Facebook Twitter Google +1     Admin

Castropol, Pueblo Ejemplar de Asturias

El modesto objeto de este Blog, es dar a conocer la Villa de Castropol, a los que todavía no tengan la fortuna de haber estado en ella, y de hacer llegar alguna noticia a los que ya la conocen y a los Castropolenses que se encuentran fuera.
Como las entidades consideradas como mas importantes ya tienen página propia, daremos toda la información que podamos sobre El Corpus y sus alfombras florales, La Cabalgata de Reyes, El Belén Parroquial, Las Fiestas de Santiago y San Roque, etc.
Agradecemos a todos aquellos que quieran colaborar en el blog, que nos envien sus comentarios, fotos, artículos y todo lo que consideren interesante.
Los comentarios se contestarán siempre que sea procedente, y tengan nombre y dirección de correo electrónico, y los que se consideren inconvenientes, se borrarán.
Este blog no se hace responsable delas opiniones vertidas en los comentarios, o los artículos de colaboradores,
Ovidio Vila Pernas

Temas

Enlaces

 

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Colaboraciones.

SEGUIMOS CON DAÑOS Y DESTROZOS

por castropol el 22/01/2022 11:06, en Colaboraciones

20220122110758-sin-titulo.jpg

Foto de 2021

 

El pasado 16/12/2021, se publicó en este blog una breve secuencia gráfica sobre el alcance del boquete que se había abierto en la curva de la “Punta”, debido al fuerte empuje del mar en los días de temporal.

Parece que en esta ocasión,  Puertos del Principado, no se demoró demasiado para acometer los trabajos de reparación, que comenzaron hace unos días y que según se ve caminando por el paseo, se van a extender también a la totalidad del muro entre ese punto y la zona de la Fuente, incluyendo la conocida como “rampa de Guerra”, que estaba muy destrozada.

 Al hilo de lo anterior y porque me parece importante y preocupante, voy a seguir con el progresivo derrumbe, que cualquiera que camine por el ahora Paseo de M. Alvarez, puede ver en la parte trasera del recinto habilitado para los perros.

En la primera fotografía (2003), se pueden observar parte de los trabajos de consolidación, que tuvieron su origen en el gran desprendimiento de la Mirandilla (1999). Limpieza y saneado, introducción de barras metálicas, con una longitud superior a los 10m,  y a las cuales se sujetaba una red metálica, que se fijaba con una tuerca atornillada a dichas barras. 

Foto de 2003

Con el paso del tiempo, se han ido desprendiendo pequeños trozos (segunda foto, Noviembre 2021), que van formando una bolsa en la red metálica. A día de hoy, es posible que el total de materiales alcance varias toneladas, que están tensionando la red. De tal forma que en alguno de los anclajes citados ya está rota, debido al gran peso que soporta, dando lugar a que el extremo de alguna barra con su tuerca ya pasó al interior de la red, como se puede observar presencialmente. Aunque la red está casi cubierta de maleza, se puede percibir perfectamente, por la longitud de alguna barra que está al descubierto, que hay un hueco abierto de 1 m. o algo más.

Ahora viene para mi lo más preocupante: la tensión de la red, soportando el peso de varias toneladas, está ejerciendo  una presión elevada sobre los anclajes superiores de la misma, que dada la baja calidad de los materiales que forman nuestro promontorio, podría ocasionar algún desprendimiento de mayor importancia en las dos terrazas superiores, colindantes con el callejón de la Fuente o incluso con el paso del tiempo afectar también a alguna de las viviendas próximas.

Por ello y finalizando, supongo que no estaría de más, que algún técnico de la administración regional, hiciese una valoración al respecto, para adoptar alguna medida de contención antes de que el daño avance y tengamos que lamentarnos.

 

Pepe Llende     Enero 2022

 

 

 

 

 

No hay comentarios. Comentar. Más...

Controversias

por castropol el 14/01/2022 11:28, en Colaboraciones

6 de Enero del 2022 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

En toda la vieja Europa, donde se encuentran España, Asturias y mi pueblo, ocurre lo mismo con respecto a temas laborales de casi todas las profesiones. Sobre todo, en las más solicitadas.

Si tienes una fuga en tu baño o cocina, date por ahogado, si es que persistes en no marcharte de casa. Al fontanero lo llamarás inmediatamente y si tienes suerte se puede poner al teléfono para decirte: “Mira, hasta la próxima semana no tengo un hueco aunque se caiga el mundo”. ¿Qué me dices si a los automáticos que controlan la electricidad en tu casa les da por bajarse constantemente? Pues el chispa, si es que lo localizas, te contestará algo que, traducido, querrá decir que comerás durante una semana pan, galletas y latería hasta que pueda venir a arreglarte el cortocircuito originado por la vitro. Y si viene un viento veloz del Sur, como el que tenemos estos días, y te arranca una ventana, como a mí me pasó, ¿qué haces? Llamar al carpintero, claro. Si tienes la suerte de localizarlo, en principio respirarás, para desesperarte después cuando te diga, por ejemplo, que está trabajando en una cafetería que pretenden abrir para el año nuevo que viene y que... si quies arroz, Catalina.

Todas estas palpables meditaciones me las despertó y puso en marcha hoy a primera hora mi consuegro de Granada, contándome lo que le estaba sucediendo. Es muy mayor Rafael, ronda ya los 90, pero tocante a pundonor y empuje pocos jóvenes le ganan, rompiendo ese viejo dicho popular de que los andaluces son desertores del arado, aunque después de lo que les voy a contar permítanme que casi no lo dude. Hasta que lo respetó la salud iba al huerto de sus cien olivos al frente de una cuadrilla de temporeros, trabajando toda la jornada codo con codo a su lado. Para después él mismo guiando su tractor llevar el fruto a la almazara de la cooperativa para transformar el fruto verde en oro líquido. Todos los años y desde hace unos cuantos me hace llegar cuatro garrafas de aceite de oliva virgen extra, acompañadas de una nota en la que no falta su dicharachera gracia. Todo parece apuntar que probablemente no me regale más, pues hoy me contó que lo había llamado Juan, el guardés de su finca, que le ayuda desde toda la vida a cuidar los olivos. Entristecido le dijo que, como todos los años, llevaba días intentando reclutar gente para la recogida de la aceituna y que no había conseguido encontrar a nadie, y que para hacerlo él solo y su mujer (ambos jubilados) les iba a resultar una labor harto imposible.

La salud precaria de mi consuegro le amenaza cada día, pero, conociéndolo, lo ocurrido hoy me temo que le pase una factura tan grande que será incapaz de digerir.

¿Cómo es posible que un gran país como es el nuestro, con demanda de tantos oficios y profesiones, ofrezca una tasa de desempleo del 35,4% en Asturias, entre jóvenes de entre 20 y 24 años, y mi ventana sin arreglar?

Tampoco se comprende cómo es factible que pueda ocurrir en Andalucía, donde esa misma ratio es del 39%, y que las aceitunas de mi consuegro Rafael estén pasándose de maduración en el árbol, esperando por quien probablemente no vendrá a recolectarlas... ¡Algo está fallando en medio de tanta controversia!

No hay comentarios. Comentar. Más...

¿El trabajo se da?

por castropol el 29/10/2021 09:05, en Colaboraciones


La Nueva España

26 de Octubre del 2021 - Antonio Valle Suárez (CASTROPOL)

Recuperada la paz y dejado un poco atrás aquel inmenso miedo que arrastramos más de un año desde el comienzo de la maldita pandemia, los jubilados vacunados seguimos sin fiarnos de ese malvado bicho. Al menos los cinco que salimos al diario paseo mañanero lo seguimos haciendo con las mascarillas tapándonos la boca, y si las quitamos guardamos por lo menos dos o tres metros de separación entre cada uno, por si las moscas. Esa separación, sumada a nuestros años, hace que el oído se vuelva perezoso y para enterarnos bien de cada conversación hemos de gritar -unos más que otros- más de lo debido cuando hablamos, si es que no queremos que los demás digan a cada momento: ¿cómo dices, ho? Hoy, como casi siempre, Bras se apoderó de la voz cantante. Yo en su lugar, si fuese un orador como lo es él, probablemente haría lo mismo. Nos arengó todo el recorrido de ida y vuelta. Tanto fue así, que ni tuvimos tiempo a tomarnos el chiquito de rigor. Nos sermoneó a conciencia:

"¡Le estoy muy agradecido! ¡Me ha dado trabajo! ¡Da trabajo a mucha gente! ¡Gracias a que dan tanto trabajo...! ¡Nunca se lo llegaré a pagar, nos dio trabajo! ¡Le debo tanta obligación, pues le ha dado trabajo a mi hijo! ¡Dios nos libre que nos falte, da tanto trabajo! ¿Quién no ha oído infinidad de veces frases iguales o semejantes? El trabajo ya está marcado en la frente del hombre, condenado a practicarlo desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal por el Creador, que le dijo: 'Ganarás el pan con el sudor de tu frente'. La mujer, su compañera ya entonces, solo fue condenada a marcharse con él. Aunque la penitencia a aquel pecado también la llevaba encima... Hoy, quizá pasados millones de años desde entonces, ella también está redimiéndose de aquel pecado. ¡Como si no hubiese dado golpe en toda su vida! ¡Como si parir, cuidar y educar a sus hijos, cocinar, hacer todas las demás labores de la casa no fuese un arduo y suficiente trabajo! Sí lo es, y gordo, pero sin salario alguno. Desde hace unos lustros las sacrificadas madres además de todos esos trabajos sin salario también, por unas u otras razones, se sienten empujadas a salir de sus casas a trabajar igual que el hombre. Esos trabajos que desarrollan ambos, tanto físicos como intelectuales, lo venden a cambio de dinero, ¿o no?... Sí es así, ¿quién es el que da el trabajo? A poco que penséis, si es que pensáis algo -nos dijo con mirada penetrante-, si alguien lo da es el trabajador, ¿o no?.... Nadie nos da nada. Todo en este planeta, desde que el mundo es mundo, es un intercambio de conveniencias donde siempre está la busca de intereses con el pan de por medio a cambio...".

Ya de vuelta a casa trato de leer la prensa sentado en mi jardín. No soy capaz a concentrarme. Mi mente sigue pegada a las reflexiones de Bras, que retumban en mis usados oídos. Un auténtico azote es este Bras. En fin que, según lo que nos cuenta, deduzco que nos demandan trabajo a cambio de dinero y, si nos lo pagan, nada nos deben. Lo mismo que si nosotros aportamos el trabajo que nos demandan, a condición de que nos paguen por ello, pues nada debemos... Claro, claro, el trabajo se compra y se vende... No hay vueltas que darle, va a tener razón Bras. El trabajo no se da...

No hay comentarios. Comentar. Más...

¿Envidia o indiferencia?

por castropol el 08/06/2021 09:55, en Colaboraciones

 

6 de Junio del 2021 - Antonio Valle Suárez 

"Envidia sana". Una expresión en boga que se oye muy a menudo desde hace un tiempo. Si se analiza teóricamente, parece un eufemismo poco afortunado, ya que la envidia es envidia por todos sus costados como quiera que se la mire. Está incluida dentro de los llamados siete pecados capitales y, por tanto, a simple vista, no parece ni sana ni buena. Por supuesto que también son muy respetables aquellos que, aplicando las tesis basadas en las imaginarias hipótesis que estimen, se decanten por otras interpretaciones. Puede ocurrir que los más teóricos pensantes defiendan que "envidia sana" es un error semántico de los grandes. Por el contrario, otros más imaginativos se decantarán por defender con uñas y dientes esa misma "envida sana" diciendo que es pura e inocente a todas luces. Concretamente, un íntimo amigo mío, maestro en el uso de las palabras, defiende que cuando uno goza con hechos o comportamientos en la piel de otras personas puede exclamar sin ruborizarse y sin molestar al prójimo diciendo: "¡Qué envidia! No te digo nada si lanzo la expresión 'envidia sana'", me dice. Allá cada cual con sus interpretaciones, digo yo.

En el curso 2012-13 nació en el IES Illa de Sarón, de Xove, un ciclo superior de FP enfocado a nutrir de operarios altamente cualificados a la factoría cervense de Alcoa. Los gallegos, con fama de previsores, no conformes solo con eso, años más tarde se dieron cuenta de que la fábrica de aluminio a la que iban destinados la mayoría de los formados podía hacer aguas. Por ello, en los dos últimos cursos se decidieron a implantar otro ciclo conocido coloquialmente como "Metais y Plásticos" (en dicho módulo se forman especialistas en trabajos con fibra de vidrio). Dicho ciclo va destinado a la industria eólica, aeronáutica y naval. La pujanza de los astilleros que hay en el Occidente de Asturias y en A Mariña de Lugo, convertidos en punteros a nivel mundial, les hizo ver que necesitan desesperadamente a profesionales que dominen el manejo de la fibra de vidrio para componentes y para fabricar los cascos de sus demandadas embarcaciones con ese material. En el mercado actual, tristemente, hay escasísima oferta de esos profesionales. Por si fuera poca la previsión de nuestros vecinos en cosas tan serias como el empleo laboral, actualmente la Xunta, por medio de la Fundación Pedro Murias, en Ribadeo, al otro lado de la Ría del Eo, dio un paso más al frente. Allí están impartiendo el "Grado de aprovechamiento y conservación del medio natural", ofreciendo al mismo tiempo la FP dual como garantía de inserción laboral. Los alumnos formados en Pedro Murias estarán preparados para nutrir la creciente demanda de empleo por parte de empresas forestales, ganaderas y agrícolas de la zona.

No sentiríamos envidia ni daríamos importancia alguna a estas FP que imparten nuestros vecinos si no fuese porque aquí, en nuestro occidente de Asturias, carecemos de formaciones públicas tan concretas como las de ellos para proveer de mano de obra cualificada a las empresas forestales, ganaderas, agrícolas y de construcción naval que la demandan. Empresas que, sin ningún género de dudas, son el motor de la economía del occidente de Asturias, que da a la clase trabajadora y a su zona de influencia un bienestar económico y social envidiable para muchos.

La envidia que personalmente siento no creo que sea de la buena precisamente, he de confesar que la padezco ahora mismo en mi piel lo mismo que muchos otros ciudadanos de aquí. Me invade, puesto que deseo para nosotros, los habitantes del occidente de Asturias, esos imprescindibles grados de FP que la Xunta de Galicia está practicando y ofertando al otro lado de nuestra hermosa y cacareada ría, invitando a formarse a los jóvenes en edad de trabajar que lo deseen. Lo digo porque en el listado de cursos impartido por el Consejo de Asturias de la Formación Profesional no veo que se oferte nada tan concreto, ni siquiera parecido, a los que ofrece la Xunta de Galicia. Así que, a la vista de los razonamientos expuestos, no puedo menos que preguntarme:

¿El Gobierno y la oposición que forman nuestra Junta General del Principado no sienten envidia, o quizás indiferencia, hacia las ejemplares enseñanzas de nuestros previsores vecinos gallegos?

No hay comentarios. Comentar. Más...

¡Ay, nuestra hermosa ría del Eo!

por castropol el 19/04/2021 11:11, en Colaboraciones

La Nueva España » Cartas de los lectores » ¡Ay, nuestra hermosa ría del Eo!

18 de Abril del 2021 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Muchas veces de niño he oído que mis abuelos querían poner de nombre Joaquina a su hija recién nacida, que después fue mi madre. Pero sus padres, mis bisabuelos, lucharon para que la bautizasen con el nombre de Laureana. A fe que mucho debieron de bregar, pues lo consiguieron. La niña llevó toda su vida en los papeles el triunfal nombre de Joaquina Laureana. Pero, a pesar de todo, siempre se la llamó y conoció por Joaquina. El segundo nombre, que solo conocíamos algunos de la familia, solo le sirvió para líos burocráticos.

En primer lugar, aprovecho para dar la enhorabuena a todas aquellas personas y equipos que con sus esfuerzos han logrado oficializar en los papeles un segundo nombre a nuestra ría de toda la vida, ría del Eo. Aprovecho para apostillar que mi experiencia al respecto me dice que, en ambas orillas, gallega y asturiana, desde hace más de sesenta años, siempre he oído llamarla “a ría del Eo”. Es más, la orquesta “Capri”, de Vegadeo, en los años sesenta del pasado siglo, contaba en su repertorio con aquella canción que decía, creo recordar: “Ay, ría del Eo, qué bonita estás desde Vegadeo hasta Figueras”...

Tanto gallegos como asturianos, que, según el dicho, somos primos hermanos, agradeceríamos que no cesasen en su lucha. Una lucha que ahora solo debería ir encaminada a presionar a quien corresponda para que nuestra Ría sea cuidada. ¡Qué pena que en las recientes pasadas “vacas gordas” no hubiésemos luchado con ahínco hasta conseguir parte del dinero que generosamente repartía la CEE entonces para destinarlo al cuidado de nuestra ría! A dragarla, a limpiarla de la arena que diariamente se acumula.

A causa de tanta arena, que aumenta día a día, ahora muchos nos tememos que más pronto que tarde desaparezcan sus canales sepultados por la gravilla, convirtiéndose toda la ría en un desierto como la gran Duna de Pilat, en la Aquitania del golfo de Vizcaya, cerca de Arcachón.

Cuando eso ocurra probablemente lucharemos gallegos y asturianos para hacer que desparezca de los papeles el nombre de tal presunto desierto, bastante más desagradable y dañino que nuestra hermosa ría.

Aunque lo peor sería que tantas luchas al final no valiesen para nada, como les pasó a mis bisabuelos, los abuelos de mi madre.

Hay 4 comentarios. Más...

por castropol el 12/04/2021 17:22, en Colaboraciones

 

Acuérdese del gallo de Morón

9 de Abril del 2021 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

No hace mucho LA NUEVA ESPAÑA nos despertaba con el siguiente titular: "Ante la jueza tres detenidos por vaciar las cuentas de cinco médicos asturianos". El diario nos daba cuenta de que les habían clonado las tarjetas desde Cataluña para estafarles 103.000. ¡Parece increíble! ¿Verdad?

Lo cierto es que estas noticias si no nos afectan directamente a nosotros, o el bombazo no nos cae muy cerca, hasta pasamos de ellas. Pero cómo nos sentiríamos si nuestras cuentas bancarias sufriesen en menos de veinticuatro horas ataques que mermasen o hiciesen esfumarse, en parte o todos, nuestros ahorros.

Esos ataques parten de algún "cracker" de los que tanto abundan hoy día, dando disgustos al honrado ciudadano y, también, cómo no, sembrando el pánico en empresas de todo tipo y condición que caen en sus arteras redes.

Seguramente, si nos toca a nosotros algún día, nos sentiríamos con la misma sensación de impotencia que siente aquel ciudadano al que entran en su casa a robar. A robar, sí, tanto como si lo hacen con violencia o amparándose en el descuido.

A mí, de momento, nada de eso me ha ocurrido en propia piel, toco madera. Pero sí cayó el bombazo esta vez muy cerca de mí. Cayó en la figura de mi buen amigo y excompañero de trabajo en banca... (no quiere que publique su nombre, es de esas buenas personas que aún quedan que tienen mucho miedo a estas cosas. Quizá tenga razón, en cierto modo el miedo nos protege, no en vano dicen que guarda la vida). Este amigo, sin nombre, acudió a mi casa a contármelo personalmente y a demostrarme con la documentación que justifica las operaciones que les cuento.

En menos de veinticuatro horas, a caballo entre dos días del pasado febrero, comenzó a recibir SMS con peticiones solicitándole conformidad a operaciones bancarias no realizadas por él. En ese mismo espacio de tiempo en su cuenta corriente entraron doce cargos por importe cercano a los mil quinientos euros, realizados desde una provincia en la que nunca había estado. Esos importes fueron adeudados en su cuenta corriente sin su autorización.

A mayores, en su cuenta de ahorro en la que no tenía vinculadas tarjetas ni domiciliaciones, por el sistema de pagos y cobros denominado Bizum le birlaron de un solo golpe quinientos pavos más.

Asimismo, le usurparon los datos de su tarjeta de combustible para adeudarle casi mil euros. Curiosamente los conceptos de estos cargos correspondían, además de facturas por combustibles, a compras en una farmacia, en perfumerías y otros comercios. Uno de esos cargos importaba seis euros -esto se llama aprovechar las migajas.

Los pasos del proceso, que me atrevo a llamar kafkiano, parece ser que empezaron después de malas coberturas en la red de su teléfono móvil, amén de quedarse sin línea y sin internet de vez en cuando. Todo esto mosqueaba a mí amigo, empujándolo a desconfiar.

Días más tarde se enteró de que alguien había solicitado en su nombre a la empresa telefónica, un duplicado de la tarjeta SIM de su teléfono móvil. A partir de ahí, parece ser, comenzó todo el calvario.

Comunicó a su entidad bancaria lo que estaba sucediendo.

Al día de hoy tiene la suerte de haber recuperado todo el dinero retirado de sus cuentas en su entidad bancaria. No así los correspondientes a la tarjeta del combustible que ni por activa ni por pasiva quieren devolverle. Así que tiene interpuesta la correspondiente denuncia contra ellos, por medio de su Ayuntamiento, que intermedia ante las autoridades competentes. Está en espera de resultados positivos. Aunque ello ofrece serias dudas ya que en las tarjetas bancarias y de otras empresas relacionadas con todo tipo de dinero figuran coletillas que dicen más o menos: "...el titular se obliga a custodiar esta tarjeta y es el único responsable en caso de extravío...".

Después de toda la odisea sufrida, mi amigo está convencido de que lo peor de todo es que nadie le va a devolver las horas de sueño que le han hurtado, producidas por los disgustos a consecuencia de tales operaciones convertidas en otros tantos golpes a su corazón. Disgustos que, sin lugar a dudas, en este caso valen para él muchísimo más que todo el dinero usurpado. Me pongo nervioso imaginándome en su piel.

Después de escuchar minuciosamente todos los detalles del saqueo, me pregunté a mí mismo: ¿Qué le pasaría a mi amigo si no acierta a andar raudo en denunciar lo acontecido? Sí, si en vez de darse cuenta cuando se dio lo hiciese una semana o un mes más tarde... O si le cayese el sambenito en un fin de semana o en un puente, cuando las oficinas están cerradas.

Sí, ya sé que a muchos de ustedes les gustaría más aquel sistema contable utilizado en los bancos hace cuarenta años, cuando llevaban los movimientos de los fondos de sus clientes apuntándolos a mano en una ficha de cartón color rosa, para después pasarlo a su libreta. Cuando se retiraba efectivo se apuntaba al debe y si se ingresaba lo anotación iba al haber. Después esas fichas las custodiaban en un cajón metálico con llave. ¡Qué bien!... Pero eso era en otros tiempos. Así que... olvídese de ese sistema que seguramente nunca volverá.

Amigo lector... le veo venir. No trate de esquivar los mencionados peligros retirando todo el dinero del banco para traérselo a su casa y custodiarlo debajo del colchón. No, no lo haga. Los amigos de lo ajeno merodean también por cerca de los domicilios y, además, si huelen pasta, corre usted un serio peligro de perderla arriesgando al tiempo su integridad física y la de su familia.

Ya sabe, nunca puede estar uno tranquilo, ni siquiera de jubilado. Así que, a la vista de los perniciosos acontecimientos, me atrevo a aconsejarle que lo mejor de todo para evitar timos semejantes, créame, es no contestar a las llamadas de ningún número de teléfono que no tengamos registrado. Tampoco abra correos sospechosos y menos crea en aquellos que le prometen que si facilita los datos que le solicitan le abonarán miles de euros en su cuenta. Pues por si ya teníamos poco con los viejos timos aún hoy de actualidad, el de la estampita y el tocomocho, se unen ahora estos.

Así que ya lo saben, no se llamen a engaño. No se fíen. No se distraigan y vigilen sus cuentas ya que, hoy día, no hay nada seguro en este mundo. No le quepa duda de que hoy puede acostarse feliz contemplando a sus ahorros de toda una vida -en forma de números en un papel del banco o en billetes contantes y sonantes, qué más da-, pero tenga en cuenta que si se descuida puede despertarse al día siguiente como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

Hay 5 comentarios. Más...

La nueva esclavitud del siglo XXI

por castropol el 30/03/2021 09:33, en Colaboraciones

La Nueva España » Cartas de los lectores »

29 de Marzo del 2021 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

Hoy, después de segar la hierba del jardín, en mis obligaciones de jubilado no había otra más urgente que la de ir a llenar el depósito de mi utilitario. Sigo mis viejas costumbres con la inercia de años anteriores en que disfrutaba de mejor vida, cuando al llegar la Semana Santa llenaba con ilusión el depósito de mi coche para desplazarme a la vecina Galicia, a Cantabria o a León. Hoy no puedo ir a ningún sitio de esos ni a muchos otros. Tengo prohibido el salir de Asturias. Me apetecía irme a Noreña a comer los callos, pero como Siero también está cerrado no sé bien por dónde tengo que ir. No vaya a ser que pise terrenos prohibidos, sin darme cuenta, y me sancionen...

Hay que estar muy al día. Hay que tener muchos conocimientos hoy día para no infringir las normas que nos rigen, derivadas del coronavirus. Y como no pienso ir a ningún viaje de asueto, estos días estudiaré de una vez por todas la normativa que nos impide a unos el ir, incitando a otros a venir, como es el caso de los franceses que viajan los fines de semana a Madrid para acudir a fiestas con juergas desenfrenadas. Madrid, la única ciudad de Europa abierta a todos. O lo que es lo mismo, cancha libre en la capital de España.

Todos estos problemas que tenemos encima y nos afectan por culpa de la pandemia, para el que no adolece de otros más graves, son motivo de preocupación o incluso disgusto. Pero después de observar hoy unos minutos la vida laboral que le toca vivir a un empleado de la gasolinera multinacional que me vendió el combustible para mi coche, me sentí egoístamente reconfortado, así que ya no me quejaré más de cosas baladí.

Abrí el depósito y estuve allí a pie firme más de diez minutos esperando a que vinieran a llenármelo. En ese tiempo entraron a repostar una media docena de coches. Uno de los conductores se marchó al ver cómo estaba aquello. Los otros se sirvieron ellos mismos y pasaron después por caja. Yo, entre tanto, seguía allí de brazos caídos, sin prisa, observando lo que por allí se movía, al tiempo que esperaba a que viniese alguien a servirme. El motivo de mi espera era debido a que tengo por norma ir a aquellas gasolineras en las que me sirve un empleado y no que el empleado, encima de pagar y no cobrar, sea yo. Visto lo visto cerré el depósito decidido a marcharme sin repostar. Al momento llegó corriendo un empleado, al que conozco desde hace muchos años, para servirme. Le dije que ya me marchaba porque yo no estaba dispuesto a despacharme a mí mismo encima de pagar. Que bajo ningún concepto haría nada que pudiese hacer daño a él y a los demás trabajadores. Digo daño porque, a este paso, entre máquinas dispensadores y el mismo cliente que se sirve y paga él solo, no se necesitarán empleados.

De paso que me suministraba el combustible me contó que sentía mucho por haberme hecho esperar, pero que desde enero en cada turno solo había un empleado al frente de todo aquello. Un empleado solo para despachar en la tienda, servir el combustible y cobrar. Además de tener que hacer el pan que vendían allí. Amén de limpiar los baños. Y si al final del día faltaban en caja cincuenta euros, por ejemplo, tenía que ponerlos él. Encima llevaba un largo rato con necesidad de ir al excusado, me dijo, pero que tenía que aguantarse pues no podía dejar el negocio solo. Y para más inri le acababa de llamar el compañero que lo tenía que sustituir diciéndole que había tenido un percance y que se retrasaría un cuarto de hora. Noté que la angustia que lo acompañaba estaba a punto de hacerle explotar. Por eso no seguí hurgando más en aquella herida tan corriente hoy día. Así que me despedí con una sonrisa que, a pesar de los pesares, cortésmente me correspondió. A mal tiempo buena cara, pensé para mis adentros.

Ya en el coche di las gracias al cielo por haberme librado de una vida laboral con semejante esclavitud como la que acababa de contemplar. Pero al momento me entristecí pensando que a la mayoría de los jóvenes de hoy día, que son nuestros hijos y nietos, esa era la vida laboral que les había tocado vivir o que les esperaba, si es que aún no trabajaban.

¿Será así la nueva esclavitud del siglo XXI? Es lo que hay, dicen ahora.

No hay comentarios. Comentar.