la cabeza lo que les voy a decir a mis padres para que me dejen salir al parque, pero antes necesito que me mandes, Abu, una de las dos correas que tenéis en el garaje para pasear a Duna ya que, como vosotros tenéis huerta y no os hace falta salir, para nada las queréis. Solo me basta que me mandes una por ese furgón por el que nos enviáis las patatas. Es que una vez la tenga estoy seguro que convenceré a mis padres para que me dejen salir. Les diré: Mamá, Papá, ya me podéis sacar al parque sin problema, ahora no tenéis disculpas que valgan, me ponéis la correa de Duna al cuello y ya está. Os prometo que iré y volveré andando a cuatro patas, como hacemos el abuelo y yo por el prado de la huerta, igual que todos esos perritos que vemos todo el día desde la ventana, ahora por el parque y por la calle, conducidos por sus amos que se ven muy felices. No quiero ser un perro, no. Solo quiero que me tratéis como tal mientras tengamos que estar aquí.

Después de saltarnos las lágrimas a la abuela y a mí ahora os pido ayuda, amigos: ¿qué hacemos, le enviamos la correa?

Antonio Valle Suárez.

Publicado: 15/03/2020 13:21 por castropol en Colaboraciones

 

¿Acaso es el hambre en el mundo un tema baladí?

10 de Marzo del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

¡Lo primero, lávate las manos! ¿Quién no ha oído esta frase en multitud de ocasiones antes de disponerse a comer? Basta que no lo hagas una vez para que el temible virus (veneno, en latín, descubierto por Dimitre Ivanovski allá por 1892) se cuele en tus entrañas. Artículos y escritos relacionados con la higiene nos explican las vías de entrada por donde se nos cuelan estos bichitos, que ni se ven siquiera con la ayuda del microscopio. Nos dicen que están en los pasamanos, en los carritos de la compra, en los picaportes, en los mostradores, en los transportes públicos, en la comida y la bebida, en todos lados. Llegan a nosotros transportados por nuestras manos, por el aire, por vías fecales. Un doctor amigo siempre me dice que los virus acabarán con la humanidad.

En nuestro diario paseo de ayer, como casi siempre, nuestro pesado amigo jubilado, Bras, nos hizo pensar revolviéndonos las tripas y, lo que es peor, la conciencia. Nos dijo: "Nos dan a entender que el coronavirus camina con paso letal. Parece que no hay forma de detenerlo. Diariamente los medios, sobre todo las televisiones, no paran de atemorizarnos a todas horas con esa noticia. Mi jubilada cabeza está a punto de estallar a causa de tanto oír hablar de él y de sus efectos. Tanto machaqueo amenaza con destruirme, adelantándose a los virus. Pienso que cada uno de nosotros puede poner nuestro granito de arena para echar freno al coronavirus. Por ejemplo, marchándonos inmediatamente de aquellos lugares públicos de restauración alimentaria (bares, restaurantes, comercios) si vemos, como a veces ocurre, a personal del negocio entrar a los servicios para hacer sus necesidades, las que sean, y luego salir tan pancho sin lavarse las manos. O qué hacer cuando alguno de nosotros, aquejado de gripe, catarro o cualquier otra enfermedad contagiosa, acudimos a un lugar público, incluso al centro de salud, sin las protecciones adecuadas. Desde que comenzó todo este sinvivir del coronavirus no veo a nadie por la calle ni por ningún lugar público o privado con tales protecciones colocadas en la cara y, sin embargo, en las tiendas y farmacias, incluso online, se han agotado a precio normal mascarillas y geles desinfectantes. Tal es la fiebre de las mascarillas contra el coronavirus que llegan al lujo, siendo creados modernos diseños por firmas para ser lanzadas usándolas sus modelos en la pasarela, al tiempo que las celebrities en las redes sociales. Al haberse agotado el stock en las tiendas, ahora solo se pueden adquirir a vendedores de escasa reputación que las ofertan por internet a precios de oro. Las consecuencias ya están llegando a herir las economías locales, europeas y mundiales. Nos dicen que está previsto que las cifras que miden la macroeconomía bajen en varias décimas, lo que representará millones de euros. Por otra parte, tanto hablar de los peligros de contagio del coronavirus posiblemente dará lugar a que desaparezcan los gestos para relacionarse los humanos con sus semejantes. Me refiero a la práctica de los saludos de mano, de besos en la cara y palmaditas en la espalda que, de seguir en aumento el terror que se nos está inculcando, probablemente solo nos quedaremos al uso con una rápida mirada hacia el vecino, amigo o familiar, a más de un metro de distancia, y que significará buenos días, sin más -Bras toma un respiro y prosigue-. Pero lo que más indignante me parece es que las cifras oficiales de casi 3.000 fallecidos, hasta ahora, a causa del coronavirus no son comparables con los 1.250.000 humanos muertos al año en accidentes de tráfico en el mundo (solo en España en 2019 fallecieron 1.100 personas). O sea, que fallece una persona en accidente de tráfico en el mundo cada 25 segundos y no nos asustamos, supongo porque no nos lo están recordando a cada momento, no sea que baje la venta de vehículos. Y mucho menos comparables son las bajas por el coronavirus con las 24.000 personas (de ellas 8.500 niños) que mueren diariamente a causa del hambre en el mundo; es decir, la friolera de 8.760.000 seres humanos al año (de ellos, 3.102.500 son niños). ¿Por qué no nos airean estas cifras diariamente en los medios para concienciarnos de que todos podemos hacer algo más de lo que hacemos para evitar tantas muertes de seres humanos inocentes? ¡No lo entiendo! ¿O es que no son seres humanos exactamente igual que los afectados por el coronavirus?".

Ayer, después del paseo, llegué a casa muy disgustado pensando en toda la arenga que nos soltó Bras. No he podido pegar ojo en toda la noche pensando en ello y, según me he podido enterar, lo mismo les pasó al resto de los compañeros de paseo.

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Autor: Andrés López-Cotarelo

Entre las escasísimas cosas que nos han llegado de la herencia que mi tío Jesús López-Cotarelo Villaamil (1933-2015) nos dejó a mi hermanos y a mí se encuentra este curioso informe de Fernando Villaamil:

 El 9 de marzo de 1895 el crucero protegido Reina Regente, al mando del capitán de navío Francisco Sanz de Andino, zarpó del puerto de Cádiz con destino al de Tánger, llevando a bordo una embajada marroquí. El mismo día al anochecer llegó a la rada de Tánger, donde fondeó bastante lejos del muelle.

Por la mañana del día 10 se desembarcó la citada embajada. Reinaba desde primeras horas de la mañana viento del suroeste, que aumentaba de fuerza por momentos, recalando mar del  oeste.  A las 10 de la mañana, cerrado ya el puerto a causa del mal tiempo y estado de la mar, el Reina Regente levó anclas y, después de doblar el muelle viejo, se dirigió a la mar poniendo proa hacia el noroeste. O sea, rumbo para ir a Cádiz.

A unas tres millas de la costa el buque se paró. Parte de los tripulantes se dirigieron a la toldilla, descolgando por la parte de la aleta de babor algo parecido a un buzo. A la media hora de estar así el buque, se volvió a poner en movimiento navegando hacia el norte. Estas obervaciones fueron realizadas con un anteojo por el primer dragomán de la legación francesa en Tánger desde su casa situada en Marshan.

Fue visto por última vez desde Tánger a las 10:45 de la mañana. A las 2 de la tarde, tras una fuerte bajada del barómetro por la mañana, se dejó sentir en Tánger un viento huracanado y un muy mal estado de la mar.

 El Reina Regente fue visto por los vapores Matheus y Mayfield. Este último lo vio por última vez a las 12 del medio día aproximadamente a 12 millas del cabo Espartel (en Marruecos, al oeste de Tánger,) en una posición más o menos intermedia entre este cabo y el de Trafalgar (al sur de la ciudad de Cádiz, entre Barbate y Conil de la Frontera en la provincia de Cádiz). Esta posición corresponde, más o menos, con el extremo oeste del estrecho de Gibraltar. El capitán del Mayfield (que se dirigía hacia el estrecho de Gibraltar con destino a Génova) declaró no haber notado avería en el Reina Regente, si bien se balaneceaba mucho.

Sobre las tres de la tarde, varios campesinos de Bolonia (provincia de Cádiz) afirmaron haber visto un buque atravesado a la mar y luchando con el temporal. Supusieron que se trataría del Reina Regente. La zona en que calcularon que debió hundirse —que resultó ser de mucho fondo— fue explorada sin resultado alguno por la Armada.

Otras noticias de Bolonia afirmaron haber oído cañonazos durante la noche del 10 al 11 de marzo, si bien estas informaciones nunca pudieron ser confirmadas.

Entre el 13 de marzo y el 24 de junio de 1895 se encontraron objetos pertencientes al Reina Regente en playas de la provincia de Cádiz, de Málaga (Estepona), la isla de Alborán y África (Alhucemas y Sidi Ferruch, este último a 25 km al oeste de Argel).

El Ministro de Marina, José María Beránger, ordenó mediante Real Orden de 29 de marzo de 1895 al capitán de fragata Fernando Villaamil y al ingeniero naval jefe José Castellote la redacción de un «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».

El informe fue leído el 5 de febrero de 1896 en junta extraordinaria de generales formada por el citado ministro y los vicealmirantes Ramón Topete, Carlos Valcárcel, Eduardo Butler e Ignacio García de Tudela, los contraalmirantes Fernando Martínez y Segismundo Bermejo, el inspector de ingenieros Casimiro de Bona y los capitanes de navío Patricio Montojo y Antonio Terry. Todos ellos dieron su conformidad con el informe.

El informe valora diferentes posibilidades: colisión con otro buque, choque o varada con alguno de los escollos o bajos cerca de la costa, falta de estabilidad para navegar en condiciones tormentosas y una serie de averías que le hicieran perder sus condiciones marineras. De todas ellas considera como más probable que el súbito temporal sorprendiera a la dotación del buque, y que no les diera tiempo a cerrar las escotillas, gateras y rejillas ni las puertas estancas. Al navegar a una elevada velocidad, el buque pudo embarcar una gran cantidad de agua por su proa y el costado de babor (pues otros capitanes anteriores del buque ya habían notado cierta inestabilidad al navegar con mala mar a gran velocidad); inundándose las cubiertas y los compartimentos de proa. Una vez que la sala de máquinas se inundara (con el consiguiente pánico y desorden entre los marineros y tripulantes que se encontraran en ella) —o bien tras una avería de las máquinas o el timón, lo que explicaría la parada que realizó a la salida de Tánger descolgando un buzo—, el buque habría quedado sin gobierno.

El informe considera verosímil que el Reina Regente fuese el buque que algunos habitantes de Bolonia vieron naufragar cerca de aquella costa.

 Fuente: «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"», Fernando Villaamil y José Castellote.

 

Parece que lo lógico y natural hubiera sido que la elaboración del informe se hubiera encargado a un marino cuya graduación fuera como mínimo la de capitán de navío por dos motivos:

  • En la armada española el mando de los cruceros acorazados y los cruceros protegidos (que eran los buques mayor tamaño y potencia de fuego con que contaban todas las armadas de la época) correspondía, excepto en circunstancias extraordinarias, a un capitán de navío. Y no a un capitán de fragata, rango inmediatamente inferior a capitán de navío. Parece que lo normal hubiera sido haber encargado el informe a un marino que estuviera profesionalmente cualificado y habilitado para el mando del barco que era objeto de estudio en el informe.
  • Aunque el informe no tenía por objeto la determinación de responsabilidades, sí analizaba las decisiones que tomó o pudo haber tomado el capitán de navío que, en el ejercicio de sus competencias y su categoría profesional, estaba al mando del buque. En principio no parece razonable encomendar esa tarea a un militar de menor graduación.

Tanto la elaboración del informe como la elección de Fernando Villaamil, que en aquel momento era capitán de fragata, fueron decisiones personales del ministro de marina que no obedecían ni daban cumplimiento a ningún mandato legal ni reglamentario. No consideramos casual, gratuita ni desinformada la elección de Fernando Villaamil, sino una muestra del gran prestigio profesional que ya tenía en la Armada.

El informe elaborado por Villaamil y Castellote se considera de una altísima calidad técnica.

 

Extraído de:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/fernandovillaamil

 

Bibliografía

Fernando Villaamil y José Castellote. 1896. «Informe acerca de las causas probables de la pérdida del crucero "Reina Regente"».

Sufridas madres y quejicas padres

Publicado: 14/02/2020 16:57 por castropol en Colaboraciones

Sufridas madres y quejicas padres

9 de Diciembre del 2019 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

 

Me quejo a menudo de los dolores que llevamos arrastrando muchos de los de mi edad. Asoman de vez en cuando por doquier desde hace años. Recuerdo haber visto muchas veces a mi abuela en peores condiciones que las mías ahora. A ella, que por aquel entonces tenía una edad similar a la mía hoy, le dolía la espalda, el cuello, los brazos y no sé cuántas cosas más y, a pesar de ello, daba la impresión de que solo le hacía ilusión el trabajar diariamente en el campo, por eso yo un día le pregunté: “Abuela, ¿por qué te quejas tan poco si casi no puedes caminar y encima no paras ni un momento de trabajar?”. Y la buena mujer me contestó a bote pronto: “Escucha, nenín, la niñez y la juventud entienden poco de dolores y enfermedades. Los desprecian. A todo más los ven allá a lo lejos caminando cogidos amigablemente de la mano, y si no se percatan de ellos en cabeza propia los contemplan de refilón, pues no les corresponden para, al rato, cambiar de escenario ignorándolos... ¡ojos que no ven! Les aterran las enfermedades y la muerte. Pero pasados los años se van familiarizando con ambas y, aunque sin querer, las relaciones se van haciendo más estrechas hasta que, tarde o temprano, nos llevan a todos con ellos”. Nunca más menté el tema con mi abuela.

Dicen que el tiempo nos trae la razón o por lo menos nos hace ver la realidad de la vida. Y de la mano de él yo he descubierto y entendido que la tristeza en mi abuela no era provocada por los dolores de su reúma, sino que lo era por otros motivos más graves amontonados a lo largo de su vida. Hace un tiempo, al conocer aquellos motivos, se me pasaron como por arte de magia por lo menos la mitad de los que yo tenía.

A finales de los años setenta del pasado siglo cuando nacieron mis hijos los padres de entonces, además de no estar preparados para ello, no éramos invitados a participar en el parto con los sentimientos en directo, sino que habíamos de aguardar en la sala de espera hasta que la madre alumbrase. Y encima, en casos como el mío, que tengo el valor de reconocerlo sin valorar las consecuencias, no me enteré de nada pues ambas veces llegué tarde al alumbramiento motivado a que tenía que trabajar para el banco que me pagaba, que era más importante...

Hoy el destino, gracias a Dios, me hizo contemplar con dolor por primera vez en mi vida los dolores del parto en la piel de una hija que desde que le comenzaron, veinticuatro horas antes, su marido abandonó el trabajo con riesgo de perderlo, para dedicarse a su mujer y a su hijo antes de salir pitando para parir al hospital. Antes de irse al paritorio vi cómo le controlaba a su esposa las contracciones exteriorizadas en forma de dolorosos cólicos que le venían a intervalos de ocho minutos, con una duración de unos cuarenta segundos. Estoy seguro que sus alaridos de dolor que rompían el alma quedarán gravados en mi mente para siempre. Mi hijo me dijo más tarde: “Es que no has escuchado los emitidos en el momento del parto”. Me quedé callado con aquellas palabras.

Si sumamos solo los dolores del parto más los producidos por las sangrías mensuales a lo largo de toda su vida procreativa a las madres y los tenemos en cuenta espejándonos en ellos, quizá cuando nos vengan a nosotros, los homo sapiens macho, los dolores reumáticos e incluso otros mayores seguro que nos dará la risa al tiempo que los ignoramos.

No sé lo que ustedes opinan, pero yo, después de lo razonado, estimo que, si tuviésemos que parir los hombres, España haría años que estaría totalmente despoblada. Por tanto, a partir de ahora, yo haré todo lo posible para no ser un quejica y dejar pasar de largo a mis pequeños dolores conocidos.

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   El pasado mes de Diciembre, quedó colocada en la fachada de la Casilla esta placa de cerámica, una vez confirmado que la construcción de dicho inmueble fue una iniciativa del Gremio de Mareantes de Castropol en el año 1875 y en el cual desarrollaron parte de sus actividades, hasta su disolución a principios del pasado siglo.

    Se utilizó una postal, que nos pareció muy apropiada,  de la colección de Enrique Murias Jonte, fotógrafo local y que también fue director de la banda de música castropolense. En ella, pueden verse  en esa especie de rampa, hasta cuatro cañones colocados en posición vertical, que servían como punto de amarre a las pequeñas embarcaciones que realizaban el pasaje y otras faenas en la ría.  Se da la casualidad, que esos cañones, también en este año 1875, fueron retirados de una playa de Figueras,  por iniciativa del Ayuntamiento y trasladados al muelle local debido a “que se estaban arruinando por completo, para su mejor conservación y a disposición de la autoridad competente”.  Estos cañones, casi con toda seguridad, pertenecieron a la fragata “El Galgo de Andalucía” o “HMS Greyhound” (rebautizada, ya que había sido capturada a los ingleses en 1718), y que en el transcurso de un breve combate naval contra tres barcos ingleses, fue incendiada debajo de San Román en Septiembre de 1719. Como podemos comprobar, falta un cañón de los cuatro que aparecen en la postal, ya que los tres restantes, fueron trasladados a la zona del Penedón hace años, desde otra ubicación anterior.

    Asi que, con la Casilla, ya conocemos una pieza más, junto con el barómetro de mercurio, de la “herencia”  del Gremio de Mareantes de Castropol. Pero nos falta saber algo más de esa “herencia”: la capilla de San Roque, que según referencias, se levantó también gracias a la gente de mar. Sabemos que en el año 1648, quedó constituida la Cofradía de San Roque, por iniciativa de un grupo de diecisiete pescadores, que figuraban en la escritura correspondiente y que andando el tiempo la Cofradía pasó a ser:  Gremio de Mareantes.

    Parece que la capilla, en una primera fase,  puede ser de esa época. Después, ya en el año 1877, se llevó a cabo la ampliación de la misma, añadiendo probablemente el espacio de la fachada principal situado entre la verja y el cierre de madera torneada, tan característico de esta capilla. Pudo ser así, porque si nos fijamos, en el interior hay una puerta lateral tapiada, situada después del cierre de los barrotes de madera.  Estas obras, las realizó José Monteavaro de Riaño.

    Este peculiar diseño en la fachada de la capilla, abierta y expuesta a los vientos y temporales del sur, parece que no abunda mucho, al menos en Asturias.  Tenemos en Lastres la capilla de San José, con una fachada principal, muy similar en el arco que forman los barrotes torneados, dándose también la  coincidencia,  de que al igual que la de San Roque,  fue asimismo costeada por los marineros locales, años antes que la de aquí.

    El Gremio de Mareantes de Castropol, al igual que el de Figueras, tuvo su relevancia en la vida local. Los socios, aportaban una parte de los beneficios de la pesca o de sus ingresos y con esas cuotas, se ayudaban entre si: enfermedades, situaciones de viudedad, entierros, desgracias materiales o personales, necesidades puntuales, … Además en Castropol, se encargaban también de las fiestas de San Roque.

   El Gremio de Figueras, en algún momento de su historia, dispuso de una gran solvencia económica,  según dejó escrito Miguel García Teijeiro. Por ello, en el año 1776, compran la Villa y el Coto de Figueras a los últimos dueños del mismo: los Pardo Donlebún. Dispusieron para la operación, nada menos que de 680.000 maravedíes, que equivalían a 20.000 reales. Todo ello, después de un largo y dificultoso proceso, vivo ejemplo de perseverancia y sacrificios, hasta conseguir la completa emancipación, dando fin a los abusos y excesos de los Pardo Donlebún. Quedando así como dueños: civil, política y administrativamente durante unos cincuenta años. Hasta que, por Real Orden de 18 de Diciembre de 1826, se suprimen todos los “ayuntamientos particulares”, que se incorporan al concejo más próximo (Castropol en este caso), perdiendo de esta forma su independencia desde ese momento.

Una prueba más de la trascendencia de ambos Gremios, la encontramos en un pleno del Ayuntamiento de Castropol, celebrado en el año 1918, con las sociedades ya disueltas, donde un concejal propone “que se localicen y depositen en el Ayuntamiento los estatutos y libros de actas”, de los citados colectivos.  Dicho concejal, deja caer también,  alguna pista sobre su paradero.

    Para finalizar, sería de agradecer, que si alguna persona dispone de algún documento que en su momento perteneció al Gremio, lo pusiese a disposición de los/las que tenemos interés en estos asuntos de la historia local, permitiendo la realización de una copia, que quedaría depositada en la Biblioteca,  para poder ser consultada.

 

    Pepe Llende – Enero 2020

 

 

El alma de "Duna"

Publicado: 23/01/2020 10:27 por castropol en Colaboraciones

26 de Diciembre del 2019 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Estos días de intenso invierno no son muy agradables para el diario paseo, al menos para los jubilados, ya que al menor descuido, con la sola oposición de nuestra edad, nos puede abordar la gripe o, por lo menos, un fuerte catarro. Ayer al cotidiano paseo faltaron varios compañeros que se quedaron en casa abrigándose de las inclemencias. Solo fuimos cuatro de los ocho que habitualmente vamos. No faltó Bras, nuestro pesado amigo, también jubilado. Desde que iniciamos la senda no se calló ni un momento hasta que regresamos. Nos contó -nervioso- que este año ya había enviado la carta a los Reyes Magos de Oriente. Dijo que no la había mandado para pedirles ninguna cosa, sino más bien para "recomendarles" con toda la humildad del mundo un consejo a seguir a la hora de aprobar las cartas que le envían los humanos solicitándoles mascotas. Nos la leyó y, después, nos dio una copia a cada uno. Os la traslado íntegra:

"Queridos Reyes Magos de Oriente: Os diré que ’Duna’ es -la que me dejasteis en casa hace trece años de la mano de Pepe-, a grandes rasgos, una especie de tres en uno. Siempre tiene a flor de piel asomando la bondad, la inteligencia y la fidelidad personificada que manifiesta todo el año, no solo en Navidad. Goza de un montón de cualidades más que un humano desearía para su persona. Es divertida. Tiene una vitalidad contagiosa. Es muy sociable. Sabemos que es capaz de conducir con seguridad a un invidente hasta el autobús que le corresponde y que reconoce por el ruido del motor. Es amiga fiel de los niños, a los que desde su primer contacto cubre de atenciones, de cuidados, al tiempo que los protege. Los observa, se deja tocar por ellos. Incluso no protesta cuando algún enano de escasas buenas intenciones se sobrepasa en confianzas molestándola en exceso. Si se ve acosada, se limita a apartarse del acosador. Nunca entra en polémica con nadie, ni siquiera con los de su especie. Con los mayores... ¿qué deciros?, es nuestra guarda jurada. Nuestra perrita ’Duna’ no tiene precio. No hay oro en el mundo para pagar sus acciones. Nunca os agradeceremos bastante el habérnosla traído en aquel 2006. Hace las cosas a cambio de nada material. Solo aspira al cariño y al amor que ella derrocha. Lástima que sus años, que, al cambio comparados con los de un humano, rondan ya los 90, la van acobardando. A pesar de la alegría que desprenden sus ojos me da mucha pena al mirarla. Tiene unas cosas de película. Ayer de madrugada, sin ir más lejos, se hartó de llamar la atención con unos descarados ladridos, que excepcionalmente manifiesta. No paró hasta despertarnos a todos. Pasamos un rato observando los motivos de aquel su comportamiento y, una vez descubiertos, me acerqué hasta ella. Me recibió nerviosa moviendo su fuerte cola, como pocas veces hace, pero alegre y zalamera como siempre. La acaricié, al tiempo que la premiaba con las galletas que tanto le gustan, pues es muy llambiona. No las quiso hasta que me condujo a la portada que había abierto el viento de la noche sin nuestro consentimiento. Con ella de testigo fiel, mirándome, cerré las dos hojas de la puerta. Luego comió sus galletas y juntos caminamos en silencio de vuelta a casa, para marcharnos cada uno a sus aposentos... yo ligero, ella cojeando. Los de ella más humildes, peores que los nuestros... ¿Por qué? -me pregunté con cargos de conciencia-. ¿Acaso no los merece por lo menos iguales a los nuestros, queridos Reyes? ¡Qué injusto es el mundo!

Un Papa dijo un día que los animales tienen alma. No lo dudo pero, de verdad os digo, queridos Reyes, en un hipotético caso de que carecieses de ella la querríamos exactamente igual. Incluso aunque no tuviese papeles, que los tiene. Es difícil de comprender cómo un llamado irracional como ella puede ser tan buena y desinteresada con la especie humana cuando esta, muchas veces, no respeta ni la vida de muchos niños, mujeres y mayores. Si el cielo existe, os puedo asegurar, ’Duna’ irá de cabeza a él. Le abrirán la puerta de par en par, sin excusa ni pretexto alguno.

No quiero enrollaros más con mi sensibilidad hacia los animales, queridos Reyes. Sé de vuestras ocupaciones, pero para terminar os suplico de corazón que reviséis bien todas las cartas donde los humanos os pidan mascotas. Hacedlo a conciencia antes de complacer sus peticiones. No las pongáis en manos que no ofrezcan suficientes garantías de cuidados. Dejarles claro que si no las tratan como a ellos mismos, que si las abandonan en la calle, serán severamente castigados. Por favor, decídselo con cara muy seria. Decirles que vosotros os encargaréis de que les llegue el merecido castigo si osan dejar por la calle abandonado a algún cachorro de la raza que sea, labrador o no, pululando, muerto de frío, atemorizado, falto de cariño, pidiendo clemencia.

Yo este año no quiero nada para mí, queridos Reyes Magos. Ya os prometí el año pasado que no pediría nada material nunca más para mí solo. Solo os ruego que nos dejéis a ’Duna’ unos años más, y con ella salud y paz a repartir entre todos. Os doy las gracias anticipadas y os mando un abrazo, queridos Reyes Magos".

 

Cartas de los lectores en  La Nueva España

13 de Enero del 2020 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Mi buen amigo y pesado jubilado Bras, ayer, en la diaria caminata, nos dijo que su amigo Manolo siempre le dice que los años pasan veloces como los postes de la luz en la carretera cuando vamos en coche, y que cuanto más corres más rápido pasan. A mí maldita gracia me hace ese razonamiento. No me gusta por dos razones: una, porque es verdad que compruebo que los años pasan raudos, y ello me duele. Otra, porque la razón, por lo menos a Bras, le viene de su experiencia de la vida, no en vano presume de tener más de media docena de decenas de años encima, que debieran ser suficientes para poder decirlo e incluso asegurarlo sin temor a equivocarse. Me temo que a todos los mayores nos empieza a preocupar el mantra sobre el paso de los años de ese tal Manolo, que nos trasmite Bras.

A propósito, Bras nos contó ayer que lleva un tiempo observando, preocupado, el funcionamiento de las ayudas a domicilio prestadas por parte de los Servicios Sociales de nuestro Ayuntamiento. Os lo cuento tal cual nos dijo: “Todos sabemos que las ayudas sociales prestadas por el Ayuntamiento a los que las necesitan son imprescindibles hoy día, ya que la media de edad de los vecinos, junto con su poder adquisitivo, va en contraposición. La necesitan como agua de mayo. Es verdad que el Ayuntamiento arrima el hombro y facilita a los vecinos consultas de podología, técnicas para la seguridad doméstica, primeros auxilios, ayudas económicas al consumo energético de los hogares con menos recursos, encuentros y homenajes a los mayores, organización de viajes y un montón de atenciones más. Además de cobrarnos religiosamente los impuestos. Pero la más importante de las ayudas, que se está cumpliendo a medias, es la llamada ayuda social a domicilio a las personas que no se pueden valer por sí mismas. Como sabéis, su fin es el de acompañar y apoyar en su casa a los ancianos que viven solos una o varias horas al día. Auxiliándoles en sus paseos al aire libre, prestándoles ayuda físicas y psíquicas, conversando con ellos, escuchando sus inquietudes, facilitándoles el necesario aseo personal y haciéndoles la limpieza del hogar para que tengan una vida saludable y digna, que no es ni más ni menos que la que se merecen después de una larga vida de trabajo y sacrificios. Se trata de un reconocimiento prometido por todos nuestros gobernantes cada vez que las urnas están a la vista y que, por tanto, debe cumplirse al completo y no a medias. Es una pena que estas ayudas estén afectadas por una cojera que, a día de hoy, no parece capaz de curar del todo nuestro Consistorio. La consecuencia es que impide caminar con la seguridad y la eficacia que las personas de la tercera edad necesitan, requieren y merecen”.

Después de una pequeña pausa, Bras, mirándonos fijamente, nos lanzó cuatro preguntas seguidas que nos alumbraron nuestras ya cansadas mentes: “¿Cómo es posible que los sábados y domingos, festivos y puentes no aparezca ayuda alguna en los domicilios de los necesitados? ¿Es que esos días de fiesta son distintos a los demás y, por la gracia de Dios, no necesitan asearse, comer, adecentar su vivienda o dar un necesario paseo? ¿Es que el responsable que controla esos servicios no puede promover y mover al Ayuntamiento para que, de una vez por todas, solucione tan grave problema de abandono? ¿O es que los responsables de turno ya se dignaron a visitar a esos ancianos necesitados los días que no tienen ayuda y comprobaron, in situ, que están hibernando y no necesitan de apoyo alguno y que ni siquiera tienen peligro de enfermar? Con estas actuaciones nos tememos que no vamos a creer en las promesas de los dirigentes en épocas electorales. Ni tampoco les creeremos cuando los requiramos y nos den contestaciones para salir del paso, como, por ejemplo, ‘estamos en ello para ver cómo lo solucionamos’. No es de conciencia el jugar con la tercera edad, señores. No lo es, aunque ustedes y algunos de nosotros vivamos bien, sin necesidades como las expuestas. Si este problema no se soluciona de una vez, yo, Bras, escribiré en nombre de todos una carta a los Reyes Magos donde, además de informarles de todo lo que está ocurriendo, les pediré que, por favor, solucionen un problema tan crucial como el que nos atañe, ya que los que nos gobiernan aquí parece ser que no quieren o, a lo peor, no son capaces de solucionarlo”.

¡Tremendo este Bras, siempre despertando conciencias! Si no se soluciona pronto este grave problema, me temo que no habrá papel en la papelera cercana para estampar las firmas de tantos afectados.

 

Cartas de los lectores en La Nueva España.

Origen, ascendencia y relación con los Villaamil

 Por Andrés López-Cotarelo

 

 
   

 Fernando Yáñez (antes de 1112 — después de 1157) fue uno de los nobles gallegos más importantes de su época. ·El conde de Galicia Raimundo de Borgoña le otorgó la tenencia y los derechos de pontazgo de Puente Sampayo, lo que le produjo fuertes enfrentamientos con el poderoso arzobispo de Santiago de Compostela Diego Gelmírez, a quien apresó por orden de la reina Urraca, junto con su padre Juan Álvarez y en colaboración de Arias Pérez y Juan Díaz en 1121. Participó de forma muy destacada en la guerra de La Limia contra Afonso Henriques de Portugal (1137-1141) y en la campaña contra los almorávides de 1144 (71 años antes de la batalla de Las Navas de Tolosa) en la que llegó hasta Almería con el ejército de Alfonso VII. En reconocimiento a su valía y como recompensa a sus servicios Alfonso VII le concedió las tenencias de La Limia, Tuy, Toroño, Maqueda, Talavera y Montoro. Todos ellos eran feudos fronterizos de suma importancia militar. A lo largo del reinado de Alfonso VII el poder e influencia de la nobleza gallega fue disminuyendo paulatinamente a favor de los nobles leoneses y castellanos, con las únicas excepciones de la hegemónica casa de Traba y del propio Fernando Yáñez.

 

Según Simon Barton, sin duda el mayor especialista en la nobleza del reino de León del s. XII, no se sabe casi nada sobre el origen y la ascendencia de Fernando Yáñez, lo que parece indicar que su origen procedería de la baja nobleza. Su madre se llamaba Toda Raimúndez.

Fernando Yáñez era hermano del primer Bartolomé Yáñez de Villaamil según las fuentes relacionadas con la familia Villaamil:

  • Un manuscrito escrito a principios del s. XVIII por Francisco Antonio Villaamil y Logares y (1672-1743) que trata sobre la historia del antiguo concejo de Castropol.
  • La lápida genealógica del Palacio de Las Nogueiras de 1725.
  • La genealogía de la familia Villaamil de la casa solariega publicada en la obra «Asturias ilustrada» por José Manuel Trelles en el s. XVIII.
  • La genealogía publicada por Miguel García Teijeiro de 1912 en un número extraordinario del periódico Castropol.

 

 

Genealogía de Fernando Yáñez y su hermano Bartolomé Yáñez de Villaamil (en verde) y su relación con los condes del Honor de Suarón (en magenta) conforme a las fuentes del Palacio de Las Nogueiras y el Libro de Registro del monaterio de Corias.

Según Bernard F. Reilly y John Lynch, Fernando Yáñez había recibido del conde de Galicia Raimundo de Borgoña los derechos de pontazgo de Puente Sampayo, en la ría de Pontevedra. Lo cual provocó conflictos con el el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez,  que protestó ante Raimundo de Borgoña.

En la Historia Compostelana se califica a Fernando Yáñez como «señor de Puente Sampayo». El señorío de Puente Sampayo se encontraba en torno al Castellum Sancti Pelagii de Luto. Según la mencionada crónica en 1125 Fernando Yáñez había apresado a varios burgueses de la ciudad de Santiago de Compostela. Lo que provocó que el obispo Diego Gelmírez primero le excumulgara. Y como no fue suficiente para conseguir la liberación de sus vasallos, congregó un ejército con el que «atacó su señorío por tierra y por mar. Combatió con fiereza las fortificaciones de sus castillos, devastó saqueándolas e incendiándolas por completo villas y sus propiedades y todo el señorío que le pertencía».

Existen además, dos hechos que nos hacen pensar que tanto de Fernando Yáñez como de su hermano Bartolomé Yáñez de Villaamil podrían tener también orígenes—además de en Serantes— también en la comarca de La Limia en la actual provincia de Orense:

  • En el s. XII existía en La Limia una población llamada Viliamire (que podría coincidir con el actual pueblo Guillamil también en La Limia y a unos de 10 km de distancia de Allariz).
  • Tras luchar en la guerra de La Limia contra Afonso Henriques de Portugal, Fernando Yáñez tuvo la tenencia de La Limia.

Por otra parte, en el s. XII hubo un abad del del monasterio de San Esteban de Rivas de Sil (en la actual provincia de Orense, en las cercanías del cañón del río Sil) llamado Alfonso que era hermano de un Fernando Yáñez residente en Allariz. Aunque desconocemos si se trata del mismo Fernando Yáñez. En uno de los claustros del monasterio se conserva un estanque utilizado por los monjes para mantener vivos los peces pescados en el Sil, con el siguiente panel explicativo:

 

Por tanto, Fernando Yáñez y Bartolomé Yáñez de Villaamil eran hijos de Juan Álvarez y nietos de Alvarus Velaz. Y es posible que tuvieran un hermano llamado Alfonso que fue abad del monasterio de San Esteban de Rivas de Sil. Es probable que su padre, Juan Álvarez, y su abuelo, Alvarus Velaz, ya tuvieran tenencias o derechos feudales en las actuales provincias de Orense y Pontevedra: Puente Sampayo, Allariz o La Limia. O que ejercieran dichos derechos sobre el terreno en representación del conde del Honor del Suarón Rodericus Velaz (hermano de Alvarus Velaz y confundido sistemáticamente con el homónimo conde de Sarria con el cual no tenía ningún parentesco ni relación conocida).

 

 

Orígenes probables y lugares vinculados a Fernando Yáñez y Bartolomé Yáñez de Villaamil (en color magenta).

Por sus actos al servicio de la corona Fernando Yáñez ascendió social, militar y políticamente hasta ser una persona muy importante dentro de la corte de Urraca y de Alfonso VII. Habiendo alcanzado un estatus elevado, Fernando Yáñez logró casarse con la hija de un hombre de un rango mucho más alto que él (el conde Gómez Núñez).

 

Extraído de:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/fernandoyanez

 

Agradecimientos:

A Jesús Fernández Suarez por toda la información suministrada sobre la genealogía de los descendientes de Tructinio Feliz. 

 

Bibliografía

  • Foundation for Medieval Genealogy web site. http://fmg.ac/Projects/MedLands/SPANISH%20NOBILITY%20LATER%20MEDIEVAL.htm#_Toc343597678
  • En torno a la parroquia de Serantes. Antonio y Lino López-Cotarelo Villaamil. Artículo publicado en el libro «Historia de Tapia a través de sus calles. Tomo III.» Ayuntamiento de Tapia de Casariego, Ediciones Nobel. Oviedo. 2005.
  • María Raimúndez dona al monasterio de San Pedro de Roca Ciertas heredades, tales como su parte de ración así como la de su hermana Toda, de la iglesia de San Cipriano. Pergamino publicado en El monasterio de San Pedro de Rocas y su colección documental. Emilio Duro Peña. Estudios Orensanos. Orense, 1972.
  • Reconquista y repoblación de la Península. Obra dirigida por John Lynch. 2007. El País, S. L. Se trata de una traducción de la obra The conquest of Christian and  Muslim Spain 1031-1157 de Bernard F. Reilly.
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lAutor: Andrés López-Cotarelo

En 1881 Fernando Villaamil se presentó a las elecciones a diputado a Cortes por la circunscripción de Castropol por el Partido Demócrata Progresista. Enfrentándose a Dionisio Pinedo, candidato del cacique conservador Antonio Villamil y su sobrino Everardo. No logró ser elegido tras un cúmulo de trampas y desafueros de sus adversarios que fueron descritos así muchos años después —en 1912— por Jesús Villaamil Lastra (marido de su prima segunda Juana Cancio Menéndez de Luarca, y bisabuelo de quien este escribe) en un número extraordinario del periódico Castropol dedicado a la memoria de Fernando Villaamil:

    Según Miguel Ángel Serrano Monteavaro, Fernando Villaamil decidió retirar su candidatura en protesta por estas irregularidades. Fue sustituido por Eugenio Montero Ríos, que fue el realmente derrotado en las elecciones que tuvieron lugar el 21 de agosto.

 

Extraído de:

https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/fernandovillaamil

https://www.palaciodelasnogueiras.es/biografias/jesusvillaamillastra

 

Bibliografía

Jesús Villaamil Lastra. 1912. Nadie es profeta en su tierra. Publicado en un número extraordinario del periódico Castropol dedicado a Fernando Villaamil.

 

 Con este, comenzamos la publicación de unos artículos que nos ha hecho llegarAndrés López-Cotarelo, extraidos de la página 

 https://www.palaciodelasnogueiras.es/historia/partido-independiente-de-castropol

 
   

 

 

Andrés López-Cotarelo

 

 

En abril de 1933 se celebraron elecciones municipales en todos los ayuntamientos de España que estaban gobernados por comisiones gestoras. Fueron las primeras elecciones que se celebraron en la Segunda República, y en Asturias afectaron a unos ocho o diez ayuntamientos, entre ellos a los de Boal y Castropol.

Antonio López Oliveros publicó años más tarde un libro (Asturias en el resurgimiento español. Madrid, 1935) donde narra lo ocurrido en Castropol en las citadas elecciones municipales. Según cuenta, la última semana antes de las elecciones Melquíades Álvarez le confió que «Los de Castropol están atemorizados por lo que viene ocurriendo en el concejo desde que se anunciaron las elecciones: grupos de campesinos a caballo recorren los pueblos y entran en la villa profiriendo amenazas de violencias contra los que se atrevan a votar en favor nuestro» y le rogó que saliera para Castropol y Boal «a ver si logra arreglar aquello».

Oliveros salió en coche para Castropol con Mariano Merediz, acompañando a un autocar con «unos treinta hombres dispuestos a cuidar de la legalidad de las elecciones y a inspirar confianza de seguridad a nuestros amigos» armados con pistolas ametralladoras. Al ir a cruzar el puente sobre el río Navia una pareja de guardias civiles detuvo el autocar, siguiendo órdenes del gobernador civil de Asturias, Alonso Mallol, radical-socialista. Merediz telefonea al gobernador civil para protestar y Oliveros cuenta así lo ocurrido:

«Mallol contestó que no podía permitir que llevásemos treinta pistoleros sindicalistas a perturbar las elecciones en Castropol. A Mallol, que tenía interés en derrotar a Melquíades Alvarez, le disgustaba que nosotros fuésemos a contrarrestar la campaña de intimidación realizada en Castropol por sus correligionarios y los socialistas. Cuando Merediz hablaba con Mallol [...] llegó el autocar con nuestros amigos de Oviedo, que logró seguir a Castropol por haber dicho sus ocupantes que eran socialistas, habilidad que celebramos mucho. Merediz y yo, reunidos con los Peláez de Navia, y con mis deudos Ernesto y Antonio Fernández, decidimos que éstos últimos con el primero transportasen en coches individuales a los treinta hombres de Gijón hacia Castropol al amparo de la noche y burlando la vigilancia de los guardias civiles».

Por su parte Mallol envió a Castropol camiones de guardias de asalto y de guardias civiles. Cuenta Oliveros que: «cerca del Ayuntamiento estaba instalado el Colegio electoral de la villa, y allí me presenté yo con Merediz, después de haber estado recorriendo constantemente durante la mañana los restantes Colegios del concejo, cuando invadían sus contornos unos cincuenta mineros socialistas traídos de Sotrondio y armados de pistolas y palos que se dedicaban a coaccionar a los electores, con preferencia a las mujeres».

Estos hechos ilustran la violencia y la falta de las más elementales garantías democráticas en la Segunda República. Y cómo los cargos públicos socialistas utilizaban a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que estaban a sus órdenes para perseguir a sus adversarios políticos y permitir la intimidación y la violencia organizada de los socialistas.

Finalmente el Partido Reformista logró ganar las elecciones en Castropol, y también en Boal. Vicente Loriente, ya anciano y casi ciego, vivió con consternación esta violencia socialista en Castropol, después de haber luchado durante tantos años contra el caciquismo conservador.

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Hasta principios del siglo XIX, era muy común y habitual, el hecho de realizar los entierros en las distintas iglesias de las parroquias, diseminadas por todo el territorio nacional. Los cementerios apenas existían.

 Las autoridades, conscientes de los riesgos y perjuicios existentes para la salud pública, que se derivaban de esta antigua costumbre, comenzaron a adoptar medidas para prohibir los sepelios en las iglesias, planteando como alternativa, la construcción de cementerios ubicados a cierta distancia de los núcleos habitados. Esta orden de los gobernantes y autoridades de la época, se encontró al principio con una fuerte oposición por parte de los respectivos vecindarios, que seguían empeñados en dar tierra a sus familiares en el interior de los templos.

 Por ello, en relación con lo anterior y en el año 1837, desde el Ayuntamiento de Castropol, se le indica al párroco, que por salubridad, debe retirar los huesos y tierra que hay en la iglesia, abriendo también la puerta una hora antes de que entren los fieles, para que se ventile. El incensario debia de trabajar a destajo. Y de paso, además, se le comunica que debe de  cerrar la puerta del campanario, que amenaza ruina.

 Aunque no guarde relación con el cementerio, recojo también dentro de este mismo año y como hecho relevante, que el Ayuntamiento de Vega de Ribadeo (Vegadeo), se dirije al nuestro para que se nombre una comisión, con el fin de proceder a la separación de las contribuciones entre ambos concejos, ya que como es sabido, en el año 1834 se había segregado de Castropol.

 También en este año, siendo alcalde Fernando Villamil y Villamil, se recibe un oficio del Gobernador Político de la Provincia, ordenando al Ayuntamiento que construya el cementerio de esta villa a la mayor brevedad.

 Como solo se disponía de 861 reales  y 9 maravedíes para llevar a cabo la obra, se acordó sacar a empeño o venta, todas las fincas pertenecientes a cofradías y santuarios, hasta conseguir el presupuesto necesario. Se faculta también al alcalde,  para que se encargue de esta obra.

 Ante la falta de noticias, unos años más tarde (1841) y en relación con  este asunto, el Gobernador pide al diputado provincial Manuel G. de Vior (1), que le informe sobre la situación del cementerio: si se había concluido o no y por qué se enterraban los cadáveres en la iglesia.

   (1) En otra ocasión, ya me había referido de pasada a este destacado personaje castropolense: miembro destacado del Partido Progresista Asturiano, diputado provincial en 1841, a cortes en 1843, otra vez de provincia en el bienio de 1854 a 1856, en cuyo período también fue Secretario y luego Gobernador Civil de la Provincia. Probablemente, la calle Vior, aquí en Castropol, tenga bastante que ver con su apellido. Como curiosidad y ya que hablamos del cementerio,  todavía se conserva la lápida en el nicho donde fue enterrado.

Nota del Blog: Foto en el siguiente post.

   Seguimos en el año 1841. En un nuevo intento de impulsar la obra del camposanto, se designa al alcalde, que continúa siendo Fernando Villamil y Villamil, para que de acuerdo con el párroco, procedan sin más demora a la construcción del cementerio.

 Parece que la cosa no avanza, porque al año siguiente hay un nuevo acuerdo plenario, siendo alcalde Alejandro Acevedo, tratando de impulsar el inicio de las obras.

  1843. Nuevo acuerdo en el seno de la corporación, esta vez para concretar al menos la ubicación : Sacar a remate (subasta) la finca de Granda Labrada, que está destinada para construir el cementerio.  Este terreno estaba situado muy cerca de la Granda (2) de Mil Pasos (curiosa denominación).

   (2)  Una granda o gándara, venía a ser un terreno sin cultivar y lleno de maleza.

 Y ya que estamos hablando de algo relacionado con la iglesia, también es conveniente saber, que  los Ayuntamientos de la época, debían de aprobar  un presupuesto para culto y clero que presentaban todos los párrocos y que se repartía por parroquias entre todos los vecinos (según posibilidades),  destinado a cubrir los gastos de cada iglesia parroquial (sueldos, conservación, etc.). El presupuesto para este año  de 1843, ascendía a 17.719 reales: a los párrocos les correspondían 3.300 reales y a los ecónomos 2.200.  Los párrocos, también fijaban los derechos de estola y pie de altar (pagos que los ciudadanos realizaban al cura por bautizos, bodas, entierros, etc),

 Año 1844,  de nuevo el Gobernador, pide explicaciones para saber si es cierto que la parroquia de Castropol seguía sin cementerio y que se continuaba utilizando como tal la propia iglesia.

 Para salir del paso, la corporación propone los medios para llevarlo a cabo y se nombra una comisión al efecto. Al mes siguiente, no conforme con las explicaciones que le llegan desde Castropol, el Gobernador hace saber al alcalde, que se debe proceder ya a la construcción del cementerio, realizando el reconocimiento del sitio previsto, fijando dimensiones y paredes, así como propuesta de fondos para cubrir el presupuesto. En este momento, el alcalde era Carlos Magdalena, quien comunica a Oviedo, que la parroquia solo dispone de 1.100 reales, procedentes de la Cofradía de Animas y que el único arbitrio aplicable sería sobre los aguardientes, debido a que los demás ya están recargados.

 Al cabo de otro mes, desde el Gobierno Civil, se envía otra advertencia: el Ayuntamiento debe proponer un reparto entre todos los vecinos para costear la obra. Este ultimatum parece que por fin surte efecto, ya que el Ayuntamiento le solicita autorización para sacar la obra a remate sobre un presupuesto de 4.000 reales, de los que habría que deducir los 1.100 que tiene en su poder el párroco, con el fin de conocer el importe a repartir. Se fija también un arbitrio de 8 reales sobre el aguardiente de más de 20º. Con lo cual cada vecino, tendría que abonar unos 20 reales. Y, en el pleno celebrado el día 20 de Octubre,  parece que al final se despeja el camino: se acuerda sacar a remate las obras del cementerio de nuestra villa.

 Pero...Parece que a nuestros parroquianos y antepasados debió de sentarles mal el aumento de precio del aguardiente y de nuevo vuelve a atascarse la construcción del camposanto local. Y ya van ocho años de requerimientos y trámites.

 Digo esto, porque el 1 de Enero de 1.845, se recibe otra comunicación del Jefe Político de la Provincia, para que se resuelvan de una vez los obstáculos existentes, relacionados con la construcción del cementerio y la falta de medios para costear las obras. El ayuntamiento,  tratando de buscar una salida menos gravosa para los vecinos, en su mayor parte, marineros, artesanos y curiales (empleados y subalternos de los tribunales), acuerda convocar a los quince vecinos considerados como los mayores contribuyentes de la parroquia, que por otra parte, no acuden a las citaciones afectuadas. El Ayuntamiento, ante esta falta de colaboración, le comunica al Gobernador que en la  parroquia solo residen dieciséis labradores con carro y ganado, a los cuales resultaría muy gravoso imponerles el transporte de piedra y demás materiales desde larga distancia. Ante esta situación, la corporación no encuentra salida, medio o arbitrio, para reunir los fondos necesarios, teniendo en cuenta también que los vecinos más pudientes, no están dispuestos a colaborar. Por todo lo anterior y siendo consecuentes, una vez más se deja en manos del Jefe Político la posible solución.

 Entre unas cosas y otras, estamos en otro año: 1846. El Jefe Político (Gobernador), solicita al Ayuntamiento, que remita a la mayor urgencia, el presupuesto del importe total del coste del cementerio de esta villa, acompañando nota separada de las existencias, que obren en poder del párroco. También que se forme expediente, para la subasta de los terrenos comunes de la parroquia de esta villa.  Parece que esto agiliza de nuevo los trámites, ya que el rematante (contratista)  del cementerio, se halla dispuesto para hacer la obra, si se le entrega la cuarta parte del precio de remate, para comenzar cuanto antes.

 Finalizando este año, la corporación municipal acuerda proceder al reparto del déficit, que resulte de la construcción del cementerio, previa liquidación del producto de las fincas vendidas y demás ingresos.

 Como curiosidad y relacionado también con el motivo del titular, para aquellos/as que lo desconozcan, incluyo las parroquias del Ayuntamiento de Castropol en el año 1849:

    Castropol, San Juan, Seares, Presno Ribera, Presno Montaña (Balmonte), Piñera, Tol, Barres (inc. Figueras), Serantes de Abajo, Serantes de Arriba, San Esteban de Tapia, San Martín de Tapia, Salave y Campos.

 No me fue posible conocer finalmente el año en que se terminó la obra, ya que en las actas de plenos, solo aparece una última anotación en el año 1857, donde los rematantes del cementerio, reclaman un resto que se les debía. Tampoco pude conseguir información alguna a través de la iglesia, ya que según me afirmaron,  buena parte de la documentación se quemó durante la guerra civil. Podemos pensar, que pudo ser entre los años 1850-1855.  En el cementerio, creo que no existen fechas anteriores a 1870.

 Y ya para termimar, podéis ver el empeño del Gobernador para hacer cumplir las órdenes relativas a los cementerios y los entierros en las iglesias, en la siguiente resolución:

             En el año 1835, el Gob. Civil enterado de que en dos parroquias de Tineo, a pesar de estar concluidos los cementerios, se siguen realizando entierros en las iglesias, impone las siguientes sanciones:

       1) Los párrocos, pasarán a sufrir el correspondiente castigo correccional en el convento de S. Francisco de Avilés.

       2) El juez, individuos y secretario del Ayuntamiento, pagarán mancomunadamente la multa de 100 ducados.

       3) Los sacristanes y sepultureros de las dos parroquias, quedan para siempre privados de sus funciones como tales y serán conducidos a su costa al Castillo y Fortaleza de esta Ciudad, en donde sufrirán un mes  de  prisión.   BOPA 14.1.1835.

 Estos últimos pobres desgraciados, que culpa tenían!!! Solo por llevar unos reales a su casa, para dar de comer a su familia: inhabilitados de por vida y encima pagando el viaje a Oviedo para entrar en  la  cárcel !!!

 

            Pepe Llende             Junio 2019

Publicado: 15/03/2019 11:20 por castropol en Colaboraciones
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1885: ¿ Hospital  Provincial  de  Coléricos  en  el  Casino  ?

A lo largo del siglo XIX, se desarrollan varias epidemias de cólera en Asturias, al igual que había ocurrido en otras zonas del país. Se trata de una enfermedad infecciosa y los afectados/as, sufren un cuadro diarreico agudo, que si no se atiende a tiempo, puede ocasionar la muerte en cuestión de horas.

 Llegó a diezmar pueblos y regiones enteras, afectados por oleadas infecciosas. Antes de producirse estas epidemias, los cementerios estaban situados en el centro de las ciudades, incluso se realizaban entierros dentro de las iglesias. La situación en determinados momentos era tan desesperada, que en algunos cementerios se mantenían abiertas "fosas familiares", a la espera de nuevos fallecimientos entre parientes cercanos.

 En la segunda  epidemia que se extendió por nuestra región (1854), se detectaron varios casos en Castropol y en Figueras. Aquí, el cirujano José Braña, alertó de su presencia entre la población y fijó el tratamiento disponible en la época, de acuerdo con sus colegas de Ribadeo.

 En Octubre del año siguiente, el Ayuntamiento acuerda construir una fuente en el puerto de Figueras, debido a que en algunas ocasiones, el vecindario bebía el agua revuelta en barro y "esa podía ser la causa de que el cólera se hubiese detenido en esa población".

 Años después, en 1884 (la última epidemia del siglo en Asturias, se manifestó a finales del siguiente año y con escasa incidencia), el Ayuntamiento adopta varias medidas para prevenir la aparición de casos de cólera y propone el edificio de la Sociedad Lírica (el Casino en su primera fase) , para hospital de coléricos, solicitando subvención a la Diputación.

 El 21 de Junio de 1885, además de insistir en la adopción de medidas higiénicas, la Junta Local de Sanidad, sugiere que el Ayuntamiento pudiese habilitar una parte del Teatro (Casino) de esta villa, actualmente en construcción por la Sociedad Lírica, como hospital de presos. Dicha sociedad, habría ofrecido el local para Hospital Provincial de Coléricos.

 Antes de seguir adelante, quizás convenga recordar, que la Sociedad Lírica, presidida por Claudio F. Luanco y Riego,  se fundó en el año 1875 y compró el solar para su sede social el día 17 de Febrero de 1878 a José Ferrería Agelán de Villagomil y a  Ana Villamil Acevedo de Castropol. El importe abonado ascendió a mil quinientas pesetas "en buenas monedas de oro". Como referencia, hay que tener en cuenta que el presupuesto municipal no llegaba a las 20.000 pesetas.

 Las obras del edificio se paralizaron en el año 1881, debido a problemas financieros. Entonces la Sociedad Lírica se fusiona con el Círculo de Recreo en 1886, reforzando su solvencia económica, lo cual permite reanudar los trabajos del edificio que según parece concluyeron en 1888.

 Seguimos en Junio de 1885. El Ayuntamiento, acuerda adicionar al presupuesto de 1885/86, la cantidad de 2500 pesetas, necesarias para acondicionar el citado inmueble, como "gastos carcelarios". Esta cantidad, debería de ser aportada proporcionalmente por todos los ayuntamientos del Partido Judicial, ya que la cárcel tenía ese ámbito.

 La obra, finalmente, quedaría a beneficio de la Sociedad Lírica, una vez que desaparezca el riesgo de enfermedad o epidemia contagiosa.

 Buen negocio.

 El día 23 de Agosto del mismo año, se instruye un expediente para conseguir un préstamo por importe de 2484 pesetas, al que se habría de sumar otra cantidad similar que facilitaría la Diputación, para construir no uno,  ahora dos hospitales: en Castropol y en Figueras, con el fin de atender a las personas afectadas por el cólera.

 En el mes de Octubre, el Gobierno Civil aprueba el presupuesto extraordinario para la construcción del Hospital de Coléricos, pero... la Diputación no garantiza el cincuenta por ciento del valor de dichas obras.

 Y aquí termina otra de las pequeñas historias locales: la del Hospital de Coléricos en el Casino.

 

Castropol, Marzo de 2019

Pepe Llende

Publicado: 21/02/2019 10:39 por castropol en Colaboraciones
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Aunque alguno o alguna de los lectores de este blog, seguramente ya conozcan o les suene lo que sigue, siempre puede haber alguien que lo desconozca, por ello quizá tenga interés su publicación.

A principios del siglo XIX (1814), y por medio de un decreto de las Cortes,  se establece la demarcación de partidos. Castropol, fue la única villa de Asturias, cabeza de un vasto partido, a la cual se le privó de ser la sede del Juzgado de 1ª Instancia, al proponer la Diputación que el de este  territorio radicase en Vega de Ribadeo (Vegadeo). Esta decisión, parece que al final quedó sin efecto, al restablecerse el absolutismo con la vuelta de Fernando VII (1814-1820).

No obstante, en Agosto de 1820, el Ayuntamiento de Castropol, envía un recurso de 10 pág. al Congreso Nacional, firmado por el Alcalde, Gabriel Rodríguez Valdés y varios Procuradores Síndicos, para revertir la injusta decisión al principio comentada.

Reproduzco la pág. nº 4, porque contiene unos párrafos "muy jugosos", donde se aprecia la munición de grueso calibre y los "argumentos contundentes e irrebatibles", que se emplean desde Castropol, para desprestigiar la opción de Vega de Ribadeo.  Pepe Llende Febrero 2019

1719: Combate naval en el Eo

Publicado: 14/02/2019 13:08 por castropol en Colaboraciones
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Efemérides.- Este año 2019, se cumplen exactamente tres siglos, de uno de los episodios históricos más relevantes que tuvieron por escenario nuestra ría y que afectó, lamentablemente con un triste recuerdo, a las tres villas situadas en su tramo final:  Ribadeo, Castropol y Figueras.

 

Se trata del ataque protagonizado por tres barcos ingleses, en la desembocadura de la ría del Eo y que se enmarca dentro de la guerra de sucesión llevada a cabo por el rey de España,  Felipe V, enfrentado en este período (1717-1720) a lo que se conocía como la cuádruple alianza : Inglaterra, Francia, Austria y Holanda .  Este conficto europeo,  fue conocido también como la “Guerra de Alberoni” (1).

 La política de este prelado, no se limitó a las cuestiones económicas. Su principal objetivo, era devolver a España,  su papel como potencia europea. Y, con el fin de quitarse del  medio a sus principales oponentes -los ingleses-, Alberoni concibió un arriesgado plan de invasión sobre Inglaterra en 1719, que nunca llegó a materializarse,  por culpa de una tormenta que dañó la flota invasora española. . Algo así, como una segunda versión, de la histórica, soberbia  y decepcionante “armada invencible”

 Ya en el año 1715 (como nos relata José Ramón Luanco en la obra  “Asturias” de B. y Canella), Castropol y sus feligresías, tuvieron que presentar las escrituras donde se recogían los derechos y exenciones  concedidos por el rey Felipe II,  para hacer frente a la pretensión del rey Felipe V  de “valerse por dos años de las alcabalas, tercias reales, cientos, millones y demás rentas, derechos y oficios, que en cualquier título, motivo o razón  se hubiesen enajenado y segregado de la corona”. Y todo ello para hacer frente a los enormes gastos que ocasionaba la guerra de sucesión antes mencionada (el conflicto ya se había iniciado en 1701, por tierras italianas). Afortunadamente,  al año siguiente y por Real Cédula,  se declara que Castropol, debe ser exceptuado en esa enajenación.

 Después de este salto-resumen en  la historia, con un retroceso de tres siglos  para ubicarnos en la época de este lance histórico, podemos situarnos ya en lo alto de la playa de Arnao, atalaya  perfecta para “observar” el escenario del combate.

      (1) Giulio Alberoni (1664-1752). Este  cardenal italiano, fue además el  principal consejero del rey Felipe V de España.

 1719. En el verano de este año, había gran inquietud y preocupación en los pequeños puertos de la  comarca astur-galaica, ante las noticias que llegaban sobre la presencia de buques de guerra ingleses, merodeando por la costa. El miedo estaba justificado, ya que todos eran conscientes de la antigüedad y mal estado en que se encontraban las defensas costeras.

 Estamos en el 27 de Septiembre,  por la mañana.  Se avistan varios buques  por la Punta de la Cruz.

    En efecto,  se trata de  tres barcos de guerra ingleses de "alto bordo", al mando del comodoro Robert Johnson: dos navíos (2) “Weymouth” y “Winchester”, armados con 50 cañones y la fragata “Dursley Galley” de 20 cañones,  que entran en la ría con la intención de liberar dos mercantes de su misma bandera, que habían sido apresados en alta mar por las fragatas (3) españolas, “El Galgo de Andalucía” o “HMS Greyhound” (comandante Sebastián Villaseñor) y “San Francisco”(4), cuyo capitán era Lorenzo de Tablada.

    En un principio, los ingleses, convencidos de su poderío y superioridad si había combate, fondearon en Arnao, en la confianza de que su presencia intimidatoria, sería suficiente para conseguir el objetivo de recuperar el botín capturado días antes  por las dos fragatas.

    La realidad fue bien distinta.  Fueron recibidos a cañonazos desde las fragatas, con el apoyo del fuerte de San Damián (5) en la orilla gallega. La respuesta de los británicos fue inmediata y contundente, imponiendo rapidamente su mayor poderío artillero:  un calibre de veinte libras en sus cañones,  frente a un enemigo con piezas de tan solo seis libras.

    Labriegos y pescadores que se encontraban al borde de la ría, abandonan sus faenas y huyen despavoridos.  Los marineros que se encontraban en Porcillán, buscan refugio en la parte alta de Ribadeo. Y lo mismo ocurre en las otras dos villas, Figueras y Castropol, en donde también se escuchan las explosiones.

    Seguidamente, los invasores saltan a tierra y se apoderan del fuerte, haciendo prisioneros a la escasa y débil guarnición e izando su bandera.

    Acto seguido,  incendian las dos fragatas españolas. Una debajo de San Román (“El Galgo..”), en el banco que después se conoció, como de la Carabela (6) y la otra, cerca de  Arroxo, en el lugar luego  bautizado como playa de San Francisco. La misma suerte, según parece, corrieron los dos mercantes.

     Aunque... Aquí parece que no hay unanimidad.  Algunos autores opinan también, que las tripulaciones a la vista del cariz que tomaba el combate, decidieron darles fuego, para evitar que cayesen en manos de los ingleses.

 (2) Los “navíos”, eran buques de guerra con tres palos y dos o tres cubiertas artilladas. Se denominaban “de línea”, porque en una novedosa formación de combate, los navíos se alineaban, para formar un muro de artillería, disparando simultaneamente.

    (3) Desde el siglo XVII las fragatas eran buques de tres palos, más ligeros que los navíos de línea que formaban el núcleo principal de las escuadras de vela.

(4) Ambas habían sido capturadas en su momento a los ingleses (la “HMS Greyhound” en 1718 y la “San Francisco” en 1716). Iban armadas con 24 y 22 cañones respectivamente.

(5) El fuerte actual es de 1744. Pero,  parece que ya en el siglo XVI,  existía en el mismo lugar alguna fortificación. A  principios del siglo XIX, estaba fuera de servicio como instalación militar. Fue destruido en 1809, volando el almacén y arrojando al mar los cañones de hierro colado. Tenía tres hombres de centinela constante.

     (6) De este banco o tesón proceden,  según parece, los cañones del muelle de Castropol.

       No contentos con la victoria, los ingleses invaden uno detrás de otro, los tres pueblos, que son castigados con dureza...

 En Ribadeo,  exigen al alcalde que deje paso libre en el puerto, permita aguada y que no socorra a Castropol ni a otras villas. Lo amenazaron además,  con saquear y prender fuego a la villa, si no recibían 2.000 doblones, 50 vacas, 25 carneros, 12 pipas de vino para la tripulación y el equipo de los navíos quemados.  Esto último, lo cuenta fray Sebastián Canedo, guardián  del convento ribadense de los franciscanos. Este religioso, afirma que el rescate exigido sería menor, si no se hubiese dado fuego a las fragatas, que eran de mucho valor y que aún consideraban suyas.

 Finalmente, parece que Ribadeo pagó 2.400 pesos (600 doblones), Castropol 150 doblones y Figueras una cantidad desconocida. El rescate asturiano fue facilitado por  el Regidor de Castropol,  Alonso Morán Navia (en el año 1727, es nombrado Alcalde Mayor de Ribadeo), que había recibido órdenes directamente del Rey, para que se pagase con cargo a efectos reales. Los gallegos piden igual gracia y nombran al licenciado José Argüelles, para que vaya a conferenciar con el Marqués de Risbourg (Gobernador y Capitán General de Galicia). En 1720 y por Real Cédula, se mandó que a cuenta de contribuciones se abonasen a esta villa los 600 doblones, que se habían pagado en 1719.

 Una vez cobrados los rescates, los ingleses abandonan finalmente la ría el día 30.

 En la documentación del concello, también se afirma, que se entregaron a los capitanes ingleses y sin recibo,  100 doblones y “a toda fuerza” 50 vacas, 25 carneros, 18 pipas de vino y 6 quintales de galleta y se gastaron de particulares 6 de pólvora y de balas.

 La única referencia a este episodio en las actas del concello gallego (1719), son dos cartas del Marqués de Risbourg, manifestando que recibió la relación del suceso ocurrido en el citado año, mostrando sus condolencias por lo que Ribadeo había padecido, agradeciendo al guardián del convento, que no hubiese mayores desgracias y también aconsejando que la villa se defendiese como pudiere. También se extraña, por otra parte, de que el guardián retenga los papeles (recibos del rescate), en prenda de un dinero que dió otra persona. 

 Una gran parte de la responsabilidad de esta derrota y  posterior ocupación temporal de los tres pueblos, parece que hay que buscarla en el fuerte San Damián, debido a la escasa y mal cuidada artillería disponible, así como al estado de abandono en que se encontraba, en parte debido a la relajación y falta de atención de sus responsables.

 En relación con este hecho histórico, creo que no existe a la vista del público en ninguno de los tres pueblos, ningún elemento que pueda dar testimonio de ello, por eso y para terminar, creo que no sería mala idea, programar algún acto conjunto, para dejar constancia de lo acontecido ese 27 de Septiembre de 1719 en la ría:

 En primer lugar en Castropol, devolver los cañones a su última ubicación en el Penedón.

Algún recuerdo en forma de placa, mapa o mural en cada uno de las tres villas, que diese a conocer lo que ocurrió aquél día ya tan lejano.

Se podría pensar también en alguna recreación o similar con uniformes de la época, si ello fuese posible. O completarlo quizá con una charla, visita de algún barco, etc.

 Por supuesto que me ofrezco para lo que haga falta.

 Sobre este combate naval,  escribió J.L. Pérez de Castro, en un boletín del RIDEA.

Francisco Lanza Alvarez, también se ocupa de ello en su "Ribadeo Antiguo"

 

            Enero de 2019                        Pepe  Llende

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Hola de nuevo. No quiero ser pesado, pero el archivo municipal sigue ofreciéndonos sorpresas, en forma de noticias e historias, que pueden ser interesantes para los/las que os gusten estas y otras cosas de la pequeña historia local.

Antes de entrar en ello, creo que no viene mal una breve introducción, para  situarnos en lo que después os voy a contar, supongo que desconocido para la mayoría de seguidores/as de este blog,  como lo era  también para mi

 Como supongo que más de uno de vosotros/as sabéis, en los últimos años del siglo XIX, se publicaron los tres tomos de la obra  ASTURIAS, de la que fueron promotores Bellmunt y Canella y en la que se recogían nuestra historia, monumentos, costumbres, tradiciones, asturianos ilustres...

 Pues bien, los editores se decidieron por José Ramón Luanco para encargarle la redacción del capítulo dedicado a Castropol.

Para los/las que lo desconozcan, simplemente deciros a modo de resumen, que José Ramón nació y murió en nuestra villa, 1825-1905. Consiguió por oposición la plaza como catedrático de Química General  en las Universidades de Oviedo (1856) y Barcelona (1868), en las fechas indicadas. En la ciudad catalana y según parece, también fue rector durante un breve período (1899). En ella,  además, se ocupó de tutelar al joven Marcelino Menéndez Pelayo, por encargo de su padre (muy amigo de J. Ramón), que también era castropolense. Presidente durante un tiempo del Ateneo de la ciudad condal, Comendador de la Orden de Isabel la Católica y Oficial de la Legión de Honor del gobierno francés. Dicen de él, que fue un profesor con una amplia obra científica en textos, artículos, conferencias y discursos. Por último, terminaré con un curioso experimento que llevó a cabo durante su estancia en Oviedo: con el gas que logró extraer del orujo de las manzanas, logró iluminar varias calles de la ciudad.

 Y ahora, viene la justificación o el motivo, tanto del titular como de esta introducción.

 El día 10 de Julio de 1.881, el alcalde de Castropol  Everardo Villamil Llanes, da cuenta a la corporación de un escrito que dirige al Ayuntamiento José Ramón Luanco, para comunicarles:   "Que tiene en su poder un precioso manuscrito del año 1.816, que contiene la historia de este concejo, las concordias(1),  fueros(2)  y cartas pueblas(3) de su antigua jurisdicción, desde la era de 1.320 hasta el referido año" (¡Nada menos que cinco siglos!).  Manifiesta también, que está dispuesto a dictar dicho documento a un escribiente, si la corporación está interesada en que se haga una copia. El Ayuntamiento, teniendo en cuenta que en el archivo no existe dato alguno, que recuerde la interesante historia de esta región, siendo útil y conveniente además, poseer una copia del citado manuscrito, acuerda designar al 2º Teniente de Alcalde, Valentín Cancio, para que, de acuerdo con Luanco, busquen la forma de realizar una copia simple o auténtica, abonando los gastos de papel y escribiente. Además, se acuerda también, que Valentín Cancio, señalará el sueldo correspondiente, con cargo a la partida de imprevistos.

(1)     Pactos o arreglos amistosos.

(2)     Estatutos jurídicos, que se aplicaban en una determinada localidad, para organizar la vida local. Los otorgaban el rey, el señor de la tierra o el propio concejo.

(3)     Documentos que concedían los reyes, señores o la iglesia, con una serie de privilegio para  estimular la repoblación  de algunos lugares o zonas de interés.

 Una vez leída con calma el acta donde se recoge la oferta de Luanco y enterado de este hallazgo, enseguida lo relacioné con el capítulo dedicado a Castropol en la ya citada obra, debido a la amplia y completa información que Luanco manejó en su momento. Consciente logicamente de que estaba ante algo importante, quise saber si en el archivo municipal existía esa copia.

 Pero... desgraciadamente,  el resultado fue negativo. Como tampoco existe documentación contable de la época, que nos permita saber por ejemplo, si se hizo algún pago relacionado con dicha copia. Y en las actas del Ayuntamiento de fechas  posteriores, tampoco hay referencia alguna, que nos permita al menos de entrada, saber si se hizo o no, tal y como se había acordado. Yo particularmente, quiero pensar que si se hizo, otra cosa es saber en este momento, si todavía existe y donde puede estar.

 Y  lo mismo digo evidentemente,  con respecto al manuscrito original: si existe o no, quien lo puede tener, si está en Castropol, etc.  Hay que tener en cuenta además, que tanto José Ramón como su hermano Claudio (médico, fundador y director del decenario “Castropol” y promotor-fundador de la fiesta del Bollo en Avilés) eran solteros. Su padre era de Luanco y su madre según parece de Muros del Nalón. Digo esto, a la hora de buscar posibles herederos del manuscrito.

 Siguiendo el hilo de este valioso documento, quería comentar también, que en un pleno celebrado el día 11 de Agosto de 1.882,  la corporación enterada  de que en “Las Riveras del Eo”- Rivadeo(4), se inicia la publicación de varios documentos históricos,  relacionados con el territorio comprendido entre el Navia y el Eo, de gran interés para el municipio de Castropol, capital en su momento de los trece concejos que integraban dicho territorio. Y dado que en el archivo municipal, “no existe ningún documento relativo a esa época” (5), se acuerda suscribirse a dicho periódico, durante el tiempo en que se mantenga la publicación de los citados documentos. Dichos ejemplares pasarían al archivo municipal.

(4)  Aunque nos extrañen un poco las uves, así lo escribió Luanco en su monografía         dedicada  a Castropol.

(5)  Aquí me entra una pequeña duda: ¿después de un año, no estaba finalizada la copia? O también pudiera ser quizás, que Luanco aprovechase los veranos en Castropol, para dictar  el contenido del manuscrito y que la copia estuviese sin terminar.

 El  responsable de la publicación de los referidos documentos, también fue José Ramón Luanco. De ello dejó constancia en su trabajo, dentro de la obra ya comentada, con una relación “de los documentos más interesantes para conocer la historia de Castropol”. Todo encaja: en Julio de 1881 dice que tiene en su poder el manuscrito y un año después se inicia  la publicación en el periódico ribadense, de una serie de documentos antiguos relacionados con Castropol.    

 Y...  Lo mismo que nos había ocurrido con la copia del manuscrito,  resulta que en el archivo, no hay ni rastro de los ejemplares de “Las Riveras del Eo”(semanario ribadense que tuvo casi un siglo de vida,  1881-1971) y que la corporación había decidido adquirir.

 De todo lo cual se deduce, que  el archivo municipal de Castropol debía de estar sin puerta o quizás y más probable,  que los “ratones” andaban demasiado sueltos,  muy activos y sin control, con una clara afinidad por ciertos “papeles”.

 

Castropol,  Enero  2019                 Pepe Llende

 

            P/D.- Creo que no estaría de más, que Castropol o el Ayuntamiento, tuviesen un pequeño recuerdo con los hermanos Luanco (una pequeña placa o similar por ejemplo, al igual que se hace en otros pueblos y villas), para que los vecinos actuales y futuros,  estuviesen al tanto de la historia local y de sus personajes. ¿O quizás una calle? Hay al menos dos, sin nombre. Ya en el año 1892, en la modificación del callejero, se aprobó el cambio de la calle Campo por Luanco. Desconozco si se llevó a efecto, porque en el año 1917,  un concejal propone “tres lápidas”, una de ellas para  José Ramón Luanco, en la casa de la familia, situada en la c/ Nueva, donde vivió y murió.

"El Indiano de Sestelo" y Felicidad

Publicado: 31/07/2018 17:02 por castropol en Colaboraciones

"El Indiano de Sestelo" y Felicidad

Como avance del libro-resumen que llevaré a las librerías el próximo mes de agosto, titulado "La guerra civil en Castropol y Figueras" (con ramificaciones a Vegadeo y Ribadeo), publico ahora este artículo en "La Comarca del Eo" sobre Ángel Pérez y Pérez y su mujer Felicidad Martínez, interesantes personajes de la comarca sobre los que nuestro querido amigo Pablo Rodríguez "Viví" ya sostuvo una entrevista en "La Nueva España".

 


       -Felicidad Martínez Martínez. Según el Registro Civil, nació el 14 de octubre de 1896 en Salave (Tapia de Casariego), hija de Antonio Martínez Sanjurjo (propietario de Salave) y de Maximina Martínez Santamarina, de Arboces (El Franco) (dedicada a sus labores) vecinos de Salave. Marchó de joven a Cuba, donde se casó con Ángel Pérez y Pérez, el indiano de Sestelo; durante sus frecuentes estancias en España desarrolló una activa labor política en el partido Republicano Radical de Álvaro de Albornoz (luego Izquierda Republicana, de M. Azaña). Se movía por la comarca conduciendo su propio automóvil; primera mujer concejal del Ayuntamiento de Castropol el 23 de mayo de 1936 (y según noticias de otros consistorios, también de la comarca). Tras la llegada de los nacionales a Vegadeo, el 30 de julio de 1936, "El cangrejo" fue a detenerla a su casa de Sestelo; no pudieron dar con ella ni con sus hijos, que escaparon a Fonsagrada en el coche de un vegadense (Taviesas) ; tras varias vicisitudes pudieron llegar a La Coruña, donde Alfonso Molina Brandao (Presidente de la Cámara de la Propiedad y luego Alcalde) les facilitó el embarque para Cuba. Felicidad no volvió a España, falleció en Boston en 1961, está enterrada en La Alameda (isla de la bahía de San Francisco).

 - Ángel Pérez y Pérez nació el 16 de agosto de 1886 en El Mazo, hijo de Manuel Pérez Sanjulián, de El Mazo, ferreiro, y de Carmen Pérez Bermúdez, de Vega de los Molinos, doméstica, vecinos de El Mazo. Marchó joven a Cuba, donde tenía parientes y demostró su capacidad en el mundo empresarial, comerciando con pieles en los EE.UU. y luego representando empresas europeas en aquellas tierras, consiguiendo reunir una gran fortuna; en Cuba conoció a Felicidad. Hacia 1920-2, Ángel compra la llamada "Casona de Sestelo", y después de mejorarla y darle una planta (existía allí una fábrica de papel llamada "La Filigrana", la venta de cuya maquinaria se anuncia en la prensa el 7 de julio de 1922), instala una central eléctrica que dará servicio a la comarca; la casa sirvió luego de orfanato durante la guerra. Ángel tuvo algunos problemas con la banca local de Vegadeo, al fin resueltos. Republicano y masón, del partido de Álvaro de Albornoz (luego Izquierda Republicana). Según "La Libertad" del 31 de mayo de 1933 (diario republicano de Madrid, donde se movían los hermanos de Vegadeo, Barcia Trelles), ese mismo año, siendo concejal de Castropol, consiguió una subvención del Gobierno (era ministro de Justicia, Albornoz), por valor de 80.000pts. de la época, para atender las escuelas de la comarca; el 19 de noviembre de ese año lo encontramos en la mesa de la circunscripción de Presno para elegir Diputados. Alcalde de Castropol en 1936, realizó numerosos viajes entre Europa y América, gustaba de portar un revolver que ponía sobre la mesa cuando despachaba en el Ayuntamiento. A la llegada de los nacionales, el 30 de julio de 1936, marchó de Castropol en su automóvil, junto con otros, en dirección a Gijón, aquí embarca para Francia, donde era  Embajador Álvaro de Albornoz. Buscó a su hijo menor de edad que se encontraba estudiando en Alemania y lo encuentra en las Brigadas Internacionales que operaban en el frente republicano de Albacete; retornados los dos a Francia pudieron marchar a Cuba. Durante su estancia en Francia compró una ambulancia y otros efectos para enviar a los milicianos que luchaban en Asturias. Procesado en rebeldía por el Juzgado Militar de Ribadeo en 1936, a causa de sus actividades políticas, el 31 de marzo de 1937, en juicio verbal civil, Ángel (ausente) se ve obligado a pagar unos jornales a unos paisanos de Sestelo. El 9 de agosto de 1938, Ángel y Felicidad (ausentes) deben hacer frente en Oviedo a un juicio de responsabilidad civil; el 18 de enero de 1939 el Juzgado de Castropol les impone una sanción económica; el 14 de julio de 1941, el Tribunal de Responsabilidades Políticas de Oviedo les devuelve, a él y a su mujer (ausentes), la disponibilidad de sus bienes, después de haber pagado una multa; el 12 de marzo de 1958 el Juzgado de Castropol cita a Felicidad y a Carmen para abrir el abintestato después del fallecimiento de Ángel; el 10 de diciembre del mismo año se acuerda designar administrador judicial de la herencia, y el 7 de octubre de 1961 cita a Felicidad para ejecutar la herencia. Ángel falleció en La Habana el 29 de octubre de 1941, a los 55 años, de una apendicitis mal tratada; está enterrado en la Quinta Covadonga del Centro Asturiano de aquella isla. La biblioteca de Sestelo fue incautada y se encuentra en la Diputación de Oviedo. El matrimonio tuvo tres hijos: Raquel (1933), Ángel y Carmen. Manuel Millares Vázquez escribió en 1938 un libro con el título  "Hombres de paz en tiempos de guerra", en el que alude a la peripecia vital de Ángel Pérez.

 

                                                               M. Á. Serrano Monteavaro 

                         "La Comarca del Eo"  21 de julio de 2018

Por Juan Manuel López Acebo.

De Puerto Rico a Asturias

Publicado: 29/09/2016 17:36 por castropol en Colaboraciones

By Carlos Frontera on septiembre 28, 2016 Nómadas y Nativos, Rutas y Guías

Asturias, una damisela enamorada al ritmo de la gaita

Si hace cuatro días alguien me hubiese dicho que dentro de unas horas estaría abordando un vuelo que me llevaría de vuelta, después de 16 años, a uno de los rincones que más emociones evocan dentro de mí, donde la poesía se vuelve paisaje y el paisaje se vuelve la melodía que entona la gracia de recuerdos, amores y desamores, sueños y desvelos; jamás lo hubiese creído.

 AsturiasAbordamos, el equipaje de mano ya en su sitio, se cerraron las puertas y esperando a que el avión de Iberia comience a moverse en la pista de San Juan de Puerto Rico, los pensamientos chocan en una despavorida huida al recuerdo de aquel primer viaje ya hace casi cuarenta años. Fue cuando mis abuelos estuvieron dispuestos a llevar a este niño de ocho años a conocer su casa en Asturias y a donde luego volvería muchos veranos. Las imágenes y los buenos recuerdos son tantos. Muchas son las emociones, la ultima vez que salí de Castropol lo hice pensando que volvería al año siguiente y luego se volvió el siguiente y el siguiente, hasta que pasaron los años uno detrás de otro sin poder vislumbrar un regreso… ya hace más de 16 años.

Las siete horas y media de vuelo se fueron entre recuerdos, llegamos sin contratiempo, me acerqué al área de coches de alquiler donde me entregaron un compacto del año, mi corazón quería estallar, mi cuerpo cansado del viaje pero mis ansias de llegar a Asturias podían más, decidí no pasar la noche en Madrid y me encaminé por la A-6 en dirección A Coruña, pensé que si me dominaba el cansancio podría quedarme en el camino, llegar a Tordecillas o quien sabe si hasta Benavente.

coche 1965

coche 1965

Este mismo recorrido lo hice con mis abuelos en un Chevelle del 65 que habían llevado desde Puerto Rico. En aquel entonces salimos de los Jerónimos para conducir trece horas de camino atravesando el Puerto de Pajares. Ahora muy diferente recorrer los paisajes de Castilla con sus pinos piñoneros, ya no es necesario atravesar cada pueblo con sus semáforos advirtiendo que hay que reducir la velocidad, ni hay que esperar que el pastor con sus ovejas atraviese la carretera, ni se ven las abuelas con el luto acérrimo vestidas de negro, sentadas en el quicio de la puerta.

Todo eran recuerdos que esbozaban sonrisas tras sonrisas cuando llegue a Tordecillas, me detuve a tomar el primer cortado en España y si este me supo a gloria, mayor fue la alegría al ver que sacaban una bandeja de pepitos de ternera, un manjar para aquellos que llevamos décadas sin saborear la simpleza de un gusto tan cotidiano. ¿Detener el viaje? ¡ni pensarlo! recobradas las fuerzas para continuar con grandes expectativas y entusiasmo hacia la Asturias, verde de montes y negra de minerales, como bien se canta.

Llegue a Benavente y en lugar de desviarme para tomar la ruta de la plata, preferí continuar en dirección a Lugo, pasar el Pedrafita tomar el desvío a Meira y encaminarme en dirección a Vegadeo. Comencé a sentir el frío de estas tierras y a ver la rivera del río Eo, la carretera le bordea dejando ver la belleza de la vegetación, sus aguas cristalinas, los cotos de pesca y de caza. Mientras más cerca me encontraba mayores eran las emociones agolpadas en mi pecho.

Llegó el momento de entrar definitivamente en Asturias, pasar el puente sobre el río y ver la antigua aduana de Asturias a la derecha, donde hace años escuché a mi abuela decir “terra nosa” y así mismo ella también escucho a su padre en el mismo lugar cuando volvieron después de la guerra. Hoy no venia ninguno de ellos que lo repitiese pero mis oídos no cesaban de escucharlo y mi corazón de repetirlo.

Dejando a Vegadeo atrás ya sólo restaban minutos para ver la Villa de Castropol. Llegue a San Roque y entré por la avenida franqueada por arboles que forman un túnel mágico de cuentos de hadas y encantos, de inmediato me desvíe para pasar frente el Palacio de Valledor, continuando por detrás de Villa Rosita, hasta que ya con lagrimas en los ojos tenia de frente la casa de la abuela. Ella no estaba, ya no se asomaba en la galería a lanzar migajas de pan a los pajarillos, pero muy bien que la podía ver asomada.

Castropol, Asturias

Castropol, Asturias

Asturias es una damisela enamorada al ritmo de la gaita, una tierra que encierra la magia cautivadora del paraíso encantado que cautiva el corazón del que logra ver su desnuda belleza, esa que se esconde en ocasiones tras la niebla que solo deja ver con recelos su silueta dibujada sobre el lienzo del cielo o de la mar y en otras ocasiones se descubre ante el sol brillante para dejarse galantear por los suspiros de quien la ve en su mayor esplendor.

Aquella noche volví a dormir como un niño y a despertar como aquella primera vez, la niebla que subía de la ría entrando por la ventana creando un ambiente perfecto para transportar a cualquiera en el tiempo, las gaviotas cantando posadas en los tejados de pizarra, lo único que en esta ocasión no se escuchaba la voz de la pescantina gritando “hay pescau vivu” o de la señora que traía las piñas de pino para la estufa de leña. Las cosas han cambiado en la practica de hacer la vida. Pero sin duda Castropol continua galante y señorial recostado sobre la ría enamorando a quien entra por sus calles donde se abre el corazón de su gente para abrazar al caminante de paso o que vuelve, al veraneante que repite, o los que nos sentimos parte desde la distancia, aunque nos medien siete mil kilómetros.

Ahora he vuelto a contar nuevamente los días para volver.

OPINAR NO ES PECADO

Publicado: 01/01/2016 21:05 por castropol en Colaboraciones
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Nota previa: Ya casi en la playa de la otra orilla, hacía la que he remado con ilusión y esperanza, al ver la hermosa foto del puente que, al parecer,  une a ribereños que nunca estuvimos separados, sino casados unos con otras y otras con unos e, incluso a “solterones” y quién sabe, si algún anfibio o epiceno, me animo a “colgar” aquí  unas notas de opinión que me habían pedido sobre “ocurrencias” de obras, excesivas y escasamente rentables, en nuestra Ría del Eo. Subrayo lo de analfabeto sobre industrias papeleras y aluminosas, pero algo he oído a expertos económicos “de buena tinta”. 

 

OPINAR NO ES PECADO.

 

El mal llamado "Puente de Ribadeo" es un disparate ecológico, económico, político, estratégico, e, incluso, urbanístico-paisajístico. Subrayo lo económico y político. Lo de acercar a las dos entrañables, hermosas y ricas regiones astur-galaicas es un falaz argumento de especuladores de un desarrollo cortoplacistas que quisieron, quieren, llenar la bolsa por el sistema "aquí te pillo aquí te mato".

 

Por razones económicas una empresa capitalista redactó un proyecto de peaje sobre la estrecha abra de la Ría del Eo. Los expertos economistas pronto vieron que no era rentable y abandonaron el negocio. Otros políticos, sin dejar de ser economistas, aprovecharon la "res derrelicta, nullíus" y venga cemento y plataformas.

Así se contribuyó al actual desastre. El puente de acercamiento de las riberas eoarias fue estudiado durante generaciones. Se han estudiado, desechado y realizado proyectos, ninguno tan nefasto, en los diversos aspectos y consecuencias, como el Puente de los Santos. San Miguel y San Román están bien conjuntos y acompasados en otra humana dimensión, distinta de la geografía.

 

Yo, como analfabeto y frecuente usuario de las intercomunicaciones astur-galaicas, opino -opinar no es pecado- que el Camino Primitivo de Santiago en sus varias versiones es el más barato y cómodo en el noroeste de España. Oviedo, Orense, Pontevedra, Lugo y La Coruña, estarían más cerca por las rutas: Vegadeo-Meira-Lugo,  Narcea-Tineo, e, incluso, por las zonas de Leitariegos,  Babia, Sil… Lo que pasa es que cada uno queremos aparcar a la puerta de casa o negocio y, por eso presionamos, como mínimo, a alcaldes o ministros. La pólvora es del rey. Tú y yo seguimos “paganos”.

Luis de Olina.

Diagnóstico y receta para 2012.

Publicado: 13/01/2012 11:20 por castropol en Colaboraciones

Auguran los cronicones

Para el año MMXII

Unos rigores atroces

De tres pares de billones,

Pues los excesos de antaño

Toca pagarlos ahora

Y los lujos de otrora

Se enjugarán este año;

Y si no, en el futuro,

Y por supuestos desmanes,

Franceses y alemanes

Quieren ya darnos por duro

Lo que ayer, por seguro,

Era un euro flamante,

Y nos mudan el semblante,

Y nos joden, y las flores

Nos marchitan. ¡Señores:

Más bien creo que nos chafan

Ocultando que estafan!

¡No les dejaremos!¡Oh!

No lo conseguirán! ¡No!

¿Reaccionaremos?¡Sí!

Yo ya mi palabra di.

 

Mi receta: vaticino

Que seguirá habiendo vino

Y de Toro a la Rioja

Y de Jumilla al Narcea

Todos los días se moja

El gaznate … ¡y lo que sea!

Y de ánimos preñados,

Iniciaremos enero,

Habrá luego desestero

Y se nos pasará el enfado;

Irán pasando los días,

Y en medio del otoño:

¡Coño!¡Coño!¡Coño!¡Coño!

¡Qué ha vuelto la alegría!

 

Amén.                                

 

Un  "castropoladicto"

Publicado: 21/10/2011 11:23 por castropol en Colaboraciones
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A Claudio Fernández de Luanco.

Publicado: 20/05/2011 19:37 por castropol en Colaboraciones

  Reproducimos a continuación un poema de Marcos del Torniello, publicado en un periódico avilesino a finales del siglo XIX o prinicipios del XX, dedicado a Claudio Fernández de Luanco.

 

TENGO DE SUBIRA AL ALTO

A CHAR A DON CLAUDIO UN VIVA

TENGO DECIR   ¡¡VIVA LUANCO!!

DIGA EL MUNDO LO QUE DIGA

TENGO DECIR   ¡¡ VIVA LUANCO!!

Y TAMBIEN   ¡¡ VIVA EL GALENO!!

TENGO DECIR  ¡¡ VIVA EL BOLLO!!

Y  ¡¡ VIVA EL TEATRO NUEVO!!

 

SI SE FAY EL TEATRO

NES NUEVES CALLES

YE QUE AMESTÓ DON CLAUDIO

LES VOLUNTADES ¡¡ AY DOCTOR!!

QUE BUEN VIENTO TE TRAXO

DE CASTROPOL

 

                                                                     Marcos del Torniello

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ESCUDOS DE LA PORTADA DEL PALACIO DE LA MARQUESA

Por Javier García Herrero

Sobre la portada de la casa conocida como Palacio de la Marquesa o de Loriente, reedificada a mediados del siglo XVIII, lucían tres espléndidas piedras armeras, que en campos ovalados recogían los linajes de sus propietarios. Estos escudos coincidían exactamente en su contenido con los que se encuentran en la Capilla de la Marquesa de la Iglesia parroquial de Castropol, por lo que se puede suponer que ambos conjuntos son de la misma época, mediados del XVIII.

A finales del Siglo XIX, en 1896, Vicente Loriente Acevedo, que había emigrado a Cuba con 12 años, de donde regresó como acaudalado comerciante, compra el palacio, al deshacerse el X Marqués de Santa Cruz de esta propiedad, al parecer por una deuda de juego.

Hombre de honor, Loriente considera que no le corresponde lucir en su casa unas armas que no son suyas y manda retirar los escudos de la portada, que son depositados en alguna dependencia de los bajos del Palacio, quedando allí olvidados. Allí fue tomada, con gran oportunidad, la foto que ilustra este comentario, ya que es el único documento, que conozcamos, que da fe de la existencia de dichas piedras. El autor probable de la foto fue Paco Marinero.

Décadas más tarde, cuando la familia Loriente, ya fallecido el patriarca, recuerda los escudos, descubre que estos han desaparecido del lugar donde estaban depositados. Caben dos hipótesis sobre la desaparición: la que nos parece más probable es la del robo y que hoy los escudos estén luciendo en la casa de alguien cuyo sentido del honor sea justo el contrario que el de Loriente. La segunda posibilidad sería que en alguna obra hecha en el palacio, el albañil, ignorante del valor de  las piedras, las utilizase como material de construcción o de relleno.

De cualquiera de las maneras, una grave pérdida para el patrimonio castropolense, ya que sin duda los escudos darían un gran realce a la casona, que aún sin ellos es uno de los edificios más destacados de la comarca.

 

Respecto a los escudos, comparando los desaparecidos con los de la Iglesia, vemos que salvo en la forma, ovalados unos, en la forma común de escudo los segundos, coinciden exactamente. Hay que hacer la salvedad de que los del palacio están cambiados de orden, probablemente al depositarlos, estando intercambiados el central con el derecho.

 

Heráldica de  los escudos, siguiendo la disposición de los de la Iglesia:

 

 

 

Izquierdo:

1º cuartel: LANTOIRA

2º: DONLEBÚN

3º: MONTENEGRO

4º: OSORIO

5º: NAVIA

6º: LANZÓS

 

 

Central:

1º: LANTOIRA

2º: BERMÚDEZ

3º: MONTENEGRO

4º: MIRANDA

5º: NAVIA

6º: AVILÉS

7º: VALDEPARES

 

Derecho:

1º: NAVIA

2º: LANTOIRA

3º: ARANGO

4º: MONTENEGRO

5º: AVILÉS

 

 

 

    Vemos en este video, cuya edición ha dedicado Alvaro Benito a la memoria de nuestro queridisimo Arturo de Primote,  varias imagenes del mismo.  Lamentablemente nos dejaría al año siguiente, tras un trágico accidente de  circulación.

Video del "I Encuentro de Gaitas"

Publicado: 25/09/2010 08:42 por castropol en Colaboraciones

Nuevamente Alvaro Benito nos envía un video, en esta ocasión del "I Encuentro de Gaitas" celebrado en Castropol, el pasado día 20 de agosto.

 

 

 

 


Corpus 2010

Publicado: 24/08/2010 11:34 por castropol en Colaboraciones

   Alvaro Benito, como todos los años ha realizado un maqgnífico trabajo de edición de fotos y  video de las Alfombras de Corpus, que nos ha hecho llegar de inmediato, y que publicamos aquí para gozo y admiraión de todos.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

A partir de este momento,  (25 de enero de 2009), debido a ciertos abusos, no se permitirán  comentarios anónimos, procediendose a su borrado de inmediato.

Alfombras florales.

Publicado: 28/06/2010 17:44 por castropol en Colaboraciones

  Nuevamente Alvaro Benito, nos envia un video sobre las alfombras florales de Castropol, en el hace un recorrido a lo largo de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Como podemos observar los primeros años (hasta 1986) hay grandes saltos debido a la falta de imagenes. A partír de aquí hay imagenes de prácticamente todos los años.

 

 

 

 

 

 

Alvaro Benito, nos deleita con otro de sus magnificos videos.

 

 

Castropol. Ven a visitarlo.

Publicado: 10/12/2009 22:40 por castropol en Colaboraciones

Castropol: Escenas para recordar.

Publicado: 24/11/2009 16:18 por castropol en Colaboraciones

Nuevamente Alvaro Benito, nos sorprende con un video, con momentos inolvidables  para todos los castropolenses.

 

La Faya

Publicado: 16/09/2009 17:19 por castropol en Colaboraciones
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La Faya, foto publicada en La Comarca, 25/12/93, ilustrando un artículo de Miguel Angel Serrano

Castropol 1956

Publicado: 27/08/2009 16:29 por castropol en Colaboraciones
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   Quiero desde aquí mostra mi agradecimiento a Carlos Frontera  Suau que paso la pelicula a video y lo subió a YouTube, y a su hermano Roberto que se molestó en que nos lo hicera llegar. En Castropol 1956, podemos ver desde Tito Suau a lomos de un borriquillo,  Carlos Conde en el balcón de su casa, Pepe de Burela con el Pendón, Pedro Villares con la cruz y Nano con un cirial o Emilio de Carmiña llevando el palio, hasta Ramón Canel, Segis Pérez,  Fermín García o Adolfo Rodriguez en la procesión, pasando por Feli Rodriguez y Margarita Suau, seguidas de Marta de Pericón, en la misma procesión. Seguramente, los lectores me ayudareis a identificar a mucha mas gente que yo no he podido. Destacar también los montones de piedra, destinados a la  pavimentación de la calle del Campo.

 

Gracias de nuevo a Alvaro Benito, por su segunda parte de "Paseando por Castropol"

 

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Paseando por Castropol en YouTube

Publicado: 03/06/2009 09:33 por castropol en Colaboraciones

   Una vez que he visto el magnífico video de Alvaro Benito en YouTube, no puedo por menos que poner un enlace al mismo, para que todos lo veais. Se que Alvaro no se enfadará, pues es un asiduo seguidor y colaborador del blog. Aprovecho para darle la enhorabuena por tan magnífico trabajo. Gracias y sigue sorprendiendonos con  cosas similares.

 


Tras quince días desde la publicación de mi primer comentario sobre el plano de la Ría del Eo, dibujado en 1605 por Bartolomé Muñoz, debo añadir algún otro comentario, aceptar alguna crítica recibida y puntualizar alguna cosa. Vayamos por partes.

En el texto remitido hace quince días se ha deslizado algún error mecanográfico y de concordancia que la benevolencia de los lectores sabrá disculpar. El más importante, a mi modo de ver, es escribir As aceñas, cuando debería ser As Aceñas.

Por las aportaciones de Antonio Murias, Miguel Vila y Phil Gueirolo, podemos llegar a la conclusión de que el nombre de Leste aplicado al viento del este era lo correcto en aquella época y que, aún hoy, es una palabra usada en ciertas zonas de España, al menos entre gente de mar. Además, nos dice Phil Gueirolo que esa denominación se mantiene viva entre la gente de mar de la zona, que utiliza también, para referirse al este, dicha palabra. Así pues, habremos de convenir que D. Bartolomé Muñoz la escribió correctamente.

Sobre el aspecto del mapa debo añadir la observación de que las dimensiones del dibujo están bastante proporcionadas; es decir, que comparando el plano comentado con cualquier carta náutica moderna, se puede observar que no existe una distorsión exagerada de la imagen que ofrece el contorno de la costa. Es más, si se compara este plano con otros más modernos, aunque también cargados de quinquenios –por ejemplo, el que aparece en “El Atlas del Rey Planeta”-, llega uno a la conclusión de que D. Bartolomé Muñoz sabía bien lo que se traía entre manos.

Y sobre la escala del mapa, añadir que un pié castellano equivalía a 28 centímetros –el pié inglés, a 30,5 centímetros; ya se sabe, los británicos tienen fama de más altos-, lo que nos lleva a que un paso castellano equivale a 70 centímetros. Y mil pasos, a 700 metros.

Una cuestión que debo matizar es lo relativo al sistema de transporte utilizado para bajar la madera a los astilleros. Yo afirmé que tal sistema era el de “trenes” de troncos flotando por el río. Siendo rigurosos, de la leyenda del plano no se puede deducir tal cosa. Ahí me permití una pequeña pirueta en el razonamiento y llegué más allá de lo que el estricto sentido de la leyenda del plano permite.

El plano lo que dice es “Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros”. Ello ratifica sin discusión que la vía de comunicación utilizada –al menos la preponderante- era la corriente de agua del padre Eo y su continuación como estuario. Pero no permite afirmar en rigor que el medio concreto fuese que los propios troncos flotasen en el agua. La verdad es que también podían haberse bajado “por el río de Abres”, pero no flotando, sino a bordo de lanchas o barcazas.

Eso es cierto, pero a favor de que no era así, sino en forma de “trenes”, puede manifestarse lo siguiente: (i) tales barcazas sólo podrían navegar desde la Ría de Abres (atención al nombre, a los efectos del debate sobre denominaciones), y contando con un tiempo limitado, por la existencia de las mareas, para efectuar la maniobra de cargarlas; (ii) esa limitación en la penetración de la marea reduciría mucho la eficacia del sistema (la mayor parte del valle del Eo quedaría lejos del punto de carga); (iii) utilizar las barcazas exigiría una maniobra adicional de movimiento de los troncos, es decir, cargarlos en la barcaza y descargarlos en Figueras o Ribadeo al propio astillero o en algún lugar de almacenaje en espera de su embarque para la exportación, mientras que el sistema de “trenes” elimina la primera de las maniobras y permite el aprovechamiento del cauce del río desde mucho más arriba y, por lo tanto, con más caída de los aprovechamientos forestales; y (iv) está constatado el uso de la técnica de “trenes” de troncos en varios lugares de Asturias, y también del resto de España. Por lo tanto, aún aceptando que no existe una prueba irrefutable a favor de los “trenes” de troncos flotando por el río, yo me inclino, sin reparo alguno, por dar como segura la utilización de esa técnica.

Otra cuestión a matizar es que yo afirmo que Colón, en su primer viaje, pretendía el descubrimiento de Cipángo, cosa totalmente incierta. El Cipángo ya estaba descubierto y gozaba de muy buena fama de atractivo mercado y fuente de riquezas. Lo que Colón buscaba era un camino hacia Cipángo por el oeste; y fracasó estrepitosamente en eso, pues se encontró con un nuevo continente que casi llegaba de polo a polo. Además, se equivocó en el cálculo del tamaño de la Tierra. Y probablemente tardó tiempo en darse cuenta de la cuestión.

Acierta Antonio Murias al denominar portulano a lo que yo denominé plano. Y añado ahora que, según el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, en el siglo XIII (cuatro siglos antes que nuestro mapa) aparecen los primeros portulanos, y que había dos focos de producción de los mismos, en Mallorca y en Génova.

Afirma también Antonio Murias que le llama la atención la ausencia de cualquier referencia a la existencia de tesones. Es cierto. Gráficamente no aparece ninguno, aunque una completa trascripción de la larga leyenda que no conseguí descifrar nos podría deparar alguna sorpresa. No obstante, caben también dos explicaciones: (i) que los tesones no eran tan exagerados con lo son hoy; y (ii) que a las embarcaciones para quienes iba destinado el mapa (de propulsión a vela y de cierto porte) jamás se les ocurriría penetrar en la ría más allá de Porcillán, que, incluso hoy, está libre de tesones. No conozco ninguna referencia que permitiese establecer cual podía ser la situación de calados en el interior de la ría en el siglo XVII, pero de lo que sí tenemos evidencias directas -por haberlo vivido- y por fotografías antiguas es que los tesones han crecido considerablemente en el último siglo. Analizar sus causas y soluciones sería otro debate diferente.

Víctor de Primote sugiere que la estructura de los caseríos de las tres poblaciones le parece interesante. Como bien dice, las dificultades al ampliar la imagen son importante, pero, sinceramente, yo he vuelto a mirar los caseríos respectivos y creo que no responde a la intención del dibujante la de reproducir el entramado de calles de entonces. Quizás el caso más evidente es la calle recta que, en Ribadeo, asciende desde Porcillán hasta Las Cuatro Calles. Esa calle debe ser de las más antiguas de Ribadeo, y no se le hubiese escapado a D. Bartolomé.

Por lo tanto, opino que no creo que estuviese en la intención del dibujante reflejar la estructura de calles de las poblaciones, sino tan sólo poner de manifiesto la existencia de una aglomeración urbana y la importancia relativa de ellas –aquí lo de los edificios amurallados con torres-. Como bien afirma Antonio Murias, los portulanos y cartas náuticas, incluso las más modernas, desprecian todo lo que sea interior, excepto para señalar algún accidente geográfico o punto de referencia que los navegantes pudiesen utilizar para situarse desde el mar.

También comenta Víctor la muy probable inexistencia de infraestructuras portuarias, en lo que coincido. Pero, como ya dije, sí creo que los astilleros existentes debían de contar, como mínimo, con una rampa para varado y botadura de embarcaciones. Por supuesto muy elemental, pero que debía respetar, al menos, tres cosas: (i) la existencia de un plano inclinado con pendiente uniforme, o casi, (ii) que la superficie de ese plano inclinado estuviese compactada y firme, para permitir que hombres y animales pudiesen ayudar a la maniobra; y (iii) que permitiese la colocación permanente o transitoria de rieles de troncos para desplazar a las embarcaciones.

Miguel Vila nos comenta que la carabela Santa María, la capitana de Colón, fue llamada anteriormente La Gallega, aunque sus tripulantes la denominaban Marigalante, y que su lugar de construcción fue Galicia, cosas todas ellas en las que coincido.

En cuanto a la denominación Castripol, que tantos ríos de tinta aportó al debate, yo sólo puedo decir que la única vez en mi vida –hasta ahora- que oí semejante expresión lo fue a un compañero de trabajo de hace muchos años, que es del occidente astur, y dicha en plan de chiste o “coña marinera”, y discúlpese la mala educación.

Luis López-Cotarelo Villaamil

Marzo de 2008

Plano de la Ría del año 1605

Publicado: 27/02/2008 16:54 por castropol en Colaboraciones
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EL MÁS ANTIGUO PLANO DE LA RÍA

Lo primero que debo hacer es matizar una afirmación tan tajante como la que se desprende del título. La verdad es que el título de esta nota histórica debería de haberse completado añadiendo “mientras no se demuestre lo contrario”, pues estoy convencido de que han existido mapas más antiguos de nuestra ría, aunque sabe Dios en donde estarán o que habrá sido de ellos. No conviene olvidarse de que Porcillán es una palabra de raíz latina, derivada de Portus Julianus. Y tampoco de que los vikingos y otros muchos navegantes pasaron por el Cantábrico y debieron fijarse y memorizar un estuario tan útil para la navegación como la ría del Eo.

Pero nunca me han gustado los títulos largos; ni en el cine y el teatro, ni en libros y escritos, ni mucho menos en la prensa.

¿Cómo encontré este plano? En el otoño de 1998, y formando parte de la programación de actividades por las que el Reino de España conmemoraba el cuarto centenario de la muerte de Felipe II (en El Escorial, en 1598) y el quinto del nacimiento de su padre Carlos I (en Gante, en 1500), se realizó una exposición bajo el título “Los ingenios y las máquinas. Ingeniería y obras públicas en la época de Felipe II”. La exposición se ubicó en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, edificación construida por dicho arquitecto para uso como viveros del botánico y hace años reconvertido en sala de exposiciones.

En tal exposición –por lo demás muy interesante-, al menos que yo recuerde, no estaba expuesto el plano de la ría que comento. Pero de la exposición se vendía un voluminoso catálogo que, al leerlo con calma en mi casa, me encontré en su página 152 con la reproducción de un plano que, sin necesidad de acudir a la correspondiente leyenda explicativa, identifiqué como de la ría, aunque en la fecha de su confección tal denominación estoy convencido que no se usaba. Por supuesto, aparecía la referencia del archivo en donde se encontraba, el de Simancas, el autor del mismo, Bartolomé Muñoz, y el año en que se dibujó, el de 1605. La Carta Puebla de Castropol, a la que se le concede el Fuero de Benavente, es de 1299; Castropol llevaba poco más de tres siglos de existencia jurídica.

El formato del plano es decididamente alargado, probablemente condicionado por lo que se quería dibujar, pues en el mismo catálogo se reproducen otros, que considero de la misma mano –página 155, Villa de Vigo y su puerto- con un formato casi cuadrado. Por otro lado, el plano de nuestra ría es a un solo color, negro, sobre fondo que quizás fue blanco –ahora lo vemos con tonos sepia, pero seguramente es producto del tiempo y en origen fue blanco, aunque el blanco que ahora se consigue en la fabricación de papel era un lujo imposible en aquella época-. La falta de color no sería de mayor trascendencia sino fuese porque en el catálogo se reproducen otros planos de la misma época hermosamente coloreados; quizás la diferencia la imponía el destinatario previsible del plano.

Como digo, el plano es de 1605 y estoy convencido de que la razón de su confección fue estrictamente militar, en un doble sentido; como inventario de los posibles puertos en los que una armada o parte de ella pudiese refugiarse de los temporales y del enemigo; y como relación de las atarazanas, astilleros y sus fuentes de materias primas.

En 1588 Felipe II envió a Inglaterra la Armada Invencible, con el resultado ya conocido, y, contra lo que mantiene la “leyenda urbana” –no envié mis barcos a luchar contra los elementos-, lo que afirmó al conocer la noticia fue que construiría otra flota más potente, costara lo que costara. En todo caso, nos encontramos en la época del mayor esplendor y poderío del Imperio español, en el que la navegación comercial y de guerra eran decisivas; y no sólo por la presencia y aspiraciones francesas e inglesas, sino porque el Imperio se encontraba distribuido por todo el globo y las comunicaciones por vía marítima, con todas sus dificultades, era la más eficaz y, frecuentemente, la única posible.

Bartolomé Muñoz, obviamente, debía ser geógrafo, pero, o tenía también conocimientos náuticos, o debió de contar con el asesoramiento de navegantes o gente de mar, pues la descripción que se adivina de la forma de entrar en la ría y donde y como fondear, así lo sugieren.

El plano, como ya he dicho, es de formato alargado y está dibujado con el septentrión hacia abajo, lo que en aquella época era lo habitual. Por lo demás, los puntos cardinales, señalados por una hermosa rosa de los vientos dibujada encima de “la Cortada” están perfectamente orientados. Una particularidad curiosa; los nombres de los cuatro puntos cardinales están correctamente escritos, excepto el este, al que se le escribe “Leste”. ¿Se trata de un simple error?

El plano lleva por título “Plano y descripción del puerto de Rivadeo”, se encuentra en el Archivo de Simancas –del que existe un sello-, y tiene dos referencias de localización en el mismo, situadas a ambos lados del pié del plano: M. P. y D. – XLII – 68 y –entre corchetes- G A – Leg. 652 - . Su escala figura también al pié del plano, con una explicación que, salvo una palabra inicial que no he podido esclarecer, dice “…. de mil pasos de a dos pies y medio cada paso”.

Por otra parte, el plano no abarca la totalidad de la ría. Por la costa gallega, se dibuja desde la boca –por cierto, sin la Isla Pancha- hasta lo que puede ser el comienzo de la Villavieja. Y por la asturiana y dejando aparte la ensenada de La Linera –incompleta y dibujada sólo hasta antes de As aceñas y desde Salías (sin que su Peñón aparezca)-, hasta algo más al sur del cementerio de Castropol. El resto de la ría no le ofreció interés al autor del plano, probablemente por su nula utilidad para los fines pretendidos: información de interés militar y náutico. Y ese interés es lo que también explica la leyenda que consta en el mapa en su esquina superior derecha, que dice: “Río de Abres por donde baja la madera a los Astilleros”, lo que confirma algo ya sabido: la importancia como fuente de suministros de madera apta para la construcción de barcos –castaño y, sobre todo, roble- de los bosques del occidente de Asturias, aunque no en exclusiva, pues referencias similares se conocen de otras zonas de Asturias, de Galicia y del resto del norte de España; y el sistema de transporte, mediante “trenes” de troncos flotando por el río, técnica aplicada en otras zonas de España (río Tajo, ríos del Pirineo, río Nalón y seguramente otros) y del resto del mundo (todavía se utiliza en volúmenes considerables en los ríos de Canadá y Estados Unidos). Pero, que yo sepa, es el único testimonio conocido de que tal técnica de transporte se utilizó en el río Eo.

Otra cuestión que conviene recordar es que ese transporte de madera para construcción naval no iba destinada, en exclusiva, al consumo de los astilleros sitos en la Ría del Eo -en todo caso de modesta capacidad-, sino que en un abrumador porcentaje se destinaba a su envío por vía marítima a otros astilleros, principalmente a los de Cadiz, exportación que siguió muy activa hasta bien entrado el siglo XIX, en que el hierro hizo desaparecer las construcciones de barcos de madera.

En el plano se dibujan sólo dos astilleros, en Figueras y en Ribadeo. En cambio, en La Linera, donde otra “leyenda urbana” sitúa un astillero antiquísimo –hasta el extremo de atribuirle la construcción de una de las carabelas que Colón utilizó para el pretendido descubrimiento de Cipángo, absoluto fracaso derivado en brillante descubrimiento de un nuevo continente; la tal carabela se habría llamado “La Gallega” en sus primeras singladuras-, no se dibuja nada; ni tan siquiera se molesta el autor en dibujar el contorno completo de la ensenada. Ello nos llevaría a la conclusión de que tal astillero nunca existió, hasta épocas mucho más contemporáneas.

En el plano se señalan dos lugares preferentes para el fondeo de barcos. Uno en la ensenada de Arnao, y otro entre Porcillán y el cargadero de mineral. Ambos lugares y hasta la construcción de las modernas infraestructuras portuarias eran las habitualmente usadas por los navegantes, sobre todo la segunda, de la que se conservan fotografías de veleros, en Porcillán y aún más hacia el sur, en lo que hoy es la dársena pesquera del puerto de Ribadeo, lugar en el que una bella y espectacular fotografía, que se puede encontrar en una de las secciones de fotos antiguas de éste mismo blog, muestra fondeados –creo recordar que tres- a impresionantes veleros.

Por cierto, que la costa entre Arnao y algo más allá de San Román, no está dibujada. ¿Se olvidó el autor, o se borró por algún accidente posterior? Me inclino por lo segundo, porque sería el único tramo de costa olvidado y porque enfrente de San Román y como en medio del agua existe una “mancha” alargada que puede ser lo que queda de ese trozo de costa dibujada y posteriormente borrada accidentalmente.

En algún momento de su existencia el plano estuvo plegado –parece que en cuatro partes-, que no enrollado, y alguien escribió por el dorso de uno de los pliegues, probablemente el que quedaba a la vista, algo que se nos muestra invertido, como si estuviésemos leyendo un texto reflejado en un espejo. Dicho texto se puede ver encima del sello oval del Archivo de Simancas que alguien colocó sobre la entrada de la ría.

Si ya es difícil leer los textos manuscritos que se nos muestran en posición normal, más difícil resulta un texto inverso. Pero, hasta donde he podido averiguar, se observa lo siguiente en ese texto: (i) la letra es diferente a la del plano y, aunque antigua, parece más moderna que la del dibujo; (ii) que son dos líneas; y (iii) en cuanto a lo que dice, sólo he podido deducir que en la primera línea, de cuatro palabras que la componen, se pueden leer las dos centrales “Conde de”; y de la línea inferior, que sin duda es una fecha, se lee “de 12 de Agosto”, figurando el año, pero imposible de identificar. Es sabido que la forma española en que hoy escribimos las fechas –día, mes y año- no era la utilizada antiguamente, que era la de mes, día y año. Ello es otro argumento para defender la hipótesis de que esas líneas son muy posteriores al plano, ¿quizás de algún archivero de Simancas? ¿Cuándo se cambió el formato usual de escribir fechas?

En cuanto a las leyendas del plano, podemos observar el uso de una mezcla del castellano y del gallego, aunque ésta afirmación debe tomarse con alguna cautela, pues ambas lenguas a comienzos del XVII se diferenciaban menos que las actuales. En cuanto a las leyendas que figuran a lo largo de ambas costas –en las que respeto la forma en que están escritas-, podemos encontrar, comenzando por la Punta de la Cruz y siguiendo el sentido hacia el sur, lo siguiente.

La actual Punta de la Cruz es denominada Punta do boy. La hoy ermita de San Román, también conocida como del Santo Cristo del Buen Viaje, se identifica como Sant. Roman, y se dibuja una edificación, evidentemente una ermita, con lo que se concluye con facilidad la antigüedad de tal devoción y construcción, aunque la actual debe parecerse poco o nada a la originaria.

La actual Figueras, o As Figueiras, se identifica como Las figueiras, a la vez que se dibuja un conjunto urbano en el que destaca un edificio amurallado y con una torre. Además se señala expresamente la existencia de Astillero.

En el resto de la costa asturiana sólo figura identificado Castropol, pero como Castripol. Por supuesto, también figura dibujado un conjunto urbano, destacando un edificio amurallado con dos torres. Esto de los edificios amurallados con diverso número de torres tiene su aquél, pues el de Figueras tiene una, el de Castropol dos y en otro similar dibujado en Ribadeo, tres. ¿Se trata de una diferenciación producto de la imaginación del dibujante, sin mayor trascendencia? o de ¿una manifestación de la importancia de las tres poblaciones? Por supuesto que los forofos de Ribadeo estarán encantados de atenerse a la segunda de las hipótesis.

La entrada de la ría se identifica como Entradadelabarra.

Y en la costa gallega nos encontramos con las siguientes leyendas, en sentido norte sur.

Los bajos rocosos donde recientemente han colocado una baliza y en el que más de un navegante se ha llevado sustos, se identifican como Lascarrayas. El cabo en donde se encuentra el actual fuerte reconvertido en sala de exposiciones se identifica como Punta do carballo, aclarándose, además, que allí existe un fuerte. En consecuencia, el actual fuerte, de factura del XVIII, tuvo su antecedente en algo que ya existía en 1605.

Y curiosamente, algo más adelante, en concreto en un islote donde hoy se apoya el pié que permitía el volado de la estructura metálica del cargadero de mineral, se identifica algo como lo que pudiera ser Torrebieja, o Torrebigia. Sea lo que fuere, los restos de la tal torre debieron desaparecer con la construcción del cargadero.

Seguidamente aparece la ermita de San Miguel, señalada como Sant. Miguel, de la que pueden hacerse similares comentarios que sobre la de San Román del lado opuesto, con la salvedad, quizás, de que se conserve mejor su fábrica original en la gallega que en la asturiana. También, dejar constancia de que el actual Puente de los Santos –reconvirtiéndose hoy para la autovía que dejará al entorno de la ría a menos distancia de Francia que de Madrid- debe su nombre a los santos cuya advocación reclaman ambas ermitas.

Justo debajo de lo que hoy es el puente aparece la leyenda surgidero seguro, rodeada de abundante número de naves -en Arnao sólo aparece una-, La palabra surgidero, aunque en desuso, existe en castellano y significa, según el diccionario de la Real Academia Española, “lugar donde dan fondo las naves”. Huelgan más comentarios que, por otra parte, ya he realizado más arriba.

Seguidamente se identifica la cala de Guimaran, en la que es de destacar dos circunstancias; la primera el dibujo de un arroyo, dibujo a mi modo de ver nada inocente, y que pretende señalar un lugar donde las naves podrían obtener agua dulce en las inmediaciones de su fondeo. Debe recordarse que en esa cala, situada entre la ermita de San Miguel y una edificación conocida como “de Obras Públicas”, todavía se puede observar el desagüe de una fuente natural que mana incluso en veranos secos; y la segunda, que aparece dibujada al final del cauce de ese arroyo lo que parece un muro curvo, quizás pretendiendo señalar la existencia de algún aljibe o presa que recogiese esas aguas del manantial.

Y terminan las leyendas de la costa gallega con la denominación de Explanada para lo que, sin ninguna duda, es Porcillán; la información de que allí existe otro Astillero (quizás ambas cosas tenían algo que ver), y el nombre de la agrupación urbana de Ribadeo, aquí escrito con b, aunque ya lo vimos y lo volveremos a ver escrito con v, con las edificaciones distribuidas en herradura a ambos lados de la vaguada de Porcillán. En esa agrupación urbana destaca la casa amurallada de tres torres que ya he comentado, y que el dibujo ubica en el exterior de la agrupación, donde efectivamente estuvo, en el actual Cantón.

Y para terminar, debo hacer una referencia a la extensa leyenda que figura en la parte inferior izquierda del plano, aunque no es mucho lo que conseguí descifrar.

Comienza esa leyenda con el título de Planta y descripción del puerto de Rivadeo, para seguidamente, en tres párrafos diferentes describir lo que interpreto como instrucciones para los navegantes de cómo entrar en la ría y donde y cómo fondear.

Aunque lo he intentado varias veces, no conseguí realizar una completa y suficiente traslación del texto.

En lo que he podido hilar algo coherente, y señalando con puntos suspensivos las palabras que no he conseguido entender, en el primer párrafo se dice lo siguiente:

Desde la entrada de la barra no se debe … … … el nabio solo esta derrota que … … … para entrarse … en este puerto allí aguarden tiempo … para llegar a dar fondo donde están señalados los que …

De los dos siguientes párrafos de la descripción no he conseguido leer nada coherente. Supongo que disponiendo del original será posible realizar una más completa traslación del texto de esa leyenda, que termina con la firma de su autor.

Me disculpo de la posible falta de calidad gráfica del plano, pero la copia que remito al blog es un escaneado de una reproducción obtenida de un microfilm conseguido del Archivo de Simancas. Y, ya se sabe, las copias van pediendo calidad.

Confío que la reproducción del plano y los comentarios que hago abran un debate, en el blog y fuera de él, que nos permita aclarar más aspectos del plano, de su momento histórico, y de esa larga leyenda que sólo he podido entender en una pequeña parte.

Luis López-Cotarelo Villaamil

Febrero de 2008

A la "Faya"

Publicado: 24/10/2007 17:26 por castropol en Colaboraciones

A LA “FAYA”

SONETO

Te he contemplado de álamos rodeada

y después de castaños y negrillos

tu tronco fue cucaña de chiquillos

y tus fayucos, fruta codiciada

Tu sombra protectora y regalada

cobijó muy sabrosos consejillos

y en tus ramas los tiernos jilguerillos

colgaron nidos de infantil poblada.

Hoy te contemplo altiva y orgullosa

como siempre en el Campo de Tablado

desafiando del tiempo los rigores.

Cada día te encuentro mas hermosa,

siempre de Castropol, árbol sagrado

y esperando sucesos posteriores.

M. Murias

De "Castropol" 11 de febrero de 1.907

LA COLINA VIGILANTE

Publicado: 15/10/2007 18:27 por castropol en Colaboraciones
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LA COLINA VIGILANTE

¿Qué cosas le dicen la muerte y el misterio a esta vieja torre patricia labrada por los nortes y el pesar de vivir? ¿Qué cosas le dicen tenebrosas en las vidrieras fulgentes, en el hueco de las campanas., en los brazos retorcidos de la veleta, que hasta mi ha disparado su arco de sombra envolviéndome en lo desconocido? Así como las efigies devotas muestran en la mano a modo de trofeo el castillo o ciudadela de su martirio, yo, en mi corazón, guardo esta torre encumbrada en la colina, flanqueada de casas apacibles, circundada de bosques... Y el mar está a sus pies como en una isla de muertos.

Desearía claramente decir el nombre de la villa que así ha orientado mis normas, que, a igual modo de ella, avanza y se encabritan por la vertiente con ánimo de saltar y luego se recogen ante las aguas oleosas de la ribera o se adormecen en la espesura; pero quédese aquí ignorado entre el de tantas otras villas españolas llenas de soledad y linaje y misterio.

Como ocupa lugar tan eminente entre las demás tierras sinuosas de la bahía, es la bien amada de los vientos, y sobre ella se concitan las nubes en sombría marcha, rodando por encima de la torre, aplastándola con la reja de sus torrentes o iniciándola en las cosas ultrasensibles. Y tal es la furia del choque, que los tristes pobladores de esta villa tremenda, en esta anchurosa bahía, en este recio principado andan solos y como encontrados unos con otros, y luego pasan a un período de abatimiento según disminuye la violencia del cielo.

Con todo lo cual hemos dado en decir que somos místicos a nuestro modo y aún más.

Ahora recuerdo los inviernos de mi adolescencia, pujantes y aborrascados; el agua cayendo sempiternamente en largos telares, borrando el contorno

de las cumbres, corriendo en seguida sobre el estatuario seco en gran mancha negra o estrellándose contra los vidrios, mientras en la calle el compás monocorde de las madreñas sube y baja con una canturria primitiva, con esa gra­cia particular de lo que no cambia en los siglos y en las civilizaciones, que es continuamente joven en el mundo.

Y más arriba, el viento en ráfagas desiguales sacude el toque de las cam­panas, de las humildes campanas gangosas y familiares que se conciertan con las de los otros pueblos en sonora bandada de pájaros errantes.

Al acercarse ya la noche entreteníamos el ocio con cuentos de aparecidos y de poderes ocultos. Subía el alma del pueblo en una aspiración unánime., desmelenada por el viento, hacia lo invisible, y en los tragaluces negruzcos golpeaban agoreramente las ramas del jardín.

Entonces era cuando de las ondas encantadas de la ría, de las aguas insondables de la ría reptaban las almas viscosas del mar por los ribazos tejidos de laureles por las grietas de la lluvia y de los años, hasta llegar a nosotros, hasta apoderarse de nuestra acongojada carne doliente, y sentíamos con ello un gran terror de emociones inexplicables.

Pudiera, entretanto, de la casa más próxima, donde habita un disparatado soñador, amigo de la luna y de los niños, oírse el acorde de un piano; no la melodía, que se ahogaba en el viento sino el acorde, las voces intermitentes. Y sabíamos con certeza que la música "no oída" era de Donizetti, de Bellini, la "Norma" o el "Barbero". ¿No os habéis detenido a pensar nunca que en estos pueblos tan colmados de espíritu la música preferida es siempre banal, inofensiva, como si se temiese ver en ella reflejado nuestro propio pensa­miento?

Entreabríamos sigilosamente un ventano, que todas las vidrieras tienen, por curiosear, y allá, en lo hondo de la calle, bajo un historiado escudo de piedra entonces se cerraba un portón.

Otras noches la luna salía en campos de nubes aborregadas, como rodelas después de un combate, a reflejarse en las charcas de la marisma. Aquel grito de ave asustada, aquella lumbre en el arenal, aquel aullido lejano... ¡Cuánta angustia irremediable, cuánta historia de muertos y de hechicerías evocaba en nosotros!

Mas la villa, aparentemente dormía. En tal tregua de silencio la locura volaba sobre los techos funerarios de pizarras, de compacto lapislázuli y en las frentes adoloridas posaba el morbo suave, la continua carcoma de los sueños irrealizados. En estas largas noches se desmenuzaba la voluntad.

Por eso, y por estar aislada y fuera del comercio humano, esta villa tenía, y aún tiene, la más compleja contextura moral. Es un camino de peregrinación en el tráfago moderno, un santuario místico del espíritu caballeresco, de la tradición de la sangre, del culto de los blasones, y también lo es del quietismo y del atraso. ¿Por que maravillarnos de que sus moradores parez­can de otra raza distinta que nos miren con ojos habituados a mirar en la sombra, que los gestos de sus manos tengan cansancio, como si hubiesen sos­tenido demasiado tiempo en alto la lámpara de la vida?

Todo allí tiene su significado. Las mismas artes rústicas han tomado una dulcedumbre y una plenitud conscientes: los abogados y los doctores, los hombres de la labranza y asimismo los hombres de mar, tienen el aire noble y recogido de los personajes de Memling en las suntuosas tablas flamencas, y, a su vez el decorado, las hortensias azules de los patio, las calles enguijarradas, los altos minaretes a modo de oración, completan esta atmósfera irreal en donde el extranjero frívolo o atareado no se atreve a descansar.

Y así tornamos a los boscajes, su aliento de pereza ha esparcido el gusto de las, discusiones, de las bellas figuras de estilo del tono mesurado porque nada abre tantas perspectivas de deleite como los planos luminosos de un árbol o el matiz de una flor.

Enigmática es la colina, más enigmático aún sus hombres. Sabios y necios, yo he pagado entre ellos mis primeras vendimias haciendo acopio espiritual y he visto en la gran noche los ojos alucinantes, inmóviles...; pero del agua y del viento y del rumor de frondas he esculpido lo mejor de mi alma, y en ella resuenan constantes como en una caracola resuena el mar.

(Publicado en la "Hoja Literaria" de "EL SOL", Madrid, el 9 de junio de 1918).

José Ramón Fernandez de Luanco

Publicado: 27/01/2007 18:45 por castropol en Colaboraciones

En bastante mala situación se encontraba la enseñanza, la instrucción pública, como se decía por aquel entonces, en la segunda mitad del siglo XIX, época en la que le tocó vivir a Luanco; mal se encontraba y seguiría encontrándose luego.

La falta de interés por el estudio de las ciencias, derivada también de la escasa industrialización, el control que el Estado y la Iglesia ejercían sobre la enseñanza de las humanidades, los planes de estudio erráticos, la distribución de las Facultades, los bajos presupuestos, además de mal administrados, la movilidad laboral del profesorado, los escalafones caprichosos... contribuían a la decadencia general de España. A este respecto, veamos un ejemplo significativo: con demasiada frecuencia, un profesor de Instituto estaba mejor remunerado que un catedrático de Universidad, mientras los maestros se encontraban en el límite de la miseria.

Si pasamos al terreno de la investigación se puede comprobar cómo el interés por la Química provenía de las necesidades tecnológicas de la industria siderúrgica vizcaína y la textil catalana. Por esta razón, entre otras, la Universidad de Barcelona prestaba tanta atención a esa especialidad.

Así, la ciencia de la España de la época de Luanco sesteaba perezosamente, a pesar de los trabajos de algunas figuras, como Ramón y Caja, Ferrán, Torres Quevedo, Peral... Porque el nivel científico de un país se mide por el número de investigadores de calidad media, más que por la existencia de algunas pocas figuras de relieve.

Dados estos supuestos, la dependencia científica de España respecto al extranjero no era de extrañar; valga como ejemplo, en relación con la Química, el desembarco de los ingleses en las minas de Río Tinto, por aquellas fechas.

Las noticias biográficas sobre José Ramón Fernández Luanco son harto conocidas; por eso aquí sólo vamos a apuntar las más significativas, de la mano del Boletín de la Real Academia de Ciencias y Artes, de Barcelona (1906), del folleto que Miguel García Teijeiro publicó en 1926 sobre Luanco y de los propios datos que posee el autor de estas líneas.

Luanco nace el 14 de noviembre de 1825, en el llamado "cuarto de la capilla", de la casa-palacio del marqués de Santa Cruz de Marcenado que se levanta en Castropol, marqués del que era administrador el padre de Luanco, Andrés Fernández Luanco, casado con Petronila del Riego y Riego.

Da comienzo a sus estudios en Luanco de Gozón y luego en Castropol, y en 1838 firma en esta última villa la solicitud para estudiar Filosofía en Oviedo y examinarse de latinidad. José García Loredo, preceptor de latinidad en Castropol, da el visto bueno a la instancia y el alcalde, Andrés Bermúdez Valledor, y el cura párroco, Juan Antonio Valdés, responden de la buena conducta de Luanco.

En 1842 asiste a las clases de matemáticas que se impartían en el colegio privado de Esteban Suárez Cartavio, ubicado en Figueras, donde se preparaban los futuros capitanes de la marina mercante de la comarca.

Lo encontramos luego, en 1844 concretamente, estudiando en Castropol con Bernardo Escudero, administrador de Rentas Reales, y francés en Ribadeo, con el abogado, Gabriel Yangüas.

En 1846 se traslada a Madrid, e ingresa en la Escuela Normal de profesores de Ciencias, en la que permanecerá hasta 1849.

Por fin, en 1850 es nombrado ayudante de la cátedra de Física y Química, en la Universidad de Oviedo.

A partir de ese momento, Luanco comienza su vida universitaria, suficientemente conocida, y que transcurre entre Oviedo, Sevilla, otra vez Oviedo, Santiago, Madrid, vuelta a Santiago, Zaragoza...

Y así, el 17 de junio de 1868, Luanco toma posesión de la cátedra de Química General, en la Facultad de Ciencias, de la Universidad de Barcelona; permanecerá vinculado a esta Universidad hasta su jubilación, en 1900.

Luanco fatigó evidentemente su pluma; sus libros, trabajos, opúsculos, conferencias... son numerosos. García Teijeiro, "Españolito" y el propio Luanco ofrecen una relación de obras, pero, según hemos podido comprobar, es incompleta, y aún quedan algunas más, pocas, a las que vagamente hace referencia Rodríguez Mourelo, en su opúsculo Don José Ramón Luanco(1905). ¿De donde le viene a Luanco la fama de que indudablemente gozó?

A través de los datos que he ido recogiendo, tanto publicados como pertenecientes a los papeles que Luanco guardaba, me cabe ahora hacer las siguientes reflexiones.

Luanco contaba con un carácter comunicativo, hacía gala, incluso, de su bonhomía; de trato afable, no dudaba a la hora de intercambiar datos e ideas con alumnos y compañeros. Esta manera de ser le granjeó, indudablemente, muchos amigos y numerosas relaciones.

De su carácter conciliador da idea su discurso, como presidente del Ateneo barcelonés, pronunciado con motivo de la inauguración del curso 1889-1890, en el que Luanco trata de conjugar las corrientes "innovadora" y "conservadora" que bullían entre los socios.

Por estas mismas razones, Luanco fue requerido en múltiples oportunidades para formar parte de instituciones y academias, y participar en concursos y certámenes. Su amplia Hoja de Servicios da fe de todo ello.

Por otra parte, su Hoja de Servicios recoge también otra peculiaridad del carácter de Luanco: la atención que prestaba a su vida profesional. Así, Luanco apunta todos los pormenores que atañen a su carrera de una manera harto minuciosa, como si quisiera dejar bien claro la excelencia de su quehacer, lo que refleja cierta dosis de vanidad.

De esta manera, incorpora a su expediente un curioso documento de 1893, en el que el Ministerio de Fomento evacua dictamen sobre un libro de Luanco, titulado Compendio de lecciones de química general, de la ya lejana fecha de 1884 (se supone que un reimpresión), al que llena de elogios, para apuntar más adelante que, sin embargo, no trata la química orgánica sino sólo la inorgánica. Luanco, con sorna, escribe al margen que el ponente, Gabriel de la Puerta, discípulo suyo, no había leído el libro por completo (libro que le devuelven), pues todavía mostraba algunas páginas sin abrir. Anécdota que refleja cómo se las gastaban, ayer como hoy, algunos profesores a la hora de evaluar los textos de sus compañeros.

Esta misma Hoja de Servicios, de puño y letra del propio Luanco, contiene un epígrafe del mayor interés para nosotros. Se titula Descubrimientos científicos y recoge lo que él consideraba su aportación al mundo de la Química, es decir: "la producción de gas para el alumbrado, extraído del bagazo de la manzana" y, por otro lado, "las experiencias hechas con el papel schoenbeih para reconocer la existencia del ácido cianhídrico".

No es precisamente en el ámbito de la investigación científica, como podemos ver, donde verdaderamente triunfó Luanco.

El ambiente científico en España no era el más proclive para realizar grandes descubrimientos; se carecía de medios y de apoyo institucional y privado para ello.

Es cierto también que Luanco insistió en el trabajo en el labora- torio como base de la investigación, pero el mismo carácter humanista del castropolense le hacía llevar un régimen de vida difícil de entender para un científico, sobre todo hoy en día.

Nos cuenta Eugenio Mascareñas en la "Memoria necrológica" en honor de Luanco (1909), que por las mañanas se ocupaba de la cátedra y el laboratorio, por la tarde acudía a su despacho para atender sus múltiples ocupaciones en academias, asociaciones, etc., y por la noche trabajaba en la biblioteca del Ateneo. De esta manera, se comprende el poco tiempo que dedicaba Luanco a la investigación pura.

Por otro lado, Luanco no se especializó en ninguna de las ramas en que, ya en aquella época, la Química se había diversificado; y tampoco el temperamento de. Luanco era proclive a abandonar sin más otras áreas del conocimiento, tan queridas para él.

Si, en cambio, nos parece más extraño que, siendo Luanco tan sociable y amigo de sus amigos, no hubiese marcha al extranjero a investigar o simplemente a dar conferencias.

Fue sin embargo en el terreno académico, como enseñante, como maestro,. donde Luanco alcanzó una bien ganada fama, incluso fuera de España, de lo que se hace eco Odón del Buen, en el Castropol del 10 de abril de 1906. Apuntemos al paso que, en el terreno profesoral, Luanco también gozó fama de "hueso" entre sus alumnos, a la hora de los exámenes.

Así, en un determinado momento, durante su estancia en Barcelona, Luanco, en una decisión trascendental para la enseñanza de la Química en España, abandona el método dualista de Berzelius para seguir el unitario, más actualizado, de la teoría atómica molecular y de la valencia.

 

La labor desarrollada por Luanco en el terreno de las humanidades fue incluso mayor, si cabe, que en el de la Química.

Por ejemplo, dejó bien claro que Ramón Lull no había sido alquimista, como se creía hasta entonces, lo que le costó no poca polémica con Amador de los Ríos, Littré y Morell Fatio (la carta que tengo en mi poder, dirigida a Ríos, no deja lugar a dudas), en la que participó Menéndez Pelayo, a favor de Luanco (Ramón Lull, 1884).

Unos ejemplos más. El libro de Luanco sobre La alquimia en España, todavía no ha sido superado, pese a ser una recopilación y además incompleta. Su labor en la biblioteca del Ateneo barcelonés; el viaje triunfal a la Sorbona, el día del homenaje al profesor Lacaze-Duthiers, al que regaló, en nombre de la Universidad de Barcelona, un busto de Benlliure, en agradecimiento por las atenciones prestadas a los profesores y alumnos de la universidad catalana, en el laboratorio que había creado en Banyuls- sur-Mer, y que valió a Luanco la Legión de Honor...

Por otro lado, Luanco fue consciente de que los avances de la ciencia, que se estaban produciendo en Europa y Norteamérica, traían consigo multitud de palabras nuevas que amenazaban con invadir la lengua castellana.

A fin de controlar un tanto esta inundación, Luanco comenzó a colaborar con la Real Academia Española en la elaboración del Diccionario. Cuidó también de "españolizar las voces científicas nuevas y de restaurar la nomenclatura nacional", nos dice Rodríguez Mourelo; y con el título de El neologismo en-las ciencias escribió un artículo en la "Revista crítica de Historia y Literatura", que dirigía Rafael Altamira.

Luanco fue sensible también a los problemas humanos de su tiempo, y en 1889 es nombrado vocal de la Sociedad Antiesclavista, creada por la Santa Sede con el fin de eliminar aquella lacra.

El mundo catalán que vivía la Renaixenca, no marginó a Luanco de sus actividades, hasta el punto de que la Unión Hispano- Americana, que tenía como presidente a Navarro Reverter y su sede en París, le nombró vocal del Comité de Cataluña, y cuando en 1889 Luanco es nombrado rector sustituto de la Universidad los periódicos catalanistas "El Diluvio" y "La Publicidad" elogian sin ambages su nombramiento.

Luanco, aunque como es natural tuviese un determinado modo de pensar, no se ocupó de la vida política de aquel entonces. Pero sí atendió los requerimientos que le hacían sus amigos desde Castropol; así, el 13 de septiembre de 1871, Pedro Par- do, presidente de la Junta del Partido Progresista Democrático de aquella villa, nombra a Luanco presidente honorario, junto con Ramón Pasarón y Lastra, José María Conde, Félix Lanza, José Canedo, Pedro Suárez, Cipriano G. Tol, José María Sobarra y José María Blázquez.

Más adelante, el 5 de noviembre de 1882, es Manuel Álvarez quien comunica a Luanco que ha sido nombrado presidente honorario del Comité Democrático Dinástico de Castropol.

No consta, en ambos casos, que Luanco tomase grandes iniciativas en el terreno de la política, junto con sus amigos, pertenecientes a la burguesía progresista de Castropol.

Pero, ¿de qué modo pensaba realmente Luanco?

Evidentemente, Luanco tenía una filosofía propia, de la que eran conocedores sus compañeros de cátedra, sus alumnos y amigos. En su Oración inaugural del curso académico 1879 a 1880, leída en la Universidad de Barcelona, encontramos una frase que nos puede dar la clave: "ni materialices el espíritu, ni espiritualices la materia", frase en la que Luanco parece resumir su pensamiento.

Esta filosofía natural, que responde al saber científico natural, y proviene de Hegel, después elaborada por Spencer, busca una imagen de la naturaleza lo más completa posible, equidistante entre la metafísica y el positivismo.

Consta, por otra lado, que el castropolense Marcelino Menéndez Pintado, padre de Menéndez Pelayo, había enviado, por sugerencia de Luanco, al futuro polígrafo a estudiar a Barcelona y vivir junto al químico en la pensión de doña Francisqueta, en la calle de la Fuente de San Miguel, con el fin de apartarlo de la "nefanda" influencia del krausismo, que se había enseñoreado de la universidad madrileña. Menéndez Pelayo permanecerá en Barcelona desde 1871 a 1873. Da esta noticia "La Ilustración Catalana", en su nota necrológica a la muerte de Luanco. Esta anécdota habla a las claras del liberalismo moderado de Luanco.

De ahí que contase con los más variopintos amigos. Por ejemplo, en el número especial de "Castropol" (1906) dedicado a Luanco, escriben en términos elogiosos personas de los más diferentes círculos, y, entre ellas, los masones y, por otro lado, amigos: Fermín Canella, Secundino Moreno Barcia, Odón del Buen, Juan Fernández de la LIana y C. Álvarez Cascos.

Estas son las coordenadas entre las que se movió el pensamiento de Luanco. Pocas pistas más tenemos; aunque también es verdad que Luanco tampoco se entretuvo mucho más en los temas políticos y filosóficos.

El 7 de diciembre de 1899, Luanco es nombrado rector de la Universidad de Barcelona. El ministro de Fomento (dentro de cuyas competencias se encontraba la educación), Luis Pidal y Mon, le traslada el escrito que había firmado, en nombre de su hijo Alfonso XIII, la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo.

De esta manera, da fin a un largo periodo de incertidumbre en la mencionada universidad, producto de la lucha entre con- servadores y regeneracionistas, que había llevado a Luanco a ocupar accidentalmente el rectorado, como decano más antiguo, en febrero, mayo, septiembre y octubre de 1896 y enero de 1889.

Poderes públicos y profesores veían en Luanco la persona de talante conciliador y de prestigio intelectual que podía sacar de su marasmo a la universidad. Así por lo menos saludaban a Luanco "El Diluvio" y "La Publicidad", medios informativos de marcado carácter regeneracionista, la totalidad de los profesores del claustro y el numeroso público que aplaudió a Luanco en su toma de posesión.

Luanco trajo la calma a la universidad, pero poco más pudo hacer, pues en octubre de 1900 cesa para jubilarse poco después. Aunque muchos profeso": res intentaron que se le prorroga- se su vida activa para continuar como rector, las gestiones emprendidas no dieron fruto.

En su tiempo existió alguna reticencia en la Universidad de Barcelona a la hora de contabilizar a Luanco entre sus rectores, ya que había sido nombrado a dedo y no elegido, reticencias felizmente superadas hoy, según consta en los archivos de la propia universidad. Curiosamente, y para mayor fastidio de algunos, el sucesor de Luanco en el rectorado, elegido entre el claustro, fue Garriga y Nogués, conservador a ultranza, aunque catalán.

Luanco siempre estuvo vinculado a Asturias y en concreto a Castropol. Todos los veranos pasaba sus vacaciones en el pueblo donde había nacido, a cuyo fin solicitaba la autorización correspondiente, como así lo atestiguan las instancias que se hayan entre sus papeles y en algunos casos intervenía incluso en los temas que interesaban a los castropolenses, preparando escritos, firmando memoriales, etc. Como, por ejemplo, es el caso del que en 1870 envía desde Barcelona al ministro de Justicia, pidiendo la reposición del Juzgado de primera instancia.

Una vez jubilado, Luanco se asienta en Castropol, y se ocupa con más intensidad de la historia local, sobre la que ya había escrito en otras ocasiones.

 

Publicó documentos ya conocidos o inéditos en "Las Riberas de! Eo", dio a la luz el "Fuero de Vecindad" de Castropol, colaboró en la "Asturias" del Bellmunt y Canella y la "Asturias monumental, epigráfica y diplomática" de Ciriaco Miguel Vigil...

Pero también recogió datos para un diccionario etimológico del dialecto asturiano, notas sobre la Casa de Montenegro y Lantoira, que se encontraban en el archivo del marqués de Santa Cruz (de la que había sido administrador su padre)...

En 1901 se organizó un gran homenaje en honor del marino Fernando Villaamil, nacido en Serantes. Entre otros actos, se descubrió una lápida de bronce, en el atrio de la iglesia parroquial, cuyo texto se debe a la mano de Luanco, que también pronunció unas palabras. Para la ocasión, lucirá, por primera y única vez, la Gran Cruz de Isabel la Católica, que recientemente se le había concedido.

Una enfermedad cerebral, cuya etiología no conocemos y cuyos síntomas se le empezaron a manifestar cuando todavía se encontraba en la universidad, le impidió incluso la lectura en sus últimos tiempos en Castropol.

Falleció en su casa en la mañana del 5 de abril de 1905.

Sirvan estas líneas de homenaje a Luanco, y como recuerdo al Ayuntamiento de Castropol de que el próximo años se cumple el centenario de su muerte.

 

Miguel Angel Serrano Monteavaro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Díaz Fernández, Pepillo

Publicado: 12/01/2007 16:42 por castropol en Colaboraciones

Con motivo de cumplirse este año el centenario del nacimiento de José Díaz Fernández, la editorial Viamonte ha reeditado El blocao, su obra más significativa, la Asociación Manuel Azaña dedicó al autor una mesa redonda en el Ateneo madrileño y su pueblo natal y la Casa de Cultura de Castropol sendos recuerdos bibliográficos.

¿Supone todo esto un revival de Díaz Fernández? ¿Desde qué perspectiva podemos contemplarlo hoy, situados, en relación a su época, en una "tercera España"?

Hijo de Vicente Díaz Fernández, natural de San Pedro de Bembibre (Taboada, Lugo), y de Amalia Fernández Fernández, de Viavélez (Asturias), José Manuel Díaz Fernández viene al mundo el 20 de mayo de 1898, en Aldea del Obispo (Salamanca), donde su padre se hallaba destinado como"carabinero del Reino", con categoría de "preferente". Vicente y Amalia tuvieron dos mijos más, Ignacio y Vicenta.

Trasladada la familia a Castropol, donde su padre será nombrado Jefe de la Policía Municipal, Pepillo, como familiarmente se le conocía, encontrará en esta villa del occidente asturiano su verdadera patria chica, por lo menos durantes su adolescencia y juventud.

En Castropol cursa la primera enseñanza y, pese a las estrecheces económicas de la familia, da comienzo a la segunda.

Inicia sus pinitos literarios con un periódico manuscrito, al que puso por nombre La Tinaja, al mismo tiempo que interpreta obras de teatro en el Casino de Castropol y se ocupa de la dirección administrativa de La Tuna. Escribe después en Río Navia y El Eco de Navia, publicaciones pronto desaparecidas.

En 1917 funda, en Castropol, con otros, el semanario Juventud, que dirigía Francisco Fernández López, y del que sólo se llegan a publicar seis números, y escribe en el decenario CastropoI. Este último facilita en aquel año las siguientes noticias en torno a Pepillo: el 30 de enero sobre su obra de teatro, titulada La pesca del novio, el 30 de julio de su novela Pasión de niños y el 30 de octubre del Libro de las horas gentiles. El Castropol de 1917 recoge, también, en sus páginas la polémica entre Díaz Fernández y el asimismo escritor novel, de la vecina Figueras, Fernández- Arias Campoamor, en torno a la influencia literaria de Rafael López de Haro sobre Pepillo, que Campoamor considera muy destacada y que Pepillo reconocerá luego en un artículo publicado en Asturias, el 15 de diciembre de 1918.

También en 1917 comienza a escribir versos, cuentos y crónicas de carácter lírico y fantástico en la revista Asturias, que se publicaba en La Habana bajo la dirección de Álvarez Acevedo.

Al mismo tiempo y junto con su hermano Ignacio trabaja como escribiente en la notaría de Castropol que regentaba el ribadense Eugenio Pérez Cancio. El día de la onomástica de la "notaria", Angela Moirón González, era habitual que ambos hermanos le dedicasen un poema. Se conserva un ripioso soneto de Ignacio, fechado el 1 de marzo de 1919, trazado con excelente caligrafía de pendolista, y un poema de José de fecha anterior, de mejor factura, también con excelente caligrafía, escrito románticamente en las varillas de un abanico.

Marcha luego Díaz Fernández a estudiara Derecho a la Universidad de Oviedo, pero, aunque se ayuda económicamente trabajando de conserje y contable en un hotel, se ve obligado a abandonar sus estudios.

En 1919 funda, junto con María Luisa Castellanos, Fernández-Arias Campoamor, Torner, Valentín Bedia... la revista Alma Astur.

En 1920 lo encontramos de secretario del Ateneo Obrero de Gijón y el 20 de enero del año siguiente el Castropol anuncia la aparición de su novela, hasta ahora inédita, Los días grises.

A los 23 años es destinado a África como soldado. Durante su estancia en Marruecos parece que contrae la tuberculosis que le llevará a la muerte. A su regreso de la guerra, La Libertad lo premia por las crónicas que había enviado desde el frente marroquí, germen literario de lo que luego será su libro El blocao. Publica en El Noroeste, La Esfera, y en 1923 el Castropol del 20 de febrero da cuenta de la aparición de sus narraciones El ídolo roto y El abrazo eterno.

Rodeada ya de una cierta aureola, en 1925 aparece su firma en El Sol, donde pontifica a Ortega y Gasset, La 'Voz, Ondas y la Revista de Occidente, en la que lo introduce Fernando Vela.

Poco a poco, sin embargo, la faceta política de la personalidad de Díaz Fernández se va imponiendo con fuerza. Sus artículos y actividades contra la Dictadura de Primo de Rivera lo llevan, incluso, a que sea detenido en 1926, como implicado en el levantamiento de la noche de San Juan, conocido como la "sanjuanada".

En 1927, y en compañía de J. A. Balbontín, J. Arderius, Giménez Siles, Juan Andrade, José Venegas, Graco Marsa y César Falcón funda Ediciones Oriente, dedicada a la publicación de obras claramente revolucionarias para aquel tiempo.

A estas alturas de su vida, Pepillo comienza a perder contacto con Castropol.

En aquel tiempo, Castropol era una villa que contaba con unos 800 habitantes, distribuidos entre un núcleo campesino, otro marinero y pescador y, finalmente, otro más, integrado por curiales e indianos.

La falta de cultura y la penuria económica que sufría una parte de la población era notable, al igual que en el resto de España, situación que llevó a que, a principios de siglo, un grupo de curiales e indianos crease una agrupación, que en 1910 se transformaría en Partido Independiente y que luego se integrará en el Reformista de Melquíades Álvarez, con el fin de defender e impulsar los intereses comarcales, al mismo tiempo que atendía los humanos y sociales. En esta agrupación se encauzarán las primeras inquietudes políticas y sociales de Pepillo.

Más adelante, aquellos castropolenses que habían querido, al modo ilustrado, hacer la "revolución" desde arriba, se vieron desbordados, más tarde o más temprano, por una izquierda de claro matiz revolucionario. Algo parecido le ocurrirá también a Díaz Fernández, y así, después de un período muy radical, tras su estancia en Oviedo y Gijón, en 1935 acaba por unirse a Manuel Azaña para formar Izquierda Republicana.

El caso es, que, en aquellos tiempos, los intelectuales avanzados, ante la situación en que se encontraba el país, invocaban la presencia e integración de! "pueblo" en la sociedad, "pueblo" que se identificaba entonces con las clases más menesterosas social y culturalmente, de las que no formaba parte (pensemos en la orgullosa diferencia de clases existente en aquella época) la familia del Jefe de la Guardia Municipal de Castropol.

Poco a poco, sin embargo, una parte de aquel "pueblo" fue tomando conciencia de que él era la única "clase", la clase por antonomasia que, considerándose engañada una y otra vez, debía tomar el poder para ver realizados sus propios fines, al igual que había ocurrido en Rusia, A este fin debería valerse de cualquier "compañero de viaje".

La tarea de buscar "el injerto de las fuerzas obreras de la izquierda" (Díaz Fernández), de "marchar hacia el pueblo" (idem), siguiendo las orientaciones del comunista italiano A. Gramsci, se convirtió en aquella época en objetivo prioritario para Díaz Fernández.

Díaz Fernández, al igual que los intelectuales de su misma inspiración, pretende "superar la división entre los intelectuales y el pueblo"; los intelectuales y los artistas que deben participar ,en la lucha revolucionaria obrera (aunque luego muchos de ellos, llegado el momento, no podrán superar, en opinión de los dirigentes de la "praxis", sus propias contradicciones de clase).

Y así emprenden la búsqueda de un "nuevo intelectual" que se acerque al pueblo, para construir una "nueva sociedad" y un "hombre nuevo". (Al mismo tiempo que la Rusia de Stalin, también el nazismo de Hitler buscará un "hombre nuevo" para una "nueva Alemania", pero nadie, ni en España ni en ninguna parte del mundo, sabía lo que en aquellos momentos estaba ocurriendo en la Unión Soviética ni suponía lo que iba a ocurrir en Alemania, Para lograr la inexcusable integración social y económica de un país es imprescindible partir de un amplio compromiso democrático y del respeto al individuo. De otra manera está condenada al fracaso)

- En 1928 Díaz Fernández publica, bajo el título de El blocao, el conjunto de relatos que le hará famoso; precisamente el año anterior había recibido un premio de El Imparcial por su labor periodística en Marruecos.

El impacto causado por El blocao entre los lectores fue notable. El libro abre una nueva frontera literaria, supone la inauguración de un movimiento que buscaba superar el escepticismo al que se había entregado la vanguardia.

Este movimiento, denominado por el mismo Díaz Fernández "literatura avanzada" o "nuevo romanticismo", corre paralelo a la línea política de su pensamiento, aunque no reviste el carácter de la típica literatura proselitista.

Sin embargo, la ideología política de Díaz Fernández insufla a esta literatura una preocupación por el hombre, al que sitúa en la realidad de cada momento. El protagonista que inspira los relatos de El blocao no es un héroe ni un antihéroe; en palabras de hoy, podíamos decir que es un perdedor, tal y como lo fue a la postre el propio Díaz Fernández.

Estas características, junto con las propiamente estilísticas, tan lejos de sus primeros arrebatos líricos, el dinamismo que encierra, la realidad cotidiana que refleja, su esquematismo cinematográfico, de verdadero reportaje, parecido al estilo de Hemingway (que precisamente en 1929 Publica su Adiós a las armas), aunque el carácter de los contenidos violentos del escritor norteamericano difiere totalmente del de Díaz Fernández, impregnado de una preocupación humanista, colocan a la obra en una de las cimas de la literatura de la época.

Curiosamente, Díaz Fernández no trae a El blocao la figura del marroquí, ni se ocupa de su mundo, de sus problemas bajo la colonización española. Cabría preguntarse por la razón de esta ausencia en la obra de Díaz Fernández.

La cosecha de críticas favorables a El blocao fue abundante y de variada procedencia: Astrana Marín, Benjamín Jarnés, José del Río Sanz, Luis Calvo, Zugazagoitia, Fernández-Arias Campoamor, Constantino Suárez, Camilo Barcia, Giménez Caballero, Pérez de Ayala...

El movimiento literario del que El blocao fue precursor dio nombre a una generación, conocida como "la otra generación del 27", de la que formaron parte, entre otros: Alvarez del Yayo, Juan Andrade, Wenceslao Roces, Ramón Sender, Muñoz Arconada, Joaquín Arderius...

La campaña de prensa que a través de diversas publicaciones Díaz Fernández venía desarrollando contra la dictadura de Primo de Rivera le lleva, en aquella época, a ser detenido y encarcelado, marchando después a Portugal.

En 1929 participa en la creación del Partido Radical- Socialista, junto con Marcelino Domingo, Alvaro de Albornoz, Gordón Ordás, Benito Artigas Arpón, Angel Galarza Gago...

Al igual que todos ellos, Díaz Fernández ingresa en la Masonería, en el seno del Gran Oriente Español, del que era Gran Maestre, Diego Martínez Barrio, del Partido Radical de Lerroux.

Al año siguiente, Díaz Fernández publica su segunda novela, La venus mecánica, escrita, en parte, en el exilio lisboeta, en la que refleja su propio dilema: el intelectual que se muestra incapaz de vivir la revolución que preconizaba, y el libro de crítica literaria El nuevo romanticismo. Polémica de arte, política y literatura, donde enuncia los principios. de la nueva "literatura de avanzada" o "nuevo romanticismo", como gustaba llamarle a aquel movimiento.

En 1930 funda, con Antonio Espina y Joaquín Arderius, la revista política Nueva España, que polemiza con La Gaceta Literaria que dirigía Ernesto Giménez Caballero. Curiosamente y a pesar del éxito de su lanzamiento la revista desaparecerá con la llegada de la República. La trepidante actividad periodística y editorial de Díaz Fernández le lleva, en 1931, a colaborar en el lanzamiento de las revistas Crisol y Luz, y a publicar el relato La largueza, dentro del libro Las siete virtudes capitales, en el que, Gómez de la Serna, V. Andrés Alvarez, B. Jarnés, C. Arconada... tratan el resto de las virtudes.

En el curso del mismo año publica, también, junto con J. Arderius, la Vida de Fermín Galán, biografía del militar que se había sublevado en Jaca y que luego fue ejecutado, y el prólogo al libro de Alejandro Gaos Sauces imaginarios. En esta época, Díaz Fernández decide entregarse plenamente a la vida política. Y de esta manera se presenta como candidato de! Partido Radical-Socialista a las elecciones a Diputados a Cortes Constituyentes, que se celebran el 28 de junio de 1931.

En plena campaña electoral, Díaz Fernández, junto con Leopoldo Alas, ambos antiguos reformistas, revientan tumultuariamente el mitin de Melquiades AIvarez en el teatro Campoamor de Oviedo, en una acción que marca el inicio de los ataques de la izquierda contra el tribuno asturiano.

En las urnas, Díaz Fernández es elegido en el distrito de Oviedo por 76.952 votos, de los 119.244 emitidos, sin que el acta recoja ninguna protesta ni reclamación. Designado Marcelino Domingo ministro de Instrucción Pública, en el gobierno Azaña, Díaz Fernández es nombrado Secretario Político del ministro. La labor de la República durante su primer bienio, en el terreno de la educación, fue ingente, sobre todo teniendo en cuenta el abandono en el que se la había tenido durante decenios.

No fueron muy numerosas las actuaciones de Díaz Fernández en el Congreso de los Diputados. Quizá las más destacadas tuvieron lugar con motivo de la discusión sobre la libertad de enseñanza y en concreto de la enseñanza religiosa, en el curso de la cual Díaz Fernández, muy en el calor político y social anticatólico de la época y como ferviente defensor de la "escuela única", llegó a decir desde su escaño, el 20 de octubre de 1931: "Por otra parte, yo dudaría mucho en autorizar la libertad religiosa desde una legislación del siglo XX", en una reacción al poder temporal de la Iglesia de aquellos tiempos. En su contestación, Valera Aparicio, en nombre de la Comisión, tiene que aleccionar a Díaz Fernández sobre el significado de la libertad de pensamiento y de creencias, palabras que el diputado asturiano acoge con reconocimiento, viendo rechazada su enmienda. A este respecto debemos apuntar el mar de contradicciones en que se movían los radical-socialistas, como, por ejemplo, ocurrió cuando el Partido se negó a secundar a Azaña y a los socialistas, que querían dar a la mujer la posibilidad de votar.

En el mes de abril de 1933, y siguiendo la moda de aquellos días entre los progresistas, que veían en la Unión Soviética el espejo donde mirarse, Díaz Fernández firma un manifiesto a su favor, promovido por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Entre otros nombres aparecen en el documento los de: Marañón, Pío Baroja, Benavente, Valle Inclán, M. Machado, l. Sánchez Covisa, N. Piñole..., aunque algunos retiraron luego su firma.

Paralelamente a su actividad política escribe en El Liberal, Nouvel Age, Le Monde, Euro pe..., y en 1935 publica Octubre rojo en Asturias, bajo el seudónimo de José Canelo

El golpe de estado revolucionario de 1934, contra el gobierno conservador de la República, que en Asturias alcanza la gravedad de una contienda civil, marca un punto de inflexión en la trayectoria política de Díaz Fernández.

La crítica de Díaz Fernández a los socialistas por haber provocado aquellos sucesos le lleva a acercarse a Azaña, a cuyo amparo funda el semanario Política. Más tarde, Albornoz, Domingo, Díaz Fernández y otros se unen a Azaña para crear Izquierda Republicana, con el fin de contar así, con un partido que les ofreciese un mayor respaldo popular, y dé soslayar de esta manera los inconvenientes de tener que gobernar en minoría.

Y así llegamos a las elecciones de febrero de 1936. Izquierda Republicana se presenta formando parte del bloque del Frente Popular, y Díaz Fernández sale elegido Diputado en el distrito de Murcia, por 38.680 votos, de los 70.381 emitidos, constando en el acta algunas reclamaciones.

Díaz Fernández vuelve a ocupar, entonces, el puesto de Secretario Político de Instrucción Pública, siendo otra vez ministro J M. Domingo, y luego F. Barnés, hasta la llegada de los gobiernos socialistas, en septiembre del mismo 1936.

En los meses posteriores a febrero de 1936, la actuación de la derecha extraparlamentaria y la izquierda revolucionaria traen consigo que la República se vea desbordada por ambos extremos. Ya en plena guerra civil, Díaz Fernández desempeña diversos cargos en el departamento de propaganda del Ministerio de Estado.

A punto de finalizar la contienda, vuelve a encontrarse cerca de Manuel Azaña, durante la estancia del Presidente de la República en Cataluña, donde se ocupa de cuestiones de prensa; ante la debacle final marcha a Francia y es internado en un campo de concentración, mientras su mujer y su hija se refugian en Perpiñán.

Puesto en libertad, el calvario, no obstante, continúa. La familia se traslada, entonces, a París, luego a Toulouse y de regreso a París. Cuando estalla la II Guerra Mundial vuelven a Toulouse, para, al poco tiempo, ser residenciados en Le Mans; huyen después a Nantes. Prisioneros de los alemanes, Díaz Fernández ve como, mientras otros compañeros son enviados a España, donde muchos son fusilados, él puede marchar a Toulouse, situado en la llamada "zona libre". Muere en la miseria, el 18 de febrero de 1941, cuando esperaba poder trasladarse a América.

Azaña no menciona a Díaz Fernández en sus Memorias, por otra parte una magnífica pieza histórica y literaria, aunque casi es preferible, pues a Domingo, albornoz y a otros muchos les aplica duros calificativos, librándose sólo de sus acervas críticas Rivas Cherif y Casares Quiroga.

La temprana muerte de Díaz Fernández cortó en flor su labor literaria, prevaleciendo sus trabajos periodísticos al servicio de su ideología, lo que pronto llevó al escritor y al político al olvido.

Por otra parte, el compromiso político de los demás integrantes del "nuevo romanticismo literario" y la guerra civil, resuelta en términos de dictadura personal derechista, aventó a sus seguidores.

Su antiguo protector y amigo, A. L. Oliveros, director de El Noroeste, recuerda poco gratamente en sus memorias a Díaz Fernández, como un joven ambicioso que no reparaba en obstáculos para conseguir sus fines. En reciente conversación del autor de estas líneas con Francisco Ayala, su compañero de letras en aquellos tiempos, me manifestó, entre otras cosas, que, llegado el momento, él había preferido seguir la línea de la literatura de vanguardia, de carácter esteticista, mientras Díaz Fernández escogió el periodismo militante; pero, aunque sus caminos se habían separado, recordaba a Pepillo porque, sobre todo, era una buena persona.

Miguel Angel Serrano Monteavaro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Castropol y Jovellanos.

Publicado: 11/12/2006 15:58 por castropol en Colaboraciones

Corría el año de 1797 cuando Carlos IV, tras no pocas vacilaciones, cosa, por otra parte, corriente en él, decide, inducido al parecer por Francisco Cabarrús, nombrar, con fecha del 23 de noviembre, Secretario (Ministro) de Gracia y Justicia a Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega,1811).

En aquellos años, el acerca miento a Francia lleva a España a firmar con aquel país, en 1796, el tratado de San Ildefonso, que sólo nos traerá problemas con Inglaterra.

Así, al año siguiente, mientras Mazarredo y Alcalá Galiano defienden con éxito Cádiz contra la escuadra de Napoleón, José de Córdova es derrotado, inexplicablemente, por Jervis en aguas del Cabo de San Vicente.

A aquellas alturas del siglo, Jovellanos ya había desarrollado una importante labor política e intelectual de carácter reformador, tanto en Asturias como en el resto de España, aunque dentro de los moderados parámetros de nuestra Ilustración. Cabarrús, francés naturalizado español, creador del Banco de San Carlos (luego Banco de España), genio financiero y, éste sí, radical partidario de la Ilustración, promueve a Jovellanos a una Secretaría, entre otras cosas, en agradecimiento de antiguos favores. Jovellanos había tratado de impedir el ingreso de Cabarrús en prisión, víctima de una intriga palaciega; a este fin, acudió a los buenos oficios de Campomanes, pero éste no quiso hacer nada en favor del francés.

Nunca había estado Jovellanos, ni lo estará nunca, en el círculo más estrecho del poder. Pero estuvo a la altura de las circunstancias cuando, tiempo después de ser liberado por Fernando VII de su prisión mallorquina, rechaza, al contrario de lo que decidió su amigo Cabarrús; un Ministerio (el de Interior, en este caso) que le había ofrecido José Bonaparte.

Poco tiempo se mantuvo Jovellanos al frente de la Secretaría de Gracia y Justicia, pues, fruto de una nueva intriga de la camarilla de la Reina, cesa el 16 de agosto de 1798, siendo sustituido por José Antonio Caballero.

El Ayuntamiento de Castropol, recogiendo la corriente de simpatía suscitada entre la mayoría de los habitantes de la villa por el nombramiento de Jovellanos para la Secretaría de Gracia y Justicia, quiso festejar adecuadamente el acontecimiento.

En primer lugar, se acuerda fijar para el 6 de enero del año siguiente la fecha de la celebración de los festejos, haciéndola coincidir con el día de los Reyes Magos, onomástica, por partida doble, de Jovellanos. Luego, comisiona para organizar los actos al alcalde mayor, Diego de Cancio Donlebún, y al personero del común (procurador del conjunto de los habitantes del municipio) y subdelegado de Marina, Lucas Rodríguez.

Y, así, a las 12 h. del5 de enero, la villa vibra al repique de las campanas de la iglesia y de la capilla de San Roque, al que pronto se suman tambores, gaitas, las salvas de las baterías de tierra y de los cañones de los buques fondeados en la Ría, salvas del destacamento del Regimiento Asturias, acantonado en Castropol... para más tarde efectuar todos juntos un pasacalles, acompañando a los gigantes y cabezudos.

A la puesta de sol y tras el toque de oración, vuelven a repicar las campanas, se encienden fuegos artificiales, estallan las salvas de artillería y de las tropas, recorren la villa los pasacaIles...

Se inaugura también la iluminación, para el caso, ¡nada menos que 300 puntos de luz!, que adorna la fachada del palacio de los marqueses de Santa Cruz de Marcenado, en aquel entonces

Juan Antonio Navia Osorio y amaña, casado con Ana María de Contreras Vargas y Muñoz, condesa de Alcudia.

A las nueve de la noche vuelve a encenderse un castillo de fuegos artificiales, se celebra un concurso de danzas del país y suenan los violines, flautas y otros instrumentos (¡cuántos músicos había en aquella fecha en Castropol!), y se queman dos vítores dedicados a Jovellanos, uno costeado por el Concejo y otro por los marqueses de Santa Cruz.

Al amanecer del día 6, nuevo repique de campanas, pasacalIes, música y gigantes y cabezudos.

Minutos antes de las diez, las autoridades civiles y militares, que previamente se habían concentro en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, se trasladan, en procesión cívica, a la iglesia parroquial. En el templo se reza un solemne Té Deum y una misa, oficiados por el párroco Benito Sierra y Pambley. José María Valledor y Presno, cura de San Andrés de Serantes, dirige los cantos.

Finalizada la ceremonia religiosa, tiene lugar, en aguas de la Ría, un simulacro de combate naval, en el que participan los numerosos buques que allí se encontraban fondeados.

A este fin, los buques se agrupan en dos divisiones, una española y otra inglesa, que evolucionan entre Castropol, Ribadeo y Figueras, cañoneándose "fieramente" con salvas (recordemos que en aquella época los buques mercantes también portaban algunas piezas de artillería).

La expectación despertada entre los habitantes de la Ría, que abarrotaban la costa, fue apoteósica, como es de suponer.

Ni qué decir tiene, el combate naval fue ganado por la escuadra española.

Las autoridades contemplaron la batalla desde el Campo del Tablado (pensemos que la explanada del Campo llegaba hasta el castillo de Fiel y no existían las casas que hoy impiden la vista del mar desde allí).

Luego, fiesta en el Campo, son liberados los "prisioneros ingleses", se reparten regalos, todos juntos toman parte en una jira...

¿A qué se debían estas emociones jovellanistas entre los castropolenses? ¿Había calado tan hondo la Ilustración en Castropol?

La primera conclusión que podemos sacar de la celebración de estos fastos nos lleva a pensar que el tan comentado aislamiento de Asturias respecto al resto de España se refería tan sólo a las comunicaciones con la Meseta Castellana, a través de los puertos de la Cordillera Cantábrica, pues vemos que el intercambio de mercancías, viajeros y noticias por vía marítima entre Asturias y el resto del mundo, era constante.

Por otro lado, el gesto de Castropol nos habla de que en esta villa era muy considerada la figura y la labor de Jovellanos, dado el número de sus partidarios. De donde se puede colegir que en Castropol existía un importante foco de ilustrados, en contacto con las corrientes más avanzadas del pensamiento entonces en boga en Europa.

Lamentablemente, los excesos de la Revolución Francesa y, en concreto, la ejecución en la guillotina de Luis XVI y María Antonieta, provocaron en España y otros países una reacción adversa, no exactamente contra los principios ilustrados, sino más bien hacia la toma del poder por el pueblo y la pérdida de los privilegios aristocráticos.

Por otro lado, el querer Francia imponer, más que difundir, los principios de la Revolución en el resto de Europa; provocó una serie de guerras en cadena que asoló Europa hasta bien entrado el siglo XIX.

Con todo esto, Carlos IV, primero, y Fernando VII, después, temieron acabar sus días al modo de sus parientes franceses, e hicieron lo posible para que los principios de la Revolución no prendiesen en España.

Aún así, el 2 de febrero de 1795, el maestro de letras Juan Picornell Gomila, miembro de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, y otros republicano-federales, se confabulaban en la logia La Española para destronar a Carlos IV. La intentona, primera republicana que registra la Historia, que terminó en fracaso, recibió el nombre de La Conspiración del cerro de San BIas.

Cuando Napoleón coloca en el trono español a su hermano José (cuyo efímero reinado, patrioterismos aparte, dejó una importante huella cultural en Madrid), con el fin de implantar los aires revolucionarios, se equivoca en cuanto a las formas (la imposición por la fuerza), pero en cuanto al fondo, pues entre los españoles existía un importante número de aristócratas, burgueses, militares, funcionarios y aún clérigos partidarios de los nuevos aires.

Sin embargo, al estallar la "guerra patria" una gran mayoría de aquellos escogió defender la independencia de su país, dejando a un lado sus preferencias ideológicas, que suponía rechazar formalmente el pensamiento de la Revolución. No obstante, hubo algunos militares, nobles y funcionarios que vieron en la guerra y la instauración de la nueva dinastía la ocasión del nacimiento de una nueva España.

Las dudas y vacilaciones, singular y colectivamente trágicas, de la España de la Ilustración parece reflejarlas Jovellanos en el retrato que le dedicó Goya.

En el óleo aparece Jovellanos pensativo, con la cabeza reposando sobre su mano izquierda, y como sumido en lejanos, más que hondos, pensamientos.

¡La duda que han tenido muchos buenos españoles en momentos parecidos!

(Los datos de los festejos pro- ceden del Archivo J. Cancio)

Miguel Angel Serrano Monteavaro

El Inmortal

Publicado: 04/12/2006 16:18 por castropol en Colaboraciones

Hemos encontrado un nuevo dato sobre la vida de Antonio García, el héroe de Castropol, llamado también El Inmortal.

Falleció en La Coruña, tal y como apuntaba el manuscrito que F. Canella Secades entregó, en 1878, al general Zapatero y Naves, y que resumió Arturo Cotarelo en sus "Bocetos Militares" (Madrid, 1883). Pero no se sabía dónde había muerto, cuándo y en qué lugar está enterrado.

Antonio García falleció en el Hospital Militar de La Coruña, el 28 de febrero de 1841, cuando tenía 49 años, y fue enterrado en la fosa común para indigentes del Cementerio Municipal de San Amaro, de la misma ciudad gallega, pues aquel hospital no contaba con cementerio propio. El libro de fallecimientos del Hospital Militar se equivoca al escribir la edad que tenía Antonio García al morir; debía estar muy deteriorado físicamente.

Con este motivo, vamos a trazar una semblanza de Antonio García, en base a los datos hasta ahora verificados.

Inmortal, arcabuceado, húsar de Castilla, alférez graduado, luego subteniente, con derecho a uso perpetuo de uniforme, charretera de honor, Hijo Benemérito de la Patria, Cruz laureada de San Fernando, del Cuerpo de Inválidos, eran los títulos que podía lucir nuestro personaje.

Antonio García-Monteavaro López, de familia humilde, nació, el 20 de junio de 1791, en Castañeirua, en aquel entonces perteneciente a la parroquia de Piñera, municipio de Castropol (Asturias), como averiguó J. L. Pérez de Castro, y no a la de Presno, como aseguraba la documentación oficial y creía el propio Antonio García.

El 25 de mayo de 1808, la Junta General del Principado de Asturias proclama en Oviedo, ni más ni menos: Asturias, en nombre de la España invadida y de su Rey cautivo, declara solemnemente la guerra a Francia. Atendiendo a esta llamada, el 17 de junio se crea el Regimiento de Infantería de Línea de Castropol, "bajo el pie de un batallón de a 10 compañías", con un total de 1.024 hombres, pertenecientes todos ellos al Partido de Castropol. José María Navia Osorio fue su primer coronel y Juan de Murias su sargento mayor y relator de su historial. Inmediatamente, el regimiento marcha a Oviedo.

Parece más que probable que Antonio García se alistase primero en el Regimiento de Castropol, y luego pasase a los Húsares de Castilla, formados, según Luis Calvo (en carta al autor de estas líneas), en base a los Carabineros Reales, llegados de Oviedo para sofocar el levantamiento contra el francés.

La creación de unidades militares en los distintos concejos tenía la indudable ventaja, en una guerra por la independencia, de provocar que sus miembros defendiesen con uñas y dientes su patria chica. Pero se corría también el riesgo, como así ocurrió en ocasiones, de que no quisiesen combatir fuera de su propia tierra.

Hagamos, entonces, un sucinto repaso de la Hoja de Servicios de Antonio García.

En la acción de Balmaseda, Antonio García recibió un balazo, luego estuvo en las de Oviedo (una estocada), Navia, La Cari- dad, Mondoñedo (un balazo), Lugo (tres estocadas) , Vivero, Betanzos (una cuchillada), La Coruña, Santiago (un balazo), Valdeorras, Morella, Villafranca del Bierzo (un balazo), Alba de Tormes, Brañobares, Ciudad Rodrigo, Olivenza, Llerena (arcabuceado por los franceses, que lo habían hecho prisionero, recibe cuatro balazos, pero consigue sobrevivir), Castillejos, Fregenal de la Sierra (un balazo y dos estocadas. Acción en la que Antonio García recobró una bandera española, después de luchar contra 17 franceses. En el mismo escenario, tres meses después de que los franceses lo hubiesen fusilado, Antonio García coge prisionero al comandante que había mandado arcabucearlo; Antonio García lo somete a la misma prueba de fuego, pero el francés muere), Higuera de Fregenal, La Palma, Albuera (una estocada), Puebla de Guzmán, Usagre, Zujar, Cullar de Baza, Murviedro (un balazo y una estocada), Alaguas y Murcia.

Tantas heridas y tan larga y continuada campaña llevan a Javier Elio, general jefe del II Ejército, hacia 1812, a recomendar a Antonio García que fuera a Cádiz, donde se encontraba la Regencia, para reclamar una pensión de invalidez.

Vamos a seguir ahora los pasos de Antonio García en la entonces capital de España.

Así, el 24 de enero de 1813, Antonio García se presenta en Cádiz ante la Regencia del Reino, instalada en e1 palacio de la Aduana.

El día 28, la Gaceta de la Regencia de las Españas inserta, de oficio, un artículo sobre la llegada del húsar Antonio García a la Regencia para reclamar la gracia de inválidos, y también las siguientes decisiones tomadas por el Presidente: concederle a Antonio García la condecoración de sargento primero vivo de caballería ligera, su colocación en el empleo de rentas, la concesión de una ayuda para su regreso a Asturias y la publicación de sus méritos en la "Gaceta", para ejemplo de todos.

El 30, la "Gaceta" publica la relación de méritos de Antonio García. En la sesión. de cortes de la misma fecha, el representante asturiano E. Vázquez Ganga manifiesta que los premios concedidos al héroe de Castropol no han sido suficientes.

La prensa gaditana se une a las declaraciones de Vázquez Ganga, y el 1 de febrero EI Conciso publica la Hoja de Servicios de Antonio García; el 2 su semblanza; al mismo tiempo, pide que se le retrate para que su efigie sea incluida en la Colección de los militares que en la presente lucha se han hecho acreedores al amor y gratitud de la patria, y que reproducirá más tarde la Junta Iconográfica Nacional. El mismo 2 de febrero, el Diario de Sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias publica una representación, firmada por 96 personajes, pidiendo que se le conceda a Antonio García la Cruz laureada de San Fernando (creada en 1811), con dispensa de juicio contradictorio, por haber recuperado una bandera española, de la que se habían apoderado los franceses, después de luchar contra 17 enemigos.

El día 3, El Conciso traza un retrato literario de Antonio García.

El 12, el Diario de Sesiones recoge un dictamen de las Comisiones de Guerra y Premios, que se hace eco de las pretensiones de Vázquez Ganga. El representante asturiano cuenta, también, que el padre de Antonio García, comandante de una alarma en Asturias, murió peleando al intentar evitar que un francés le cortase la mano derecha a una hija, que no quería acceder a sus torpes pretensiones (según el libro de defunciones de Piñera, Castropol, el padre de Antonio García murió en 1809).

Las Comisiones de Guerra y Premios, continúa el Diario de Sesiones, no pueden dispensar a Antonio García del juicio contradictorio para la concesión de la Laureada, pero lo premian con el uso perpetuo del uniforme de alférez, 500 reales mensuales de renta y lo llama a comparecer ante las Cortes. Al mismo tiempo, piden que la Regencia mande abrir juicio contradictorio sobre la recuperación de la bandera, y, en su caso, le conceda la Laureada, como así ocurrió más tarde y consta en el archivo de las Reales y Militares Órdenes.

A las 12 horas del 16 de febrero, Antonio García, de dolman amarillo y casco de caballería, comparece ante las Cortes, insta- ladas en la iglesia de San Felipe Neri. Es llamado a la barandilla, desde donde escucha la lectura del decreto por el que se le concedían aquellos premios y la arenga que le dedica el presidente Miguel Zumalacárregui, que lo llama Hijo Benemérito de la Patria. Antonio García toma de sus manos las credenciales dirigidas a la Regencia.

Luego, el héroe de Castropol pronuncia unas palabras (que se conservan), y ante la emoción que le atenaza la garganta, es Vázquez Canga quien lee el discurso que Antonio García había preparado para la ocasión, que se inserta en el Diario de Sesiones.

Con el Decreto de las Cortes en la mano, Antonio García, acompañado por un alabardero y la Banda de Música de las Guardias Españolas, se dirige a la Regencia; por el camino es vitoreado por el público que se había aglomerado en las inmediaciones. Al pasar por la calle del Tinte, el embajador inglés, Richard Coley, marqués de Wellesley (hermano de Wellington), se asoma al balcón y lo invita a visitarlo, a su regreso de la Regencia.

Cumplimentado el trámite en la Regencia, Antonio García se reúne con el embajador inglés, quien, después de un refrigerio, le regala un uniforme y un sable. Luego se acerca al Depósito de Inválidos, situado en el cuartel de La Bomba, y reparte entre los residentes las 47 Pts. que le habían entregado en las Cortes para sus gastos.

Por la noche, asiste a una función de teatro, durante la que el actor Frediani lee un soneto (que se conserva) dedicado al héroe.

Pasados estos festejos, se impone la cruda realidad en la azarosa vida de Antonio García.

Así, el 1 de marzo del mismo 1813, El Tribuna del Pueblo Es pañol publica una carta de Antonio García, en la que pide que algún médico lo atienda en sus padecimientos (2 heridas sin cerrar) gratuitamente, pues carece de dinero. Vivía en aquel entonces en la Posada de la Paz, en la calle del Molino.

En el mismo número, el regente de .la imprenta del periódico escribe que lamenta que los editores no puedan costear la curación de Antonio García, aunque proponen abrir una suscripción, a cuyo fin ceden el producto de la venta de un número de El Tribuna.

El día 5, el editor del Robespierre Español se ofrece a curar él mismo a Antonio García, y a acogerlo además en su casa de la Isla de León (San Fernando).

El 11, El Tribuna da cuenta de que la suscripción entre los militares del Ejército de Reserva, al mando de Enrique O' Donnell, conde de La Bisbal, cuyo cuartel general se encontraba en Sevilla, había alcanzado los 9.786 reales, con 18 maravedíes. En el mismo número del periódico, Antonio García agradece el gesto.

Viéndose recuperado, en el mes de abril, Antonio García vuelve de nuevo a la guerra, próxima ya a finalizar.

Llegada la paz, apunta Arturo Cotarelo, siguiendo el manuscrito que Canella poseía, Antonio García comenzó a militar en las filas liberales, a la vista de que Fernando VII, por el que luchara bajo la bandera de la Constitución de Cádiz, en 1814, a su regreso del cautiverio, había proclamado el absolutismo, apoyado precisa mente por aquel Javier Elío, que ayudara a nuestro soldado.

Volvemos a retomar la pista de nuestro héroe en los años del Trienio Liberal (1820-1823), viéndolo luchar, contra los absolutistas, en las filas de Juan Martín El Empecinado.

Triunfa, finalmente, la reacción, y El Empecinado y un grupo de sus hombres, adalides de las libertades de Cádiz, son apresa dos traicioneramente por los facciosos. Entre los hombres de El Empecinado se encontraba Antonio García.

Llevados a Roa (Burgos), El Empecinado es sometido a un proceso inicuo, que lo lleva a la muerte, ya en el año 1825. Antonio García y los demás quedan en libertad.

En 1832 encontramos a Antonio García viviendo en Valladolid, según recoge un documento del Archivo de la Real Chancillería, en el que Josefa González, residente también en Valladolid, acusa de estupro a Antonio García Monteavaro, alias el Inmortal (sic), oficial retirado en dicha ciudad, en cuya casa trabajaba de criada.

Canella y Cotarelo apuntan que Antonio García emigró después a Portugal, pero quizá se confundan con otro Antonio García, que fue detenido en Évora (Portugal), por desertar de una unidad del ejército español, que en aquellos momentos se encontraba en Sevilla. El documento en que me baso, procedente del Archivo Histórico Nacional, lleva fecha de 1837.

El manuscrito que poseía Canella y manejó Cotarelo afirma más adelante que Antonio García tomó parte en la I Guerra Carlista (1833-1839), y que, en una acción, el cura Jerónimo Merino, el famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia, luego absolutista y finalmente carlista, le había arrebatado su querida Hoja de Servicios, que desde luego no se encuentra en el Archivo General Militar de Segovia.

Parece ser que Antonio García, finalizada la guerra carlista, se trasladó a vivir a La Coruña, donde falleció, tal y como habíamos apuntado al principio de estas líneas.

Según García Teijeiro, en su folleto El Inmortal húsar de Castilla don Antonio García, soldado del Regimiento de Castropol, quien excitó desde niño mi curiosidad hacia el personaje, Antonio García se casó en Oviedo, en fecha que no determina, con María Victoria González Valdés, y tuvieron una única hija, Felipa, que, huérfana de sus padres, fue recogida por unos parientes.

Hora es ya de que el Ayuntamiento de Castropol honre la memoria de El Inmortal, quien, como muchos otros humildes soldados, supo defender la independencia de la Patria, sin esperar de ella más que el reconocimiento del pueblo español, representado por las Cortes soberanas.

Miguel Angel Serrano Monteavaro

Melquiades Alvarez y Castropol.

Publicado: 25/03/2006 19:22 por castropol en Colaboraciones
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Melquiades Alvarez, en el centro, con bastón de color claro. (En los jardines delo palacio del Marqués de Santa Cruz)


M. A. Serrano Monteavaro

Castropol había vivido durante el pasado siglo algunos momentos históricos, en los que el pueblo se echó a la calle en pública y emocionada manifestación.

Por ejemplo, aquel día del mes de mayo de 1808, en el que los castropolenses despidieron entre emociones sin cuento a los voluntarios del Regimiento de Infantería de Línea, que marchaba al campo de batalla en busca de los hombres de Napoleón.

O aquella otra jornada de 1817, cuando ya vencido el Emperador francés, los comisionados de la villa regresaron a Castropol con la Bandera del Regimiento, que habían ido a buscar a Madrid.

Sin olvidar los azarosos días de la Revolución de septiembre de 1868, y aquel en concreto en que se recibió en Castropol la Proclama de la Marina, lanzada desde el "Ferrol con fecha de 26 de septiembre, en la que se llamaba a sublevarse contra los Borbones, al grito de "Viva la Soberanía Nacional!"

La guerra de Cuba y la pérdida de las colonias fueron años de contenidas emociones, pero no dieron lugar a un momento determinado de eclosión popular.

Sin embargo, el desastre del 98, además del retorno de algunas personas y capitales, trajo consigo, en toda España, el despertar de las inquietudes políticas, sociales y culturales de muchos elementos de la clase media.

Castropol no fue una excepción en este movimiento renovador Sus ciudadanos más dinámicos se sintieron llamados a una tarea regeneradora, que, al no encontrar eco en la clase política tradicional ni en la Corona, se iba a desarrollar de abajo arriba y desde las provincias más periféricas al centro.

Por otro lado, cada día estaba adquiriendo más relieve a nivel nacional la figura del asturiano Melquíades Alvarez, catedrático de humilde origen, al que le habían arrebatado el acta a Diputado a Cortes por Oviedo en 1898 (se había presentado por los republicanos, de la mano de "Clarín"), pero que en 1901, Y ya Decano del Colegio de Abogados de Oviedo, saldrá elegido por el mismo distrito, también en las filas republicanas.

Las inquietudes de aquellos ,castropolenses iban a encontrar cauce nacional, al igual que otros muchos republicanos, monárquicos descontentos y regeneracionistas, en general, a través de Melquíades Alvarez, y Melquíades se "avecindaría" políticamente en Castropol.

La primera visita que Melquíades Alvarez realizó a la villa (pues hubo otras), el domingo 13 de septiembre de 1908, constituyó otro de aquellos acontecimientos históricos que movilizaron a los castropolenses El "Castropol" del 20 de septiembre da fiel reflejo de los hechos.

Esta es la sencilla crónica de aquel encuentro, que está dedicada a sus protagonistas, mis queridos ilustrados de Castropol

Como era de esperar, la polémica entre los partidarios de Melquíades y los conservadores (que casi siempre conseguían que saliese elegido diputado el pidalista Conde de Toreno) sobre la venida del tribu no reformista a Castropol estaba servida de antemano. Las familias de Castropol se encontraban amistosamente divididas entre las dos tendencias políticas, que más tarde recibirán los apelativos de "nuevos" y "viejos", con que Ortega (reformista) los iba a bautizar (la nueva y la vieja política).

El lugar de la concentración fijado por los melquiadistas era el Parque de Alfonso XIII (antes Campo del Tablado y desde 1911 Parque de Vicente Loriente); los pocos conservadores que se atrevían a salir a la calle aquel día se reúnen en el Ayuntamiento, institución donde habían sentado sus reales (muchos de fueron de excursión y otros a Vegadeo, de tertulia con su jefe Everardo Villamil).

En el Parque se van reuniendo los representantes de la comarca: El Franco, Tapia, Vega de Ribadeo, Taramundi, Figueras, Ribadeo, Navia, Puerto de Vega, Luarca...

Entre las distintas comisiones destaca la de los representantes de Boal, que llegan a caballo, polvorientos, cantores, enarbolando una bandera roja. Son los que llaman los "boers" de Boal.

Muy retrasado a su cita llega por fin Melquíades, que hace su entrada por la calle Nueva. La banda de música, con Etelvino Méndez, inicia sus compases desde El Espolón: el himno de Riego, pasodobles variados... Rodríguez tachona el cielo de cohetería.

El coche de Melquíades entra en el patio de la casa de Loriente, seguido de otros "autos", se bajan de ellos, además de Melquíades, Pedregal (hijo), De la Llana, Corugedo...

Después de los preceptivos saludos y presentaciones, Melquíades y Loriente se exponen en la ventana de la casa que da al Parque; luego, todos, junto a la multitud, se trasladan al campo que había entre la carretera general y la salida del pueblo frente a la casa de Ramón Prieto (que era su propietario). Allí se va a celebrar el banquete, bajo unos toldos, guirnaldas y música; en total 232 comensales. Los que no caben en aquel prado almuerzan en los de alrededor. Toman asiento con Melquíades: Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Claudio Luanco y Loriente.

Llega la hora de los discursos. Habla Eleuterio Cuervo por Vegadeo, Mario Acevedo por Figueras, Eduardo Blanco por Boal, Domingo González por El Franco, Vicente Loriente, Augusto Barcia, Juan Fernández de la Llana, Pedregal y por fin Melquíades Alvarez, que centra su intervención en el tema del caciquismo (principal preocupación de la comarca, al parecer).

El entusiasmo es generalizado. El éxito clamoroso. Desde ahora, mencionar políticamente a Castropol es aludir a Melquíades, y hablar de Melquíades es referirse a Castropol.

Hasta aquí la que podíamos llamar "crónica oficial’" que ahora voy a completar con unos apuntes, debidos, al parecer, a la mano de Claudio Luanco, director entonces del "Castropol", que aparecieron entre los papeles que a lo largo de los años fui reuniendo sobre las historias más diversas del pueblo. La difícil lectura de aquellos apuntes tomados al vuelo,casi taquigráficamente, me obliga a transcribirlos con mis propias palabras; helos aquí-.

"La visita de Melquíades había despertado un inusitado interés en toda la comarca astur-galaica, tanto entre los que ya nos considerábamos sus partidarios como entre los conservadores, a los que sólo quisiera llamar ahora enemigos políticos".

"Aquella mañana, horas antes de la llegada de Melquíades, algunos correligionarios fuimos a pasear a La Mirandilla, y allí nos sorprendió Zoilo Murias, el alcalde conservador de Castropol, al que acompañaba Benjamín Vázquez, el médico titular, también de la misma cuerda".

"Con una sonrisa llena de socarronería nos atacó Zoilo: "Vaya, vaya, oteando el horizonte de El Esquilo, para ver si por el "Loriente" llega, al fin, la redención"; (bien sabía Zoilo que a Melquíades le llamábamos "el redentor" en las páginas del "Castropol").

"Me mordí la lengua, pero aún acerté a contestarle: "Don Zoilo, el sol siempre sale por el Loriente" y del oriente llegan los Reyes Magos".

"Mientras tanto, los demás intentaban sujetar al joven Méndez de Andés que, al uso de los modos políticos que se utilizaban en la Argentina, quería darle a Zoilo con el bastón en la cabeza".

"Para evitar provocaciones de tono mayor marchamos a la casa de Loriente a esperar a Melquíades".

"Después de la intensa jornada, transcurrida en paz y entre clamores (de la que informa el "CastropoI" citado) nos reunimos con Melquíades en la sala principal de la casa de Loriente: Victoriano García de Paredes, Augusto Barcia (que había pasado desde Ribadeo), Ramón Prieto, Manuel Monteavaro, Mario Acevedo (venido de Figueras), Jesús Villamil, Inocencio Pardo, Eleuterio Cuervo (de la Vega), Fermín Braña..:’.

"Durante aquella tertulia, con la gente cansada tras un día tan agitado, bajo el sopor propio de una calurosa tarde del septiembre castropolense (a algunos tuve que atender como médico, en el prado, a causa de una pesada digestión), baja ya la guardia de las formas sociales, se trataron diversos temas que, dado su interés recogí luego con la idea quizás de publicarlos en el "Castropol".

"Ninguno de nosotros, excepto Augusto Barcia, conocía personalmente a Melquíades: no muy alto, menudo, nervioso, de ojos vivos, con el pelo corto y levantado, lucía el lazo blanco que lo había hecho famoso".

"Melquíades venía precedido de una bien ganada fama de abogado y reformador de la política asturiana, y aún de la nacional".

"Insistió durante la reunión, al igual que había hecho en su discurso de fin del almuerzo, en el tema del caciquismo. Se me ocurre pensar como médico rural que conoce muchos pueblos asturianos en la situación en que quedan, si antes de echar a los caciques no se resuelve el problema del analfabetismo práctico de la casi totalidad de sus habitantes, pues de otra manera quién va a sustituir a estos caciques, quien va a gestionar la política local?

"Me pareció entender que Melquíades venía a sustituir a unos caciques por otros, aunque por supuesto con un distinto cuño, de oto talante. Desde luego es un avance..., aunque solo hasta que cada uno de los habitantes de estos pueblos pueda convertirse en su propio señor”.

“Y este tema enlaza con otro, en cuya solución me identifico plenamente con las ideas de Melquíades: la instrucción pública. Que contempla, por un lado, el tema de la construcción de escuelas y la dotación de las aulas, y, por el otro, no menos importante, los sueldos y la preparación de los maestros".

"Fue muy oportuna entonces la intervención de Monteavaro quien apuntó que los "americanos" se sentían partícipes de la construcción y dotación de escuelas, operación que se había incrementado desde la repatriación de capitales de Cuba. ¡Que cunda el ejemplo!, añadimos todos".

"Lo que no quedó tan claro, por lo menos para mí, fue el tema de la forma de gobierno. Alfonso XIII acaba de principiar su reinado y Melquíades espera que el Rey vaya abriendo el régimen paulatinamente, pero no cree que tal movimiento lo pueda hacer con políticos como Maura, quizá con Canalejas... Melquíades no ve otra solución que la republicana.

(En nota marginal, Vicente Loriente apunta en 1930: Han pasado los años. El Rey no se ha abierto a ninguna solución. Menos todavía, ha propiciado la dictadura de Primo, y Melquíades, mostrándose enemigo declarado de la dictadura, todavía espera que la monarquía evolucione. Pero tampoco veo que Melquíades haya evolucionado. Hay gente que lo ha venido abandonando, como Ortega, Azaña, Pérez de Ayala...)

"Uno de nosotros quiso saber la postura de Melquíades sobre la Iglesia católica. Estuvo brillante en la respuesta, que intentaré recoger con toda fidelidad".

"Dijo Melquíades que, al margen de sus creencias, si esto podía ser así, no se consideraba comprometido con una Iglesia beligerante contra la evolución científica, la extensión de la enseñanza, que se entrometía en la vida política. La Iglesia debía ser tratada como una asociación ciudadana más, al igual que las órdenes religiosas, los creyentes terminarían agradeciéndoselo al Estado. Se calificó de "heterodoxo" (creo que se refiere a su disidencia, al igual que la de otros que recoge Menéndez y Pelayo en su famoso libro). Las manifestaciones de Melquíades hicieron torcer el gesto a Inocencio y a Jesus".

"Castropol, como el oriente de Asturias, vive de lejos los problemas obreros de la minería. Es como si existiesen dos Asturias. Augusto Barcia, cuya inquietud política era ya notable en aquella época, preguntó por la cuestión obrera".

Melquíades contestó que poco a poco los obreros asturianos iban tomando conciencia de clase y abrazando el socialismo y aún el colectivismo marxista. Creía que no era ese el camino que debía seguir el proletariado, pero que la cerrazón de los patronos y la postura del Gobierno no les dejaba otro camino abierto que no fuese aquel o la resignación. Los pidalistas, a pesar de la preocupación social de la Iglesia y la creación de círculos obreros católicos, no iba a resolver la situación, pues, a la postre, la jerarquía eclesiástica no iba a poner en jaque a la alta burguesía.

(Vicente Loriente anota en este punto: Fue notable el papel de Melquíades en la gran huelga de 1917. No sólo habló en favor de los huelguistas, sino que tuvo escondido en su casa a Manuel Llaneza. Fue el gran momento de Melquíades, papel que luego continuó representando en oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Pudo convertirse en el primer Presidente de la República que se venía venir. Porque ¡hay que ver el papelón que luego representó Don Niceto! Pero Melquíades no supo ver cual era la salida a aquella situación; mientras por la izquierda iba perdiendo a las masas, en la derecha no encontraba eco (Aquella indefinición de Melquíades, ¿por qué no habría soltado las amarras que creía lo unían con aquella monarquía?).

"Se mostró Melquíades contrario a la aventura africanista de España (que tantos quebraderos de cabeza, de muertes y de bolsillo nos iba a traer) y ante el contento de los jóvenes Méndez de Andés y Monteavaro se manifestó favorable a la multiplicación de contactos con las Américas".

Aquí se interrumpen los apuntes de Claudio Luanco, anotados por Vicente Loriente, que nunca se llegaron a publicar en el "Castropol". y ahora una reflexión personal.

¿Pudo ser Melquíades Alvarez el hombre que llevase a España desde la Restauración a la modernidad, el hombre de la Transición?

El Rey, la Iglesia, el estamento militar y la alta burguesía temían que cualquier cambio pudiese causar el derrumbamiento del régimen; la prueba está en que, ante los problemas que acosaban a España, no encontraron otra solución que entregarla a una dictadura. y ese no era el plan de Melquíades.

La izquierda, que no encontraba cauce para sus reivindicaciones laborales y políticas, escogió para manifestarse la vía del conflicto abierto. y este tampoco era el plan de Melquíades.

En aquella época no existía una clase media extensa y numerosa, como la que confluyó en 1977, que constituyera el sustrato de un partido de centro y permitiese a Melquíades llevar adelante su proyecto de Transición. Y como en las tragedias griegas, el héroe, Melquíades, fue una de las primeras víctimas de la guerra civil.

De “La Comarca del Eo”, 6/septiembre 1997

Colaboraciones.

Publicado: 13/02/2006 17:28 por castropol en Colaboraciones

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